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Sarmiento: El Gran Maestro y Su Legado

02/11/2017

Cuando pensamos en los grandes próceres argentinos, la figura de Domingo Faustino Sarmiento emerge con una fuerza inigualable. Este sanjuanino, cuya vida estuvo marcada por la acción política, el periodismo y una pasión inquebrantable por la educación, fue hijo de doña Paula Albarracín y José Clemente Sarmiento. Nacido el 15 de febrero de 1811 en la ciudad de San Juan, Domingo fue uno de los seis hijos que sobrevivieron de los quince que tuvieron sus padres.

¿Quién fundó la escuela Paula Albarracín de Sarmiento?
La escuela fue creada el 30 de diciembre de 1942 por Ordenanza N.º 1253, durante la intendencia de Roberto Uzal. Su primera sede estuvo en Juan B.

Sus primeros años transcurrieron en un hogar donde el esfuerzo era la moneda corriente. Don Clemente, su padre, no tenía un empleo estable, lo que hacía que la responsabilidad del sustento familiar recayera principalmente en doña Paula. Ella, con una notable fortaleza y espíritu emprendedor para la época, instaló un telar en el patio de su casa. Sus habilidades como tejedora le permitían tener una clientela constante entre sus vecinos y los conventos de San Juan, a quienes confeccionaba las sotanas de los frailes. Esta imagen de su madre trabajando incansablemente en el telar fue una inspiración constante para Sarmiento, un símbolo del esfuerzo y la dignidad del trabajo.

Índice de Contenido

Sed de Conocimiento: La Educación Autodidacta

La educación formal de Sarmiento comenzó a temprana edad. A los cuatro años, ya sabía leer, un logro que atribuyó a las enseñanzas de su padre y de su tío José Eufrasio Quiroga Sarmiento. En 1816, tuvo la oportunidad de ingresar a una de las innovadoras «Escuelas de la Patria», fundadas por los gobiernos revolucionarios, donde tuvo como maestros a los hermanos Ignacio y José Rodríguez. Sin embargo, el camino educativo formal se truncó temporalmente.

Al terminar la escuela primaria, su madre, doña Paula, soñaba con que Domingo estudiara para sacerdote en Córdoba, una carrera que ofrecía estabilidad y prestigio. Pero el joven Domingo se negó, demostrando desde temprano su espíritu independiente y su deseo de forjar su propio camino. En 1823, con la aspiración de continuar sus estudios en Buenos Aires, tramitó una beca. En aquel entonces, las becas se asignaban por sorteo, y la suerte no estuvo de su lado. Al no contar con los recursos económicos necesarios, debió quedarse en San Juan, lo que marcó un punto de inflexión en su formación.

A partir de ese momento, Sarmiento se convirtió en un ferviente autodidacta. Su sed de conocimiento era insaciable, y compensó la falta de educación formal con un estudio constante y disciplinado por su cuenta. Contó con la ayuda de un amigo ingeniero para las matemáticas y de su tío José de Oro para el Latín y la Teología. El francés, idioma que sería crucial en sus futuros viajes e investigaciones, lo aprendió por sí mismo en sus escasos ratos libres. Esta capacidad de aprender de manera autónoma y su dedicación al estudio marcarían toda su vida.

Entre la Política y el Primer Exilio

El contexto político de la Argentina post-independencia era turbulento, y Sarmiento no tardó en verse inmerso en él. En 1827, los montoneros federales liderados por Facundo Quiroga invadieron San Juan. Este evento tuvo un profundo impacto en el joven Sarmiento, quien decidió oponerse firmemente a Quiroga. Se incorporó al ejército unitario bajo el mando del general José María Paz, alcanzando el grado de teniente y participando en varias batallas.

Fue durante este período de lucha que conoció de cerca a la figura que inmortalizaría en su obra más célebre: Juan Facundo Quiroga. La derrota de Paz en 1831 obligó a Sarmiento a tomar el camino del exilio por primera vez, buscando refugio en Chile. En el país vecino, encontró trabajo como maestro en una escuela provincial en el pequeño pueblo de Los Andes. Sin embargo, sus ideas pedagógicas innovadoras no fueron bien recibidas por el gobernador local.

Fiel a su espíritu, el maestro sanjuanino renunció y fundó su propia escuela en Pocura, donde pudo implementar sus métodos. Durante su estancia en Pocura, se enamoró de una alumna con quien tendría su primera hija, Ana Faustina. Este primer exilio fue un período de adaptación y de reafirmación de su vocación por la enseñanza, a pesar de los obstáculos políticos.

Quién Era Facundo Quiroga y el Conflicto Unitario-Federal

Para comprender la obra y la oposición de Sarmiento, es fundamental conocer a Juan Facundo Quiroga. Fue un poderoso caudillo riojano que inicialmente participó en las campañas libertadoras junto a San Martín. Sin embargo, a partir de 1825, se alineó con otros caudillos federales como Bustos e Ibarra para enfrentar el proyecto unitario impulsado por Bernardino Rivadavia.

Quiroga invadió Córdoba y logró tomar la ciudad, pero fue desalojado y derrotado por el general unitario José María Paz en batallas clave como La Tablada (1829) y Oncativo (1830). Mantuvo una relación de alianza con Juan Manuel de Rosas, quien lo consideraba su hombre de confianza en el interior del país. Sin embargo, existían diferencias significativas entre ellos, especialmente en lo referente a la organización nacional.

Mientras Facundo Quiroga representaba el reclamo de las provincias por la creación de un gobierno nacional que distribuyera equitativamente los ingresos, Rosas y los terratenientes porteños se oponían a perder el control exclusivo sobre las rentas del puerto y la Aduana de Buenos Aires. Esta tensión, sumada a otros factores, culminó en el asesinato de Facundo Quiroga el 16 de febrero de 1835, un evento que tendría importantes repercusiones políticas.

El conflicto entre unitarios y federales fue el telón de fondo de gran parte de la vida de Sarmiento y de la historia argentina del siglo XIX. Los unitarios defendían un modelo de país centralizado, con un poder administrativo y político fuerte en Buenos Aires. Los federales, por otro lado, abogaban por el respeto a la autonomía política y económica de las provincias, con un gobierno central que moderara el poder provincial pero sin anularlo por completo. Sarmiento, si bien inicialmente se alineó con los unitarios por su oposición a los caudillos que él veía como representantes de la "barbarie", más tarde buscaría un equilibrio y la organización constitucional del país.

El Periodismo Como Trinchera: Nace El Zonda

En 1836, Sarmiento regresó a San Juan con un proyecto claro: fundar un diario que le sirviera de plataforma para difundir sus ideas y criticar el estado de las cosas. Así nació *El Zonda*. A través de sus páginas, Sarmiento no se guardó opiniones, y sus críticas alcanzaron al gobierno sanjuanino, que no tardó en perseguirlo. La presión fue tal que, en 1840, el periódico tuvo que cerrar.

Este episodio reafirmó en Sarmiento su vocación por el periodismo como herramienta de lucha y debate. Con una clara convicción y un interés creciente y casi obsesivo por la educación, en la que veía la clave para solucionar los males que aquejaban a América Latina, decidió partir nuevamente al exilio en Chile. Esta segunda partida marcaría el inicio de uno de los períodos más prolíficos de su vida intelectual.

Juan Manuel de Rosas: El Enemigo Declarado

El principal antagonista político de Sarmiento fue, sin duda, Juan Manuel de Rosas. Rosas había asumido la gobernación de Buenos Aires en 1829 y, con el tiempo, consolidó una influencia enorme en todo el país. Proveniente de la élite de estancieros bonaerenses, Rosas representaba un poder basado en el control de la tierra, la milicia y la Aduana.

Tras la muerte de Facundo Quiroga en 1835, la situación política se tornó compleja, y los estancieros porteños, buscando orden y "mano dura", le otorgaron a Rosas la suma del poder público. Desde ese momento y hasta su caída en 1852, Rosas ejerció un poder autoritario, persiguiendo duramente a sus opositores y ejerciendo una estricta censura de prensa. A pesar de su autoritarismo, Rosas contaba con un importante apoyo popular en la provincia de Buenos Aires y entre ciertos sectores de las clases altas.

Muchos intelectuales y políticos que se oponían a su régimen, entre ellos Sarmiento, optaron por abandonar el país y organizar la resistencia desde el exilio. Ciudades como Montevideo y Santiago de Chile se convirtieron en centros de la oposición antirrosista, desde donde se publicaban periódicos y libros que denunciaban la tiranía de Rosas.

Años de Exilio y Creación: La Gestación de 'Facundo'

La segunda estancia de Sarmiento en Chile se prolongó por casi once años, desde 1840 hasta 1851. Fueron años de intensa actividad intelectual y creativa. Durante este período, Sarmiento escribió y publicó en 1845 su obra más importante y trascendental: Facundo: Civilización y Barbarie. Este libro, que es a la vez biografía, ensayo sociológico, análisis político y manifiesto, se convirtió en una pieza clave para entender la Argentina de su tiempo y en un arma poderosa contra el régimen de Rosas.

Además de escribir su obra cumbre, Sarmiento continuó con su labor periodística, fundando dos periódicos en Chile, *La Tribuna* y *La Crónica*, desde cuyas páginas no cesó de atacar a Juan Manuel de Rosas y de defender sus ideas de progreso y civilización.

Un Viaje Por el Mundo Para Aprender de Educación

El prestigio intelectual de Sarmiento creció en Chile. Entre 1845 y 1848, el gobierno chileno, a través de su ministro Manuel Montt, le encomendó una misión fundamental: realizar un extenso viaje por el mundo para estudiar y evaluar los sistemas educativos y las nuevas corrientes pedagógicas. Sarmiento recorrió Uruguay, Brasil, Francia, España, Austria, Argelia, Italia, Alemania, Suiza, Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Panamá y Cuba.

Estas experiencias de viaje, donde observó de primera mano los avances en educación, tecnología y organización social de los países que visitó, quedaron plasmadas en su libro Viajes por Europa, África y América (1849). Este viaje consolidó su visión sobre la importancia de la educación como motor del progreso y la necesidad de modernizar Argentina siguiendo los modelos que consideraba más avanzados, especialmente el de Estados Unidos.

Vida Personal: Matrimonio y Adopción

En el ámbito personal, su vida también tuvo momentos importantes durante este exilio. El 19 de mayo de 1848, poco después de regresar de su gran viaje, Sarmiento se casó con la joven viuda sanjuanina Benita Martínez Pastoriza. Junto con ella, adoptó a su hijo, Dominguito, quien se convertiría en una figura central y muy querida en su vida.

La Caída de Rosas y la Organización Nacional

El momento que Sarmiento había esperado durante dos décadas llegó en 1851, cuando el gobernador de Entre Ríos, Justo José de Urquiza, organizó el Ejército Grande con el objetivo de derrocar a Rosas. Sarmiento no dudó en unirse a la causa, incorporándose con el grado de teniente coronel. Participó activamente en la Batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, que significó la derrota definitiva de Rosas.

Tras la victoria, Sarmiento entró a Buenos Aires y se permitió un acto simbólico: instalarse por unas horas en el escritorio de Rosas, el mismo lugar desde donde habían partido innumerables órdenes de persecución contra opositores, incluyendo varias contra él mismo. Allí, redactó el último parte del Ejército Grande, sellando el fin de una era.

La derrota de Rosas abría el camino largamente postergado para la sanción de una Constitución Nacional, reclamada por las provincias pero evitada por Rosas, consciente de que implicaría nacionalizar la Aduana y los recursos de Buenos Aires. Urquiza convocó a un Congreso Constituyente en Santa Fe para mayo de 1853. Sin embargo, los intereses de la élite porteña seguían presentes. Bartolomé Mitre y Adolfo Alsina lideraron un golpe de estado, la Revolución del 11 de Septiembre de 1852, que resultó en la separación de la provincia de Buenos Aires del resto del país.

Durante casi diez años, Argentina estuvo dividida en dos entidades: el Estado de Buenos Aires y la Confederación Argentina, con capital en Paraná. Poco después de estos acontecimientos, Sarmiento se distanció de Urquiza y, en otro giro de su vida, regresó a Chile.

Civilización o Barbarie: La Visión de Sarmiento

La dicotomía central del pensamiento de Sarmiento, y que da subtítulo a su obra cumbre, es la de Civilización y Barbarie. Para Sarmiento, la civilización estaba representada por las ciudades, el progreso, el desarrollo de las comunicaciones, la cultura europea y todo aquello que simbolizaba el avance y la modernización. La barbarie, en cambio, la situaba en el campo, asociada a las costumbres atrasadas, a las características de los gauchos y los indígenas, y a la herencia hispánica que consideraba un lastre para el progreso.

Esta visión dual y a menudo simplista influyó profundamente en sus políticas y escritos. En una carta de la década de 1860, le aconsejaba a Bartolomé Mitre, con una crudeza que hoy resulta chocante: «no trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos esos salvajes». Esta frase, aunque polémica, refleja la dureza de las luchas internas y la visión radical que algunos sectores tenían sobre la población rural y sus líderes.

Las Grandes Preocupaciones de Sarmiento

Las principales inquietudes de Sarmiento a lo largo de su vida fueron, indiscutiblemente, la educación y la política. En *Facundo*, realizó una descripción incisiva de la Argentina y de lo que consideraba sus males fundamentales, centrando sus críticas en Rosas y los caudillos, a quienes veía como encarnaciones del atraso y la barbarie.

En *Viajes*, difundió los avances y el progreso de los países que visitó, presentándolos como modelos a seguir para Argentina. Su modelo ideal de desarrollo económico y social era Estados Unidos. Esta admiración la plasmó en *Argirópolis* (1850), donde propuso un proyecto audaz: crear los Estados Unidos del Sur, uniendo Argentina, Uruguay y Paraguay, con una nueva capital en la Isla Martín García. Su propuesta incluía fomentar masivamente la inmigración europea, impulsar la agricultura a gran escala y atraer la inversión de capitales extranjeros como vías para el progreso.

La Educación Popular Según Sarmiento

La creencia de Sarmiento en el poder transformador de la educación era absoluta. Consideraba que la educación no era un privilegio para unos pocos, sino un derecho y una necesidad fundamental para el progreso social y la igualdad. En sus escritos sobre educación popular, expresó:

«Los pueblos se encaminan a la igualdad y al nivelamiento posible en la distribución de los goces que la sociedad debe asegurar a cada uno de sus miembros, para que la asociación no sea en ventaja exclusiva de algunos cuantos nacidos para la riqueza, los honores, la ilustración y las ventajas de la vida civilizada, en detrimento del mayor número condenado a permanecer siempre en la miseria, el embrutecimiento y el vicio.»

Para Sarmiento, la educación era la herramienta clave para romper el ciclo de la pobreza y la ignorancia, permitiendo que todos los ciudadanos tuvieran la oportunidad de acceder a una vida mejor y participar plenamente en la sociedad civilizada.

Gestión en Buenos Aires: Impulso a la Educación y el Progreso

En 1856, tras su regreso a Argentina, el gobierno de Buenos Aires (aún separado de la Confederación) lo convocó para hacerse cargo del Departamento de Escuelas. Sarmiento aceptó el desafío y puso manos a la obra con su característica energía. En su primer año de gestión, logró crear 36 nuevos colegios, sentando las bases para la expansión del sistema educativo en la provincia.

Trabajó codo a codo con destacadas educadoras como Juana Manso, con quien co-escribió *Anales de la Educación Común*, una publicación fundamental para la difusión de ideas pedagógicas innovadoras. En 1857, fue electo senador provincial, lo que le permitió impulsar proyectos de mayor alcance. Presentó iniciativas audaces, como la que posibilitó la confiscación de 100 leguas de campos a orillas del río Salado para ser entregadas a agricultores sin tierras, lo que dio origen a la colonia agrícola que se convertiría en la ciudad de Chivilcoy.

Además, fomentó activamente la extensión de la línea ferroviaria y la creación de nuevas ciudades, convencido de que la infraestructura y la urbanización eran esenciales para el progreso. En 1860, el gobernador Bartolomé Mitre lo nombró su ministro de Gobierno, pero la falta de apoyo a algunos de sus proyectos más ambiciosos lo llevó a renunciar a su cargo.

El Primer Tren Argentino: Un Símbolo de Progreso

Un hito que simboliza el impulso modernizador de la época, y que Sarmiento celebró como un paso hacia la civilización, fue la inauguración del Ferrocarril del Oeste el 29 de agosto de 1857. Fue el primer tren del país, uniendo la Estación del Parque (actual Plaza Libertad) con el actual barrio de Flores.

El evento fue un espectáculo que Sarmiento describió con entusiasmo en sus escritos, capturando la fascinación y el asombro que la nueva tecnología generaba en la sociedad de la época. La locomotora, adornada y aclamada por miles de espectadores, se abría camino por la llanura, venciendo lo que Sarmiento consideraba el "desierto". Anécdotas como la bendición del arzobispo, el gaucho que se persignó al verla pasar o el cacique que buscaba dónde escondían al caballo, ilustran el contraste entre lo viejo y lo nuevo que convivía en la Argentina de entonces. Este tipo de avances tecnológicos eran, para Sarmiento, manifestaciones tangibles de la civilización que anhelaba para su país.

Gobernador de San Juan: Transformando la Provincia

La derrota de Urquiza en la Batalla de Pavón (1861) por Bartolomé Mitre significó la unificación del país bajo el liderazgo de Buenos Aires. Mitre, ya presidente de la Nación unida, designó a Sarmiento como gobernador de su provincia natal, San Juan.

Una vez más, Sarmiento aplicó sus convicciones con determinación. A poco de asumir, impuso la enseñanza primaria obligatoria en toda la provincia, un paso revolucionario para la época. Creó escuelas en todos los niveles educativos, incluyendo una de las más grandes del país para mil alumnos, el Colegio Nacional de San Juan, y la Escuela de Señoritas, dedicada a la formación de maestras, reconociendo el rol fundamental de la mujer en la educación.

Su gestión como gobernador fue transformadora. Se propuso modernizar San Juan en todos los aspectos: trazó el primer plano de la ciudad, mejoró caminos y calles, construyó nuevos edificios públicos y hospitales, y fomentó actividades económicas clave como la agricultura y la minería. Y, retomando una vieja pasión, volvió a editar su diario *El Zonda*, utilizándolo como herramienta para comunicar sus acciones y promover sus ideas a nivel provincial.

El Conflicto con El Chacho y Sus Consecuencias

La década de 1860 estuvo marcada por la resistencia de algunos caudillos federales a la consolidación del poder centralizado de Buenos Aires. En 1863, el caudillo riojano Ángel Vicente Peñaloza, conocido como «El Chacho», intentó liderar una sublevación en la región de Cuyo contra la política centralista del gobierno de Mitre.

Sarmiento, desde su puesto de gobernador, reaccionó con dureza. Decretó el Estado de Sitio y dirigió la campaña militar para sofocar la rebelión, que terminó con la vida del caudillo riojano. Esta actuación generó una fuerte controversia. El ministro del Interior de Mitre, Guillermo Rawson, solicitó la renuncia de Sarmiento argumentando que decretar el Estado de Sitio era una facultad exclusiva del poder ejecutivo nacional.

La respuesta de Sarmiento, justificando la ejecución de El Chacho con frases como «Sin cortarle la cabeza a aquel inveterado pícaro y ponerla a la expectación, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses» y «El derecho no rige sino con quienes lo respetan, los demás están fuera de la ley», revela la brutalidad del contexto político y su propia visión implacable sobre la necesidad de imponer el orden, incluso por medios violentos, frente a lo que consideraba la barbarie y el desacato a la ley.

Presionado por la controversia, Sarmiento renunció a la gobernación de San Juan en 1864, tras dos años de gestión.

Misión Diplomática en Estados Unidos

Para alejarlo del centro de las críticas suscitadas por su actuación contra El Chacho, el presidente Mitre lo envió en 1864 a Estados Unidos como ministro plenipotenciario de Argentina. Sarmiento llegó a Nueva York en mayo de 1865 y aprovechó su estancia para sumergirse en la vida académica y social del país que tanto admiraba.

Frecuentó universidades, estudió su sistema educativo y fue distinguido con doctorados «Honoris Causa» por dos prestigiosas instituciones: la Universidad de Michigan y la Universidad de Brown. Durante este período, también vivió un romance con su profesora de inglés, Ida Wilckersham. Sin embargo, su alegría se vio empañada por una noticia devastadora: Dominguito, su hijo adoptivo, había muerto en la Guerra del Paraguay.

La Guerra del Paraguay: Un Conflicto Devastador

La Guerra del Paraguay (1864-1870) fue uno de los conflictos más sangrientos de la historia sudamericana. Argentina y Brasil, con intereses expansionistas y con el apoyo del capital inglés (interesado en destruir el modelo de desarrollo autónomo paraguayo y acceder a sus recursos), habían aislado al Paraguay. El único aliado paraguayo era el Partido Blanco en Uruguay.

Ante el derrocamiento de los blancos en Uruguay, el presidente paraguayo, Mariscal Francisco Solano López, solicitó permiso a Mitre para atravesar territorio argentino (Corrientes) y auxiliar a sus aliados. Mitre, que había apoyado el golpe en Uruguay, negó el permiso. Solano López avanzó de todos modos, lo que fue considerado por Mitre como una declaración de guerra. Pronto se formó la Triple Alianza entre Argentina, Brasil y el nuevo gobierno uruguayo.

La guerra tuvo consecuencias catastróficas para Paraguay, que sufrió una enorme pérdida de población (principalmente masculina) y fue despojado de una gran parte de su territorio, anexionado por Brasil y Argentina. Fue en este conflicto donde Sarmiento perdió a su querido hijo.

Dominguito: El Hijo Que Perdió

Dominguito era el hijo adoptivo de Sarmiento, nacido en Chile en 1845. Su padre biológico, Juan Castro Calvo, murió cuando Dominguito era un bebé. A los tres años, su madre, Benita Martínez Pastoriza, se casó con Sarmiento, quien lo adoptó legalmente. Sarmiento desarrolló un profundo afecto por Dominguito, criándolo como propio y fomentando su educación y su interés por la vida pública.

Dominguito siguió los pasos militares de su padre adoptivo y combatió en la Guerra del Paraguay como capitán del Ejército Argentino. Su muerte, ocurrida en el combate de Curupaytí en septiembre de 1866, a la temprana edad de 21 años, fue un golpe terrible para Sarmiento. La noticia, recibida mientras estaba en Estados Unidos, lo sumió en una profunda depresión de la que le costó mucho reponerse. La figura de Dominguito se convirtió en un símbolo del sacrificio personal de Sarmiento por la causa de la patria.

La Presidencia de Sarmiento: Desafíos y Oportunidades

Mientras Sarmiento se encontraba en Estados Unidos, un grupo de políticos en Argentina lo postuló como candidato a presidente de la Nación. Las elecciones de abril de 1868 le dieron el triunfo, y emprendió el regreso para asumir la presidencia el 12 de octubre de ese año. Tenía 57 años y una agenda ambiciosa de proyectos para modernizar el país.

Sin embargo, su mandato no estuvo exento de dificultades. Enfrentó una fuerte oposición política: el Senado obstaculizó muchos de sus proyectos más progresistas, y en la Cámara de Diputados, la mayoría de los legisladores eran opositores. La prensa porteña, además, lo hostigó constantemente, en parte por su condición de "provinciano".

Recibió un país endeudado y con la Guerra del Paraguay en pleno desarrollo, un conflicto que consumía la mayor parte del presupuesto nacional y distraía recursos y energías que Sarmiento quería destinar al desarrollo interno.

Unitarios Federales
Control centralizado desde Buenos Aires Autonomía política y económica de las provincias
Buscaban un gobierno fuerte en la capital Defendían el poder de los gobiernos provinciales
Tendencia a copiar modelos europeos/americanos Valoraban las particularidades regionales y el rol de los caudillos
Generalmente apoyados por élites urbanas y comerciales Base de apoyo en sectores rurales y caudillos regionales

El Modelo Agro-Exportador de la Época

La Argentina de la época se encaminaba hacia la consolidación de un modelo económico basado en la producción y exportación de materias primas e importación de productos elaborados. El país exportaba principalmente cereales, lana, carne y cuero. A cambio, importaba manufacturas, muchas veces producidas con las mismas materias primas que había exportado. El principal socio comercial seguía siendo Inglaterra, una relación que generaba un saldo comercial favorable para el país europeo, dado que los productos manufacturados tenían un valor mucho mayor que las materias primas.

Sarmiento era consciente de las desventajas de este modelo en comparación con los países industrializados. Señalaba que las naciones productoras de manufacturas tenían dos ventajas fundamentales: 1) su producción no dependía de factores naturales incontrolables como inundaciones o sequías, lo que les daba mayor estabilidad; y 2) generaban mucho más empleo en industrias con mejores salarios, lo que a su vez fortalecía su mercado interno. Aunque la presidencia de Sarmiento impulsó el desarrollo de la infraestructura necesaria para este modelo (ferrocarriles, puertos), su visión ideal, influenciada por Estados Unidos, apuntaba a un desarrollo más equilibrado que incluyera la agricultura intensiva y, posiblemente, un inicio de industrialización, aunque la realidad económica del país en ese momento favorecía la especialización primaria.

Radiografía del País: El Primer Censo Nacional

Para tener un diagnóstico preciso de la situación del país que iba a gobernar, Sarmiento dispuso en 1869 la realización del primer censo nacional. Este censo proporcionó datos cruciales sobre la población y sus condiciones de vida, confirmando la magnitud de los desafíos que enfrentaba.

El censo reveló que Argentina tenía 1.836.490 habitantes. De esta cifra, un 31% residía en la provincia de Buenos Aires, evidenciando la concentración poblacional y económica en la capital. Los datos sobre educación eran alarmantes: el 72% de la población era analfabeta. Las condiciones de vida también eran precarias para la mayoría: el 75% de las familias vivía en la pobreza, a menudo en ranchos de barro y paja. La educación superior era un privilegio al alcance de muy pocos: solamente el 1% de los argentinos había logrado graduarse en alguna carrera universitaria. Estos datos reforzaron la convicción de Sarmiento sobre la urgencia y la necesidad de invertir masivamente en educación popular para transformar la realidad del país.

Una Obsesión: Las Comunicaciones

Una de las mayores obsesiones de Sarmiento, y un pilar de su proyecto modernizador, fue el desarrollo de las comunicaciones. Estaba convencido de que en un país tan extenso como Argentina, el progreso y la integración nacional dependían crucialmente de la expansión de la infraestructura de transporte y comunicación: ferrocarriles, telégrafos, teléfonos y canales fluviales.

Había observado en Estados Unidos cómo la vasta geografía de ese país había sido unificada y desarrollada gracias a estas redes. Creía que era la única manera de integrar las diferentes regiones argentinas, facilitar el comercio interno y fomentar el desarrollo económico. Durante su presidencia, impulsó activamente la construcción de líneas telegráficas, logrando tender 5.000 kilómetros de cables. En 1874, poco antes de finalizar su mandato, pudo inaugurar la primera línea telegráfica que conectaba Argentina con Europa, un logro que lo llenó de orgullo.

Asimismo, modernizó el servicio de correo y, de manera significativa, extendió la red ferroviaria. Al inicio de su presidencia, Argentina contaba con 573 kilómetros de vías férreas; al finalizar en 1874, esa cifra se había elevado a 1331 kilómetros, casi triplicando la extensión y sentando las bases para la futura expansión del sistema ferroviario.

El Legado del Gran Maestro

La figura de Sarmiento es recordada, por encima de todo, como la del gran maestro. Su presidencia (1868-1874) fue un período de impulso sin precedentes a la educación en Argentina. Fundó alrededor de 800 escuelas en todo el país, sentando las bases del sistema educativo nacional. Pero su visión iba más allá de la educación primaria.

Durante su gestión, se crearon instituciones de educación superior y técnica fundamentales para el desarrollo científico y profesional del país. Fundó la Facultad de Ciencias Exactas en Buenos Aires, el Observatorio Nacional de Córdoba (clave para la astronomía y la geodesia) y los institutos militares (Liceo Naval y Colegio Militar), necesarios para la formación de cuadros profesionales para las fuerzas armadas. La inversión en la educación dio sus frutos: al terminar su presidencia, la matrícula de la escuela primaria había crecido significativamente, alcanzando los 100.000 niños escolarizados.

Su convicción de que la educación era el pilar de la república y del progreso social lo llevó a destinar recursos y esfuerzos considerables a este ámbito, transformando el panorama educativo argentino.

Después de la Presidencia: Siguiendo el Camino de la Educación

Tras finalizar su mandato presidencial en 1874, Sarmiento no se retiró de la vida pública ni de su compromiso con la educación. Ya en 1875, asumió el cargo de Director General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires, desde donde continuó impulsando reformas y la creación de nuevas instituciones educativas.

Paralelamente, siguió activo en el periodismo, escribiendo para el diario *La Tribuna*. Poco después, fue electo senador por su provincia natal, San Juan, lo que le permitió seguir influyendo en el debate político nacional. En 1880, el recién electo presidente Julio Argentino Roca lo nombró Superintendente General de Escuelas del Consejo Nacional de Educación, un puesto clave desde el cual pudo seguir ejerciendo una influencia directa en la política educativa nacional.

Desde este cargo, Sarmiento continuó fundando escuelas en diversas partes del país e impulsó activamente la sanción de la fundamental Ley 1420 de Educación Común en 1884. Esta ley estableció los principios de la enseñanza primaria: gratuita, obligatoria, gradual y laica para todos los habitantes del territorio, sentando las bases del sistema educativo público argentino que perdura hasta hoy.

Los Últimos Días y Su Legado Final

Hacia 1888, a los 77 años y con la salud debilitada, Sarmiento decidió trasladarse al clima cálido de Paraguay, buscando alivio para sus dolencias. Desde allí, mantuvo correspondencia, incluyendo emotivas cartas a su amada Aurelia Vélez, hija de Dalmacio Vélez Sarsfield (autor del Código Civil). En una de ellas, le escribe: «Venga al Paraguay, venga que no sabe la Bella Durmiente lo que se pierde de su Príncipe Encantado. Venga y juntemos nuestros desencantos para ver sonreír la vida».

Aurelia viajó a Paraguay y lo acompañó durante esos meses finales, pero debió regresar a Buenos Aires a principios de septiembre. Sarmiento falleció el 11 de septiembre de 1888. En cumplimiento de su voluntad, su cuerpo fue cubierto con las banderas de Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay, simbolizando su visión americanista y los países que lo acogieron y donde dejó su huella. Sus restos fueron trasladados a Buenos Aires, donde recibió los honores correspondientes a su inmensa figura.

Domingo Faustino Sarmiento, hijo de Paula Albarracín, fue un hombre de acción y de ideas. Periodista incansable, militar, político, diplomático y, sobre todo, educador. Su vida fue una lucha constante por el progreso, la educación y la organización de la Argentina, dejando un legado que lo consagra como una de las figuras más importantes y complejas de la historia del país.

Preguntas Frecuentes sobre Domingo F. Sarmiento

¿Quiénes fueron los padres de Domingo Faustino Sarmiento?
Sus padres fueron José Clemente Sarmiento y Doña Paula Albarracín.

¿Cómo fue la infancia de Sarmiento?
Nació en San Juan en un hogar humilde. Su madre, Doña Paula, fue el principal sustento familiar tejiendo en un telar. Aprendió a leer a los cuatro años y asistió a una «Escuela de la Patria».

¿Por qué Sarmiento se convirtió en autodidacta?
No obtuvo una beca por sorteo para estudiar en Buenos Aires y no tenía recursos para costear sus estudios, por lo que decidió estudiar por su cuenta con ayuda de amigos y familiares.

¿Cómo fue la relación de Sarmiento con Facundo Quiroga?
Sarmiento se opuso militarmente a Quiroga, uniéndose al ejército unitario. Lo conoció durante este conflicto y luego lo inmortalizó como el arquetipo de la barbarie en su libro más famoso.

¿Qué representaban 'Civilización y Barbarie' para Sarmiento?
Civilización era el progreso, las ciudades, la cultura europea. Barbarie era el campo, las costumbres atrasadas, los gauchos y la herencia hispánica.

¿Por qué se exilió varias veces?
Principalmente por su oposición a los gobiernos de caudillos federales, primero a Facundo Quiroga y luego, y de manera más prolongada, a Juan Manuel de Rosas.

¿Cuál fue su obra más importante?
Su obra más importante es Facundo: Civilización y Barbarie (1845).

¿Qué hizo Sarmiento durante su presidencia por la educación?
Fundó alrededor de 800 escuelas, la Facultad de Ciencias Exactas, el Observatorio Nacional de Córdoba y promovió activamente la educación primaria.

¿Qué es la Ley 1420 impulsada por Sarmiento?
Es la ley que estableció la educación primaria gratuita, obligatoria, gradual y laica en Argentina.

¿Quién fue Dominguito?
Era el hijo adoptivo de Sarmiento, fallecido en combate durante la Guerra del Paraguay, lo que significó un gran dolor para él.

¿Dónde y cuándo murió Sarmiento?
Murió en Asunción, Paraguay, el 11 de septiembre de 1888.

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