18/02/2019
El Palomar, una localidad con una rica trama histórica, se asienta sobre tierras que guardan vestigios de tiempos pasados. Su evolución desde una simple cañada hasta convertirse en una ciudad con instituciones destacadas, como el Colegio Militar de la Nación, es un relato que entrelaza la naturaleza, la propiedad de la tierra y el asentamiento humano.

Geográficamente, estas tierras eran conocidas antiguamente como la Cañada de Ruiz o Cañada de Oliva. El nombre de Cañada de Ruiz proviene de un temprano propietario de gran parte de estos terrenos, conquistados a los aborígenes hacia el año 1700: el Señor Juan Ruiz. Su posesión marcó una de las primeras referencias documentadas de la ocupación post-conquista en esta zona.
- Diego Casero, el Palomar y el Origen del Nombre
- Los Pioneros: Los Primeros Habitantes
- La Revolución del Ferrocarril
- La Comunidad Echa Raíces: Remates y Organización Social
- El Pulso Comercial de los Primeros Tiempos
- El Colegio Militar de la Nación: Un Pilar Institucional
- Consolidación Urbana: De Pueblo a Ciudad
- Preguntas Frecuentes sobre la Historia de El Palomar
- Conclusión
Diego Casero, el Palomar y el Origen del Nombre
Avanzando hacia fines del siglo XVIII, las tierras que hoy ocupan áreas significativas como el Colegio Militar de la Nación, Ciudad Jardín Lomas del Palomar y parte de la I Brigada Aérea, pasaron a ser propiedad del Señor Diego Casero. Este personaje no solo fue un terrateniente influyente, sino que también dejó una marca indeleble en el nombre de la localidad. En el patio de su propiedad, Diego Casero mandó a construir un palomar de forma circular, con tres pisos concéntricos. Este palomar, que aún se conserva en la actualidad, albergaba miles de palomas que se reproducían y servían como fuente de sustento. La presencia de esta singular estructura fue tan característica del lugar que, con el tiempo, la zona comenzó a ser referenciada simplemente por el palomar.
Los Pioneros: Los Primeros Habitantes
Si bien la tierra tenía propietarios desde hacía siglos, el asentamiento más formal y el inicio de lo que podríamos considerar el germen del pueblo se remonta a 1872. En ese año, el Señor Mateo Eguía, junto a su esposa María Antonia Altuna y sus hijos Joaquina, José, Josefa y Mateo (hijo), decidieron instalarse en la zona. Montaron una especie de pulpería que ofrecía comida a los trabajadores de los saladeros cercanos y a los reseros que transitaban por el área. Se considera que Mateo Eguía y su familia fueron, en cierta manera, los primeros habitantes estables y fundadores del futuro pueblo de El Palomar.
La Revolución del Ferrocarril
Un factor crucial que impulsó el desarrollo de muchas localidades en Argentina fue la llegada del ferrocarril, y El Palomar no fue la excepción. En 1886, los accionistas de la Compañía del Pacífico propusieron extender la línea férrea que conectaba Mercedes (Provincia de Buenos Aires) con la Capital Federal. Esta nueva sección del tendido ferroviario fue finalmente habilitada el 25 de marzo de 1888. Con una extensión de 107 kilómetros, el tramo inaugurado iba desde la estación Palermo, a bajo nivel junto a la calle Godoy Cruz, hasta Mercedes. Inicialmente, al habilitarse esta sección, se inauguraron paradas en localidades como Caseros, Muñiz, Pilar y Agote. El tren pasaba por la zona de El Palomar, pero sorprendentemente, aún no contaba con una parada o estación propia. La estación de El Palomar sería construida tiempo después. Su ubicación se definió en los campos donde, décadas antes, se había librado la histórica Batalla de Caseros, a una distancia conveniente de 22 kilómetros de la Capital Federal. La llegada de la estación ferroviaria fue fundamental para la comunicación y el crecimiento del incipiente asentamiento.
Con la mejora de la accesibilidad gracias al tren, la zona se volvió más atractiva para el asentamiento. El 8 de noviembre de 1910 marcó un hito importante con la realización del primer remate de tierras en el lugar, organizado por C. Massini y Cía. Este evento facilitó que nuevas familias adquirieran parcelas y se establecieran de forma permanente. Entre las primeras familias que se radicaron en El Palomar tras este remate se encuentran nombres como Juan Manuel Giuffra, Juan Guidobono, Miguel Kelly, Francisco Ramos Mejía, Ange Vexina, Eleuterio R. Blanco, Juan Gutiérrez, Enrique Alliot, Oscar Zandez, Roberto R. Bustos, Antonio Alo, Serafín Quiroga, Mateo Eguía (h), Florencio Bracso, Timoteo Zamora, Antonio Álvarez, Luis Negrette, M. Springolo, Vicente Virginillo, Ángel Deriani, Santiago Moran, Manuel Fernández, Ángel Giuliani, Ruiz Braga, David Gil Palacios, Juan Parasochka, Ángel Miñones, Domingo Batista, Guevara, José Rodríguez, Cobo, Aguilar, Bustos, Lathour, y Enrique Shoeder. Estas familias pioneras fueron cruciales en la conformación de la identidad y el tejido social del lugar. Apenas un año después del primer remate, la comunidad ya mostraba un fuerte espíritu de organización. Se designó la primera Sociedad de Fomento, presidida por Juan Manuel Giuffra, uno de los primeros pobladores. Esta Sociedad de Fomento jugó un papel vital en la mejora de las condiciones de vida en el área, logrando, entre otras cosas significativas para la época, la instalación del alumbrado público en la zona, un avance que mejoró notablemente la calidad de vida de los habitantes y la seguridad.
El Pulso Comercial de los Primeros Tiempos
Para 1912, El Palomar ya contaba con una actividad comercial incipiente pero diversa, reflejo del crecimiento de su población. La lista de comerciantes y sus rubros nos da una imagen de la vida cotidiana en aquellos años. Había servicios básicos como el tambo y reparto de leche a domicilio a cargo de Eliseo Bracco, Francisco Ruiz, e Hilarión Fernández, y otro tambo con quinta manejado por Gabriel Fiol. La alimentación se cubría con almacenes como el de Vicente Batista, panaderías como la de Pedro Marini, y establecimientos para comer y beber como el bar y pensión Los Andes de Alo, la cantina de Cobos, el restaurante y bar "Verna" de Antonio Capuzzi, y la fonda "El Descanso" de Nicolás Virginillo. También existía un matadero y carnicería de Eusevio Arroyo y una churrasquería de Antonio Severo. El comercio se diversificaba con una tienda, "Tienda El Palomar", propiedad de Amelia B. de Arroyo. Incluso había actividades más especializadas como un criadero de aves de Martínez de Hoz, talleres gráficos "San José" de Ferreyra Hnos, y un concesionario de diarios y revistas a cargo de Antonio Alo. El transporte colectivo a Haedo era cubierto por Faciolo. Esta variedad de negocios muestra cómo El Palomar estaba desarrollando una economía local para satisfacer las necesidades de sus residentes.
El Colegio Militar de la Nación: Un Pilar Institucional
Un hito fundamental en la historia de El Palomar, y particularmente relevante en el contexto de las instituciones educativas, fue la instalación del Colegio Militar de la Nación en 1937. La elección de El Palomar como sede para esta prestigiosa institución militar no fue casual. Las razones principales que motivaron esta decisión, según los registros históricos, fueron la amplia disponibilidad de tierras en la zona y su estratégica cercanía a la Capital Federal. Estos dos factores ofrecían el espacio necesario para las instalaciones y actividades del Colegio, a la vez que aseguraban una conexión relativamente rápida con el centro político y administrativo del país. La llegada del Colegio Militar significó un cambio significativo para El Palomar, incorporando una importante población flotante y permanente (cadetes, personal militar y civil) y dotando a la localidad de una institución de gran relevancia nacional. Es particularmente notable que las tierras elegidas para el Colegio Militar incluyeran la parcela donde se encontraba el histórico palomar de Diego Casero, asegurando así la preservación de este símbolo fundacional dentro de los terrenos de la institución.
Consolidación Urbana: De Pueblo a Ciudad
El crecimiento de El Palomar continuó de manera sostenida. En 1944, un nuevo loteo de tierras impulsó un proceso de poblamiento aún más rápido, atrayendo a más familias y expandiendo la mancha urbana. Este constante desarrollo y aumento de la población culminaron en un reconocimiento oficial de su estatus. En 1974, El Palomar fue formalmente declarada ciudad, un paso que consolidó su importancia dentro del partido de Tres de Febrero y reconoció su crecimiento y complejidad urbana alcanzada a lo largo de las décadas.
Preguntas Frecuentes sobre la Historia de El Palomar
A continuación, respondemos algunas preguntas comunes basadas en la información histórica disponible:
¿Quién fue uno de los primeros dueños de las tierras?
Uno de los primeros dueños conocidos, posterior a la conquista, fue el Señor Juan Ruiz, de quien deriva el nombre original de Cañada de Ruiz.
¿Por qué se llama El Palomar?
El nombre proviene de un gran palomar circular construido por Diego Casero a fines del siglo XVIII en el patio de su propiedad. Esta estructura se convirtió en un punto de referencia icónico del lugar.
¿Aún existe el palomar original?
Sí, el palomar construido por Diego Casero aún se conserva y se encuentra dentro de los terrenos del Colegio Militar de la Nación.
¿Quiénes se consideran los primeros habitantes fundadores?
Se considera a Mateo Eguía y su familia, quienes se instalaron con una pulpería en 1872, como los primeros habitantes estables y fundadores del pueblo.
¿Cuándo llegó el ferrocarril a pasar por El Palomar?
La línea férrea que pasaba por la zona fue habilitada el 25 de marzo de 1888, aunque la estación específica de El Palomar se construyó tiempo después.
¿Cuándo se estableció el Colegio Militar de la Nación en El Palomar?
El Colegio Militar de la Nación se instaló en El Palomar en el año 1937.
¿Por qué se eligió El Palomar para el Colegio Militar?
Las razones principales fueron la disponibilidad de tierras adecuadas para sus instalaciones y la cercanía a la Capital Federal.
¿Cuándo fue declarada ciudad El Palomar?
El Palomar fue declarada ciudad en el año 1974.
Conclusión
El Palomar es una localidad que ha transitado un camino histórico fascinante, desde ser una vasta extensión de tierra conocida por su cañada y un singular palomar, hasta convertirse en una ciudad consolidada. La llegada del ferrocarril, el asentamiento de las primeras familias, la organización comunitaria y la instalación de instituciones de relevancia nacional como el Colegio Militar de la Nación en 1937, moldearon su identidad. Su historia es un testimonio del crecimiento y la transformación de las áreas suburbanas de Buenos Aires, manteniendo siempre un vínculo con sus orígenes, simbolizado por el antiguo palomar que aún se yergue en sus tierras.
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