24/04/2024
En un mundo que a menudo parece acelerar sin pausa, detenerse a recordar figuras como Leticia Cossettini y su hermana Olga no es un simple ejercicio de nostalgia, sino una invitación a mirar hacia adelante con esperanza. Ellas no solo concibieron una pedagogía radicalmente distinta a la predominante en su época, sino que tuvieron la valentía de vivirla, defenderla y materializarla día a día en su escuela de Rosario. Su legado nos interpela hoy, recordándonos que otra escuela, más humana y vibrante, no es una utopía, sino una posibilidad real que exige coraje y compromiso.
Leticia Cossettini, nacida un 19 de mayo hace 120 años, junto a su hermana Olga, se atrevió a desafiar el modelo educativo tradicional que veía la escuela como un espacio de mera repetición y al docente como un simple transmisor de conocimientos preestablecidos. Su visión iba mucho más allá: apostaban por una educación que fuera sensible, poética, profundamente arraigada en el diálogo constante con el arte, la naturaleza, la palabra viva y, sobre todo, con un respeto incondicional por la singularidad de cada niño y niña.

La Escuela Serena: Un Oasis Pedagógico
La mítica “Escuela Serena”, nombre que evoca calma y armonía, fue el laboratorio donde Leticia y Olga Cossettini hicieron florecer su propuesta. Allí, la práctica pedagógica se construyó sobre cimientos que hoy nos parecen esenciales pero que en su momento eran revolucionarios: la confianza plena en las capacidades innatas de los estudiantes y los docentes, la libertad para explorar, experimentar y expresarse auténticamente, y el desarrollo de un vínculo amoroso y respetuoso entre todos los miembros de la comunidad educativa. No era una escuela de muros, sino de ventanas abiertas al mundo, donde el aprendizaje emergía de la experiencia vivida.
En la “Escuela Serena”, cada día era una oportunidad para el descubrimiento. Los niños no estaban confinados a pupitres inmóviles, sino que se movían, observaban, preguntaban y co-construían el conocimiento. El patio, el jardín, el contacto con el barrio, todo era parte del aula. Las materias no eran compartimentos estancos, sino que se entrelazaban en proyectos y actividades que respondían a los intereses genuinos de los alumnos. La lectura no era solo decodificación, sino un viaje a través de historias y poemas que nutrían el alma. La escritura era la expresión de pensamientos y sentimientos propios, no la copia de modelos ajenos.
Una Pedagogía de la Ternura y la Resistencia
Uno de los conceptos más poderosos asociados a la propuesta de las hermanas Cossettini es el de la ternura como forma de resistencia. Esta idea trasciende la simple afectuosidad; implica reconocer la vulnerabilidad y la riqueza emocional de cada ser humano, y construir la relación educativa desde la empatía, la escucha activa y el cuidado mutuo. En un contexto social y político que a menudo imponía la disciplina férrea, el castigo y la obediencia ciega, educar desde la ternura era, en sí mismo, un acto subversivo, un desafío directo al autoritarismo que permeaba tanto la escuela como la sociedad.
Leticia Cossettini no era una idealista ingenua. Sabía que la formación de ciudadanos libres, críticos y creativos implicaba necesariamente desafiar las estructuras rígidas, los moldes estandarizados y los discursos autoritarios que buscaban homogeneizar y controlar. Su propuesta pedagógica fue revolucionaria precisamente por eso: porque se atrevió a abrir las ventanas del aula a la vida, a permitir que los niños y niñas opinaran, dibujaran, cantaran, pensaran por sí mismos y escribieran desde su propia voz interior. Les devolvió la potestad sobre su propio proceso de aprendizaje y expresión.
El Diálogo Constante con el Arte y la Naturaleza
El arte y la naturaleza no eran asignaturas secundarias en la propuesta Cossettini; eran pilares fundamentales de la experiencia educativa. Consideraban que el contacto con la belleza en todas sus formas –ya fuera a través de la música, la pintura, la poesía o la observación de un insecto en el jardín– era esencial para el desarrollo integral del niño, para nutrir su sensibilidad y su capacidad de asombro. El arte era un lenguaje más, una forma de comprender el mundo y de expresar las propias emociones cuando las palabras no bastaban.
La naturaleza era el gran libro abierto, una fuente inagotable de preguntas, observaciones y aprendizajes significativos. Explorar el entorno natural, cuidar un jardín, observar el ciclo de vida de una planta o de un animal pequeño, todo ello conectaba a los niños con el mundo vivo que los rodeaba y despertaba su curiosidad científica y su conciencia ambiental. Esta conexión profunda con el arte y la naturaleza contrastaba fuertemente con una escuela que a menudo se centraba exclusivamente en contenidos abstractos y descontextualizados.
La Vigencia de su Legado Hoy
En la actualidad, cuando los debates educativos giran frecuentemente en torno a mediciones estandarizadas, rankings internacionales, eficiencia y lógicas de mercado aplicadas al ámbito escolar, volver a la propuesta de Leticia y Olga Cossettini no es un ejercicio de arqueología pedagógica, sino una urgencia. No se trata, por supuesto, de intentar replicar la “Escuela Serena”, que fue un proyecto único e irrepetible anclado en un contexto histórico y social específico. Se trata, en cambio, de recuperar su espíritu, su esencia profunda: la de una educación que tiene alma, que tiene sentido, que le da tiempo al tiempo de la infancia, que sabe detenerse a escuchar y a observar.
El legado de las hermanas Cossettini nos recuerda que la verdadera educación no consiste en domesticar voluntades o en moldear mentes para que encajen en estructuras predefinidas. Educar, en su visión, es encender preguntas, despertar la curiosidad, fomentar el pensamiento crítico y la creatividad. Enseñar no es impartir información, sino abrir caminos inexplorados, mostrar múltiples perspectivas y acompañar al estudiante en su propio recorrido de aprendizaje y descubrimiento. La escuela, por lo tanto, no debe ser concebida como una máquina de producir resultados medibles, sino como un espacio de humanidad compartida, un lugar donde se tejen vínculos, se celebran las diferencias y se construye conocimiento de manera colectiva y significativa.
En tiempos donde la presión por los resultados a menudo eclipsa la importancia del proceso, donde la estandarización amenaza con borrar la individualidad, la figura de Leticia Cossettini y su hermana Olga emerge como un faro, recordándonos que la educación es, ante todo, un acto de amor profundo, de respeto irrestricto por la infancia y de coraje para desafiar lo establecido en pos de un futuro más justo y sensible. Su pedagogía nos invita a soñar, pero también a actuar, a construir, aquí y ahora, espacios educativos donde la ternura, la libertad y la creatividad sean los verdaderos pilares del aprendizaje.
Preguntas Frecuentes sobre las Hermanas Cossettini
- ¿Quiénes fueron Leticia y Olga Cossettini?
Fueron dos maestras y pedagogas argentinas (Leticia 1904-1989, Olga 1898-1987) que desarrollaron una propuesta pedagógica innovadora y humanista en la Escuela Experimental de Rosario, conocida como la "Escuela Serena", durante las décadas de 1930 y 1940. - ¿Qué era la "Escuela Serena"?
Fue el nombre popular de la Escuela Experimental "Dr. Gabriel Carrasco" en Rosario, Argentina, dirigida por Olga Cossettini con Leticia como maestra. Allí implementaron una pedagogía basada en la libertad, la creatividad, el contacto con la naturaleza y el arte, y un vínculo afectivo entre docentes y alumnos, en contraste con la escuela tradicional de la época. - ¿En qué se diferenciaba su pedagogía de la tradicional?
Mientras la escuela tradicional se centraba en la repetición, la memorización, la disciplina rígida y la transmisión unilateral de contenidos, la pedagogía Cossettini promovía la participación activa del alumno, la experimentación, la expresión artística, el pensamiento crítico, el aprendizaje basado en la experiencia y un ambiente de confianza y afecto. - ¿Por qué se habla de "ternura como resistencia" en su propuesta?
En un contexto social y educativo a menudo autoritario y punitivo, basar la relación pedagógica en la ternura, el respeto y la empatía era un acto de resistencia contra esas lógicas de poder. Implicaba valorar la dimensión emocional y humana por encima de la disciplina impuesta y la obediencia ciega. - ¿Cuál es la relevancia del legado de las hermanas Cossettini en la actualidad?
Su legado es relevante hoy más que nunca como inspiración para repensar la educación frente a la presión de la estandarización y las lógicas de mercado. Nos recuerdan la importancia de una escuela que nutra la sensibilidad, la creatividad, el pensamiento crítico y la humanidad de los estudiantes, y que promueva vínculos basados en la confianza y el afecto.
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