¿Qué partido es General Lavalle?

Léonie Duquet: Vida, Desaparición y Justicia

08/10/2024

En la historia reciente de Argentina, marcada por la brutalidad de la última dictadura militar, emergen figuras que, desde la dedicación humanitaria, se vieron envueltas en la vorágine de la represión. Una de ellas es Léonie Duquet, una monja francesa cuya vida de servicio a los más necesitados la llevó a un destino trágico, convirtiéndose en un símbolo de la lucha por los derechos humanos y la búsqueda incansable de verdad y justicia.

Índice de Contenido

Llegada a Argentina y una Vida de Servicio

Nacida como Léonie Henriette Duquet en 1916 en Longemaison, Doubs, Francia, creció en el seno de una familia profundamente católica. Sintiendo el llamado del servicio religioso, se unió a las Hermanas de las Misiones Extranjeras. Tras hacer sus votos, su camino la llevó a diversas misiones internacionales. En agosto de 1949, Léonie fue parte de un grupo de cuatro Hermanas enviadas a Argentina por su congregación con el propósito de establecer su labor en el país. Iniciaron su servicio en la ciudad de Hurlingham, en la provincia de Buenos Aires.

¿Quién fue Leonie Duquet y qué pasó con ella?
Marie Léonie Duquet , SME (9 de abril de 1916 - diciembre de 1977), fue una de las dos religiosas francesas, miembros de las Hermanas de las Misiones Extranjeras con sede en Seysses , Francia, que fueron arrestadas en diciembre de 1977 en Buenos Aires , Argentina, y desaparecieron.

Con el tiempo, Léonie Duquet comenzó a involucrarse activamente en el trabajo social en la capital argentina y sus alrededores. Su dedicación la llevó a vivir y colaborar en la Iglesia de San Pablo, ubicada en Ramos Mejía, en la zona sur del Gran Buenos Aires. Fue en este contexto donde conoció a otra miembro de su congregación, Alice Domon, quien llegó a Argentina a principios de la década de 1970.

Las Hermanas Duquet y Domon no solo se dedicaron a la asistencia directa a los habitantes de los barrios más pobres, sino que también tuvieron un contacto inesperado con las altas esferas del poder militar. Fueron presentadas a Jorge Rafael Videla, quien más tarde se convertiría en el dictador de Argentina, debido a que necesitaban ayuda para su hijo Alejandro, un niño con discapacidad al que ellas cuidaban y enseñaban en la Casa de la Caridad en Morón. Este vínculo, aunque inicialmente de asistencia, las puso sin saberlo en el radar de un régimen que pronto desataría un terror sin precedentes.

El Contexto de la Represión: La Dictadura y los Desaparecidos

A partir del golpe de Estado de 1976, Argentina vivió bajo una dictadura militar autodenominada Proceso de Reorganización Nacional. Este régimen implementó una política sistemática de terrorismo de Estado para suprimir cualquier forma de oposición política o social. Miles de ciudadanos argentinos fueron secuestrados, torturados, asesinados y hechos "desaparecer". La identidad de los "desaparecidos" se convirtió en un arma del terror: al no haber cuerpos ni juicios, se negaba su existencia y cualquier posibilidad de búsqueda legal.

Los centros clandestinos de detención y tortura se multiplicaron por todo el país. Uno de los más tristemente célebres fue la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en Buenos Aires. Operado por la Marina, este lugar se transformó en un epicentro de la represión, donde miles de personas fueron llevadas, interrogadas bajo tortura y, en su gran mayoría, asesinadas.

La Lucha de las Madres de Plaza de Mayo

Ante el silencio oficial y la desesperación por no saber el destino de sus hijos, un grupo de madres comenzó a reunirse en la Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada, en abril de 1977. Estas valientes mujeres, que pronto se conocerían como las Madres de Plaza de Mayo, desafiaron abiertamente al régimen. Su objetivo era visibilizar a sus hijos "desaparecidos", exigir información sobre su paradero y lograr la rendición de cuentas por parte del gobierno militar.

El movimiento de las Madres ganó rápidamente visibilidad, a pesar de la represión. Sus marchas semanales alrededor de la Pirámide de Mayo se convirtieron en un símbolo de resistencia pacífica y persistencia. Léonie Duquet y Alice Domon, conmovidas por la situación y en línea con su compromiso social, se unieron a esta lucha, brindando apoyo y acompañamiento a las Madres. Su participación, aunque motivada por la solidaridad y su fe, las colocó en una posición de riesgo extremo ante un régimen que no toleraba ninguna disidencia.

El Secuestro en la Iglesia y el Calvario en la ESMA

La represión contra las Madres de Plaza de Mayo y sus colaboradores se intensificó hacia finales de 1977. El 8 de diciembre de ese año, un grupo de diez personas vinculadas al movimiento fue secuestrado en la Iglesia Santa Cruz de Buenos Aires. Entre ellas se encontraban tres de las trece fundadoras de la Asociación Madres de Plaza de Mayo: Azucena Villaflor de Devincenti, Esther Ballestrino de Careaga y María Eugenia Ponce de Bianco. La operación fue orquestada por el Capitán de Fragata Alfredo Astiz, quien se había infiltrado en el grupo bajo una identidad falsa.

Pocos días después, la redada continuó. El 10 de diciembre de 1977, Léonie Duquet fue secuestrada en la Iglesia de San Pablo en Ramos Mejía, el lugar donde vivía y trabajaba. Dos días más tarde, el 12 de diciembre, su compañera Alice Domon también fue secuestrada. Ambas fueron llevadas a la ESMA, el infame centro clandestino de detención.

Según testimonios de sobrevivientes de la ESMA, las Hermanas francesas y el resto del grupo secuestrado en Santa Cruz fueron retenidos en el lugar durante aproximadamente diez días. Fueron sometidas a severas sesiones de tortura bajo interrogatorio. En un intento por desacreditarlas y justificar su detención ante la opinión pública internacional, se les obligó a escribir y firmar cartas dirigidas a la superiora general de su congregación, en las que supuestamente admitían haber actuado en oposición al gobierno de Videla. Además, fueron fotografiadas frente a una pancarta del grupo guerrillero Montoneros para simular vínculos subversivos. Esta fotografía, que mostraba evidentes signos de maltrato físico en las mujeres, fue difundida a la prensa local y francesa.

Tras este período de tortura, las Hermanas y los demás detenidos fueron "trasladados" de la ESMA. Este eufemismo era ampliamente entendido por los sobrevivientes como la señal de que habían sido asesinados. Se cree que Léonie Duquet y el resto del grupo fueron ejecutados por un escuadrón de la muerte bajo el mando de Alfredo Astiz, conocido por su crueldad y apodado el "Ángel Rubio de la Muerte".

Los Vuelos de la Muerte y la Búsqueda de los Restos

Durante la dictadura, uno de los métodos de exterminio utilizados por el régimen fue el de los "vuelos de la muerte". Consistía en sedar a los detenidos-desaparecidos y arrojarlos vivos al Río de la Plata o al Océano Atlántico desde aviones o helicópteros. Dada la falta de hallazgo de los cuerpos de Léonie Duquet, Alice Domon, Azucena Villaflor y otros secuestrados en el grupo de Santa Cruz, se especuló fuertemente que habían sido víctimas de esta práctica macabra.

A principios de 1978, comenzaron a aparecer cuerpos sin identificar en las playas de la costa atlántica al sur de Buenos Aires. Sin embargo, en ese momento, la identificación era difícil y la conexión con los "desaparecidos" no fue establecida de inmediato.

Impacto Internacional y la Persistencia de la Lucha

La desaparición de Léonie Duquet y Alice Domon, ciudadanas francesas, generó una considerable atención y indignación internacional. Francia exigió explicaciones al gobierno argentino, que sistemáticamente negó cualquier responsabilidad sobre el destino de las monjas. La presión internacional contribuyó a visibilizar las violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen.

A pesar de la pérdida de algunas de sus fundadoras, las Madres de Plaza de Mayo no claudicaron. Continuaron sus marchas semanales, a las que se sumaron cientos de mujeres y familiares de "desaparecidos". La persistencia de las Madres, sus pañuelos blancos y sus demandas de "aparición con vida" y "juicio y castigo a los culpables" se convirtieron en un símbolo global de la resistencia contra la impunidad y el silencio oficial.

La Búsqueda de Justicia: Juicios y Descubrimientos Cruciales

La búsqueda de justicia para Léonie Duquet y las otras víctimas fue un camino largo y complejo. En 1990, un tribunal francés en París juzgó y condenó en ausencia a Alfredo Astiz por el secuestro de las dos Hermanas francesas. Fue sentenciado a cadena perpetua, aunque no fue acusado de asesinato al no haberse encontrado los cuerpos.

Un avance crucial ocurrió en julio de 2005. Se encontraron siete cuerpos en una fosa común cerca del cementerio de General Lavalle, aproximadamente a 400 km al sur de Buenos Aires. Las autoridades del gobierno democrático argentino, con la esperanza de que se tratara de restos de personas "desaparecidas" durante la dictadura (1976-1983), ordenaron análisis forenses de ADN.

El 28 de agosto de 2005, las pruebas de ADN confirmaron que uno de los siete cuerpos pertenecía a Léonie Duquet. En el mismo grupo, fueron identificados los restos de Azucena Villaflor y otras dos Madres de Plaza de Mayo. Alice Domon no fue encontrada en esta fosa, pero se presume que también fue asesinada.

Este hallazgo fue de una trascendencia enorme. Por fin, tras casi tres décadas, se tenía la certeza del destino final de Léonie y otras víctimas, confirmando las sospechas sobre los métodos de exterminio del régimen.

El Camino Hacia los Juicios en Argentina y la Caída de la Impunidad

En el momento de la identificación de los restos de Léonie Duquet en 2005, Alfredo Astiz ya se encontraba detenido en Argentina, enfrentando cargos por secuestro y tortura. Durante un tiempo, había estado protegido por las llamadas Leyes de Perdón (Ley de Obediencia Debida y Ley de Punto Final), sancionadas en 1986 y 1987, que limitaban los enjuiciamientos por crímenes de la dictadura. Sin embargo, fue dado de baja de la Marina en 1998 por hacer declaraciones públicas defendiendo sus acciones durante el régimen militar.

El panorama judicial cambió radicalmente en Argentina. En 2003, el Congreso argentino derogó las Leyes de Perdón, y en 2005, la Corte Suprema de Justicia las declaró inconstitucionales. Esto abrió la puerta a la reapertura de las causas por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura. Tras la identificación de los restos de Duquet, el gobierno francés solicitó formalmente la extradición de Astiz para que cumpliera su condena en Francia y fuera juzgado por el asesinato de la monja.

Finalmente, en octubre de 2011, un tribunal argentino halló a Alfredo Astiz culpable de crímenes contra la humanidad y lo condenó a cadena perpetua. Esta sentencia representó un hito en la lucha contra la impunidad en Argentina y a nivel internacional.

Testimonios y Conexiones en el Juicio de la ESMA

El juicio por los crímenes cometidos en la ESMA, donde se juzgó a Astiz y otros represores, arrojó luz sobre aspectos menos conocidos de la represión. Durante el juicio, Luis María Mendía, otro oficial de la Marina condenado, testificó en enero de 2007 que un agente de inteligencia francés, Bertrand de Perseval, había participado en el secuestro de Duquet y Domon. Perseval, quien residiría en Tailandia, negó cualquier vínculo con el secuestro de las monjas, aunque admitió haber sido miembro de la Organisation armée secrète (OAS) francesa y haber llegado a Argentina tras el fin de la Guerra de Argelia.

Existían desde hacía tiempo sospechas de que agentes de inteligencia franceses habían entrenado a sus homólogos argentinos en técnicas de "contrainsurgencia", incluyendo el uso de la tortura. La documental de Marie Monique Robin, "Los Escuadrones de la Muerte - La Escuela Francesa" (2003), basada en su libro, documentó esta conexión. Mendía incluso citó la película como prueba y solicitó que ex funcionarios franceses y argentinos fueran citados a declarar.

Mendía intentó justificar sus acciones y las de otros represores alegando que habían obedecido "decretos antisubversivos" firmados antes del golpe de 1976 por la entonces presidenta Isabel Perón y sus ministros. La sobreviviente de la ESMA, Graciela Daleo, caracterizó las alegaciones de Mendía como una táctica para presentar sus crímenes como legítimos o justificados por órdenes superiores. Sin embargo, con la derogación de las Leyes de Perdón, esta defensa basada en la Obediencia Debida ya no tenía validez legal.

En 2012, un fiscal argentino presentó cargos contra Julio Alberto Poch, un piloto neerlandés-argentino, acusándolo de haber pilotado el helicóptero desde el cual fueron arrojados al Atlántico los cuerpos de Domon, Duquet y otras tres mujeres. Este proceso continuó desentrañando la red de complicidad y los métodos de exterminio.

Un Vínculo Familiar con Resonancia Actual

La historia de Léonie Duquet tiene un eco incluso en la actualidad a través de su familia. Su sobrina es la Hermana Geneviève Jeanningros, una de las Hermanitas de Jesús, quien desde la década de 1960 ha tenido un ministerio dedicado a los artistas de circo, viviendo y viajando con ellos en una caravana, últimamente en Roma y sus alrededores. En 2005, tras la identificación de los restos, la Hermana Geneviève negoció la nueva sepultura del cuerpo de su tía con el entonces Arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, quien más tarde se convertiría en el Papa Francisco. Se hicieron amigos, y el Papa la mencionó en su autobiografía.

Tras el fallecimiento del Papa Francisco, la Hermana Geneviève atrajo la atención pública cuando, durante la capilla ardiente del Pontífice, el Vaticano le permitió, en un gesto excepcional y contra el protocolo habitual, permanecer durante varios minutos dentro del cordón que rodeaba el féretro abierto para llorar y rezar por él. Este emotivo momento conectó la memoria de Léonie Duquet, víctima de la represión, con una figura central de la Iglesia contemporánea.

Conclusión: Un Legado de Servicio y Resistencia

La vida de Léonie Duquet, dedicada al servicio de los más humildes en Argentina, se vio truncada por la barbarie del terrorismo de Estado. Su secuestro, tortura y asesinato, junto al de Alice Domon y las Madres de Plaza de Mayo, son un doloroso recordatorio de los horrores de la dictadura militar argentina. Sin embargo, su historia también es un testimonio de la solidaridad inquebrantable, la valentía de quienes se atrevieron a desafiar al poder opresor y la incansable búsqueda de justicia que, a pesar de las décadas, logró identificar sus restos y condenar a sus verdugos. El legado de Léonie Duquet perdura como un símbolo de la memoria, la verdad y la justicia en Argentina y el mundo.

Preguntas Frecuentes sobre Léonie Duquet y su Caso

¿Quién fue Léonie Duquet?

Léonie Duquet fue una monja francesa de la congregación Hermanas de las Misiones Extranjeras que dedicó su vida al trabajo social en Argentina. Fue secuestrada y asesinada durante la última dictadura militar argentina por su apoyo a las Madres de Plaza de Mayo.

¿Cómo llegó Léonie Duquet a Argentina?

Llegó a Argentina en 1949 como parte de un grupo de misioneras enviadas por su congregación para realizar trabajo social, principalmente en barrios pobres de Buenos Aires y sus alrededores.

¿Qué relación tuvo con las Madres de Plaza de Mayo?

Se unió al movimiento de las Madres de Plaza de Mayo, brindando apoyo humanitario y acompañamiento en su lucha por conocer el destino de sus hijos "desaparecidos" por la dictadura.

¿Quién la secuestró y dónde?

Fue secuestrada el 10 de diciembre de 1977 en la Iglesia de San Pablo en Ramos Mejía por el Capitán de Fragata Alfredo Astiz, un represor conocido de la Marina argentina.

¿Qué le pasó después del secuestro?

Fue llevada al centro clandestino de detención de la ESMA, donde fue torturada. Posteriormente, fue "trasladada", lo que significó su asesinato, probablemente arrojada al mar en los llamados "vuelos de la muerte".

¿Cuándo y cómo fueron encontrados sus restos?

Sus restos fueron encontrados en julio de 2005 en una fosa común cerca del cementerio de General Lavalle. Fueron identificados mediante análisis de ADN en agosto de 2005.

¿Fue juzgado su secuestrador y asesino?

Sí, Alfredo Astiz fue condenado en ausencia por el secuestro en Francia en 1990 y, tras la reapertura de los juicios en Argentina, fue condenado a cadena perpetua por crímenes contra la humanidad, incluyendo el caso de Léonie Duquet, en 2011.

¿Qué fue la ESMA?

La ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) fue uno de los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio más importantes y sombríos utilizados por la dictadura militar argentina.

¿Hay alguna conexión familiar relevante en la actualidad?

Sí, su sobrina, la Hermana Geneviève Jeanningros, es una monja que tuvo un vínculo especial con el Papa Francisco, quien facilitó la nueva sepultura de los restos de Léonie y la mencionó en su autobiografía.

Si quieres conocer otros artículos parecidos a Léonie Duquet: Vida, Desaparición y Justicia puedes visitar la categoría Educación.

Subir