¿Cómo excluye la escuela?

La Exclusión entre Pares en la Escuela

24/06/2020

La exclusión, un concepto complejo y multifacético, se manifiesta en diversos ámbitos de la vida social, y el entorno escolar no es una excepción. Más allá de las grandes problemáticas estructurales como la falta de acceso al sistema educativo, la exclusión se vive día a día en las interacciones más cotidianas dentro de las aulas y los patios. Este fenómeno sutil pero poderoso impacta directamente en la formación de los estudiantes, en su capacidad para aprender, relacionarse y construir su propia identidad. Comprender cómo se presenta esta exclusión, especialmente en las relaciones entre los propios alumnos, es fundamental para abordar sus consecuencias y trabajar hacia entornos escolares verdaderamente inclusivos.

¿Cómo se presenta la exclusión en la escuela?
La exclusión forma parte de estas dinámicas relacionales entre los y las estudiantes, cuyas manifestaciones más comunes suelen ser la indiferencia, el rechazo, el apartamiento, la negación del reconocimiento del otro, a quien se le impide participar, es decir, formar y tomar parte, tener voz y ser escuchado.

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Exclusión: Un Fenómeno Complejo y Multidimensional

Cuando hablamos de exclusión, nos referimos a un proceso que involucra múltiples factores interrelacionados. Puede estar ligada a la estructura socioeconómica, a las instituciones políticas y a las dinámicas relacionales entre individuos y grupos. Diversas perspectivas analizan la exclusión, centrándose en la desprotección social, la discriminación activa hacia grupos estigmatizados o, como nos interesa aquí, en los procesos de relación entre las personas. En cualquiera de estas visiones, la exclusión implica la vulneración de derechos, la negación de oportunidades y se entrelaza con actitudes y prácticas discriminatorias que llevan al apartamiento, la desafiliación y el trato desigual. No se limita a la pobreza; una sociedad excluyente es aquella donde desaparecen las posibilidades de concretar derechos fundamentales universales.

Los procesos escolares reflejan esta complejidad. La exclusión está presente en sus manifestaciones más amplias, como la exclusión de grupos sociales enteros por clase, geografía, etnia o género, y también en las expresiones más finas y apenas perceptibles que ocurren en la interacción entre los sujetos escolares. Rechazar, ignorar o ser rechazado e ignorado mediante un tono de voz, un gesto, una mirada o el silencio son formas de exclusión que, aunque parezcan menores, tienen un peso significativo en la vida diaria. Es precisamente en esta última dimensión, la de la interacción entre estudiantes, donde este análisis pone su foco, buscando comprender las implicaciones de esta exclusión en la formación de los jóvenes.

La Exclusión Educativa: Más Allá del Acceso

La exclusión social y la exclusión educativa están estrechamente ligadas. La falta de acceso a la educación es una forma clara de exclusión, privando a las personas de recursos y competencias necesarias para desenvolverse en la sociedad. Sin embargo, la exclusión educativa no se agota ahí; tiene múltiples expresiones dentro del propio sistema escolar. Mecanismos explícitos, como la segregación de alumnos con discapacidad, o implícitos, como la sobrevaloración de ciertas capacidades intelectuales, las prácticas de evaluación o un currículo rígido, pueden generar contingentes de alumnos en riesgo de exclusión social.

Incluso cuando se logra el acceso universal a la escuela, la masificación puede arrastrar consigo la reproducción de las desigualdades sociales en el interior del sistema. Esto se observa en la diferenciación entre escuelas que atienden a alumnos con mayor capital social y económico y aquellas que reciben a estudiantes con mayores desventajas, incrementando el riesgo de fracaso escolar. Dentro de la propia escuela, se expresan desigualdades socioeconómicas y culturales que dan lugar a inclusiones desiguales, conformando “distintos mundos escolares, cada uno de ellos socialmente homogéneos y recíprocamente distantes y desconocidos”. Los jóvenes en mayor vulnerabilidad son, a menudo, los más excluidos, no solo del sistema, sino dentro de él.

La Exclusión en la Interacción entre Pares

Un ámbito crucial donde la exclusión se manifiesta de forma recurrente es en las dinámicas relacionales entre los propios estudiantes. Esta constituye una expresión frecuente de violencia escolar, ligada al maltrato verbal, físico y psicológico. Aunque los estudios sobre convivencia y violencia escolar han avanzado, identificando la estructura de la interacción para la inclusión o exclusión como clave, las formas sutiles de exclusión a menudo se naturalizan.

La exclusión entre pares puede entenderse, en parte, como un problema de comunicación, derivado de conflictos, ambientes invalidantes o la negación del otro. Pero va más allá. Se manifiesta en la indiferencia, el rechazo, el apartamiento, la negación del reconocimiento del otro. Se impide al otro participar, tener voz, ser escuchado. Estas acciones suelen basarse en prejuicios y estereotipos que llevan a la discriminación, especialmente hacia aquellos percibidos como “diferentes”, que no se adaptan a una identidad hegemónica o a los estándares del grupo. Se vulneran derechos fundamentales como la equidad y el derecho a la igual consideración y respeto.

Estas prácticas de exclusión a menudo se acompañan de menosprecio, humillación y devaloración social. Cuando un individuo es menospreciado, sufre la incapacidad de recurrir a la apreciación social para validar su propia autovaloración, siendo inducido a devaluar su forma de vida y sufrir una pérdida de autoestima. Esto lacera la dignidad e integridad de la persona.

Las estadísticas globales y nacionales ponen de manifiesto la prevalencia de este fenómeno. Según resultados de PISA 2015, en México, el 25% de los alumnos se sentía marginado en el colegio (frente a un 17% de media OCDE), y el 21% se sentía solo (frente a un 15% de media OCDE). Una encuesta nacional en México (SEP, 2009) reveló que el 42.3% de los hombres y el 41.4% de las mujeres estudiantes de educación media superior dijeron haber sido ignorados. Tras ser segregados, un preocupante 30.5% de las mujeres y un 19% de los hombres pensaron que era preferible morir. Quienes expresaron haber rechazado a otros constituían el 36.5% de los hombres y el 35.3% de las mujeres. Estas cifras subrayan las dificultades relacionales que enfrentan muchos estudiantes y la gravedad de la exclusión entre pares.

El sistema educativo formal, con sus planes de estudio basados en enfoques constructivistas y interculturales que promueven valores como la tolerancia y el respeto a la diversidad, coexiste con un currículum oculto. Este currículum, que se enseña y aprende a la par de los contenidos explícitos, se nutre de creencias, ideologías y modos de relación que no siempre convergen con los ideales educativos. Es en este espacio de vida juvenil, donde los alumnos intercambian conocimientos, valores y establecen relaciones, que también viven conflictos y enemistades. Aprenden normas y valores no solo de los adultos, sino, crucialmente, de los grupos de pares a los que pertenecen.

En este microsistema de iguales, se gesta una cultura de grupo con sus propias normas, ritos y hábitos. A menudo, se desarrollan relaciones de dominio-sumisión o una competencia grupal que puede llevar al desequilibrio y a poner en riesgo el vínculo de la reciprocidad. El prestigio puede aumentar con la transgresión de las reglas escolares, creando relaciones afectivas más que racionales que llevan a la integración de algunos y al rechazo de otros. La exclusión forma parte de estas dinámicas.

El Profundo Impacto de la Exclusión en la Formación

Los procesos formativos van más allá de la adquisición de conocimientos académicos. La formación abarca la construcción integral del sujeto, incluyendo aspectos axiológicos y habilidades para “saber ser” y “saber convivir”. Se trata de un proceso de construcción de significados, sentidos e identidades, tanto a nivel individual como social. La formación implica la internalización de significados y procesos de subjetivación (comprensión reflexiva de sí mismo y de los otros) y, a la vez, tiene un carácter social, ya que los significados se construyen y comparten en la intersubjetividad, mediante la interacción con el otro.

¿Qué dice la ley 9054?
La Ley 9054 y el decreto reglamentario (1187/18) regulan la normativa vigente para que la DGE pueda brindar herramientas, asistencia y acompañamiento a los docentes de la provincia, en situaciones vulnerabilidad por hechos de abuso o violencia en el ámbito educativo.

La interacción demanda comunicación, reciprocidad e influencia mutua, creando un espacio sociopsicológico donde la intersubjetividad permite a las conciencias construirse y acceder al sentimiento de su identidad. Es a través de la relación con los demás y el reconocimiento del otro que el individuo puede conocerse a sí mismo. Este proceso de reconocimiento recíproco y de sí mismo implica tensiones, reconciliación y conflicto, pero es esencial para la autoafirmación y la identidad personal.

Desde el interaccionismo simbólico, la significación, la construcción de sentidos y la identidad son inherentemente sociales. El individuo se experimenta a sí mismo indirectamente, desde los puntos de vista de los otros miembros de su grupo social. Solo al mirarse desde fuera, desde la perspectiva de quienes interactúan con él, puede llegar a una conciencia de su identidad.

Por ello, la dimensión relacional es vital para el proceso formativo. La formación es estimulada por el reconocimiento de los otros. Un sujeto no reconocido y tratado como objeto difícilmente puede entrar en un proceso de formación. Un ambiente intersubjetivo favorece la formación, mientras que toda ruptura o quiebre relacional, cualquier práctica de devaluación del otro, obstruye la posibilidad de crear el vínculo intersubjetivo necesario para el reconocimiento y la autorrealización.

Las fracturas relacionales se producen a través de interacciones excluyentes que van desde el aislamiento físico hasta impedir la participación, usar señalamientos peyorativos o generar ruidos en la comunicación. Aunque a menudo se minimiza la gravedad de estas situaciones, sus efectos son profundos, lacerando la autoestima, el autoconcepto y la identidad del individuo. Además, afectan el desarrollo de habilidades sociales y el aprendizaje de actitudes y valores.

Desde el punto de vista académico, los pares son mediadores indispensables para el desarrollo cognitivo. Las interacciones entre estudiantes, al permitir comparar puntos de vista, resolver tareas conjuntas, exponer perspectivas y ofrecer ayuda mutua, pueden ser altamente favorecedoras. Sin embargo, la exclusión limita estas oportunidades.

En un intento por evitar el rechazo y ser aceptados, algunos estudiantes optan por un acoplamiento incondicional a los estándares del grupo, incluso si van en contra de normas o valores adecuados. Casos de estudiantes que dejan de ser “buenos alumnos” para no ser odiados por sus compañeros ilustran procesos de heterosubjetivación, donde la identidad se construye desde y para los otros, en un sentido coercitivo. Otros pueden caer en la autoexclusión, renunciando a lo social para afirmarse. Los jóvenes viven una tensión constante entre socializar (interiorizar normas) y subjetivarse (emanciparse, desarrollar autonomía). Ambos procesos requieren la presencia de otros: para aprender la cultura y para generar experiencias que permitan la autotransformación. Las interacciones excluyentes, al dañar estas relaciones, obstaculizan ambos caminos, afectando la formación integral.

La Diversidad como Fuente de Exclusión

Al indagar en los motivos de la exclusión entre pares, emerge con fuerza el hecho de ser percibido como “diferente”. La diferencia, ya sea subestimada o sobrevalorada por el agresor, convierte a su portador en un objetivo potencial de maltrato. Pero, ¿qué o quién es diferente? La diversidad es un concepto social, construido a partir de parámetros que sirven de norma para establecer quién o qué se considera diferente. Criterios sociales como la etnia, el género, la lengua, la religión, la posición socioeconómica, o factores individuales como estilos cognitivos, temperamento o modos de actuar, pueden ser la base de esta percepción.

Estos criterios tienen un carácter sociohistórico y cultural, influyendo en cómo comprendemos el mundo y valoramos lo diverso. Los modos de conocer e interpretar la realidad social se aprenden y naturalizan desde la infancia, en procesos de socialización donde familia y escuela son clave. Se aprende a clasificar y diferenciar personas según estereotipos y categorías sociales cargadas de juicios de valor.

Aunque el grupo escolar tiene su propia cultura, está en constante interacción con el ambiente externo. Los flujos culturales hegemónicos y emergentes de la sociedad (medios, barrio, familia) influyen en las dinámicas grupales internas. La exclusión percibida por los estudiantes en la escuela a menudo se conecta con experiencias y percepciones de exclusión vividas en otros espacios de su vida cotidiana.

Hacia Escuelas Más Inclusivas: Abordando la Exclusión

Reconocer la articulación de los diferentes niveles contextuales de la exclusión (sociedad-barrio-escuela-aula) es el primer paso para contrarrestarla. Es fundamental involucrar a toda la comunidad educativa: estudiantes, profesorado, autoridades, padres.

Frente a un modelo educativo que históricamente buscó uniformar, la perspectiva actual aboga por la inclusión, aceptando a todos dentro y fuera de la escuela y siendo sensible a las diferencias. Se destaca la importancia de crear lazos, conectar y desarrollar relaciones interpersonales y redes de apoyo que despierten un sentido de pertenencia y comunidad, donde cada persona es un miembro valioso.

¿Cómo se presenta la exclusión en la escuela?
La exclusión forma parte de estas dinámicas relacionales entre los y las estudiantes, cuyas manifestaciones más comunes suelen ser la indiferencia, el rechazo, el apartamiento, la negación del reconocimiento del otro, a quien se le impide participar, es decir, formar y tomar parte, tener voz y ser escuchado.

La diversidad no solo está en los estudiantes, sino también en los docentes y en la institución misma. La escuela es un espacio ideal para convivir con otros, iguales y diferentes. Esto implica desechar prejuicios y estereotipos negativos, base de la discriminación, y superar el temor a lo desconocido. La heterogeneidad estudiantil es una oportunidad para aprender a convivir en la diversidad.

Para hacer frente a las formas de maltrato y exclusión entre pares, se proponen programas que fomenten valores democráticos, la tolerancia, el respeto a la diversidad y la interculturalidad. Esto requiere cooperación multinivel (entre alumnos, con profesores, entre profesores, con otros agentes sociales) y un currículo de la no-violencia. También es crucial formar a los docentes para que reflexionen sobre cómo sus propias percepciones y prácticas, incluso el discurso pedagógico, pueden contribuir a naturalizar o invisibilizar la exclusión. Incentivar la conciencia de todos los agentes escolares es vital para generar espacios libres de violencia y promover una convivencia democrática, respetuosa y pacífica.

El panorama educativo actual demanda abandonar la idea de la diversidad como déficit o desventaja y aprender a valorarla en toda su riqueza. Esto exige transformaciones profundas en las políticas, la cultura y las prácticas escolares. La búsqueda de una escuela para todos es una necesidad, especialmente en una sociedad cada vez más diversa. Se necesitan desarrollar habilidades sociales en los jóvenes que promuevan la empatía, la mediación intercultural y la tolerancia, aprendiendo a reconocer al otro como sujeto de derechos para ser, a su vez, merecedores de reconocimiento. El espacio escolar ofrece oportunidades clave para este aprendizaje vital.

Preguntas Frecuentes sobre la Exclusión Escolar entre Pares

¿Qué es la exclusión escolar en el contexto de la interacción entre pares?

Se refiere a las dinámicas relacionales entre estudiantes que llevan al apartamiento, rechazo, indiferencia o negación del reconocimiento de un compañero o grupo, ya sea de forma sutil (gestos, miradas) o manifiesta (ignorarlo, impedirle participar).

¿Cómo se diferencia de la exclusión social o educativa a gran escala?

Mientras la exclusión social o educativa puede referirse a la falta de acceso al sistema o a la segregación estructural, la exclusión entre pares se centra en las microinteracciones diarias dentro de la escuela y el aula, impulsadas por las dinámicas grupales y las percepciones de diferencia.

¿La exclusión solo ocurre fuera del aula o en el recreo?

No, la exclusión puede manifestarse tanto en el espacio áulico durante las actividades académicas como fuera de él, en los pasillos, patios, o en la conformación de grupos sociales.

¿Qué formas de exclusión son comunes entre estudiantes?

Indiferencia, rechazo, apartamiento deliberado, negar la posibilidad de participar o ser escuchado, uso de señalamientos peyorativos o estigmas, y la exclusión basada en percibir al otro como “diferente”.

¿Cómo afecta la exclusión a la formación de los jóvenes?

Tiene un impacto profundo en la autoestima, el autoconcepto, la identidad y el desarrollo de habilidades sociales. Al dañar la posibilidad de reconocimiento por parte de los otros, obstaculiza la formación integral y puede llevar a que los estudiantes cambien su comportamiento (ej. dejen de ser aplicados) para ser aceptados, o incluso a la autoexclusión.

¿Por qué la diversidad puede, paradójicamente, generar exclusión?

La percepción de “diferencia” (basada en etnia, género, estatus, o características individuales) a menudo se construye social y culturalmente con juicios de valor y estereotipos. Aquellos percibidos como diferentes pueden convertirse en blanco de discriminación y exclusión por parte del grupo que se considera “normal” o hegemónico.

¿Qué pueden hacer las escuelas para prevenir y abordar la exclusión entre pares?

Es crucial reconocer la complejidad del problema y abordarlo de manera integral, involucrando a toda la comunidad educativa (alumnos, profesores, padres). Esto incluye fomentar valores democráticos, respeto a la diversidad e interculturalidad, crear un sentido de comunidad y pertenencia, y capacitar a los docentes para identificar y manejar estas dinámicas, evitando naturalizarlas.

Fenómeno Prevalencia en Alumnos de Educación Media Superior en México (SEP, 2009) Comparativa PISA 2015 (México vs. Media OCDE)
Ser ignorado Hombres: 42.3%
Mujeres: 41.4%
-
Pensar en la muerte tras ser segregado Hombres: 19%
Mujeres: 30.5%
-
Haber rechazado a otros Hombres: 36.5%
Mujeres: 35.3%
-
Sentirse marginado en el colegio - México: 25%
Media OCDE: 17%
Sentirse solo en el colegio - México: 21%
Media OCDE: 15%

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