17/09/2020
La noción del tiempo es uno de los conceptos más abstractos y complejos de asimilar, especialmente para los niños en el nivel inicial. No es algo que se pueda tocar o ver directamente, sino que debe ser deducido a partir de la observación de la realidad y de las experiencias cotidianas. En la primera infancia, el tiempo se construye a través de la vivencia, la percepción de los cambios y la estructuración de los acontecimientos. Comprender cómo los niños desarrollan esta noción es fundamental para acompañar su aprendizaje y organizar las experiencias en el aula.

El tiempo en el nivel inicial no se limita a la medición de minutos y segundos, sino que implica la comprensión de dos aspectos fundamentales: el orden y la duración.
El Orden y la Duración: Pilares del Tiempo
El orden se refiere a los puntos de referencia que marcan los cambios que suceden. Es la secuencia de los acontecimientos, donde los términos “antes” y “después” se convierten en referencias obligadas. Es entender que una cosa sucede primero y otra después.
La duración, por otro lado, es el tiempo físico que transcurre entre dos puntos de referencia, un principio y un final. Se mide en unidades como minutos o segundos y representa el aspecto cuantitativo de la estructuración temporal. Es percibir si algo duró mucho o poco tiempo.
Ambos aspectos, orden y duración, son interdependientes y se desarrollan a medida que el niño interactúa con su entorno y participa en diferentes actividades.
El Desarrollo de la Noción Temporal según Piaget
Según los estudios de Jean Piaget, los niños construyen las categorías temporales a través de etapas progresivas. Aunque sus estudios abarcan un rango de edad mayor, nos enfocaremos en las etapas relevantes para el nivel inicial:
- Tiempo vivido (0 a 6 años): En esta etapa, el niño experimenta el tiempo de manera subjetiva, ligado a sus necesidades biológicas (hambre, sueño) y a sus acciones inmediatas. La noción de tiempo está fuertemente anclada en el presente y en los ritmos naturales de su cuerpo y entorno cercano.
Más adelante, en etapas posteriores (tiempo percibido y tiempo concebido), los niños irán desarrollando una comprensión más objetiva y conceptual del tiempo, pero la base se construye en estos primeros años a través de la vivencia y la percepción sensorial.
Elementos Fundamentales de la Temporalidad
Al hablar de temporalidad, podemos distinguir tres elementos clave:
- Orientación Temporal: Es la capacidad de situarse en el tiempo y relacionar los acontecimientos. Implica la asimilación de conceptos como ayer, hoy y mañana. Esta orientación se desarrolla buscando puntos de referencia significativos, partiendo del propio ritmo fisiológico del niño y apoyándose en las rutinas diarias y la secuencia de actividades. Dado que la orientación temporal no se puede visualizar directamente, es crucial recurrir a nociones temporales concretas ligadas a los acontecimientos diarios más repetidos para que los niños sientan la existencia de esta realidad.
- Estructuración Temporal: Es la percepción del tiempo, la toma de conciencia de la realidad a partir de los cambios o hechos que suceden. Posee dos componentes principales:
- El Ritmo: Hace referencia al movimiento ordenado y regular. El ritmo está presente en todos los fenómenos de la naturaleza (respiración, latido cardíaco) y en los movimientos corporales.
- La Velocidad: La percepción de cuán rápido o lento suceden las cosas.
La primera noción del tiempo aparece en el niño antes de los dos años, ligada a los ritmos naturales de su cuerpo. La evolución de la temporalidad es gradual.

Evolución de la Comprensión Temporal en el Nivel Inicial
La comprensión del tiempo se va refinando a medida que los niños crecen y acumulan experiencias:
- Alrededor de los 2 años: Tienen conciencia de la mañana, la tarde y la noche, principalmente en referencia a sus necesidades básicas como comer y dormir.
- De 3 a 6 años: Empiezan a entender las nociones de velocidad (lento, rápido). Comienzan a clasificar acontecimientos en orden de sucesión y, más adelante, logran diferenciar el orden espacial del orden temporal. Mejoran su capacidad para comparar velocidades y establecer nociones de duración.
Paralelamente, evoluciona la percepción y respuesta al ritmo:
- 1 año y medio: Utilizan todo su cuerpo para responder rítmicamente a la música.
- Hacia los 2 años: Su sentido rítmico se enriquece. Su motricidad responde de diversas maneras, como golpeando el suelo con los pies o moviendo la cabeza.
- A partir de los 3 años: Se puede conocer su tempo espontáneo (su ritmo natural).
- Con 4 años: El tempo espontáneo tiende a acelerarse. Adquieren mayor control de sus extremidades inferiores, ejecutando movimientos con mayor gracia.
- Hacia los 5 años: Muestran una pequeña maduración musical, empezando a coordinar su propio ritmo.
- Con 6 años: El ritmo corporal se sincroniza de forma más precisa con el ritmo de la danza o la música.
Cómo Perciben y Organizan el Tiempo los Niños
Los niños toman conciencia de la dimensión temporal en gran parte gracias a sus movimientos corporales y actividades diarias. Acciones simples como gatear, caminar, golpear o dibujar tienen un principio y un final, un “antes”, “un durante” y “un después”. Esta secuencia de acciones y la velocidad con la que las realizan son puntos de referencia cruciales que favorecen el proceso de organización temporal y la adquisición de las nociones de antes, durante y después.
Asimismo, la percepción de la duración del tiempo –la apreciación cuantitativa del tiempo transcurrido entre unos límites (principio y final)– les permite comparar:
- Estimaciones del tiempo basadas en referencias externas, como el comienzo y el final de una canción.
- La apreciación de velocidades, tanto la aceleración de su propio cuerpo como la de los objetos. Por ejemplo, practicar distintos tiempos cambiando las velocidades al marchar, los ritmos de las canciones, los movimientos o las palabras.
Es natural que a los niños les cueste entender lo que no es el presente. Por ello, es vital trabajar los conceptos temporales más próximos y cotidianos: lo que hacemos antes que..., después de..., al mismo tiempo, cada vez que... Se introducen gradualmente conceptos cronológicos como antes, ahora, después, ayer, hoy, mañana, tarde, noche. También se abordan conceptos de duración como poco, mucho, siempre, nunca, a veces.
Actividades para Trabajar el Tiempo en el Aula
La clave para que los niños construyan la noción del tiempo es a través de la experiencia activa y el juego. Aquí se describen algunas actividades sugeridas:
1. Cadena de Acciones
Utilizando música, los niños corren mientras suena. Al parar, buscan un compañero para realizar una acción indicada por el docente. La particularidad es que las acciones son acumulativas; cada vez que la música para, se repiten las acciones anteriores y se añade una nueva. Esto refuerza la idea de secuencia y orden (primero esto, luego esto y esto...). La necesidad de cambiar de compañero introduce un elemento de variedad y atención.
2. Noche o Día
Se delimitan dos zonas en el espacio, una para el día y otra para la noche (se pueden usar tizas o sogas y dibujar símbolos como un sol y una luna). El maestro (o un niño) nombra acciones y los niños deben ir a la zona correspondiente (día o noche) y escenificar la acción (ej: “dormir” van a la noche y simulan dormir; “desayunar” van al día y simulan desayunar). Esto ayuda a asociar acciones con momentos del día.
3. Baile de los Aros
Se colocan aros esparcidos. Mientras suena la música, los niños bailan libremente evitando pisar los aros. Cuando la música se detiene, cada niño debe entrar en un aro y quedarse quieto como una estatua. Al reiniciar la música, vuelven a bailar. Esta actividad trabaja la respuesta a un estímulo temporal (parada de la música) y la transición entre estados (movimiento vs. quietud) en relación con el tiempo.
4. Tortugas, Personas o Pájaros
Usando un pandero, el maestro (o un niño) marca diferentes ritmos: muy lento (tortugas), normal (personas), muy rápido (pájaros). Los niños se mueven por el espacio imitando la velocidad del animal sugerido por el ritmo. Esto permite experimentar la noción de velocidad y ritmo corporal.

Otras Actividades y Estrategias:
- Cuentos Secuenciados: Utilizar cuentos sencillos con una secuencia temporal clara. Después de escucharlos, pedir a los niños que ordenen escenas clave.
- Interiorización del Ritmo: Actividades regulares de música, danza y ritmo para ayudar a interiorizar patrones temporales.
- Movimiento y Espacio: Combinar movimientos en el espacio con diferentes velocidades y paradas (marchar lento, correr rápido, detenerse de golpe).
- Patrones Rítmicos: Ejecutar patrones rítmicos sencillos con manos o pies y pedir a los niños que los reproduzcan. Aumentar la complejidad gradualmente.
- Gestos con Títeres: Realizar dos gestos con un títere y preguntar a los niños qué hizo primero y qué hizo después.
- Asamblea Diaria: Preguntar qué hicieron “ayer”, qué están haciendo “hoy” y qué harán “mañana”. También preguntar qué hacen durante la “mañana”, la “tarde” y la “noche”.
- Canciones Acumulativas: Utilizar canciones donde se añaden elementos en cada estrofa, reforzando la idea de secuencia y memoria temporal.
- Problemas de Orden: Plantear preguntas o pequeños problemas que requieran comprender un orden temporal para ser resueltos.
- Medición del Tiempo: Realizar actividades sencillas de medición, como contar cuántas acciones pueden hacer en un minuto. Explorar relojes de arena o construir unos caseros para visualizar el paso del tiempo. Comparar la duración de vaciado de diferentes relojes de arena.
- Uso del Calendario: Referirse frecuentemente al calendario, preguntando sobre el día de ayer, hoy y mañana. Marcar fechas significativas para que los niños observen la regularidad del paso del tiempo.
- Observación de Cambios: Registrar y comparar cambios a lo largo del tiempo, como el crecimiento de una semilla o los cambios en el clima y los paisajes. Preguntar sobre el tiempo atmosférico de ayer, hoy y cómo creen que estará mañana, o hace cuántos días no llueve.
La Organización del Tiempo en el Aula
La forma en que se organiza el tiempo en el nivel inicial es un factor clave para ayudar a los niños a construir su noción temporal. La organización debe comprender:
- Períodos establecidos: Horarios que incluyan rutinas fijas (entrada, merienda, juego exterior, despedida) y períodos para actividades variables. Las rutinas proporcionan puntos de referencia estables y predecibles que ayudan a los niños a anticipar eventos y estructurar su día.
- Flexibilidad: Dentro de la estructura, debe haber espacio para la espontaneidad, los intereses de los niños y la adaptación a las circunstancias.
- Diversidad de experiencias: Permitir que los niños realicen diferentes actividades en diversos espacios (interior, exterior, rincones), organizadas tanto de manera individual como grupal. Esta variedad de experiencias, con sus distintas duraciones y secuencias, enriquece su percepción del tiempo.
Una organización clara y predecible, combinada con oportunidades para experimentar activamente el orden y la duración a través del juego y las actividades, sienta las bases para una comprensión sólida del tiempo.
Preguntas Frecuentes
¿A qué edad empiezan los niños a entender el tiempo?
Las primeras nociones temporales, ligadas a los ritmos corporales y las necesidades básicas, aparecen antes de los dos años. La comprensión de conceptos como mañana, tarde y noche surge alrededor de los 2 años, y la de ayer, hoy y mañana se trabaja y consolida entre los 3 y 6 años.
¿Por qué es tan importante el ritmo en el desarrollo temporal?
El ritmo es un componente fundamental de la estructuración temporal. Permite al niño experimentar el movimiento ordenado y regular, lo cual es una base para comprender la secuencia y la duración. Las actividades rítmicas ayudan a interiorizar patrones temporales.
¿Cómo ayudan las rutinas a los niños con la noción del tiempo?
Las rutinas diarias (como la hora de la merienda o el momento del juego) actúan como puntos de referencia estables. Ayudan a los niños a anticipar lo que viene “después” de una actividad y a recordar lo que hicieron “antes”, facilitando la comprensión del orden de los eventos.
¿Debo usar relojes con niños muy pequeños?
Aunque los niños pequeños no comprenden la lectura de un reloj convencional, pueden experimentar el paso del tiempo con herramientas visuales como relojes de arena o mediante actividades que cuantifican el tiempo en términos de acciones (cuántas cosas hacemos en un minuto). La exploración de diferentes tipos de relojes puede ser una actividad interesante.
Conclusión
En resumen, la construcción de la noción del tiempo en el nivel inicial es un proceso complejo y fascinante que se basa en la experiencia directa, el movimiento, la interacción con el entorno y la participación en actividades secuenciadas y rítmicas. Al proporcionar un entorno rico en experiencias temporales, apoyado por rutinas claras y actividades lúdicas, los educadores ayudan a los niños a dar sus primeros pasos en la comprensión de esta dimensión fundamental de la realidad, preparándolos para futuras etapas de aprendizaje y organización personal.
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