¿Dónde dio clases Julio Cortázar?

Cortázar Maestro: Años en Aulas Argentinas

26/12/2017

Antes de convertirse en el célebre autor de «Rayuela» y otros universos literarios que desafiaron las convenciones, Julio Cortázar transitó un camino fundamental en su formación y vida: el de la docencia. Esta etapa, a menudo opacada por su brillante carrera como escritor, lo llevó a las aulas de pueblos del interior de la provincia de Buenos Aires, donde impartió conocimientos de literatura y dejó una huella que, aunque discreta, perduró en la memoria de sus alumnos y colegas.

¿Dónde dio clases Julio Cortázar?
Cortázar y sus años como docente rural Tenía apenas veinte años cuando el Ministerio de Educación lo designó para dictar clases de literatura en el Colegio Nacional de Chivilcoy. Más tarde, también lo haría en Bolívar, dos ciudades donde la figura del joven profesor aún sobrevive en la memoria local.

Fue en la década de 1930 cuando un joven Julio Cortázar, recién egresado de la prestigiosa Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta, abrazó la profesión de maestro rural. Este período, vital en su desarrollo personal e intelectual, lo situó en un contexto muy diferente al de los círculos literarios que frecuentaría años después. Sus primeros pasos en la enseñanza lo llevaron a localidades como Bolívar y Chivilcoy, en el corazón de la llanura pampeana, lugares que, con su particular ritmo y ambiente, serían testigos de sus inicios profesionales.

Índice de Contenido

Los Primeros Destinos: Chivilcoy y Bolívar

Con apenas veinte años, el Ministerio de Educación de la provincia le asignó su primer cargo docente. El destino fue el Colegio Nacional de Chivilcoy, una ciudad que se convertiría en el escenario de sus primeras experiencias frente a un aula de secundaria. Posteriormente, su labor lo llevó a Bolívar, otra localidad bonaerense, donde continuó enseñando literatura. En ambas ciudades, la figura del joven profesor, alto, reservado y formal, quedó grabada en la memoria local, un recuerdo que, con el paso del tiempo, adquiriría el peso de la leyenda al conocerse la magnitud del escritor en el que se convertiría.

El contexto en el que Cortázar ejerció la docencia estaba marcado por el aislamiento propio de los pueblos del interior en esa época, lejos del bullicio de la capital. A esto se sumaban las tensiones políticas que comenzaban a gestarse en Argentina, un clima que eventualmente influiría en sus decisiones futuras. Sin embargo, dentro del aula, Cortázar se entregaba a su pasión: la literatura. Según testimonios de quienes lo recordaron, tomó su rol docente con gran seriedad y dedicación.

Un Docente Apasionado y Exigente

Graciela Maturo, escritora e investigadora que ha estudiado la vida y obra de Cortázar, recordó cómo el joven profesor abordaba su tarea. Lo describió como un docente "exigente, pero extremadamente apasionado". Esta dualidad parece reflejar la intensidad con la que vivía su relación con los libros y el conocimiento. Maturo enfatizó que Cortázar era un lector voraz, un rasgo distintivo que, naturalmente, volcaba en cada una de sus clases. No se limitaba a seguir un programa; transmitía su amor profundo por los clásicos de la literatura, intentando inocular esa misma pasión en sus jóvenes alumnos.

La presencia de Cortázar en estos pueblos no pasó desapercibida, a pesar de su naturaleza reservada. Sus exalumnos y colegas de Bolívar lo recordaron como un hombre alto y muy formal, que mantenía una cierta distancia, quizás inmerso ya en sus propios mundos interiores. “Don Julio caminaba solo por las calles del pueblo, con libros bajo el brazo y mirada lejana”, relataron excolegas años después, pintando el retrato de un intelectual ensimismado que, sin embargo, cumplía con su compromiso profesional.

Elvira Ordoñez, quien trabajó en el colegio de Chivilcoy durante la época de Cortázar, ofreció uno de los pocos testimonios directos registrados de ese período. Describió al profesor con un lenguaje quizás más sofisticado de lo habitual para el entorno ("Siempre hablaba con palabras difíciles"), pero al mismo tiempo lo recordó como una persona amable. Reconoció que a los estudiantes les costaba a veces comprenderlo completamente, pero destacaba que, a pesar de ello, sentían un gran respeto por él. Esta combinación de dificultad en la comunicación verbal y el respeto ganado en el aula sugiere que su autoridad se basaba en su conocimiento, su seriedad y quizás una bondad subyacente.

La Soledad Creadora y el Impacto en su Obra

Los años en el interior de la provincia de Buenos Aires fueron también un período de intensa soledad intelectual para Cortázar. Lejos de la efervescencia cultural de Buenos Aires o, más tarde, de París, pasaba sus días preparando meticulosamente sus clases, pero también dedicando tiempo a la escritura y a la lectura. En cartas enviadas a su madre, Cortázar mismo confesó la sensación de estar en un “lugar perdido”, rodeado de alumnos que, según su percepción, no compartían su mismo fervor por la lectura, bajo un “cielo inmenso” que quizás acentuaba la vastedad y el vacío del entorno. En medio de ese paisaje, encontraba refugio y salvación en la lectura de clásicos como “El Quijote” y la poesía.

Esta experiencia de soledad y el contacto con una realidad diferente a la urbana dejaron una marca indeleble en su sensibilidad y, consecuentemente, en su obra literaria. Cortázar reconoció en varias ocasiones que su paso por el interior fue determinante para la construcción de su universo narrativo, especialmente en lo que respecta a la exploración de los límites entre lo real y lo fantástico. “Allí nació parte de mi mundo literario”, afirmó en una entrevista para Radiodifusión Francesa, subrayando cómo la observación de la vida en esos pueblos, la introspección forzada por el aislamiento y la confrontación con una realidad cotidiana distinta, nutrieron las semillas de su particular visión del mundo.

El Fin de la Etapa Docente y la Renuncia por Convicción

La trayectoria de Julio Cortázar como docente estatal llegó a su fin en 1944. Esta decisión no fue casual, sino que estuvo motivada por sus profundas convicciones políticas. Cortázar renunció a su cargo en protesta por el ascenso al poder del gobierno de Juan Domingo Perón, con quien mantuvo una relación de distancia y desacuerdo a lo largo de su vida. Su decisión de dimitir como un acto de afirmación política fue un hecho significativo que incluso fue reseñado en el diario La Nación de Buenos Aires. Esta renuncia marcó el cierre definitivo de su etapa como maestro rural, un capítulo que, aunque relativamente breve, fue crucial en su biografía.

Tras dejar la docencia, Cortázar se volcó a otras actividades, como la traducción, que le permitieron ganar un sustento mientras dedicaba cada vez más tiempo a la escritura. Fue a partir de entonces cuando comenzó a escribir de manera más sistemática y prolífica, pavimentando el camino que lo llevaría a convertirse en uno de los nombres más influyentes y reconocidos de la literatura del siglo XX, revolucionando la forma de contar historias y explorando nuevas estructuras narrativas.

Un Legado Silencioso pero Presente

Aunque Cortázar se alejó físicamente de las aulas del interior para conquistar el mundo con sus letras, su paso por Chivilcoy y Bolívar no fue olvidado. En las escuelas donde enseñó, aún hoy se conservan documentos que atestiguan su nombramiento y su paso por la institución. En algunos casos, incluso se pueden encontrar libros con anotaciones manuscritas que dan fe de su meticulosidad y su pasión por los textos.

Un gesto significativo que honra su memoria es que el aula donde dictaba clases en el Colegio Nacional de Chivilcoy lleva actualmente su nombre. Este reconocimiento es un tributo a la figura del profesor que, quizás sin saberlo en ese momento, estaba forjando los cimientos de una obra universal.

Con el paso de los años, la figura del joven maestro Cortázar se ha convertido en parte del anecdotario local. De vez en cuando, algún exalumno, ya octogenario, recuerda con una mezcla de timidez y orgullo al profesor flaco que hablaba de autores como Jorge Luis Borges en una época en la que pocos lo conocían en esos ámbitos. “Lo veíamos raro, distinto. Después supe que ese tipo había escrito ‘Casa tomada’”, comentó Enrique Beltrán, un vecino de Bolívar y exalumno, en una entrevista para un semanario local. Esta anécdota simple encapsula la distancia que existía entre el universo interior de Cortázar y la realidad cotidiana de sus alumnos, así como el asombro posterior al descubrir la inmensidad del hombre que tuvieron como maestro.

La historia de Julio Cortázar como maestro es, sin duda, una página menos explorada de su extensa biografía. No posee el glamour de los cafés parisinos ni la notoriedad de sus debates intelectuales con otros gigantes literarios. Sin embargo, es una etapa crucial que revela la profundidad de su compromiso, tanto con la educación como con sus convicciones. Es un recordatorio de cómo los caminos de la literatura y la educación se cruzan de formas inesperadas, y cómo las experiencias vividas en los lugares más remotos pueden nutrir la creatividad y forjar el carácter de un genio. Su legado como docente, aunque silencioso en comparación con su obra literaria, permanece como un testimonio de sus inicios y de la seriedad con la que abordó cada faceta de su vida.

Lugar Periodo (Aprox.) Tipo de Escuela
Chivilcoy Década de 1930 Colegio Nacional (Secundaria)
Bolívar Década de 1930 (posterior a Chivilcoy) Escuela Secundaria

Preguntas Frecuentes sobre Cortázar Docente

¿En qué ciudades de Argentina dio clases Julio Cortázar?
Julio Cortázar dio clases en las ciudades de Chivilcoy y Bolívar, ambas ubicadas en el interior de la provincia de Buenos Aires.

¿Qué materias enseñaba Cortázar durante su etapa como maestro?
Cortázar se desempeñó como profesor de Literatura en las escuelas secundarias donde trabajó.

¿Por qué dejó Julio Cortázar su puesto de docente estatal?
Cortázar renunció a su cargo docente en 1944 como un acto de protesta y desacuerdo con el gobierno de Juan Domingo Perón, que había asumido el poder.

¿Tuvo su experiencia docente alguna influencia en su obra literaria posterior?
Sí, Cortázar reconoció que su paso por el interior y la experiencia de aislamiento y soledad intelectual influyeron significativamente en su escritura, ayudándolo a explorar los límites entre lo real y lo fantástico.

Si quieres conocer otros artículos parecidos a Cortázar Maestro: Años en Aulas Argentinas puedes visitar la categoría Educación.

Subir