16/07/2020
A principios del siglo XX, en Argentina, emergió una corriente historiográfica significativa conocida como la Nueva Escuela Histórica. Caracterizada por un marcado rigor histórico y una creciente profesionalización de la disciplina, esta escuela se centró en la tarea de reconstruir los hechos del pasado de la manera más objetiva posible, basándose estrictamente en el análisis y la interpretación de los documentos históricos disponibles. Sus principales referentes fueron figuras como Emilio Ravignani, Dardo Corvalán, Rómulo Carbia y Diego Luis Molinari, quienes dedicaron su vida a tiempo completo a la docencia y la investigación en historia, publicando extensos trabajos fundamentados en una exhaustiva labor con fuentes primarias. Esta corriente buscaba establecer una base sólida y científica para el estudio del pasado argentino.

Sin embargo, para comprender plenamente el panorama historiográfico en Argentina, es fundamental contextualizar el surgimiento de esta y otras corrientes dentro del desarrollo histórico del país. La historiografía propiamente dicha en Argentina tuvo un inicio tardío, no consolidándose hasta después de eventos cruciales como la Batalla de Caseros en 1852 y, de manera más firme, tras la Batalla de Pavón en 1861. Antes de estos hitos, lo que existían eran principalmente memorias, anecdotarios o esbozos históricos dispersos. La explicación reside en que el país se encontraba en un proceso de construcción y organización nacional, lo que dejaba poco espacio para la reflexión historiográfica sistemática.
Los pioneros de la historiografía nacional fueron Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López. La historia escrita en este período inicial estuvo fuertemente orientada a justificar y explicar el camino que condujo a Caseros y Pavón, consolidando una narrativa que se mantuvo predominante durante las décadas siguientes, al menos hasta los albores del siglo XX, con seguidores como Antonio Zinny, cuya obra sobre los gobernadores provinciales, aunque no revisionista, resultaría útil a historiadores posteriores para cuestionar la visión clásica sobre las provincias.
Paralelamente, ya durante el gobierno de Mitre, surgieron voces críticas desde el periodismo, con figuras políticas e intelectuales como Juan Bautista Alberdi, José Hernández, Rafael Hernández, Carlos Guido y Spano, Olegario Víctor Andrade y Miguel Navarro Viola. Si bien parte de esta producción hoy podría leerse con una óptica revisionista, en su momento, estos autores estaban inmersos en la actividad política más que en la historiografía académica.
La primera voz claramente disonante que se adentró en el terreno historiográfico con una perspectiva crítica fue la de Adolfo Saldías. Abogado de extracción liberal y admirador inicial de Mitre, Saldías se propuso continuar su obra, pero al estudiar con rigor el período post-1824, comenzó a descubrir documentos antes ocultos u olvidados. Su investigación lo llevó a Londres, donde accedió a los archivos de Juan Manuel de Rosas. En 1881 publicó una versión preliminar de lo que en 1888 se convertiría en su obra cumbre, la Historia de la Confederación Argentina. Dedicada a Mitre, la obra recibió una condena lapidaria del propio Mitre. Se ha sugerido que hubo un complot mediático para silenciarla, ya que no fue comentada en la prensa de la época.
La obra de Saldías no era una simple apología de Rosas; era el trabajo honesto de un liberal que, si bien condenaba muchos aspectos del gobierno rosista, valoraba la fortaleza de su gestión en una etapa particular y, sobre todo, su defensa de la soberanía nacional frente a los bloqueos extranjeros. El libro de Saldías y la reacción de Mitre ante él son señalados como el momento fundacional del Revisionismo Histórico argentino.
Tras Saldías, otras voces se sumaron a esta corriente crítica. En 1890, Carlos D'Amico publicó una obra que atacaba a Mitre. Ernesto Quesada, en 1898, con su obra sobre la época de Rosas, también vio su trabajo pasar desapercibido para la prensa. David Peña, en 1906, con su estudio sobre Juan Facundo Quiroga, ofreció la primera reivindicación del caudillo riojano, tradicionalmente presentado como símbolo de barbarie por Sarmiento. Aunque Peña exhibía características tanto revisionistas como liberales y tradicionales, su obra fue una influencia para el revisionismo, si bien él mismo no defendía la figura de Rosas.
La justificación y revalorización de Rosas de manera más decidida llegó en 1922 con Carlos Ibarguren y su libro Juan Manuel de Rosas. Su historia, su vida, su drama. Este libro tuvo una trascendencia histórica notable y no pudo ser silenciado; sus adversarios se vieron obligados a criticarlo y discutirlo, lo que paradoxalmente aseguró su difusión. Nacía así el rosismo historiográfico, aunque aún no plenamente identificado con el nacionalismo político.
Dardo Corvalán Mendilaharsu (1888-1959), aunque referente de la Nueva Escuela Histórica según la introducción, es descrito en el texto como una figura clave del Revisionismo. Abogado y radical, comenzó a publicar artículos críticos hacia Mitre y López en la década de 1910. Sus trabajos, a menudo basados en archivos familiares (su bisabuelo fue edecán de Rosas), justificaban y reivindicaban a Rosas y su época, reunidos en libros como Sombra histórica (1923) y Rosas (1929). Corvalán Mendilaharsu buscaba un público amplio con un tono agresivo, criticando a panfletistas y novelistas anti-rosistas. Según el historiador Fernando Devoto, su método, aunque apelaba al 'método crítico', carecía de referencias a autores emblemáticos del mismo y usaba una estrategia 'abogadil' para defender a Rosas. Presentaba a Rosas no como un caudillo populista, sino como un republicano austero con apoyo de la gente principal. Corvalán Mendilaharsu colaboró más tarde con la Academia Nacional de Historia, pero también presidió la Junta Pro Repatriación de los restos de Rosas y se unió al Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas.
Otro radical, Ricardo Caballero, es señalado como uno de los primeros en inscribirse en el Revisionismo con su defensa de Ángel Vicente Peñaloza en el Senado. En 1925, Rómulo Carbia publicó Historia de la historiografía argentina, siendo considerado el iniciador del revisionismo hispanocatólico, con obras posteriores como Historia de la leyenda negra hispanoamericana.

La década de 1930 marcó un punto de inflexión. La oposición de la Academia Nacional de la Historia impulsó a estos historiadores críticos a agruparse. Se formó la Junta Americana de Homenaje y Repatriación de los Restos de Rosas (1934) y el Instituto de Investigaciones Federalistas (1938). Carlos Heras creó la primera cátedra de historia argentina contemporánea, destacándose junto a Joaquín Pérez en el Grupo de La Plata. Diego Luis Molinari, especialista en el período colonial y los antecedentes de Mayo, a pesar de su intensa actividad política, interactuó con Emilio Ravignani y compartió alumnos, representando una figura que se movía en los ambientes académicos donde también se gestaba la Nueva Escuela.
La tendencia nacionalista y declaradamente revisionista tuvo figuras como Julio Irazusta, autor de una monumental biografía de Rosas basada en su correspondencia, y Ernesto Palacio, con su Historia falsificada (1939), muy crítica del liberalismo.
La década de 1940 vio la publicación de Vida de Juan Manuel de Rosas por Manuel Gálvez, con un tono novelesco para alcanzar a un público masivo. José Luis Busaniche, aunque no se consideraba estrictamente revisionista, estudió a Estanislao López y el federalismo, tradujo viajeros y editó obras sobre Rosas, con su inconclusa Historia Argentina. Enrique Barba, federalista pero anti-rosista, promovió la idea de Rosas como un unitario encubierto. En agosto de 1941, se fundó el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, con miembros como Gálvez, Palacio, los Irazusta, Font Ezcurra, y más tarde José María Rosa y Arturo Jauretche. Su propósito, según Rosa, no era solo reivindicar a Rosas académicamente, sino «reivindicar a la patria y al pueblo» recuperando la «auténtica historia de los argentinos» para oponerla a la «falseada noción del pasado» que había llevado al «coloniaje». El método revisionista, según Rosa, implicaba investigación profunda, método crítico severo y una interpretación desde la Argentina como nación y parte de la hermandad hispanoamericana, no desde la libertad, instituciones o conveniencias ideológicas. La ideología más difundida fue el nacionalismo, evolucionando de elitista a popular y de izquierda. Muchos autores destacados se unieron al peronismo, como Raúl Scalabrini Ortiz, con obras clave sobre la política británica y los ferrocarriles.
Una rama específica fue el revisionismo católico, que defendió la figura de la Iglesia Católica. Destacaron Guillermo Furlong, jesuita que estudió la formación cultural y religiosa pre-1810 (aunque enemigo de Rosas por su expulsión de los jesuitas), y Rómulo Carbia. Vicente Sierra, más tarde, intentó llegar a conclusiones propias, distanciándose tanto de los clásicos como de los revisionistas.
Durante el gobierno de Juan Domingo Perón, el revisionismo alcanzó una notable preeminencia en el ámbito académico nacional. Aunque Perón mismo no se definió explícitamente por esta corriente, muchos revisionistas se identificaron con el peronismo. La historiografía clásica quedó relegada. El autor más destacado y prolífico de esta etapa fue José María Rosa, con una vasta obra que incluyó Defensa y pérdida de nuestra independencia económica, El cóndor ciego, una crítica demoledora a la constitución de 1853 en Nos, los representantes del pueblo, La caída de Rosas, La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas, y su extensa Historia Argentina en 14 tomos. Otros autores relevantes fueron Leonardo Castellani, Fermín Chávez, y figuras de la izquierda nacional como Juan José Hernández Arregui, Milcíades Peña, León Pomer, Rodolfo Puiggrós y Jorge Abelardo Ramos, además de Federico Ibarguren, Salvador Ferla, los Irazusta, Roberto Marfany y Manuel Ugarte. Publicaciones periódicas difundieron estas posiciones, destacando la revista Todo es Historia, fundada por Félix Luna, que si bien inicialmente popularizó el revisionismo, con el tiempo buscó un compromiso entre corrientes.
Tras el golpe de Estado de 1955, el Instituto Rosas estuvo cerrado hasta 1958, y hubo propaganda anti-revisionista oficial. Las posturas revisionistas nunca lograron desplazar por completo a la historiografía clásica. La Academia Nacional de la Historia no los incluyó. Tras 1976, la historiografía pareció decaer, y la recuperación democrática en 1983 centró el interés en el presente. A fines de los 80s, la historiografía económica ganó terreno.
Durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner (2003-2016), hubo un impulso al neorevisionismo o historia nacional/popular. Se reivindicó la Vuelta de Obligado (feriado nacional), se ascendió a Juana Azurduy y Felipe Varela, y en el Bicentenario se honró a figuras "oscurecidas" como caudillos federales, Dorrego, Andresito. Se destacaron corrientes de izquierda (Norberto Galasso) y peronistas/nacionalistas (Pacho O'Donnell, Hugo Chumbita).
En 2011 se creó el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego por decreto presidencial, con el objetivo de reivindicar figuras apoyadas por el revisionismo. Mario "Pacho" O'Donnell fue su primer presidente. El Instituto divulgó a pensadores revisionistas (Rosa, Jauretche, Ugarte, Chávez, etc.) con publicaciones y programas de TV, pero no logró impactar las estructuras universitarias y académicas tradicionales, que mantuvieron su crítica. El Instituto sufrió conflictos internos, renuncias (O'Donnell, Brienza, Chumbita, Pigna en 2014), y críticas a su gestión. Fue disuelto por decreto del presidente Mauricio Macri en enero de 2016, argumentando la necesidad de pluralidad ideológica y que el Estado no debe promover una visión única de la historia, sino garantizar la libertad de investigación.
Para entender mejor el contraste entre las principales corrientes historiográficas argentinas mencionadas en el texto, podemos establecer la siguiente comparación:
| Característica | Historiografía Tradicional/Clásica | Revisionismo Histórico |
|---|---|---|
| Periodo de Surgimiento | Post-Caseros (1852), consolidación post-Pavón (1861) | Primera voz disonante post-1880s (Saldías), consolidación post-1920s/1930s |
| Principales Figuras Fundacionales | Bartolomé Mitre, Vicente Fidel López | Adolfo Saldías (fundador), Carlos Ibarguren (revalorización de Rosas), Rómulo Carbia (Hispano-Católico) |
| Objetivo Principal | Explicar y justificar el camino hacia la organización nacional liberal (Caseros y Pavón) | Modificar la visión tradicional, reivindicar figuras y procesos "oscurecidos" o denostados (Rosas, caudillos, conquista española) |
| Visión sobre Juan Manuel de Rosas y Caudillos Federales | Generalmente negativa, símbolos de barbarie o atraso (excepto matices en autores como Saldías que valoran aspectos) | Generalmente positiva, símbolos de soberanía nacional, federalismo, resistencia al centralismo liberal |
| Uso de Fuentes | Basado en documentos, pero criticado por el revisionismo por supuestos sesgos o silencios | Énfasis en la investigación profunda y el método crítico para desenterrar documentos y cuestionar la interpretación tradicional |
| Perspectiva de Interpretación | Desde la óptica liberal, las instituciones, la "civilización" | Desde la Argentina como nación, la hermandad hispanoamericana, el pueblo argentino |
| Relación con el Poder Político | Frecuentemente asociada a los gobiernos liberales post-Caseros | En diferentes etapas, asociada a movimientos nacionalistas, populares y al peronismo |
A pesar de las diferencias, ambas corrientes contribuyeron a la riqueza del debate histórico en Argentina, cada una con sus métodos y perspectivas, buscando comprender el complejo pasado del país.

Preguntas Frecuentes
A continuación, respondemos algunas preguntas comunes sobre la historiografía argentina y las corrientes mencionadas:
¿Qué es la Nueva Escuela Histórica argentina?
Es una corriente historiográfica surgida a principios del siglo XX en Argentina, caracterizada por el rigor histórico, la profesionalización y el enfoque en la reconstrucción objetiva de los hechos a través del análisis documental.
¿Quiénes fueron los principales referentes de la Nueva Escuela Histórica?
Emilio Ravignani, Dardo Corvalán, Rómulo Carbia y Diego Luis Molinari son mencionados como sus principales figuras, dedicadas a la docencia e investigación basada en fuentes primarias.
¿Cuándo comenzó la historiografía propiamente dicha en Argentina?
Surgió después de la Batalla de Caseros (1852), consolidándose tras la Batalla de Pavón (1861), con Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López como iniciadores.
¿Qué es el Revisionismo Histórico en Argentina?
Es una corriente historiográfica que busca modificar la visión tradicional de la historia argentina, revalorizando figuras como los caudillos federales, Juan Manuel de Rosas y los colonizadores españoles, argumentando que la visión clásica estaba sesgada.
¿Quién es considerado el fundador del Revisionismo Histórico argentino?
Adolfo Saldías es señalado como la primera voz disonante y el iniciador de esta corriente con su obra Historia de la Confederación Argentina a fines del siglo XIX.
¿Qué figuras históricas reivindica principalmente el Revisionismo?
El Revisionismo se ha orientado a reivindicar figuras como Juan Manuel de Rosas, los caudillos federales (como Facundo Quiroga o Estanislao López), y los conquistadores y colonizadores españoles.
¿Qué rol tuvo el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas?
Fundado en 1941, fue un centro clave para la nucleación y difusión de las ideas revisionistas, buscando no solo reivindicar a Rosas sino "recobrar la auténtica historia de los argentinos" mediante la investigación rigurosa y una interpretación nacionalista.
¿Qué sucedió con el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego?
Creado en 2011 para reivindicar figuras revisionistas, tuvo labor de divulgación pero no impactó en el ámbito académico tradicional. Sufrió conflictos internos y fue disuelto por decreto en 2016, con el argumento de la pluralidad ideológica y la libertad de investigación histórica.
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