¿Cuál es el concepto de escuela positivista?

El Positivismo en la Historiografía

26/11/2019

La escuela historiográfica del positivismo representa una corriente fundamental que emergió en el panorama cultural e intelectual europeo durante la segunda mitad del siglo XIX, con una notable influencia en países como Alemania y Francia. Esta visión, a menudo referida como el paradigma positivista, se propuso dotar a la historia de un carácter rigurosamente científico, siguiendo los preceptos del pensamiento positivista que dominaba otras disciplinas en la época. En esencia, la historiografía positivista buscaba aplicar métodos empíricos y objetivos al estudio del pasado, alejándose de especulaciones metafísicas o interpretaciones subjetivas.

¿Qué es la escuela historiográfica del positivismo?
¿Qué se entiende por historiografía positivista? Lo que suele entenderse como visión o paradigma positivista, hace referencia a una corriente historiográfica que aparece en el contexto cultural e intelectual de la Europa de la segunda mitad del siglo XIX, especialmente en Alemania y en Francia.

En su núcleo, la concepción positivista de la historia postula un método de trabajo claro y lineal para el historiador. Este método comienza, indefectiblemente, con el estudio exhaustivo de los documentos. Se considera que los documentos son la fuente primaria e irrefutable de información sobre el pasado. A partir de la recopilación y análisis de estos documentos, el historiador debe establecer los hechos históricos de manera precisa. Una vez identificados y verificados los hechos, la tarea siguiente es ordenarlos de forma lógica y coherente, construyendo así una narrativa del pasado. Finalmente, esta secuencia ordenada de hechos es expuesta, buscando la máxima claridad y fidelidad a lo encontrado en las fuentes.

Principios Fundamentales de la Historiografía Positivista

Los historiadores adscritos a esta corriente proclamaban la necesidad de dos cualidades esenciales para el profesional de la historia: la imparcialidad y la objetividad. La imparcialidad implicaba que el historiador debía abstenerse de introducir sus propios juicios de valor, creencias o sesgos al analizar los hechos. La objetividad, por su parte, se entendía como la capacidad de presentar los hechos tal como ocurrieron, sin distorsiones ni manipulaciones, como si el historiador fuera un mero espejo de la realidad pasada. Esta búsqueda de la objetividad y la imparcialidad confería a la historia, según sus defensores, una apariencia y un estatus científico, comparable al de las ciencias naturales, que también se basaban en la observación empírica y la descripción precisa de los fenómenos.

La idea era que, al igual que un científico estudia la naturaleza, un historiador debía estudiar el pasado: recolectar datos (documentos), observar fenómenos (hechos), clasificarlos y describirlos de la manera más fiel posible, sin permitirse interpretaciones que no emanaran directamente de la evidencia empírica. Esta insistencia en la evidencia documental y en la metodología rigurosa fue, sin duda, una contribución importante a la profesionalización de la disciplina histórica.

Críticas a la Concepción Positivista: Una Visión Alternativa

A pesar de su influencia y su pretensión de cientificidad, la historiografía positivista no estuvo exenta de críticas. De hecho, voces importantes desde finales del siglo XIX comenzaron a cuestionar la validez y la suficiencia de sus postulados, especialmente en lo referente a la objetividad pura y a la limitación al mero análisis de hechos. Un ejemplo significativo de esta crítica se encuentra en la visión de la historia de Leopoldo Alas, conocido como Clarín, tal como es analizada por Yvan Lissorgues.

Clarín, ya en 1879, aun reconociendo la utilidad del estudio detallado de los documentos y la indagación en los pormenores de una época (como los trabajos de "análisis empírico" que estaban de moda), impugnaba el mito de la objetividad total. Él veía en lo que se presentaba como objetividad una posible "cavilosidad" o incluso "capricho" del autor, sugiriendo que la subjetividad del historiador nunca puede ser completamente eliminada. Aunque el estudio de los documentos es necesario, no es suficiente para restituir totalmente lo pasado ni, crucially, para despertar la imaginación del lector, "haciéndole gustar emociones estéticas relativas a siglos y personajes... y reflexionar sobre las enseñanzas de la historia".

Esta crítica apunta a una de las principales limitaciones percibidas del positivismo: su enfoque en la recolección de hechos puede llevar a una acumulación de datos que, por sí sola, no captura la esencia viva del pasado ni comunica su significado profundo. La mera erudición ratonil, la búsqueda obsesiva de detalles sin una finalidad más amplia, es ridiculizada por Clarín. Las "menudencias históricas en polvo" no sirven para nada si no se integran en una visión más amplia y significativa.

La Historia como Arte y Filosofía

Frente a la concepción positivista, críticos como Clarín proponían una visión de la historia que debía ser, además de rigurosa en la investigación, filosófica y artística. La materia histórica, por útil que sea el análisis empírico, necesita una forma que favorezca su difusión y ponga de relieve la enseñanza que encierra. La estética y la utilidad son criterios ineludibles para el historiador.

¿Qué es la escuela histórica del positivismo?
La Escuela Positivista surgió en el siglo XIX impulsada por Augusto Comte y se basaba en el conocimiento científico y la observación empírica para estudiar los hechos históricos.

Para Clarín, la verdadera obra de historia, la que merece atención, es aquella que, sin faltar a la verdad de los hechos, tiene una forma realmente artística. El historiador, en esta visión, es un artista que se dedica al conocimiento del pasado. Debe tener la capacidad imaginativa del novelista o el poeta para "animar" las "momias bien conservadas de los tiempos muertos", para hacer que el pasado "se vea pasar en carne y hueso". La historia debe ser "sentida" para poder ser comprendida y penetrada "como obra artística". Lo que el positivismo entendía como imparcialidad, Clarín lo veía como superficialidad. Se necesita pasión en la historia, pero una pasión dirigida a "preferir lo bueno a lo malo", a "enamorarse de lo bello y de lo verdadero".

Además de artística, la historia debe ser filosófica. Esto implica que la obra histórica debe "obedecer a una idea que la presida y explique". Para Clarín, esta filosofía de la historia debe existir "a priori", antes del estudio de los hechos. Aunque el positivismo afirmaba atenerse a la mera exposición de los hechos, se argumenta que cualquier concepción histórica, incluida la positivista, es guiada implícitamente por una idea que trasciende los hechos y a partir de la cual se eligen los acontecimientos más significativos. Esta idea, a menudo inconsciente en muchos historiadores positivistas, era la del progreso.

El Progreso como Idea Directriz

Para Clarín, Castelar y otros pensadores liberales del siglo XIX, la historia es fundamentalmente progreso. Es el camino incesante del hombre hacia la libertad y la justicia. Esta visión progresista del devenir humano actúa como la "fórmula" o la idea directriz a través de la cual se mira y se enjuicia el pasado. El historiador, desde esta perspectiva, no es solo un narrador imparcial de hechos, sino un juez que, basándose en su fe en el progreso y los valores liberales, tiene la misión de realzar el bien (el progreso, la libertad, la justicia) y señalar el mal (el despotismo, la reacción). La obra histórica debe permitir la difusión de esta visión progresista del pasado, lo que justifica la necesidad de la elaboración artística para hacerla atractiva y persuasiva.

Así, la historia artística y filosófica, en contraste con el positivismo puro, no solo busca conocer el pasado, sino también interpretarlo y presentarlo de manera que sirva a una finalidad educativa y moral, orientada hacia el progreso. Esta concepción se alinea con la ideología de la burguesía liberal del siglo XIX, que veía en la historia una búsqueda y afirmación de su propia identidad y sus valores dominantes. La historia filosófica, entonces, se convierte en una herramienta para proyectar en el pasado los ideales del presente.

Comparativa: Positivismo vs. Historia Artística/Filosófica

Aspecto Concepción Positivista Concepción Artística/Filosófica (Crítica)
Objetivo Principal Establecer hechos objetivos y verificables Comprender, interpretar y comunicar el significado del pasado
Método Estudio de documentos -> Establecer hechos -> Ordenar -> Exponer Estudio de documentos -> Idea directriz (filosofía) -> Interpretación y selección -> Exposición artística
Rol del Historiador Observador imparcial y objetivo, recolector de datos Artista, filósofo, juez, con imaginación y pasión (dirigida al bien)
Cualidades Ideales Imparcialidad, Objetividad, Rigor documental Imaginación, Sensibilidad, Filosofía (idea a priori), Capacidad artística, Pasión ética
Énfasis Los Hechos, la Verificación Empírica, la Causalidad Lineal El Sentido, la Interpretación, la Forma Estética, la Idea de Progreso
Resultado Ideal Una narrativa fiel y objetiva de los acontecimientos Una representación vívida y significativa del pasado que educa y mueve a la reflexión
Crítica Recibida Imposibilidad de la objetividad total, insuficiencia de la mera erudición, falta de interpretación y sentido Posible subjetividad excesiva, riesgo de ideologización

El Legado del Positivismo Historiográfico

A pesar de las críticas y el surgimiento de otras corrientes historiográficas, el positivismo dejó una marca indeleble en la disciplina. Su insistencia en la primacía de los documentos y en la necesidad de un método riguroso en la investigación histórica sigue siendo un pilar fundamental de la historiografía moderna. La crítica al positivismo no llevó a abandonar la investigación empírica, sino a reconocer sus limitaciones y la necesidad de complementarla con la interpretación, la teoría y la conciencia de la subjetividad inherente al proceso de escribir historia.

La historiografía posterior, influenciada por corrientes como el historicismo, el materialismo histórico, la Escuela de los Annales y las diversas tendencias del siglo XX y XXI, ha debatido y reconfigurado constantemente la relación entre hechos, fuentes, interpretación, estructura social, cultura y la subjetividad del historiador. Sin embargo, el impulso positivista de anclar la historia en la evidencia empírica se mantiene, aunque se haya superado la creencia en una objetividad y neutralidad absolutas.

Preguntas Frecuentes sobre la Historiografía Positivista

¿Cuándo y dónde surgió la historiografía positivista?

Surgió en la segunda mitad del siglo XIX en Europa, con focos importantes en Alemania y Francia.

¿Qué es la escuela historiográfica del positivismo?
¿Qué se entiende por historiografía positivista? Lo que suele entenderse como visión o paradigma positivista, hace referencia a una corriente historiográfica que aparece en el contexto cultural e intelectual de la Europa de la segunda mitad del siglo XIX, especialmente en Alemania y en Francia.

¿Cuál es el principio fundamental del método positivista en historia?

El principio fundamental es basar el conocimiento histórico exclusivamente en la evidencia empírica, obtenida a través del estudio riguroso y crítico de los documentos.

¿Qué cualidades debía tener, según el positivismo, un buen historiador?

Debía ser imparcial y objetivo, capaz de presentar los hechos tal como ocurrieron sin introducir juicios de valor o sesgos personales.

¿Por qué se consideraba “científica” a la historia positivista?

Porque aplicaba un método similar al de las ciencias naturales: observación (de documentos), recolección de datos (hechos), clasificación y descripción objetiva, buscando leyes generales o patrones a partir de la evidencia.

¿Cuáles fueron las principales críticas dirigidas al positivismo historiográfico?

Las críticas se centraron en la imposibilidad de la objetividad total, la insuficiencia de la mera acumulación de hechos (erudición ratonil) sin interpretación, y la necesidad de una filosofía o idea directriz (como el progreso) para dar sentido a la historia y de una forma artística para comunicarla efectivamente.

¿Qué legado dejó el positivismo en la historiografía actual?

Su principal legado es la insistencia en la importancia de la investigación rigurosa basada en las fuentes documentales como fundamento indispensable para cualquier trabajo histórico.

La historiografía positivista, con su firme apuesta por el método científico y la objetividad, marcó una etapa crucial en la evolución del estudio del pasado. Aunque sus postulados más estrictos fueron superados por críticas que señalaron la complejidad de la interpretación histórica y la inevitable presencia del sujeto que investiga, su énfasis en la solidez de la base documental sigue siendo un pilar insustituible de la disciplina histórica contemporánea. El debate entre la recolección de hechos y la necesidad de darles sentido continúa enriqueciendo nuestra comprensión de cómo nos acercamos y narramos el pasado.

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