28/07/2024
La teoría conductista ofrece una perspectiva particular sobre qué impulsa y moldea las acciones de las personas. A diferencia de otros enfoques que se centran en procesos mentales internos, el conductismo pone su atención en el comportamiento observable y en cómo este es aprendido y modificado a lo largo del tiempo. Para los conductistas, la clave para entender por qué una persona actúa de cierta manera no reside en sus pensamientos o sentimientos internos, sino en las experiencias y estímulos que recibe de su entorno.

Los Pilares de la Conducta: Recompensas y Castigos
Según la visión conductista, uno de los mecanismos fundamentales por los que las personas adquieren nuevos comportamientos o modifican los existentes es a través de las consecuencias que siguen a sus acciones. Específicamente, los conductistas creen que los individuos aprenden comportamientos mediante la aplicación de recompensas y castigos. Este principio es central para comprender la dinámica del aprendizaje conductual desde esta perspectiva.
Una recompensa, en este contexto, es cualquier estímulo o evento que, al presentarse después de una conducta, aumenta la probabilidad de que esa conducta se repita en el futuro. Piensa en un niño que recibe elogios por recoger sus juguetes: el elogio es una recompensa que refuerza la acción de recoger. O un empleado que recibe un bono por cumplir un objetivo: el bono es una recompensa que incentiva a seguir trabajando hacia objetivos.
Por otro lado, un castigo es un estímulo o evento que, al presentarse después de una conducta, disminuye la probabilidad de que esa conducta vuelva a ocurrir. Un ejemplo podría ser un estudiante al que se le retira un privilegio por no completar su tarea, o una persona que sufre una consecuencia negativa (como quemarse) después de tocar algo caliente. El castigo busca desalentar una acción específica.

La efectividad de las recompensas y los castigos para moldear la conducta depende de varios factores, aunque el conductismo básico se centra en la relación directa entre la acción y su consecuencia. Es a través de esta interacción constante con el entorno y las respuestas que este proporciona (en forma de recompensas o castigos) que el repertorio conductual de una persona se va formando y ajustando.
El Entorno como Motor del Desarrollo Conductual
Más allá de las consecuencias inmediatas de acciones específicas, la teoría conductista sostiene que el desarrollo general de la conducta de una persona está fundamentalmente basado en fuerzas externas del entorno. Esto significa que la personalidad, los hábitos, las reacciones emocionales (entendidas también como conductas) y las habilidades que un individuo desarrolla no son vistas primariamente como el resultado de procesos internos maduracionales o rasgos innatos, sino como la acumulación de aprendizajes derivados de la interacción con el medio ambiente.
Las fuerzas externas del entorno abarcan una amplia gama de influencias: desde las interacciones con padres, maestros y compañeros, hasta las normas sociales, las leyes, la cultura y las experiencias sensoriales directas con el mundo físico. Cada una de estas influencias puede actuar como un estímulo que elicita una respuesta, la cual a su vez puede ser seguida por una consecuencia (una recompensa o un castigo), reforzando o debilitando así la conexión entre el estímulo y la respuesta.
La idea central es que somos, en gran medida, producto de nuestro aprendizaje ambiental. Las experiencias que vivimos, los patrones de recompensas y castigos a los que estamos expuestos en diferentes situaciones, y los modelos de comportamiento que observamos en nuestro entorno contribuyen de manera significativa a quiénes somos y cómo actuamos. El conductismo enfatiza que, si queremos entender o predecir la conducta de alguien, debemos analizar las condiciones ambientales en las que esa conducta se ha desarrollado y se manifiesta.

Aprendizaje por Asociación y Consecuencia
La combinación de la influencia ambiental y los mecanismos de recompensa y castigo lleva al concepto central del aprendizaje conductista: el aprendizaje ocurre principalmente a través de la asociación y las consecuencias. Un individuo aprende a asociar ciertas señales ambientales con ciertas respuestas (como en el condicionamiento clásico, aunque el input no lo nombra explícitamente, la idea de fuerzas externas lo sugiere) y, crucialmente, aprende qué conductas son "exitosas" (es decir, seguidas por recompensas) y cuáles son "infructuosas" o "costosas" (seguidas por castigos) en un determinado contexto.
Este proceso continuo de interacción con el entorno, donde las acciones son constantemente evaluadas por sus consecuencias (recompensas o castigos), es lo que moldea el repertorio conductual de una persona. Desde aprender a hablar (reforzado por la comprensión y la atención de los demás) hasta desarrollar hábitos de estudio (reforzado por buenas notas o elogios) o evitar peligros (aprendido a través de consecuencias negativas), la conducta es vista como maleable y sujeta a la influencia ambiental.
En resumen, para la teoría conductista, la conducta humana no es un misterio oculto en la mente, sino un fenómeno observable y predecible que se aprende a través de la interacción con el entorno. Son las fuerzas externas, manifestadas principalmente a través de recompensas y castigos, las que determinan qué comportamientos adquirimos, cuáles mantenemos y cuáles abandonamos a lo largo de nuestra vida. Entender estos principios es fundamental para comprender la perspectiva conductista sobre el desarrollo y la modificación de la conducta.
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