¿Qué enseña el cooperativismo?

¿Qué Enseña el Cooperativismo y su Educación?

31/12/2018

El cooperativismo es mucho más que una forma de organización económica; es un movimiento social y educativo arraigado en principios y valores que buscan el bienestar colectivo y el desarrollo sostenible. En esencia, el cooperativismo enseña a las personas a colaborar, a participar democráticamente y a asumir responsabilidad por su propio desarrollo y el de su comunidad. A través de sus prácticas y estructuras, fomenta una cultura de solidaridad, equidad y respeto mutuo, demostrando que es posible construir un futuro más justo y próspero trabajando juntos.

¿Cuál es la importancia de la educación cooperativa?
De esta manera, el propósito de la Educación Cooperativa es mejorar sustancialmente las cooperativas, mediante acciones auténticas y comprometidas de los implicados en las organizaciones, contribuyendo al desarrollo de una sociedad más prospera, armónica, solidaria y justa (FUCAC, 2015).

La riqueza de lo que enseña el cooperativismo reside en su doble dimensión: como modelo de negocio con un fin social y como una escuela de vida que forma ciudadanos comprometidos. Sus enseñanzas se transmiten no solo de manera formal, sino también a través de la participación activa en la gestión y las actividades diarias de la cooperativa, creando así un entorno de aprendizaje continuo y situado.

Índice de Contenido

El Fundamento Ético: Valores y Principios Cooperativos

En el corazón del movimiento cooperativo se encuentran un conjunto de valores que guían su actuar y definen su identidad. Estos valores, como la autoayuda, la autorresponsabilidad, la democracia, la igualdad, la equidad y la solidaridad, reflejan una profunda creencia en la capacidad de las personas para mejorar sus vidas y las de otros a través de la cooperación mutua. Complementando estos, los miembros cooperativos adhieren a valores éticos fundamentales como la honestidad, la actitud receptiva, la responsabilidad social y el respeto hacia los demás. Estos no son meros conceptos abstractos, sino pilares que sostienen la confianza y la cohesión interna de la organización.

Para poner en práctica estos valores, el cooperativismo se rige por siete principios clave, adoptados a nivel internacional y que actúan como directrices operativas:

  • Adhesión Voluntaria y Abierta: Las cooperativas son inclusivas. Cualquier persona que pueda utilizar sus servicios y esté dispuesta a aceptar las responsabilidades de la afiliación puede unirse, sin importar su género, origen social, raza, afiliación política o creencias religiosas.
  • Gestión Democrática de los Miembros: El poder reside en los miembros. Participan activamente en la definición de políticas y en la toma de decisiones. Los representantes elegidos son responsables ante ellos. En las cooperativas de base, rige el principio de 'un miembro, un voto', asegurando la igualdad de participación.
  • Participación Económica de los Miembros: Los miembros contribuyen equitativamente al capital de la cooperativa y lo controlan de forma democrática. Una parte del capital suele ser propiedad común. Los excedentes se destinan a desarrollar la cooperativa (reservas), beneficiar a los miembros según sus transacciones, o apoyar otras actividades aprobadas.
  • Autonomía e Independencia: Las cooperativas son organizaciones autónomas de autoayuda. Cualquier acuerdo con entidades externas (incluidos gobiernos) o captación de capital externo debe preservar el control democrático de los miembros y la autonomía de la cooperativa.
  • Educación, Formación e Información: Este principio es fundamental. Las cooperativas brindan formación a sus miembros, representantes, directivos y empleados para que contribuyan eficazmente. También informan al público (especialmente jóvenes y líderes de opinión) sobre la naturaleza y beneficios de la cooperación.
  • Cooperación entre Cooperativas: Trabajar juntos fortalece el movimiento. Las cooperativas sirven mejor a sus miembros colaborando a nivel local, nacional, regional e internacional.
  • Interés por la Comunidad: Las cooperativas no operan en el vacío. Trabajan activamente por el desarrollo sostenible de sus comunidades, implementando políticas aprobadas por sus miembros que benefician al entorno y a la sociedad en general.

Estos valores y principios no solo definen cómo operan las cooperativas, sino que también enseñan un modelo de convivencia y organización social basado en la colaboración y el respeto mutuo. Son una lección práctica de ética aplicada y ciudadanía activa.

La Educación: Pilar Fundamental del Desarrollo Cooperativo

Dentro de los siete principios, el quinto, dedicado a la educación, formación e información, resalta la importancia crucial que este aspecto tiene para el cooperativismo. La educación cooperativa no es un añadido opcional, sino un instrumento fundamental para el desarrollo y fortalecimiento del movimiento. Desde sus orígenes, con los Pioneros de Rochdale en 1848, quienes crearon un Fondo de Educación, se comprendió que mejorar la vida de las personas no dependía solo de su situación económica, sino también de su acceso al conocimiento y a procesos formativos.

La educación en el cooperativismo se concibe como un proceso integral y continuo. Va dirigida a los socios, empleados, directivos, sus familias y la sociedad en general. Su propósito es:

  • Fortalecer la identidad cooperativa, basándose en los valores y principios.
  • Promover una cultura de cooperación y sostenibilidad.
  • Mejorar la gestión y eficiencia de la cooperativa.
  • Fomentar el sentido de pertenencia entre los miembros.
  • Contribuir al desarrollo de una sociedad más próspera, armónica, solidaria y justa.

Esta educación puede manifestarse de diversas formas, tanto formales (cursos, capacitaciones externas) como informales (talleres internos, debates, transmisión de saberes entre asociados). Ambas son valiosas y contribuyen a la formación continua de los miembros, permitiéndoles ser plenamente conscientes de su rol y desplegar solidaridad y altruismo en su comunidad.

Enfoques Teóricos del Aprendizaje en Contextos Cooperativos

Comprender cómo se aprende y enseña dentro del cooperativismo ha llevado a explorar diversas teorías pedagógicas. Si bien algunas provienen de entornos escolares, otras se adaptan perfectamente a la dinámica de las organizaciones cooperativas. Cuatro enfoques principales enriquecen esta comprensión:

  • Teoría del Aprendizaje Cooperativo: Originada en contextos escolares, se centra en el aprendizaje entre iguales o en equipo. Pone énfasis en la participación, la comunicación y los procesos psicológicos que ocurren cuando las personas aprenden juntas. Aunque a veces se usa como sinónimo de aprendizaje colaborativo, tiene sus particularidades.
  • Enfoque del Aprendizaje Colaborativo: Similar al cooperativo, pero a menudo con un énfasis mayor en la discusión y exploración conjunta de conceptos o problemas para desarrollar habilidades individuales y grupales. La distinción entre ambos enfoques puede ser sutil pero relevante en la práctica.
  • Pedagogía Crítica: Especialmente influyente en América Latina, esta perspectiva (ligada a pensadores como Paulo Freire) ve la educación como una herramienta de liberación y transformación social. Considera la educación cooperativa como un medio para que la clase trabajadora mejore su calidad de vida y se descubra como sujeto histórico capaz de cambiar su destino. Esta visión conecta fuertemente con los principios fundacionales del cooperativismo y la educación popular.
  • Teoría Situada del Aprendizaje / Comunidades de Práctica: Este enfoque interdisciplinario concibe el aprendizaje como un proceso de participación social. Las cooperativas son vistas como contextos de aprendizaje y comunidades de práctica, donde las personas aprenden participando activamente en actividades, interactuando con otros miembros y construyendo identidades. La experiencia práctica de cada persona se convierte en un recurso de aprendizaje colectivo.

La teoría de las comunidades de práctica es particularmente útil para entender el aprendizaje informal que ocurre naturalmente en las cooperativas. Los miembros comparten un dominio (la actividad cooperativa), se comprometen en una empresa conjunta (el trabajo y los objetivos de la cooperativa) y desarrollan un repertorio compartido (prácticas, historias, herramientas, conceptos). A medida que participan, negocian significados y construyen una identidad compartida, lo que refuerza el aprendizaje y la cohesión grupal.

Identidad y Compromiso en la Práctica Cooperativa

La participación activa en una cooperativa y el aprendizaje que de ella deriva están íntimamente ligados a la formación de la identidad de los miembros y a su compromiso con la organización y la comunidad. Desde la perspectiva de las comunidades de práctica, la identidad se entiende como la forma en que el aprendizaje modifica quiénes somos y cómo nuestras experiencias se integran en una historia personal y colectiva.

La identidad en este contexto se manifiesta en varias dimensiones:

  • Identidad como trayectoria: Refleja el camino recorrido por la persona dentro de la cooperativa y el movimiento, acumulando experiencias, competencias y relaciones que guían su desarrollo futuro.
  • Identidad como nexo de multimembresía: Considera que las personas pertenecen a múltiples comunidades (la cooperativa, la familia, otros grupos sociales) simultáneamente, y esta pertenencia múltiple configura una identidad única.
  • Identidad a multi-escala: La identificación ocurre en diversos niveles, desde el grupo de trabajo inmediato hasta la cooperativa en su conjunto, el movimiento cooperativo regional o global.

El compromiso con los aprendizajes dentro de la cooperativa se define como la inversión psicológica y el esfuerzo que una persona dedica a aprender, comprender y dominar los conocimientos y habilidades necesarios para su rol y para el funcionamiento colectivo. Este compromiso se nutre de la identificación con la cooperativa y sus valores, y a su vez, la participación comprometida refuerza la identidad cooperativa.

En los contextos de trabajo y oficio dentro de las cooperativas, las prácticas diversas, el trabajo colaborativo y la creciente complejidad de las tareas permiten a los miembros adquirir legitimidad en su rol y construir capacidades laborales específicas, todo ello enmarcado en un proceso de aprendizaje continuo y de construcción de identidad.

Desafíos y Nuevas Perspectivas en la Educación Cooperativa

Aunque el cooperativismo tiene una larga tradición educativa, enfrenta constantes desafíos y abre nuevas perspectivas de abordaje. La atención se está desplazando hacia aspectos más culturales y sociales del aprendizaje, priorizando lo biográfico y lo situado.

¿Qué es el trabajo cooperativo en la escuela?
Cobas (2016: 161) indica que “el aprendizaje cooperativo es una estrategia, a la par que metodología de innovación, que promueve de forma activa la participación del alumno, basado en la ayuda mutua y bajo la dirección activa del profesor”.

Un área de creciente interés es la aplicación de la perspectiva de género en el estudio del cooperativismo y su educación. Investigaciones recientes visibilizan y analizan las experiencias de las mujeres en las cooperativas, abordando cómo se articulan la economía solidaria, las prácticas laborales y las relaciones de poder. Esto incluye el estudio de cómo las mujeres conectan sus biografías y sus historias personales con los procesos sociales a través de su trabajo cooperativo, y cómo aprenden a manejar los cambios significativos en sus vidas laborales y en la sociedad.

La teoría del Aprendizaje Transicional, por ejemplo, explora cómo las personas dan sentido al trabajo a través de la construcción de sus trayectorias e historias de vida, lo cual es sumamente relevante en contextos cooperativos donde el trabajo a menudo está imbricado con la vida comunitaria y personal.

Estos enfoques más recientes, que consideran las trayectorias biográficas, la multimembresía y la identidad a multi-escala, enriquecen nuestra comprensión de cómo el cooperativismo enseña no solo habilidades técnicas o principios organizacionales, sino también cómo contribuye a la formación integral de la persona, su identidad y su capacidad de agencia para transformar su realidad y la de su comunidad.

Preguntas Frecuentes sobre la Educación Cooperativa

A menudo surgen dudas sobre el papel y la naturaleza de la educación en las cooperativas. Aquí respondemos algunas de ellas:

¿La educación cooperativa es solo para los socios?

No, es un proceso integral que abarca a socios, empleados, directivos, sus familias e incluso a la comunidad en general. Busca informar y formar sobre los principios y beneficios del cooperativismo a un público amplio.

¿Cómo se diferencia la educación formal de la informal en una cooperativa?

La educación formal incluye cursos, capacitaciones y programas estructurados, a menudo impartidos por expertos externos. La informal se da en el día a día, a través de la interacción entre miembros, talleres internos, debates y la transmisión de saberes basada en la experiencia.

¿Qué papel juega la educación en la gestión democrática?

La educación es vital para la gestión democrática. Forma a los miembros para que comprendan sus derechos y responsabilidades, participen activamente en las decisiones y elijan a sus representantes de manera informada.

¿La educación cooperativa se limita a temas económicos?

Aunque la gestión económica es importante, la educación cooperativa es mucho más amplia. Incluye formación en valores, principios, participación democrática, responsabilidad social, trabajo en equipo, resolución de conflictos y desarrollo personal y comunitario.

¿Por qué se considera la educación cooperativa como una herramienta de transformación social?

Basada en principios de equidad y participación, la educación cooperativa empodera a las personas, les enseña a colaborar para resolver problemas colectivos y a construir estructuras económicas y sociales más justas y solidarias, contribuyendo así a la transformación de su realidad.

Tabla Comparativa: Educación Formal vs. Informal en Cooperativas

Característica Educación Formal Educación Informal
Estructura Planificada, con programas definidos y objetivos específicos. Espontánea, basada en la interacción diaria y la experiencia.
Instructores Expertos, capacitadores, instituciones educativas externas. Otros miembros, directivos, trabajadores con experiencia dentro de la cooperativa.
Contenido Teoría cooperativa, gestión, habilidades técnicas específicas, temas especializados. Valores y principios en la práctica, cultura organizacional, resolución de problemas cotidianos, transmisión de oficios.
Certificación A menudo conduce a diplomas o certificados. No formalizada, el aprendizaje se evidencia en la práctica.
Contexto Cursos, talleres estructurados, programas de capacitación. Reuniones, asambleas, trabajo conjunto, conversaciones informales, mentoría.
Principal Beneficio Adquisición estructurada de conocimientos y habilidades específicas. Fortalecimiento de la cultura cooperativa, cohesión grupal, aprendizaje situado y práctico.

Ambos tipos de educación son complementarios y necesarios para el pleno desarrollo de una cooperativa y sus miembros.

En conclusión, el cooperativismo enseña un modelo de vida y trabajo basado en la colaboración, la democracia y la solidaridad. Sus valores y principios son la brújula ética, mientras que la educación actúa como motor fundamental para su crecimiento y sostenibilidad. A través de diversos enfoques pedagógicos, las cooperativas se convierten en auténticas escuelas donde se aprende participando, construyendo identidad y compromiso con el desarrollo personal y colectivo, demostrando que es posible hacer negocios de manera diferente, con un profundo sentido humano y social.

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