28/01/2021
El Heroico Colegio Militar de México es mucho más que una institución educativa; es un pilar fundamental en la formación de los líderes del Ejército Mexicano, una cuna de honor y lealtad con una historia rica y compleja que se extiende por casi dos siglos. Dependiente de la Dirección General de Educación Militar y la Universidad del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, su misión es clara: formar a los oficiales que integrarán las diversas armas y servicios del ejército, desde la Infantería y Caballería hasta la Policía Militar y el Servicio de Intendencia. Su objetivo es consolidar un modelo educativo que incremente la capacidad profesional del personal militar, preparando a quienes se convertirán en los altos mandos de la Defensa Nacional y comandarán unidades de todos los tamaños. Explorar su legado implica recorrer momentos cruciales de la historia de México y comprender el simbolismo profundo que envuelve a esta casa de estudios militares.

Historia del Heroico Colegio Militar
La idea de crear una academia militar en México surgió incluso antes de su independencia. En 1818, el español Diego García Conde presentó un proyecto para una escuela de formación castrense, que no fue aceptado por la desconfianza del gobierno colonial hacia la instrucción militar de los nativos. Tras la consumación de la independencia, García Conde retomó su propuesta ante el nuevo gobierno mexicano. Aunque el Ministerio de Guerra la presentó a la Cámara de Diputados en febrero de 1822, la aprobación inicial no llegó de inmediato.
Fue a mediados de 1822, bajo el imperio de Agustín de Iturbide, que la academia se instaló provisionalmente en el antiguo edificio de la Inquisición en la Ciudad de México. Diego García Conde fue su primer director, y la institución recibió varias denominaciones: Academia de Cadetes, Academia de Ingenieros y Colegio Militar de México. El 11 de octubre de 1823, el General José Joaquín de Herrera, Ministro de Guerra, emitió un decreto crucial que formalizó la creación del Colegio Militar y ordenó su establecimiento en la Fortaleza de San Carlos de Perote, en Veracruz.
En 1824, el Colegio Militar de Perote contribuyó a la creación de la Escuela Náutica de Tlacotalpan, transfiriendo a 18 de sus alumnos para formar el núcleo inicial de esta nueva institución. Un momento temprano que demostró la lealtad de la institución ocurrió en 1827, cuando el teniente coronel Manuel Montaño se sublevó y exigió al Colegio Militar de Perote que se le uniera. Tanto alumnos como directivos se negaron firmemente, marcando este hecho como el primer acto de lealtad institucional.
En marzo de 1828, el Colegio Militar regresó a la Ciudad de México, ocupando provisionalmente el convento de Betlehemitas para finalmente instalarse el 1 de julio en el edificio de la antigua Inquisición. La lealtad de los cadetes sería puesta a prueba nuevamente el 11 de septiembre de 1828, durante la sublevación de Santa Anna. Los alumnos del Colegio Militar se presentaron ante el presidente Guadalupe Victoria en Palacio Nacional y combatieron durante cuatro días, de la Alameda Central a Palacio Nacional, en defensa del gobierno constituido, a pesar de que finalmente Guadalupe Victoria fue depuesto. Este evento reafirmó su compromiso.
La turbulencia política del siglo XIX continuó afectando al Colegio. El 13 de julio de 1840, una asonada liderada por Valentín Gómez Farías y el General José Urrea tomó prisionero al presidente Anastasio Bustamante. Los alumnos del Colegio Militar se trasladaron a la Ciudadela para unirse a las tropas leales. Participaron en el combate, destacando su posesión de la Iglesia de Jesús Nazareno, donde hubo bajas entre los cadetes.
En 1841, el Colegio se trasladó a un nuevo hogar emblemático: el Castillo de Chapultepec. Sería aquí donde viviría uno de los momentos más trascendentales de su historia. En septiembre de 1847, durante la Guerra de Intervención estadounidense, los cadetes defendieron valerosamente el Castillo ante el avance enemigo. La gesta heroica de la defensa de Chapultepec, donde cayeron el teniente Juan de la Barrera y los alumnos Francisco Márquez, Fernando Montes de Oca, Vicente Suárez, Agustín Melgar y Juan Escutia (conocidos como los Niños Héroes), le valió al plantel el título de Heroico Colegio Militar. Tras la guerra, y mientras se restauraba Chapultepec, el Colegio ocupó de nuevo el edificio de la Inquisición, conocido entonces como San Lucas.
Otro acto de lealtad ocurrió el 28 de noviembre de 1846, cuando el director Francisco García se negó a que el Colegio se uniera al motín de los “Polkos”, declarando que la institución “no era política y no tenía otra misión más que el estudiar”.
Los cambios de sede continuaron. En 1858, se trasladó al Extemplo de San Pedro y San Pablo. Participó activamente en la defensa de la capital durante la Guerra de Reforma, enfrentando a las fuerzas del general Miguel Blanco en la Garita de San Cosme (1858) y defendiendo barricadas y trincheras en diversas garitas (1859), sufriendo más bajas entre sus alumnos.
Al término de la Guerra de Reforma en 1860, el presidente Benito Juárez suprimió el Colegio Militar, fundando en su lugar la Escuela Militar de Infantería y Caballería. La Academia cerró nuevamente en 1863 debido a la Intervención Francesa. Fue restablecido en 1867, ocupando sucesivamente parte del Palacio Nacional, el ex Convento de Santa Catarina y el edificio del Arzobispado en Tacubaya.
En 1882, regresó al Castillo de Chapultepec. El 9 de febrero de 1913, los cadetes protagonizaron la célebre Marcha de la Lealtad, escoltando al presidente Francisco I. Madero desde Chapultepec hasta Palacio Nacional para enfrentar la sublevación que dio inicio a la Decena Trágica. Cabe mencionar que los cadetes de marina se habían desvinculado del Colegio Militar en 1897 con la fundación de la Escuela Naval de Veracruz.
La Revolución Mexicana también impactó al plantel. Fue clausurado nuevamente en agosto de 1914 y sustituido en 1916 por la Academia del Estado Mayor. Finalmente, el 1 de enero de 1920, esta academia se clausuró y se restableció el Colegio Militar, asignándosele un nuevo edificio en Popotla, inaugurado oficialmente el 5 de febrero de ese año.
En 1920, durante la rebelión de Agua Prieta, los alumnos del Colegio Militar se mantuvieron leales al presidente Venustiano Carranza, acompañándolo en su marcha hacia Veracruz. Participaron en combates, destacando la última carga al sable de la caballería en América en Apizaco, Tlaxcala, y sufriendo la pérdida del alumno Ignacio L. Barba en Aljibes.
El reconocimiento oficial a su historial heroico llegó el 20 de diciembre de 1949, cuando el Honorable Congreso de la Unión declaró “Heroicos” tanto al Colegio Militar como a la Escuela Naval Militar. Un hito más reciente fue la inauguración de sus modernas instalaciones en el Campo Militar n.º 1-C, Tlalpan, el 13 de septiembre de 1976. La ciudad de Perote fue declarada “Cuna del Colegio Militar” en 2002, honrando su primer establecimiento formal. Desde el 1 de septiembre de 2007, el Heroico Colegio Militar abrió sus puertas al ingreso de personal femenino como cadetes, inicialmente para cursar estudios y egresar como oficiales del servicio de intendencia.
Símbolos que Forjan el Espíritu Castrense
La identidad del Heroico Colegio Militar se nutre de símbolos profundos que encapsulan su historia, valores y aspiraciones.
Himno del Heroico Colegio Militar
El himno, escrito en 1931 por el profesor José Ignacio Ríos del Río, es una evocación de la gloria y el sacrificio de sus cadetes:
Coro
Vibre el clarín de la guerra
resuenen las fanfarrias
redoblen los tambores
una marcha triunfal
y lleven de la patria
a todos los confines
tu nombre sacrosanto
Colegio Militar
tu nombre sacrosanto
Colegio Militar
Estrofa
Colegio sacrosanto
de memoria bendita
do forjaran sus almas
Montes de Oca y Melgar
la patria bate marcha
de honor a tu pasado
de epopeyas gloriosas
y de nombre inmortal
y en un gesto sublime
de amor y de cariño
bendice a los efebos
que supieron morir
bañados por las ráfagas
de luz esplendorosa
que el ángel de la gloria
enviara del cenit.
Coro
Vibre el clarín de la guerra
resuenen las fanfarrias
redoblen los tambores
una marcha triunfal
y lleven de la patria
a todos los confines
tu nombre sacrosanto
Colegio Militar
tu nombre sacrosanto
Colegio Militar.
Marcha del Heroico Colegio Militar
Compuesta en 1947 por el Teniente Escribiente José Sotero Ortiz Sánchez para conmemorar el centenario de la gesta de Chapultepec, la marcha, originalmente llamada "Marcha del Colegio Militar de México", honra a sus héroes:
Páginas del libro de la historia
del Heroico Colegio Militar
de epopeyas que ya jamás se borran
Águila del santuario de la inmortalidad.
Canto que se eleva a la memoria
como ofrenda de honor a la lealtad
de los héroes que envueltos por la gloria
grandioso ejemplo que nos dio la libertad.(bis)
Juventud de mi patria sublime,
que marcháis con gallarda ilusión
aumentaréis a la historia que escribe
nobles hechos de sangre y honor.
Yunque forjador de hombres de guerra
como Suárez, Escutia y Melgar,
Montes de Oca, Márquez y De la Barrera,
los Niños Héroes de mi México inmortal! (bis)
Lema y Exhorto: "Por el Honor de México"
El lema que guía a los cadetes, Por el Honor de México, nació de un concurso radiofónico en 1947 con motivo de los festejos del 13 de septiembre. Este lema no es solo una frase; se vive a diario en el exhorto, la respuesta unánime y enérgica de los cadetes al escuchar "Heroico Colegio Militar" tras la última lista de la tarde, un compromiso constante con la patria.
El Escudo del Heroico Colegio Militar
El escudo ha evolucionado a lo largo del tiempo. Inicialmente se tiene certeza de que usaba una granada de artillería. Desde 1879, un reglamento definió un diseño que incluía dos cañones cruzados, una antorcha, un cestón, siete rayos y un ancla (reflejando la educación naval de entonces), todo enmarcado por una corona de laurel. La forma actual se instauró en 1884. Cada elemento porta un significado profundo: la flama de la antorcha simboliza el crisol de las virtudes militares e inteligencia; el cestón, la unión y defensa de la Patria; los cañones, la fuerza; y los rayos, las cinco virtudes cardinales que deben adquirir los cadetes: Honor, Lealtad, Patriotismo, Valor y Abnegación.
La Porra Oficial
La porra es una expresión de unidad y espíritu de cuerpo, mencionando las distintas armas y servicios que se forman en el plantel:
Es de infantes y artilleros
de dragones y blindados
de intendentes e ingenieros
Policías y banderos y la Guardia Nacional
ey ey ey.
A través de vendavales
entre lluvias y huracanes
con bravura tus titanes
a la gloria marcharán.
ey ey ey.
Calar calar calar,
calar calar calar,
arriba arriba arriba
el Colegio Militar.
ey ey ey.
Los Uniformes: Historia y Tradición
La pregunta sobre el uniforme del Colegio Militar no tiene una única respuesta, ya que a lo largo de su historia, el atuendo de los cadetes ha experimentado numerosas transformaciones, reflejando los cambios de época, reglamentos militares y hasta influencias de moda castrense internacional. Cada uniforme ha sido un símbolo de la institución y de la etapa histórica que le tocó vivir.
Al establecerse la "Academia de Cadetes" en 1822, los alumnos adoptaron un modesto uniforme similar al de la infantería del Ejército Trigarante: una casaca azul turquí y un morrión negro con pompón tricolor. El primer reglamento específico de uniformes llegó el 19 de noviembre de 1823, detallando una casaca azul turquí sin solapas, con vueltas, barras y vivos encarnados, divisa roja y botones blancos. El pantalón, también azul turquí, era ancho. El morrión y capote eran iguales a los de la infantería permanente.
El reglamento del 8 de diciembre de 1843 trajo cambios: casaca y pantalón azul turquí (la casaca más oscura), con cuello, vueltas, barras y vivos carmesí, adornados con un galón dorado de petatillo. La memoria de 1846 añadió prendas como chacos, gorras de cuartel, corbatines, guantes y cuchillos de diferentes colores (carmesí y verdes para la banda de guerra).
Este es el conjunto de uniformes que los alumnos debieron usar durante la heroica defensa del Alcázar de Chapultepec en septiembre de 1847. La memoria de 1846 también menciona casacas de paño azul con solapa, pantalones azul-gris, una levita de paño gris y diferentes cartucheras para gala y ejercicios.
Tras el restablecimiento del régimen republicano en 1867, la economía impuesta por el gobierno juarista llevó a un uniforme más sencillo: levita derecha, pantalón y kepí azul oscuro, con vivos encarnados y botón liso dorado con las iniciales C.M. en el kepí.
Un nuevo reglamento en 1898 estableció dos clases de uniformes: de gala y de servicio interior. Se mantuvo el color azul oscuro, la levita con kepí y el chaquetín. La levita llevaba vivos carmesí en diversas partes y el pantalón conservaba sus dobles franjas carmesí con un vivo intermedio.
La presentación del Colegio Militar se adecuó al siglo XX a partir de 1907, influenciada por los uniformes europeos. Se adoptó el casco prusiano y una guerrera de paño azul-negro con siete botones, cuello y vueltas de terciopelo negro, barras y vivos carmesí. El pantalón siguió con las dobles franjas carmesí. Se añadió el escudo en el cuello. Para gala, se usaba el plumero o penacho blanco en el casco.
A partir de 1913, la guerrera cambió a dos hileras de botones, manteniendo el cuello y vueltas de terciopelo negro y los vivos carmesí. El pantalón conservó las dobles franjas. El escudo siguió en el cuello, y se añadieron caponas doradas sin fleco en los hombros.
Con el restablecimiento en 1919, se dispuso el uso de tres uniformes: gala, interior de paño e interior de kaki plomo. Este uniforme de 1919 fue el último con el estilo francés que predominó en el Ejército Mexicano por mucho tiempo.
Una transformación completa llegó con el reglamento de 1923 (en vigor desde 1924), que cambió el estilo, color, divisas y material. El color básico pasó a ser el paño gris reglamentario y un dril gris, con accesorios de cuero avellana. El cambio siguiente, unos seis años después, introdujo un color verde-gris para servicio diario, negro para gala y media gala, y conjuntos blanco y beige para climas cálidos. Este reglamento de 1930 fue longevo, aunque modificado por circulares posteriores.
El cambio más notable, que ha dado a los cadetes un vestuario distintivo dentro de las Fuerzas Armadas, fue la introducción en 1947 de las prendas de gala que se reconocen actualmente: la levita cruzada negra con cuellos y puños carmesí, carteras y marruecas de terciopelo negro, doble hilera de siete botones dorados y caponas con medias lunas doradas. A esto se sumó el kepí chacó negro (ros con penacho) introducido en 1960, con plumero blanco y accesorios dorados.
Este uniforme de gala ha dotado a los cadetes de una silueta icónica que refleja la estima y el cariño que la nación profesa por la tradición y el honor de su Heroico Colegio Militar.
Preguntas Frecuentes sobre el Heroico Colegio Militar
- ¿Cuál es la misión principal del Heroico Colegio Militar?
Su misión es formar oficiales para las diversas armas y servicios del Ejército Mexicano, preparándolos para ejercer el mando y liderazgo militar. - ¿Dónde se localiza actualmente el Heroico Colegio Militar?
Actualmente, sus instalaciones principales se encuentran en el Campo Militar No. 1-C, en Tlalpan, Ciudad de México. - ¿Por qué se le conoce como "Heroico"?
Recibió este título por decreto del Congreso de la Unión en 1949, en reconocimiento a la valentía de sus cadetes, especialmente durante la defensa del Castillo de Chapultepec en 1847. - ¿Cuál es el lema del Heroico Colegio Militar y qué significa?
Su lema es "Por el Honor de México". Nació de un concurso en 1947 y representa el compromiso diario de los cadetes de servir a la patria con honor y lealtad. - ¿El Colegio Militar tiene un único uniforme?
No, a lo largo de su historia ha tenido diferentes uniformes que han evolucionado. Actualmente, los cadetes utilizan distintos tipos de uniformes para diversas actividades, destacando el uniforme de gran gala introducido en 1947. - ¿Las mujeres pueden ingresar al Heroico Colegio Militar?
Sí, desde el 1 de septiembre de 2007, se permitió el ingreso de personal femenino como cadetes para cursar estudios, inicialmente en el servicio de intendencia, abriendo camino a la inclusión en la formación militar de oficiales.
El Heroico Colegio Militar sigue siendo un faro de la educación militar en México, adaptándose a los tiempos sin perder la esencia de su historia, sus símbolos y la disciplina que forja a los futuros líderes del Ejército, siempre bajo el compromiso inquebrantable de servir Por el Honor de México.
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