¿Qué escuela fundó Simón Rodríguez?

Simón Rodríguez: Educación para la Emancipación

08/12/2018

Simón Rodríguez, nacido en Caracas el 28 de octubre de 1771, es una figura fundamental cuyo pensamiento y acción educativa resuenan con fuerza, especialmente al conmemorar los 250 años de su natalicio. Su obra se centra en una preocupación esencial: la necesidad de crear, de inventar, de generar nuevos proyectos de educación y escuela que realmente contribuyan a la configuración de una nueva sociedad, distinta a la impuesta por el régimen colonial.

¿Qué era la educación para Simón Rodríguez?
Educar implica asumir la responsabilidad política de constituir una sociedad republicana. En el pensamiento de Simón Rodríguez sería instituir un proyecto donde las costumbres tradicionales de conveniencia individual se sustituyeran por las nuevas ideas de conveniencia social.

Rodríguez observaba que, a pesar de los cambios de nombres y estilos, las estructuras educativas coloniales persistían, enseñando “á dar otros nombres á las mismas cosas”. Criticaba que los planes no variaban en esencia, manteniendo viejas invenciones bajo nuevas nominaciones. Para él, la educación emancipadora debía ser radicalmente diferente, no una simple alternativa que repitiera lo mismo de siempre. Asumir su llamado implica revisar si las propuestas educativas buscan realmente la emancipación de los pueblos o son solo formas novedosas de perpetuar el status quo.

Centrando la atención en la relación entre educación y emancipación en su pensamiento, se identifican tres elementos clave, surgidos de una lectura crítica de la realidad colonial que le tocó vivir. Primero, sus preguntas sobre la emancipación nacen de su propia experiencia y la crítica a la institucionalidad colonial. Segundo, la educación emancipadora se concreta en un proyecto de educación popular. Tercero, su propuesta redefine el rol del maestro y la escuela.

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La Emancipación Inicia en la Lectura Crítica de la Realidad

Emanciparse, según el diccionario, es liberarse de cualquier subordinación o dependencia. Para Simón Rodríguez, este proceso comienza con una lectura crítica de la realidad colonial. El gobierno, heredero de la monarquía española, imponía una matriz racista que justificaba la esclavitud y la exclusión. La América, a su juicio, vivía “aun bajo el réjimen colonial, y de fundar, en gran parte, sus distinciones en la diferencia de colores y en la sucesión de las razas”.

Su propia condición de hijo expósito y las limitaciones que enfrentó (no pudo acceder a la universidad, reservada para la aristocracia blanca) agudizaron su sentido crítico y fomentaron su formación autodidacta. Esta experiencia personal le permitió entender las profundas injusticias del sistema y lo impulsó a buscar alternativas desde el ámbito educativo. Su visión crítica abarcaba la monarquía, las prácticas religiosas, culturales y económicas, influenciada por la Revolución Francesa, sus viajes y su conocimiento de América.

Rodríguez cuestionaba que el problema de la monarquía no era solo la concentración de poder, sino que no se gobernaba para el pueblo. La prole de los reyes multiplicaba “ociosos cargados de vicios” que oprimían al pueblo y lo llevaban a revoluciones. La solución residía en un sistema republicano, donde el poder residiera en el pueblo. Sin embargo, advertía que en las repúblicas, el pueblo debía estar instruido para defender sus derechos y no ser juguete de sus representantes o presidentes.

¿Cómo enfrentar los engaños y la subordinación naturalizada? A través de la educación. En su informe de 1794 al Cabildo de Caracas, ya señalaba la diferenciación educativa basada en el origen racial: artes mecánicas para pardos y morenos, primeras letras y estudios superiores para blancos. Esta distinción preparaba a unos para obedecer y a otros para gobernar. Desde su postura (afirmaba ser zambo, como Bolívar), la educación era el medio para superar estas diferenciaciones y construir una sociedad justa, cerrando la brecha entre pardos, blancos, zambos e indios.

Propuso una serie de pasos para la instrucción del pueblo ignorante: abstenerse de mencionar colores o ascendencias al juzgar a las personas; no apreciar ni despreciar por origen, profesión política o creencia religiosa; tener una ocupación decente para subsistir; interesarse por el bien general; y, fundamentalmente, conocer los deberes propios y hacia los demás, reconociendo que todo hombre tiene derecho a la atención y servicios de sus semejantes. Así, lo que se llamaba populacho podría ser igual, de hombre a hombre, con el mejor.

Su crítica se extendía al poder de la Iglesia y su influencia en la educación colonial, que justificaba la desigualdad y la sumisión. Rompió con la doctrina católica, llegando a decir que no tenía más religión que la jurada en el Monte Sacro con Bolívar, un juramento político. La educación colonial, al enseñar catecismo e historia de reyes, perpetuaba un escenario de diferenciación social, étnica y de credo, supuestamente para guiar al cielo a los privilegiados (los blancos). Rodríguez, con ironía, señalaba que incluso la instrucción en letras y cuentas parecía destinada a que los hijos de los dueños del país sirvieran mejor a los amos.

Sus orígenes y experiencias forjaron en él una actitud hereje frente a la dominación, impulsándolo a pensar en otra educación, otra escuela, incluso en modelos de república y gobierno popular que superaran lo existente. La emancipación en Nuestra América, para Rodríguez, exigía ir más allá de la independencia formal, construyendo la libertad a través de la educación.

Instruir no es Educar: La Educación Social y Republicana

La obra de Simón Rodríguez conjuga vida académica, intelectual, política y social. Para él, la experiencia es la escuela de los profetas, y un curso de estudios debe ser para “aprender a vivir”. Esta interdependencia de vida y experiencia configura su pensamiento educativo, donde conceptos como educación republicana, instrucción pública, educación social y educación popular se entrelazan con la construcción de la república.

Define la sociedad republicana como aquella compuesta por hombres unidos por un “común sentir” de lo que conviene a todos, viendo el bien propio como parte del bien general. Para hacer república, se necesitan medios “tan nuevos como es nueva la Idea de ver por el bien de TODOS”. Lo que no es general sin excepción no es verdaderamente público, y lo que no es público no es social. Por tanto, la instrucción, para ser social, debe ser general, sin excepción.

Rodríguez fue un pionero en la defensa de la educación pública y la inclusión de todos. Argumentaba que si la instrucción se proporcionara a todos, muchos de los despreciados por ignorantes podrían ser consejeros, bienhechores o amigos. La educación para los ciudadanos es un asunto de gobierno. Insistía en que en las repúblicas, la escuela debía ser política, “sin pretextos ni disfraces”, formando hombres para la sociedad.

Fue un crítico severo de la escuela de su tiempo y de la dirección que los gobiernos republicanos daban a la educación, a menudo viciada por herencias coloniales. Observaba que la instrucción pública se limitaba a ejecutar lo que mandaban los padres o adivinar sus deseos, con estatutos diseñados para adular.

Aquí es donde introduce una distinción crucial: “INSTRUIR no es EDUCAR”. Acumular conocimientos extraños al arte de vivir no forma la conducta social. Se pueden tener muchos sabios “mal criados”. La instrucción es solo la primera parte de la educación. Educar implica “desobediencia y emancipación para hacer, para entender, para proponer, para cambiar”.

Aspecto Sociedad Colonial / Monarquía República / Educación Popular (Simón Rodríguez)
Destinatarios Clasificados por raza y clase (Blancos vs. Pardos/Morenos) Todos sin excepción (Ciudadanos)
Propósito Principal Mantener privilegios, obediencia, justificar desigualdad, preparar para trabajos manuales (subalternos) o intelectuales (gobierno) Emancipación, formar ciudadanos, aprender a vivir en sociedad, defender derechos, buscar el bien general
Base Social Diferencia de colores, razas, ascendencia, privilegios hereditarios Igualdad de hombre a hombre, igualdad de pueblo a pueblo
Contenido / Método Catecismo, historia de reyes, lecciones de obediencia, artes mecánicas para unos, letras para otros Instrucción general (saber hacer), Educación social (saber vivir), Ejercicios útiles, Deberes morales y sociales, Crítica a la realidad
Autoridad Autoridad Personal (Rey, privilegiados) Autoridad Pública (basada en costumbres liberales y el común sentir)

Solo un gobierno ilustrado puede generalizar la instrucción, y debe hacerlo, pues sus luces lo obligan. Educar es asumir la responsabilidad política de constituir una sociedad republicana, sustituyendo las costumbres tradicionales de conveniencia individual por ideas de conveniencia social. El egoísmo (“Yo solo soy y solo para mí”) impide ser sociable. Este sentimiento se modera “rectificando las Ideas”. La primera parte de la educación es “TRATAR CON LAS COSAS”, y la segunda es “TRATAR CON QUIEN LAS TIENE” (entender al sujeto y cómo la educación le permite hacer sociedad).

¿Qué escuela fundó Simón Rodríguez?
En el año 1824 regresó a Hispanoamérica por Cartagena de Indias, retomando su nombre de Simón Rodríguez. En Bogotá fundó una Escuela Taller de Artes y Oficios con el fin de ofrecer una enseñanza práctica para los niños más pobres de la sociedad.

La mayor fatalidad es no tener un común sentir de lo que conviene a todos. Solo la “EDUCACIÓN SOCIAL” remediaría este mal. No habrá verdadera sociedad ni autoridad razonable sin costumbres liberales formadas por una educación social que produzca una autoridad pública, no personal.

La Educación Popular: Un Proyecto para la República

Posicionar la educación social es un reto, y aún más formalizarla como educación popular. Rodríguez, con ironía, señala la sorpresa y el enfado ante la idea de que el hijo de un zapatero se eduque como el de un negociante. Recuerda que la palabra “Educación” se vio en “mala compañía” al unirse con “Popular”, un concepto a veces manipulado para instruir a las masas “descarriadas por la revolución” en deberes morales (obedecer), no sociales (participar).

Esta resistencia muestra una sociedad mentalmente colonizada, donde la desigualdad se naturaliza. La independencia formal no garantizaba la libertad. El inmenso espacio entre independencia y libertad “está por descubrirse”, y exige crear su materialización. Las luchas emancipatorias deben romper con discursos y prácticas colonizadoras.

La propuesta de Rodríguez decanta en la educación popular como única alternativa para quebrar el sistema monárquico colonial, cuya divisa era “Erudición y Habilidades Profesiones y Oficios, en tumulto, Herencias, Privilegios y Usurpaciones”. La divisa de las Repúblicas debe ser “Educación Popular Destinación a Ejercicios útiles aspiración fundada a la propiedad”.

El Proyecto de Chuquisaca: Un Intento en Acción

Llevando estos planteamientos a la realidad, el texto menciona que Simón Bolívar, influenciado por Rodríguez, instituyó en Chuquisaca (Bolivia), en 1826, un plan de educación popular. Se expidió un decreto para recoger niños pobres de ambos sexos. Pero no en casas de misericordia, conventos, cárceles u hospicios donde aprenderían a servir o ser vendidos. La intención era instruir y acostumbrar al trabajo, no solo llenar el país de artesanos rivales.

Los niños serían recogidos en casas cómodas y aseadas, con talleres bien equipados y dirigidos por buenos maestros. Se daría instrucción y oficio a las mujeres “para que no se prostituyesen por necesidad, ni hiciesen del matrimonio una especulación”. El capital empleado sería productivo, llevando cuentas con los niños para hacerlos “hombres útiles”, asignarles tierras y auxiliarlos en su establecimiento, “colonizando el país con sus propios habitantes”.

Además, se daba ocupación a los padres de los niños, si podían trabajar, o se les socorría por cuenta de sus hijos, enseñando a estos un deber principal. Alumnos y padres gozaban de libertad, no eran “frailes ni presidiarios”. Pasaban el día ocupados y se retiraban a sus casas por la noche. Este proyecto se distanciaba de las fundaciones piadosas europeas, hechas por caridad o para ostentación, no por el bien general. El establecimiento de Chuquisaca era social, su combinación “es nueva, en una palabra es LA REPÚBLICA”.

Sin embargo, este proyecto no fue viable. Fue duramente censurado y liquidado. La justificación oficial aludió a supuestas inhabilidades morales de Rodríguez (herejía, ateísmo, inmoralidad), a las que él llamó “gracias de que están adornados los sabios a la moderna”. Pero la verdadera razón fue más profunda: tocaba directamente el estado de sumisión y obediencia del pueblo subalterno boliviano. Tras la liquidación, el gobierno mandó “echar a la calle los niños, porque los más eran cholos, ladrones los machos y putas las hembras”, según un informe. El dinero se reorientó a una casa para viejos, un colegio para hijos de “gente decente”, una escuela de Lancaster para la “gente menuda”, un mercado y otras cosas que daban “lustre a las naciones cultas”.

Cuatro años después, Rodríguez hizo un balance, lamentando que si el proyecto no hubiese sido obstaculizado por egoísmo e intereses particulares, habría habido miles de personas ocupadas (con propiedad), instruidas en sus deberes morales y sociales (republicanas y adictas al gobierno), que entenderían de sociedad y serían CIUDADANOS. Lamentaba que se perdiera la oportunidad de tener “GENTE NUEVA” que no fuera explotada ni humillada.

Aunque el proyecto de educación popular en Bolivia fue pensado en apoyo al gobierno republicano, su impronta emancipatoria inspira los proyectos educativos populares hoy. No buscaba tomar el poder, sino impulsar la insumisión y emancipación de los sectores subordinados. La educación popular, hoy como ayer, se alimenta de esta tradición que Simón Rodríguez sembró en Nuestra América.

Preguntas Frecuentes sobre el Pensamiento Educativo de Simón Rodríguez

¿Qué escuela fundó Simón Rodríguez?

Basado en el texto, Simón Rodríguez no fundó una escuela que perdurara en el tiempo como institución tradicional. Sin embargo, diseñó y ayudó a implementar un proyecto o “establecimiento” de educación popular en Chuquisaca, Bolivia, en 1826, bajo el auspicio de Simón Bolívar. Este proyecto, destinado a niños pobres de ambos sexos para darles instrucción, oficio y acceso a la propiedad, fue innovador pero fue liquidado poco tiempo después debido a la fuerte oposición que generó al desafiar el orden social establecido.

¿Qué era la educación para Simón Rodríguez?

Para Simón Rodríguez, la educación era mucho más que la simple instrucción o acumulación de conocimientos (“Instruir no es Educar”). Era el medio fundamental para la emancipación de los pueblos, para liberarlos de la subordinación y la dependencia. Era un proceso social y político destinado a formar ciudadanos para la república, enseñándoles a vivir en sociedad, a tener un “común sentir” del bien general, a conocer y defender sus derechos y deberes, y a superar las desigualdades impuestas por el sistema colonial.

¿Por qué fracasó el proyecto de educación popular en Chuquisaca?

Según el texto, el proyecto fracasó y fue liquidado debido a la fuerte oposición. Aunque se adujeron pretextos morales contra Simón Rodríguez (acusaciones de herejía, etc.), la verdadera razón fue que el proyecto desafiaba el orden social y de castas vigente, al buscar la educación y emancipación de los sectores pobres y subordinados (“cholos, ladrones los machos y putas las hembras”, según el informe de un opositor). El proyecto tocaba directamente el estado de sumisión del pueblo, y su liquidación permitió reorientar los recursos hacia instituciones que mantenían las distinciones sociales.

¿Cuál era la crítica principal de Simón Rodríguez a la educación colonial?

Su crítica principal radicaba en que la educación colonial era discriminatoria, basada en la diferencia de colores y razas (manual para pardos/morenos, intelectual para blancos), justificando la desigualdad y la exclusión. Estaba controlada por el gobierno monárquico y la Iglesia para mantener el status quo, promoviendo la obediencia y la sumisión en lugar del pensamiento crítico y la participación ciudadana. Enseñaba “á dar otros nombres á las mismas cosas” sin cambiar la esencia del dominio.

El legado de Simón Rodríguez, aunque sus proyectos prácticos como el de Chuquisaca enfrentaron la resistencia del viejo orden, sigue siendo una fuente de inspiración. Su visión de una educación pública, social y popular, orientada a la emancipación y a la formación de ciudadanos capaces de construir una república justa, resuena con fuerza en la búsqueda de una educación que transforme la realidad y construya sociedades más equitativas en Nuestra América.

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