¿Qué hacer con un niño con autismo en la escuela?

Alumno con TEA: Desafíos y Apoyo en la Escuela

23/11/2022

Para muchas personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA), la escuela representa un universo complejo y, a menudo, desafiante. No se trata solo de las particularidades inherentes al propio trastorno, sino también, y de manera significativa, de la respuesta del entorno educativo. Lamentablemente, en demasiadas ocasiones, las escuelas no logran reconocer ni abordar adecuadamente las necesidades específicas de estos alumnos, generando frustración y desilusión en las familias.

¿Cómo es un alumno con TEA?
Para empezar, los niños con espectro autista suelen tener disfunción sensorial, por lo que cosas como luces brillantes, compañeros gritando o el sonido del timbre, pueden ser estímulos abrumadores que desencadenan ansiedad extrema o conductas autistas como agresividad o lastimarse a sí mismos.18 jun 2021

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente uno de cada 160 niños presenta un trastorno del espectro autista. Esta prevalencia subraya la importancia de comprender y visibilizar el TEA, pero a pesar de ello, persiste una notable estigmatización, discriminación y, en ocasiones, una preocupante vulneración de los derechos humanos de quienes lo padecen, especialmente en lo que respecta al acceso a una educación de calidad. Una educación inclusiva y adaptada es fundamental para su desarrollo, aprendizaje y eventual independencia.

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¿Qué son los Trastornos del Espectro Autista (TEA)?

La Confederación de Autismo España ofrece una definición clara: los TEA son un trastorno de origen neurobiológico que impacta la configuración del sistema nervioso y el funcionamiento cerebral. Esto se manifiesta principalmente en dificultades significativas en dos áreas cruciales: la comunicación e interacción social, y la flexibilidad del pensamiento y la conducta. Los TEA son, de hecho, un conjunto diverso de afecciones, lo que explica la amplia gama de características que pueden presentar las personas dentro del espectro. Estas características pueden incluir distintos grados de dificultad en la interacción social, en la comunicación verbal y no verbal, en el procesamiento sensorial, así como patrones de comportamiento atípicos, como una atención muy focalizada en detalles específicos o reacciones inusuales a ciertas sensaciones.

Históricamente, el diagnóstico de TEA englobaba condiciones que antes se consideraban separadas, como el autismo clásico, el trastorno generalizado del desarrollo no especificado (PDD-NOS) y el síndrome de Asperger. Hoy en día, se entienden como parte de un mismo espectro continuo. Las capacidades intelectuales y de aprendizaje en personas con TEA varían enormemente; algunos pueden ser muy capaces y alcanzar una independencia significativa en la vida adulta, mientras que otros requieren un apoyo y atención constantes en sus actividades diarias.

El diagnóstico de TEA puede ser un proceso complejo. En la infancia, los médicos suelen basarse en la observación del comportamiento y el desarrollo del niño. Los primeros síntomas pueden manifestarse desde los primeros años de vida, y a partir de los 18 meses, un profesional experimentado puede comenzar a determinar si un infante se encuentra dentro del espectro. Un diagnóstico temprano es crucial y óptimo, ya que permite iniciar intervenciones y terapias a una edad temprana, lo que mejora significativamente las posibilidades de que la persona alcance la mayor independencia y capacidad posible en la edad adulta.

El diagnóstico en la edad adulta presenta desafíos adicionales. No existe un procedimiento estandarizado único, y es probable que la persona haya desarrollado mecanismos para manejar o incluso ocultar sus síntomas a lo largo de los años. Esto dificulta que el especialista pueda llegar a un diagnóstico basándose únicamente en la observación actual del comportamiento, requiriendo a menudo un historial detallado que incluya información sobre su infancia y desarrollo temprano.

El Autismo y la Educación: Un Camino de Retos

Si bien el derecho a la educación es universal, para los niños y jóvenes con TEA, el simple acto de asistir a la escuela puede convertirse en un desafío monumental. Los obstáculos son múltiples y abarcan diversas áreas de la experiencia escolar.

Uno de los retos primordiales es la disfunción sensorial. El entorno escolar típico, con sus luces brillantes, el bullicio de las conversaciones, los gritos de los compañeros, el sonido estridente del timbre, e incluso las texturas de los materiales o la ropa, pueden ser estímulos abrumadores para un alumno con TEA. Esta sobrecarga sensorial puede desencadenar ansiedad extrema, crisis o conductas autoestimulatorias (como aleteos o movimientos repetitivos) o, en casos más severos, comportamientos agresivos o autolesiones como mecanismo para regular esa intensidad.

Además, muchos alumnos con TEA presentan dificultades con la flexibilidad cognitiva y la capacidad de transición. Cambiar de una actividad a otra, de un tema a otro, o adaptarse a interrupciones inesperadas en la clase puede ser muy complicado. Esta rigidez afecta su capacidad para planificar y ejecutar tareas variadas, organizarse, estudiar para exámenes o manejar múltiples instrucciones simultáneamente.

En el ámbito de la lectura y la expresión verbal, los niños en el espectro a menudo enfrentan desventajas. La escuela espera un progreso constante en la comprensión lectora, la fluidez verbal, la escritura y la capacidad de expresión. Para los alumnos con TEA, la expresión verbal y la comprensión, especialmente cuando se trata de lenguaje figurado, modismos, sarcasmo o dobles sentidos, son desafíos significativos. Las pruebas estandarizadas, que a menudo priorizan la velocidad y un nivel de comprensión muy específico, pueden ponerlos en una situación de particular vulnerabilidad.

Numerosas investigaciones han documentado que las personas autistas pueden tener dificultades con las habilidades motoras, tanto finas como gruesas. Las habilidades motoras finas implican el uso coordinado de músculos pequeños, como los de las manos y muñecas, esenciales para escribir, dibujar, cortar con tijeras o manipular objetos pequeños. Las habilidades motoras gruesas se refieren al control de músculos grandes, utilizados para correr, saltar, patear una pelota o mantener el equilibrio. Estudios sugieren que los niños con TEA pueden tener un retraso de varios meses o incluso un año en el desarrollo de estas habilidades en comparación con sus pares neurotípicos. Aunque estas dificultades pueden mejorar con intervención, se cree que están relacionadas con sus desafíos sensoriales y diferencias neurológicas, impactando directamente en actividades escolares cotidianas.

La comunicación social es quizás uno de los retos más conocidos. La interacción con compañeros y adultos es una parte fundamental de la experiencia educativa, pero para un estudiante con TEA, navegar las complejidades sociales es arduo. Pueden tener dificultades para interpretar señales no verbales (expresiones faciales, tono de voz), entender las reglas sociales implícitas del aula, el patio o el gimnasio, o discernir las intenciones de sus compañeros (si alguien se burla, es sarcástico o sincero). Esto puede llevar al aislamiento, ser percibidos como introvertidos, o tener dificultades para hacer y mantener amistades.

El cambio de año escolar, con nuevos maestros, compañeros y reglas, es otro factor estresante. Cada docente tiene su propio estilo y normas en el aula (por ejemplo, si se permite hablar sin levantar la mano), lo que puede confundir a un niño que se basa en la consistencia y la literalidad. Adaptarse a las modas o intereses cambiantes de sus compañeros también puede ser difícil, exponiéndolos a posibles burlas.

Para alguien con TEA, la rutina y la estructura son pilares fundamentales. Un entorno predecible les proporciona seguridad y reduce la ansiedad. Aunque la escuela, por naturaleza, ofrece cierta estructura, también está sujeta a cambios constantes. Más allá de un nuevo ciclo escolar, eventos como la llegada de maestros sustitutos, actividades especiales (olimpiadas deportivas, obras de teatro), días de exámenes, excursiones o periodos vacacionales, rompen la rutina y pueden ser muy desafiantes. A esto se suma la necesidad de ausentarse para asistir a terapias, lo que interrumpe aún más su rutina escolar.

La actitud y el nivel de tolerancia de los maestros hacia las conductas asociadas al TEA varían. Comportamientos autoestimulatorios, como repetir palabras (ecolalia), mover las manos (aleteo) o balancearse, pueden ser comprendidos por algunos, pero percibidos como disruptivos o molestos por otros. Si un maestro espera que todos los alumnos progresen al mismo ritmo y de la misma manera, un niño con autismo que procesa la información de forma diferente puede quedarse atrás, afectando su rendimiento académico y autoestima.

El Riesgo de la Exclusión Escolar

Diversos estudios, como uno publicado en la revista Autism & Developmental Language Impairments, basado en entrevistas a padres de niños con TEA, señalan un preocupante riesgo de exclusión escolar para estos alumnos. A medida que avanzan de grado, el entorno social y las exigencias académicas se vuelven más complejos. Los estudiantes con TEA deben navegar estas complejidades, gestionar sus emociones en situaciones abrumadoras, esforzarse por mantener relaciones sociales y adaptarse a entornos sensoriales cambiantes, lo que puede resultar exhaustivo y conducir a dificultades que la escuela no siempre maneja adecuadamente.

Uno de los problemas persistentes es que a las personas con TEA se les etiqueta, a menudo injustamente, como niños “difíciles”. Esto complica su inclusión social. Adicionalmente, muchos maestros admiten no contar con la capacitación o los recursos necesarios para apoyar eficazmente a estos alumnos. En Inglaterra, por ejemplo, un 60% de los profesores encuestados manifestaron sentir que no tenían la formación adecuada. Una encuesta de la Sociedad Nacional de Autistas del Reino Unido reveló que casi uno de cada cinco padres reportó que su hijo había sido excluido temporalmente de la escuela al menos una vez, y uno de cada veinte, de manera permanente.

El estudio “Excluded from school...” mencionado anteriormente destaca que muchos padres perciben que sus hijos tienen dificultades significativas en situaciones no estructuradas, como el recreo, donde las reglas sociales son difusas y el entorno sensorial puede ser caótico. La interpretación literal del lenguaje también les causa problemas en la interacción. Las familias expresan decepción cuando las escuelas no reconocen o apoyan las necesidades específicas de sus hijos, sintiendo que la falta de comprensión sobre el TEA por parte del personal escolar les genera angustia y ansiedad a sus hijos.

Claves para Apoyar a un Alumno con Autismo en el Aula

Apoyar a un alumno con TEA es un compromiso que requiere conocimiento, paciencia y adaptabilidad. La empresa High Speed Training ofrece valiosos consejos para educadores:

1. Establecer y Mantener una Rutina Clara

Las personas con TEA prosperan en entornos predecibles. Una rutina estable y bien comunicada reduce significativamente la ansiedad. Crear un horario visual, utilizando imágenes o pictogramas, es una estrategia muy efectiva. Esto proporciona al alumno una sensación de seguridad, le permite anticipar lo que sucederá a continuación y refuerza su memoria y habilidades organizativas.

2. Considerar la Sensibilidad Sensorial Individual

La sensibilidad sensorial varía enormemente entre las personas con TEA. Algunos pueden buscar ciertos estímulos, mientras que otros reaccionan negativamente a sonidos, luces, olores o texturas. Es crucial observar y aprender las sensibilidades específicas de cada alumno. Adaptar el aula para hacerla más amigable sensorialmente (por ejemplo, permitiendo el uso de auriculares para el ruido, ajustando la iluminación si es posible, o proporcionando un espacio tranquilo) es esencial. Lo que ayuda a un alumno puede no servir para otro.

3. Administrar y Preparar para los Cambios

Aunque la rutina es vital, los cambios son inevitables. La clave está en gestionarlos de forma proactiva. Preparar al alumno con anticipación para una alteración en la rutina o un evento nuevo puede aliviar la ansiedad. Esto puede implicar hablar sobre el cambio con días de antelación, mostrarle fotos del nuevo lugar o persona, o incluso visitarlo previamente si es posible. Darle tiempo para procesar y anticipar lo desconocido le ayuda a mentalizarse y adaptarse mejor.

4. Ser Claro y Directo en la Comunicación

Las dificultades en la comunicación y la interpretación literal del lenguaje son comunes en el TEA. Los educadores deben utilizar un lenguaje simple, directo y concreto. Evitar metáforas, sarcasmo, ironía, preguntas retóricas o instrucciones complejas con múltiples pasos es fundamental. Asegurarse de que el alumno ha comprendido las instrucciones pidiéndole que las repita o las demuestre puede ser útil.

5. Integrar sus Intereses Específicos

Las personas con TEA a menudo desarrollan intereses muy intensos y específicos. Aprovechar estos intereses puede ser una poderosa herramienta motivacional para el aprendizaje. Si un alumno está fascinado por los dinosaurios, se pueden crear problemas de matemáticas con dinosaurios, ejercicios de ortografía usando sus nombres, o proyectos de ciencias relacionados con ellos. Esto no solo aumenta su participación y motivación, sino que también valida sus pasiones.

6. Incluir Activamente a los Padres y Familias

Los padres y tutores son los mayores expertos en sus hijos. Conocen sus desencadenantes sensoriales, sus preferencias, lo que funciona y lo que no. Establecer una comunicación abierta y continua con las familias es vital. Los padres pueden ofrecer consejos prácticos sobre estrategias que funcionan en casa, y los maestros pueden compartir observaciones y éxitos del aula. Esta colaboración fortalece la inclusión y tranquiliza a las familias sobre el apoyo que recibe su hijo.

7. Desarrollar Resiliencia y Comprensión por Parte del Educador

Trabajar con alumnos con TEA puede presentar desafíos, y es importante que los educadores mantengan una mentalidad positiva y desarrollen resiliencia. Construir una relación de confianza con el alumno lleva tiempo y dedicación. Es crucial recordar que sus comportamientos atípicos no son intencionados para molestar, sino manifestaciones de su forma particular de procesar el mundo. Cultivar la paciencia y buscar comprender la raíz de sus actitudes facilita la interacción y el apoyo efectivo. Cuanto mejor se entienda al alumno, más fácil será responder a sus necesidades.

Mejorar el conocimiento y la formación del personal docente sobre el Trastorno del Espectro Autista es fundamental. Comprender los retos diarios que enfrentan estos alumnos y saber cómo adaptar las estrategias pedagógicas y el entorno escolar no solo previene la exclusión, sino que les permite desarrollar su máximo potencial académico, social y personal. Responder a las necesidades específicas de cada alumno con TEA es un pilar clave de una educación verdaderamente inclusión.

Preguntas Frecuentes sobre Alumnos con TEA en la Escuela

A continuación, respondemos algunas preguntas comunes sobre la experiencia escolar de los alumnos con Trastorno del Espectro Autista:

¿Qué significa que un alumno tenga Trastorno del Espectro Autista (TEA)?

Significa que el alumno tiene una condición neurobiológica que afecta principalmente su forma de interactuar socialmente, comunicarse y manifestar una flexibilidad en su pensamiento y comportamiento. Presentan un conjunto diverso de características que varían en intensidad de una persona a otra dentro del espectro.

¿Por qué la escuela es un desafío para un alumno con TEA?

La escuela presenta múltiples retos debido a dificultades sensoriales (sobrecarga de estímulos), problemas con las transiciones y la flexibilidad, desafíos en la comunicación y comprensión literal, posibles retrasos en habilidades motoras, dificultades en la interacción social y la interpretación de señales sociales, y la necesidad de rutinas estables que a menudo se ven interrumpidas en el entorno escolar.

¿Cómo pueden los maestros apoyar mejor a un alumno con TEA?

Los maestros pueden apoyar estableciendo rutinas claras y predecibles (a menudo con ayudas visuales), siendo conscientes de las sensibilidades sensoriales del alumno, preparando al alumno para los cambios, utilizando una comunicación clara y directa, integrando los intereses específicos del alumno en las actividades de aprendizaje, colaborando estrechamente con los padres y manteniendo una actitud de paciencia y comprensión.

¿Los alumnos con TEA están en riesgo de ser excluidos de la escuela?

Sí, lamentablemente, existe un riesgo documentado de exclusión escolar, ya sea temporal o permanente. Esto se debe a menudo a la falta de comprensión de sus necesidades, la percepción de que son "difíciles", la falta de capacitación adecuada del personal y las dificultades que enfrentan en entornos poco estructurados o con muchas demandas sociales y sensoriales.

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