¿Quién es el rector del Colegio Santo Tomás de Aquino?

La Historia de Tomás de Aquino

26/01/2026

Tomás de Aquino, figura central en la historia de la Iglesia Católica, emerge como uno de los pensadores más eminentes e influyentes. Su genialidad residió en la capacidad de integrar y armonizar las diversas corrientes intelectuales de su tiempo, presentando sus ideas con una claridad, concisión y orden que aún hoy asombran. Aunque su profesión principal fue la teología, Tomás dedicó gran parte de su esfuerzo a cuestiones filosóficas, realizando contribuciones sustanciales en campos tan variados como la filosofía del conocimiento, la antropología, la ética, la teoría del derecho y, sobre todo, la metafísica.

¿Cuál es la historia de Tomás de Aquino?
Tomás de Aquino (1224/5 – 1274) es uno de los más eminentes e influyentes pensadores en la historia de la Iglesia Católica. Destaca por su capacidad para integrar y armonizar las variadas fuentes de la tradición intelectual que heredó, y por la claridad, concisión y orden de su pensamiento y de sus obras escritas.
Índice de Contenido

Vida de un Gigante Intelectual

Nacido entre 1224 y 1225 en el castillo de Roccasecca, en el Reino de Nápoles, Tomás provenía de una familia noble con fuertes conexiones políticas. Sus padres, Landolfo y Teodora, albergaban la esperanza de que siguiera una carrera influyente dentro de la Iglesia, quizás incluso como abad de Monte Casino, el monasterio benedictino donde inició su educación. La leyenda narra que desde muy joven, una pregunta fundamental asediaba su mente: Quid sit Deus? ¿Qué es Dios?

Su formación temprana en Monte Casino fue seguida por una etapa crucial en la universidad imperial de Nápoles, fundada por Federico II. Este centro intelectual le ofreció una exposición sin restricciones al pensamiento de Aristóteles, cuyas obras, recién traducidas al latín, estaban generando un gran impacto en Europa. A diferencia de las universidades eclesiásticas como la de París, donde solo se permitía enseñar lógica y ética aristotélicas, en Nápoles Tomás pudo estudiar las obras "naturales" y la Metafísica bajo la guía de maestros como Pedro de Irlanda.

Fue también en Nápoles donde conoció a los dominicos y decidió unirse a ellos. Esta decisión encontró una férrea oposición familiar, llegando incluso a confinarlo forzadamente. Sin embargo, su determinación prevaleció. Hacia 1245, fue enviado al priorato dominico de St. Jacques en París para continuar sus estudios de filosofía y, pronto, de teología. Allí tuvo la fortuna de ser alumno de Alberto el Grande, un renombrado dominico que reconoció las excepcionales cualidades de Tomás y lo llevó consigo a Colonia en 1248.

En Colonia, además de estudiar Sagradas Escrituras y realizar sus primeros comentarios bíblicos, Tomás continuó transcribiendo cursos de Alberto, incluyendo uno sobre la Ética a Nicómaco. La influencia de Alberto en Tomás fue inmensa, inspirándolo a integrar el pensamiento aristotélico con el neoplatonismo cristiano. Aunque las obras de Tomás muestran menos interés en la historia natural que las de su maestro, su inclinación metafísica y su síntesis de estas tradiciones resultaron, para muchos expertos, más logradas.

Probablemente fue ordenado sacerdote en Colonia. Entre 1251 y 1252 regresó a París para completar su formación y obtener el título de Maestro en Teología. Este periodo fue intenso, marcado por el estudio de las Sentencias de Pedro Lombardo (sobre las que escribió su primera gran obra), cursos de Sagradas Escrituras y disputaciones teológicas. También compuso tratados filosóficos tempranos como Sobre los principios de la naturaleza y el célebre Sobre el ser y la esencia.

Su acceso al profesorado universitario se retrasó hasta 1257 debido a conflictos entre los frailes mendicantes y el clero secular. Durante su primer periodo como Maestro en París, elaboró las extensas Cuestiones disputadas acerca de la verdad y comentarios importantes sobre obras de Boecio.

Entre 1259 y 1268, Tomás pasó una década crucial en Italia, principalmente en Orvieto y Roma. Sus responsabilidades crecieron y produjo escritos fundamentales, incluyendo la Summa contra gentiles y la Primera Parte de su obra cumbre, la Summa theologiae.

En 1268, Tomás regresó a París para un segundo periodo docente, que resultó ser un tiempo de intensas controversias. Se vio envuelto en la disputa entre mendicantes y seculares, pero, sobre todo, en debates filosóficos que evidenciaban cuán divergente era su pensamiento de las corrientes dominantes. La principal controversia se dio con los maestros de Artes que, influenciados por Averroes, enseñaban interpretaciones de Aristóteles contrarias a la doctrina católica, como la eternidad del mundo, la unidad del intelecto para todos los hombres o la inmortalidad del alma individual. Esteban Tempier, obispo de París, condenó trece proposiciones en 1270.

Tomás reaccionó vigorosamente contra la tesis del intelecto único en su tratado Sobre la unidad del intelecto contra los averroístas, argumentando que no era aristotélica ni filosóficamente válida. Sin embargo, en otros puntos, como la posibilidad de un mundo sin comienzo temporal (aunque solo por revelación sabemos que tuvo uno) o la naturaleza del alma (defendiendo la unidad sustancial del ser humano y que el alma intelectual es la única forma sustancial), se distanció tanto de los averroístas como de muchos teólogos conservadores.

Sus puntos de vista sobre la materia prima como pura potencialidad y la distinción real entre esencia y existencia en las criaturas también generaron preocupación, especialmente la idea de que las criaturas espirituales tuvieran composición de esencia y existencia, diferenciándolas de Dios, que es Acto Puro.

Las tensiones culminaron después de su muerte. En 1277, Tempier condenó 219 proposiciones, algunas cercanas a las enseñanzas de Tomás. Roberto Kilwardby, arzobispo de Canterbury, emitió una condena similar en Oxford. El año 1277 marca un punto de inflexión en el pensamiento medieval, aunque la autoridad doctrinal de Tomás creció rápidamente después.

Durante su segundo periodo parisino, Tomás continuó su prolífica producción, trabajando en la Segunda y Tercera Parte de la Summa theologiae, comentarios bíblicos y extensos comentarios a las obras de Aristóteles (Física, Metafísica, etc.). También identificó correctamente la autoría del Liber de causis, atribuyéndolo a Proclo en lugar de Aristóteles, gracias a la traducción de Guillermo de Moerbeke.

Su asombrosa producción fue posible gracias a un equipo de asistentes. Se dice que dictaba simultáneamente a varios secretarios, lo que, aunque parezca increíble, se ajusta al volumen de su obra.

En 1272, se trasladó a Nápoles para dirigir un nuevo studium dominico. Continuó escribiendo hasta el 6 de diciembre de 1273, cuando una experiencia mística lo dejó visiblemente alterado. Dejó de escribir, declarando: "No puedo hacer nada más. Todo lo que he escrito parece paja en comparación con lo que he visto".

A pesar de esto, sus facultades mentales no se paralizaron. En enero de 1274, emprendió viaje hacia el Concilio de Lyon. En el camino, se detuvo en Monte Casino y dictó una respuesta clara sobre la presciencia divina y la libertad humana. Poco después, tras golpearse la cabeza y caer enfermo, se detuvo en la abadía de Fossanova, donde su estado empeoró. Falleció el 7 de marzo de 1274.

Su cuerpo fue trasladado a Toulouse en 1369. Fue canonizado por el Papa Juan XXII en 1323 y proclamado Doctor de la Iglesia por Pío V en 1567. Su carácter era descrito como serenamente alegre, reservado pero amable, modesto pero firme. Rechazó el nombramiento de Arzobispo de Nápoles, prefiriendo dedicarse al estudio y la enseñanza. Su estilo de escritura combina rigor, sencillez y sobriedad, aunque obras como Adoro te devote revelan una profunda vida interior.

Las Obras de Santo Tomás de Aquino

El legado escrito de Tomás de Aquino es vasto y complejo, abarcando alrededor de sesenta obras auténticas, sin contar las atribuciones dudosas. La clasificación de sus escritos se basa comúnmente en el género literario, reflejando las prácticas académicas de su tiempo, como los comentarios de textos y las cuestiones disputadas. Familiarizarse con estos géneros es clave para abordar su obra.

Entre sus síntesis teológicas destacan dos monumentos: el Scriptum super libros Sententiarum, su primera gran obra surgida de sus lecciones sobre Pedro Lombardo, y la monumental Summa theologiae. Esta última, aunque inacabada, es considerada su obra maestra, diseñada para la instrucción de "principiantes" en la fe católica, aunque con un considerable bagaje filosófico. La Summa contra gentiles, por otro lado, fue concebida para defender la verdad católica contra los errores de los infieles, y aunque repleta de material filosófico, su objeto es claramente teológico.

Sus cuestiones disputadas, como De veritate, De potentia o De malo, abordan temas teológicos y filosóficos en profundidad, a menudo resultado de debates académicos. Los comentarios a las Sagradas Escrituras (Isaías, Jeremías, Job, Evangelios, Epístolas de San Pablo) y a las obras de Aristóteles (De anima, Física, Metafísica, etc.) son cruciales para entender su método y pensamiento. También comentó obras de otros autores importantes como Boecio y el Pseudo-Dionisio.

Además, Tomás escribió obras polémicas (como De unitate intellectus contra Averroistas), tratados filosóficos y teológicos más breves (De ente et essentia, De principiis naturae, Compendium theologiae), cartas y obras litúrgicas (el oficio para la fiesta del Corpus Christi y el himno Adoro te devote).

La cronología de sus obras es importante, ya que, aunque sus ideas principales son constantes, su posición en algunas cuestiones evoluciona y su forma de abordar los temas se desarrolla a lo largo de su carrera.

Fuentes y la Armonía entre Filosofía y Teología

Tomás de Aquino se consideraba heredero de una vasta tradición intelectual. Su trabajo es un diálogo constante con los llamados auctores, figuras de autoridad consideradas fuentes fiables de conocimiento. Estos no eran meros autores, sino maestros a quienes se seguía, no por obediencia ciega, sino para aprender, lo que implicaba hacer preguntas y buscar la verdad.

Sus fuentes eran diversas: en primer lugar, las Sagradas Escrituras; luego, Padres de la Iglesia y autores cristianos como Agustín, Boecio, Pseudo-Dionisio, entre otros. Entre los no cristianos, Aristóteles fue sin duda el más influyente, aunque también conoció a Platón (principalmente a través del Timeo y autores neoplatónicos como Proclo), estoicos (Séneca, Cicerón) y pensadores judíos e islámicos como Maimónides, Avicena y Averroes. Su famoso dicho: «el estudio de la filosofía no tiene por objeto saber lo que los hombres pensaban, sino cuál es la verdad de las cosas», no implicaba desinterés por sus fuentes, sino una búsqueda activa de la verdad a través de ellas.

La relación entre filosofía y teología es un eje central en el pensamiento de Tomás. Aunque la filosofía es válida y necesaria, la considera insuficientemente para el fin último del hombre, que es sobrenatural: la visión de Dios. Por ello, se necesita la teología, una doctrina revelada por Dios. La teología es autosuficiente, basándose en la fe en la Palabra divina y no dependiendo de principios filosóficos para su validación.

Sin embargo, la filosofía es de gran utilidad para la teología. Le proporciona analogías para comprender lo sobrenatural, ayuda a refutar posiciones contrarias a la fe (demostrando su falsedad o falta de necesidad) y permite probar los praeambula fidei, verdades accesibles a la razón que están ligadas a la revelación, como la existencia de Dios. Estas verdades, aunque reveladas, pueden ser conocidas por la razón, facilitando su comprensión y uso en teología. Tomás también usa la filosofía para descartar malos argumentos a favor de verdades reveladas.

La teología se sirve de la filosofía como una ciencia superior se sirve de una inferior. Pero la relación es mutua; la teología estimula el pensamiento filosófico, ya que el creyente ama la verdad y busca razones para ella. Además, todo estudio de la filosofía es lícito y alabable porque busca la verdad, que procede de Dios. En este sentido, la filosofía es un anticipo del fin último del hombre.

Tomás, siguiendo a Aristóteles, considera que la teología es una scientia (ciencia) en un sentido estricto, aunque con características peculiares. Para él, el objeto propio de la teología revelada es Dios mismo, mientras que el objeto de la "teología" filosófica (metafísica) es el ser en cuanto ser, y solo llega a Dios como causa primera. La razón natural, ligada a las imágenes sensibles, no puede alcanzar una comprensión adecuada de la naturaleza divina o de las sustancias puramente incorpóreas, a diferencia de la teología que participa del conocimiento que Dios tiene de Sí mismo a través de la fe.

Lógica y Filosofía del Conocimiento

La lógica, para Tomás, es el estudio de los entes de razón, aquellas características que se añaden a los seres reales en la medida en que son entendidos (género, especie, etc.). Aunque distinta de la metafísica, que estudia el ser real, la lógica se extiende a todos los seres en cuanto inteligibles. Considera que la verdad y la falsedad se encuentran primariamente en la mente, específicamente en los juicios, que son verdaderos en la medida en que se "ajustan" o "corresponden" a la realidad juzgada. Existe una verdad primera en la mente divina de la que dependen todas las demás verdades.

Un punto importante en su lógica es la doctrina de los nombres análogos, que no tienen un significado unívoco, pero cuyos múltiples acepciones están conectadas por una proporción. Esto es crucial al aplicar nombres a Dios, donde niega que haya un significado común unívoco entre Dios y las criaturas, a diferencia de lo que sostenía Escoto.

Pasando a la filosofía del conocimiento, Tomás sigue en gran medida a Aristóteles. El conocimiento humano es una actividad que surge de que el sujeto sea actualizado por la cosa conocida a través de su forma. Las potencias cognitivas (sentidos, intelecto) se diferencian por el tipo de formas que reciben. La forma no es lo que se conoce directamente, sino aquello por medio de lo cual se conoce la cosa.

La clave del conocimiento es la inmaterialidad. Las facultades sensitivas, aunque asentadas en órganos corporales, reciben formas inmaterialmente (sin volverse ellas mismas como el objeto). El intelecto, sin embargo, es completamente incorpóreo y su objeto propio es la naturaleza o esencia de las cosas, conocida de manera universal. Los individuos corporales se conocen indirectamente a través de la aplicación del conocimiento universal a los datos sensibles.

Tomás defendió vigorosamente que cada ser humano posee su propio intelecto, oponiéndose a la tesis averroísta del intelecto único. Sostiene que el alma humana tiene tanto un intelecto posible (capacidad de recibir formas inteligibles) como un intelecto agente (que "abstrae" las formas de las condiciones materiales de los phantasmata sensibles para hacerlas actualmente inteligibles). La abstracción es una operación del alma humana, no de un intelecto separado.

Aunque la inteligencia humana se centra en las cosas sensibles, su primera noción es la de "ente", que, aunque abstracta, es la base del principio de no contradicción y revela la capacidad del intelecto de relacionarse con todo lo que es. Podemos conocer nuestra propia actividad intelectual directamente porque es inmaterial. Sin embargo, conocer plenamente las sustancias incorpóreas, y menos aún a Dios, está limitado para la razón natural, necesitando ayuda sobrenatural.

Tomás no dedica mucha atención al escepticismo radical, considerándolo insostenible en la práctica. A diferencia de la tendencia moderna a basar el conocimiento en representaciones mentales, Tomás enfatiza que el conocimiento es un tipo de unión con la cosa conocida, una actualidad conjunta del sujeto cognoscente y la cosa en cuanto cognoscible por su forma. Esta visión, ligada al concepto aristotélico de forma, contrasta con enfoques posteriores que presuponen que el conocimiento es obra exclusiva del sujeto.

Filosofía de la Naturaleza y del Alma Humana

La filosofía de la naturaleza de Tomás se centra en el estudio de la realidad física en cuanto móvil o cambiante. A diferencia de la filosofía de la ciencia moderna, se ocupa de la realidad misma, no solo de los métodos científicos. Se basa en la observación y la experiencia, aunque no necesariamente en la experimentación controlada moderna. Tomás no subordina la filosofía natural a las matemáticas, como lo haría la ciencia moderna, sino que enfatiza sus propios principios físicos.

Los principios fundamentales del cambio son la materia y la forma (factores internos) y el agente y el fin (factores externos), conocidos como las cuatro causas. Todo cambio implica la adquisición o pérdida de una forma por parte de una materia. El cambio puede ser accidental (modificaciones de una sustancia) o sustancial (comienzo o cesación de una sustancia como individuo de un tipo).

Un concepto clave es la materia prima, el sustrato último subyacente al cambio físico. Tomás, siguiendo a Aristóteles, la concibe como pura potencialidad, sin existencia actual propia. Solo recibe existencia a través de una forma. Esto implica que la materia prima no es una sustancia en sí misma y que no puede existir sin una forma. Esta visión permite explicar el cambio sustancial y la irreductibilidad de las especies naturales.

La noción de materia prima como pura potencia choca con algunas visiones modernas que tienden a reducir los fenómenos complejos a componentes más simples o indestructibles. Para Tomás, la unidad natural de entidades como plantas y animales, con sus partes intrínsecamente ligadas al todo y actuando por principios internos (sus "naturalezas" o "almas"), evidencia la existencia de formas sustanciales irreducibles a la mera composición de elementos inertes.

La filosofía natural tomista, aunque contiene puntos obsoletos (como la física celeste o la generación animal en detalle), ofrece conceptos (como la naturaleza como principio interno de movimiento y la forma sustancial) que aún son relevantes para debates contemporáneos, por ejemplo, en bioética (el momento de la hominización) o la relación mente-cuerpo.

Respecto al alma humana, Tomás sostiene que, a diferencia de otras formas sustanciales, "subsiste", es decir, es un sujeto de existencia en sí misma, gracias a su actividad intelectual. Sin embargo, la considera una parte incompleta, pues por naturaleza requiere de un cuerpo para su operación completa (a través de los sentidos). El ser humano es una única sustancia compuesta de alma y materia prima; el alma intelectual es la única forma sustancial del cuerpo humano.

Su estatus de forma subsistente implica que el alma puede existir separada del cuerpo tras la muerte, aunque en un estado "mutilado" y con conocimiento confuso. No puede morir directamente, ya que la existencia se sigue de la forma. Cada alma separada es distinta y conserva afinidad con su materia original. La inmortalidad del alma, en este sentido, puede ser demostrada filosóficamente, a diferencia de la futura resurrección del cuerpo, que es una verdad de fe.

La postura de Tomás sobre la relación alma-cuerpo, el hilemorfismo, ofrece una alternativa al dualismo cartesiano (donde conciencia y cuerpo son sustancias separadas) y al materialismo, al afirmar la unidad sustancial del ser humano donde el alma es la forma del cuerpo.

La Metafísica del Ser

Si la filosofía natural se centra en los seres móviles, la metafísica, para Tomás, se eleva a la consideración del ser en cuanto ser (ens in quantum ens). Este es su objeto propio. Al estudiar el ser en su universalidad y sus propiedades trascendentales (unidad, verdad, bien), la metafísica es conducida a la consideración de la Causa Primera y universal de todo ser: Dios.

A diferencia de la teología revelada, que parte de Dios tal como se revela, la metafísica parte de los seres creados y asciende hacia Dios como su fundamento último. Aunque la razón natural no puede comprender la esencia divina en sí misma, puede demostrar su existencia y conocer algo sobre sus atributos a partir de sus efectos en el mundo. Este conocimiento es lo que Tomás llama los praeambula fidei.

Un punto crucial en su metafísica es la distinción real entre la esencia (lo que una cosa es) y la existencia (esse, el acto de ser) en todas las criaturas. Solo en Dios coinciden esencia y existencia (Dios es su propio Ser). Esta distinción es fundamental para explicar la contingencia de las criaturas y su total dependencia de Dios como Ser Necesario y Acto Puro. Mientras que la materia prima es potencia respecto a la esencia (o forma sustancial), la esencia misma de la criatura es potencia respecto a su existencia.

La metafísica tomista proporciona el marco conceptual para entender no solo la naturaleza de las cosas creadas y sus principios, sino también la relación fundamental de todo ser con Dios. Es la culminación del saber filosófico, que busca las causas últimas de la realidad.

Comparativa: Teología Filosófica vs. Teología Sagrada

Para clarificar la distinción que Tomás establece, podemos comparar brevemente las características de lo que Aristóteles llama "teología" (parte de la metafísica) y la "doctrina sagrada" (teología revelada):

Característica Teología Filosófica (Metafísica) Teología Sagrada (Revelada)
Objeto Principal El Ser en cuanto Ser Dios (en Sí mismo)
Fuente del Conocimiento Razón Natural Revelación Divina (Fe)
Método Demostración a partir de efectos/principios racionales Exposición y deducción a partir de verdades reveladas
Conocimiento de Dios Limitado (como Causa Primera, a partir de criaturas) Más profundo (participa del conocimiento divino)
Fin Conocimiento filosófico de la realidad última Salvación del hombre (orientación al fin sobrenatural)

Esta tabla ilustra cómo Tomás ve ambas disciplinas como distintas pero complementarias, con la teología revelada como la ciencia superior orientada al fin último del hombre.

Preguntas Frecuentes sobre Tomás de Aquino

A continuación, respondemos algunas preguntas comunes que surgen al estudiar la vida y obra de este gran pensador:

¿Por qué es tan importante Tomás de Aquino?

Su importancia radica en su monumental síntesis del pensamiento cristiano con la filosofía aristotélica, su claridad y rigor lógico, y sus profundas contribuciones en casi todos los campos de la filosofía y la teología. Su obra se convirtió en la base del pensamiento católico.

¿Qué es el hilemorfismo tomista?

Es la doctrina, heredada de Aristóteles y desarrollada por Tomás, que sostiene que las sustancias corporales son compuestas de materia (el sustrato potencial) y forma (el principio que da actualidad y determina qué es la cosa). En el ser humano, el alma intelectual es la forma sustancial del cuerpo.

¿En qué consistió la controversia con los averroístas?

La controversia principal giró en torno a interpretaciones de Aristóteles, particularmente la tesis de Averroes de que existía un único intelecto para toda la humanidad. Tomás defendió que cada individuo humano tiene su propio intelecto.

¿Demostró Tomás de Aquino la existencia de Dios?

Sí, propuso varias vías o argumentos racionales para demostrar la existencia de Dios a partir de la observación del mundo (movimiento, causalidad, contingencia, grados de perfección, finalidad). Estas son los praeambula fidei mencionados anteriormente.

¿Realmente dejó de escribir al final de su vida por una experiencia mística?

Según los testimonios de sus contemporáneos, sí. Después de una experiencia en la Misa, declaró que todo lo que había escrito le parecía "paja" en comparación con lo que había visto. Aunque esto no significó un repudio de su obra, sí puso fin a su producción escrita, aunque aún fue capaz de dictar una respuesta clara sobre un tema teológico poco antes de morir.

La figura de Tomás de Aquino trasciende su época. Su obra sigue siendo un referente fundamental para la filosofía y la teología, demostrando la profunda armonía posible entre la razón humana y la fe. Su legado intelectual y espiritual continúa inspirando el estudio y la búsqueda de la verdad.

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