¿Cómo se presenta el racismo en la escuela?

El Racismo en la Escuela: Un Análisis Crítico

26/10/2022

Históricamente, la educación ha sido un espacio donde las relaciones desiguales de poder han generado exclusión, opresión y racismo, tanto a nivel institucional como en las interacciones diarias. La escuela, lejos de ser neutral, ha funcionado como un laboratorio para las ideas dominantes de cada época. Durante el siglo XX, las teorías biologicistas sobre las razas sirvieron de base para políticas educativas en Europa y América, consolidando a la escuela como un centro clave de producción y reproducción del racismo. Las manifestaciones más comunes de racismo y discriminación en el ámbito educativo se observan en la administración, la gestión, el currículo y las prácticas de aula, desembocando en desigualdades e inequidades en el acceso, la permanencia, el rendimiento académico y el desarrollo social de los estudiantes.

¿Cómo se presenta el racismo en la escuela?
Las formas más corrientes de racismo y discriminación en la educación se presentan fundamentalmente en la administración, la gestión, el currículo y las prácticas de aula; generan desigualdades e inequidades en el acceso, en la supervivencia en la escuela, en los logros en el aprendizaje y los resultados y en el ...

Una aparente transformación comenzó a gestarse en las décadas de 1970 y 1980, impulsada por las luchas sociales contra el colonialismo y el activismo por los derechos civiles. La dependencia económica y el racismo se convirtieron en motores de acción política. La academia también se vio interpelada, cuestionando sus objetos de estudio ante las problemáticas sociales exacerbadas por el neoliberalismo y la globalización. El pos-estructuralismo emergió como crítica a las teorías marxistas que, enfocadas solo en la clase social, dejaban de lado realidades como el machismo y el racismo, que sumían a gran parte de la población mundial en la exclusión. La educación no fue ajena a estos conflictos; en Estados Unidos, por ejemplo, surgieron nuevos campos de conocimiento contra-hegemónicos como los estudios sobre los negros o los chicanos. La exclusión de poblaciones, la deserción escolar de colectivos no representados en el currículo, los conflictos raciales y la violencia escolar evidenciaron que los problemas de la sociedad se reflejaban de manera preocupante en las aulas.

Conceptos como la homogeneidad de la población y la igualdad de derechos comenzaron a cuestionarse, dando paso al desarrollo del concepto de la diferencia: diversidad de poblaciones, de aprendizajes, de estilos de conocer. El reconocimiento de la diferencia impulsó políticas públicas educativas orientadas a la atención a la diversidad, incorporando términos como educación inclusiva, etnoeducación, educación para la diversidad cultural, interculturalidad y multiculturalismo al vocabulario educativo. En las décadas de 1980 y 1990, varios países reformaron sus constituciones para hacerlas más incluyentes, implementando políticas educativas en respuesta a las demandas de colectivos indígenas y afrodescendientes, buscando corregir siglos de injusticia social e inequidades.

Este artículo ofrece un panorama crítico sobre la situación actual de las aulas, caracterizadas por una diversidad cultural y lingüística que reclama reconocimiento e igualdad de oportunidades, no solo en el acceso sino en la calidad y pertinencia educativa. También aborda la impotencia que a menudo sienten los profesores para enfrentar estos desafíos. Frente a este escenario, se propone adoptar una postura proactiva, buscando soluciones para que la educación sea un camino hacia una sociedad más justa, equitativa y pacífica. Esto implica pensar de manera crítica la agencia y el reposicionamiento de los maestros, revisar y analizar los contenidos curriculares que han invisibilizado ciertas historias y poblaciones, transformar las prácticas educativas, y abogar por la autodeterminación educativa. En esencia, se trata de insistir en la necesidad de una educación que promueva la equidad racial y social.

Índice de Contenido

Aproximaciones al Racismo y la Educación

Los intentos por abordar el racismo y la discriminación en la educación han evolucionado a lo largo del tiempo, dando lugar a diferentes enfoques que han buscado, con distintos grados de éxito, responder a la creciente diversidad en las aulas y a las persistentes desigualdades sociales.

Primer multiculturalismo o multiculturalismo conservador

Los primeros enfoques educativos que intentaron atender a la diversidad de poblaciones y a la discriminación racial y étnica surgieron en las décadas de 1960 y 1970, principalmente en países anglosajones. Estas propuestas iniciales se enfocaron en desmantelar las teorías racistas biologicistas que imperaban y que justificaban prácticas discriminatorias en las escuelas. En aquel contexto, era común encontrar ideas entre directivos y profesores que sugerían que ciertos niños (no blancos, de clase baja, no angloparlantes, con discapacidades, pobres, etc.) simplemente no pertenecían a la institución escolar. Esto dio origen a propuestas de educación compensatoria, a menudo de corte asistencialista, que ofrecían cursos de apoyo en áreas básicas para estudiantes en riesgo de exclusión. Sin embargo, estas iniciativas, aunque a veces bien intencionadas, rara vez se preocupaban por comprender el contexto sociocultural de los estudiantes o las causas estructurales de su supuesto bajo rendimiento.

Este primer multiculturalismo sí reconoció la importancia de respetar y mantener la herencia cultural de los estudiantes y que cada uno traía consigo costumbres y tradiciones que debían tener cabida en la escuela. No obstante, aquí reside uno de sus principales fracasos: se quedó en la inclusión parcial y superficial. La diversidad se redujo a la celebración ocasional de aspectos folclóricos como vestimenta, música, danza o comidas, a menudo fuera del currículo central. Se convirtieron en currículos celebracionistas o conmemorativos, que, como se ha criticado, reducían la diversidad a algo "nada más que piel, ornamentos y cosmética". No hubo una propuesta clara para llevar a la escuela una discusión crítica sobre cómo se establecieron las jerarquías sociales, cómo se instaló a las personas blancas en un lugar de privilegio blanco desde el cual se construyó la visión del mundo y cómo esto llevó a la opresión y marginación de gran parte de la población mundial. Tampoco se logró construir un currículo que reflejara la multiplicidad de pueblos y comunidades, sus historias, tradiciones y conocimientos, donde las personas blancas fueran solo una parte de la población global.

La educación antirracista

Ante las limitaciones y la superficialidad del primer multiculturalismo, especialmente frente a los crecientes hechos de racismo, en los años ochenta surgieron propuestas educativas con un marcado carácter crítico, conocidas como educación antirracista. Este movimiento, originado en Inglaterra desde una perspectiva neomarxista, criticó al multiculturalismo por ser ingenuo e incluso perjudicial, al sobreestimar el cambio curricular y desestimar las limitaciones estructurales como el racismo, el sexismo y la discriminación que afectan a los estudiantes minorizados por las instituciones, incluida la escuela.

La educación antirracista se fundamenta en la idea de que vivimos en una sociedad racista, sostenida por estructuras económicas, políticas y culturales que privilegian a las personas blancas. Otorga a la educación un papel crucial para desvirtuar los discursos y prácticas que perpetúan el racismo y generar posibilidades de cambio hacia la equidad. Busca corregir la principal deficiencia del multiculturalismo liberal: su renuncia a trabajar por la equidad, al creer que el problema era la falta de comprensión de las diferencias y no las inequitativas relaciones de poder en la sociedad.

Esta perspectiva se afianzó en las décadas de 1980 y 1990, extendiéndose e influyendo en países como Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos, donde se desarrolló bajo la denominación de multiculturalismo crítico, fuertemente ligado a la Teoría Racial Crítica. Esta última ha aportado argumentos sólidos para comprender el racismo en general y el racismo en la escuela, examinando el racismo estructural y la persistencia histórica del poder blanco. Ha desarrollado el concepto de "raza política", situando la raza en el campo social y político que da origen a las agendas inclusivas.

La educación antirracista critica el concepto de cultura del multiculturalismo inicial, que lo equiparaba a etnicidad y lo asignaba a los “Otros”, entendiendo la cultura como un conjunto de prácticas estables y fácilmente identificables para ser enseñadas, no vividas. La escuela se convirtió en un lugar para estudiar culturas ajenas, a menudo a través de estereotipos. Esta visión, influenciada por discursos antropológicos de base colonial y el liberalismo político, tendía a esencializar y despolitizar la cultura, enfocándose en celebraciones triviales de la diferencia y dejando fuera a quienes no encajaban en la norma blanca, de clase media o masculina, y que a menudo padecen falta de poder, violencia, pobreza y exclusión. Etiquetar a todos como "ciudadanos iguales" ignora las inequidades materiales y las relaciones de poder entre grupos sociales.

La educación antirracista propone una comprensión crítica de la diferencia que implica una política de la raza, donde la equidad construye puentes entre lo individual y lo colectivo, creando complicidades y responsabilidades para el cambio. Concibe la escuela como una experiencia políticamente mediada, donde lo social, político, histórico y económico están interrelacionados. Sostiene que el sistema educativo a menudo falla en capacitar a los maestros para construir una educación equitativa y un currículo inclusivo. Postula que los profesores deben cuestionar sus prácticas para entender por qué las buenas intenciones fallan y se sigue minorizando a estudiantes y comunidades. Es crucial que profesores y estudiantes comprendan que el conocimiento y la visión del mundo dependen de la perspectiva, y hasta ahora ha imperado la mirada desde el lugar del privilegio blanco, que tiende a negar al opresor y la opresión.

Esta perspectiva impulsa una investigación radical de las diferencias, explorando cómo moldean nuestra forma de ver, actuar y conocer, y propone alternativas de cómo las personas conocen y se experimentan a sí mismas. El rol de la escuela es comprender el papel de las diferentes culturas en la formación de la sociedad. A diferencia de propuestas anteriores, la educación antirracista considera que reconocer las diferencias no basta para generar solidaridades; es necesario llevar la diferencia al plano de las acciones y experiencias, distinguiendo entre diversidad (mera verificación) y diferencia (fundamento relacional que permite conexiones).

Propone una conciencia y conocimiento profundo del racismo. Si bien ser consciente del lugar de privilegio o marginación es un primer paso, no basta. Se requiere un conocimiento que permita mirarse reflexivamente, entender los porqués de nuestras posiciones. Una educación crítica es vital, pues el oprimido no resistirá sin saber a qué y por qué resiste. La educación antirracista propone una agenda educativa que estudie la génesis histórica y política del racismo, las especificidades de las prácticas racistas y sus interrelaciones con otras formas de diferencia, y cómo se institucionalizó y normalizó el racismo en la sociedad.

Las líneas del color siguen presentes en los sistemas educativos, validando o invalidando ciertos cuerpos y conocimientos. Los valores, prácticas y la "excelencia" se atan a cuerpos dominantes; la norma blanca eurocéntrica es un presupuesto tácito. El conocimiento se segrega, asignando cursos vocacionales a estudiantes negros y académicos a blancos. La mayoría de los docentes en países como Estados Unidos son blancos, lo que agrava el problema al no tener experiencia de pertenecer a un grupo minorizado ni habilidades culturales diversas. La escuela no debe caer en ideologías racistas que insisten en teorías biologicistas, que se actualizan bajo ideas de "medibilidad" y "excelencia", encontrando siempre déficit en los marginados y centrando las relaciones en el individualismo y la meritocracia. La noción de competencia, base de muchas políticas educativas actuales, debe cuestionarse por asumirse como cualidad fija y medible, independiente de oportunidades educativas o desventajas sociales.

El maestro, a menudo víctima de la cultura perversa de la evaluación, debe desmontarla y reflexionar sobre la interconexión entre habilidad e inhabilidad. Debe problematizar cómo ciertos contenidos se producen, legitiman y privilegian, mientras otros se devalúan. Debe ofrecer una lectura válida del pluralismo que entienda las relaciones de poder basadas en diferencias raciales. La educación antirracista plantea retos como asegurar que las escuelas respondan a la multiplicidad de necesidades, crear espacios donde todos sean valorados, ayudar a los estudiantes a construir identidades fuertes, incorporar aspectos emocionales y psicológicos, desarrollar una voz que rete el orden establecido y el conocimiento occidental, y conectar las identidades con la producción de conocimiento diverso.

Educación Multicultural Crítica, EMC

El Multiculturalismo Crítico (MC), surgido también en los años ochenta, es más abarcador al analizar diversas formas de opresión: raza, género, etnia, clase social. No se centra solo en el concepto de cultura, sino en las desiguales relaciones de poder resultantes de factores sociales, económicos y políticos que perpetúan el statu quo. Ha desarrollado un amplio cuerpo teórico y recientemente propuestas prácticas en educación (Multiculturalismo Crítico Educativo, MCE). El aspecto crítico es fundamental, problematizando las estructuras históricas que configuran nuestra identidad. El objetivo, siguiendo a Freire, es transformar las condiciones imperantes y generar oposición, analizando cómo las instituciones educativas reflejan y son escenario de relaciones de poder.

Mediante la comprensión de los macro y micro niveles sociales, el profesorado puede cuestionar las ideologías que informan su vida y la de sus estudiantes. La educación debe implicar un proceso de concientización para pasar de una comprensión ingenua a una rigurosa de la realidad. Estas propuestas apuestan por una pedagogía del empoderamiento con currículos pertinentes, que rechacen imposiciones autoritarias del conocimiento y promuevan el diálogo, ayudando al estudiante a examinar crítica y políticamente el mundo desde su experiencia histórica.

Autores como Sleeter y Bernal (2004) destacan que el MCE enfatiza la agencia individual de profesores y alumnos, trabajando sobre lo que pueden hacer para mejorar prácticas y acabar con la discriminación, y dando voz a los estudiantes para resistir prácticas excluyentes. El problema subyacente es la relación teoría-práctica: cómo llevar teorías complejas al aula. Bishop (2010) señala la dificultad de identificar cómo las diferencias de poder se manifiestan a diario en las aulas y reconocer el papel de administradores, líderes y docentes en la perpetuación de desbalances y disparidades. El MCE se ha centrado en el rol del maestro y su agencia. Educadores de todos los niveles deben analizar sus propios presupuestos culturales y cómo pueden estar participando en la marginalización sistemática de sus estudiantes.

Ukpokodu (2003) define la educación multicultural, desde la perspectiva del MC, como un paradigma donde profesores y estudiantes construyen conocimiento conscientemente, critican la inequidad e injusticia en los sistemas educativos y luchan por el empoderamiento para prácticas culturales responsables y proactivas. Para la EMC, es fundamental abordar temas como el racismo y el privilegio blanco. El MC debe reconocer e incorporar los conocimientos culturales de los niños, al tiempo que aborda las diferencias de capital cultural atribuidas como resultado de las relaciones de poder hegemónico.

El objetivo fundamental de la EMC es lograr equidad en la educación, ayudando a los estudiantes a cultivar el conocimiento y la actitud necesarios para interactuar productivamente con personas de grupos diversos y construir una comunidad cívica y moral comprometida con el bien común. No es una pedagogía solo para estudiantes minorizados, sino esencial para todos, blancos y no blancos, para funcionar efectivamente en una sociedad democrática y pluricultural.

Elementos para Pensar la Praxis Educativa

La teoría crítica no se limita al análisis; busca la transformación. El Multiculturalismo Crítico, en particular, ha desarrollado elementos prácticos para guiar la acción en el aula y en la institución educativa.

Agencia y reposicionamientos de los maestros

Un foco central del MC en los últimos años ha sido la praxis pedagógica y el papel del profesorado. El MC sostiene que los seres humanos construyen activamente los significados del mundo y la vida, y aunque existen narrativas hegemónicas que perpetúan el statu quo, apuesta por la agencia de los sujetos para crear prácticas y discursos que desafíen estas fuerzas institucionales. Busca transformar las representaciones de los maestros sobre las prácticas, los estudiantes y sus familias, mediante la autorreflexión crítica, entendiendo que estas concepciones están socialmente situadas.

La investigación ha demostrado que estudiantes y familias consideran al profesorado un factor determinante en el proceso educativo. Sin embargo, también muestra que muchos maestros se sienten frustrados o fracasados al intentar enseñar a algunos estudiantes minorizados. Bruner (1997) señala que la enseñanza refleja las creencias de los profesores sobre el aprendizaje y que las relaciones con otros se ven afectadas por nuestras teorías intuitivas sobre cómo funciona la mente ajena. Si los estudiantes perciben que sus maestros los consideran deficientes, pueden actuar en consecuencia. Esto tiene profundas implicaciones para las esperanzas del profesorado como agente de cambio. Bishop (2010) aclara que no se trata de problemas de actitud, sino de que los maestros usan discursos educativos que, aunque bien intencionados, a menudo limitan su agencia al ubicarlos en posiciones que perpetúan los desbalances de poder, sugiriendo que los problemas sociales y las inequidades escapan a su acción.

La agencia en el MC va más allá de la intervención; busca desafiar los discursos imperantes y moverse hacia discursos alternativos. Requiere un re-posicionamiento discursivo (Davies y Harré, 1997), una habilidad que poseemos para cambiar de un discurso a otro, pasando de ser solo productos del discurso a ser también productores de discursos. El reto es reconocer los discursos que limitan nuestra agencia y re-posicionarnos para pensar, hablar y actuar como agentes de cambio. Desde una perspectiva contestataria, el MC apuesta por la formación y el empoderamiento de los profesores. Un docente que reconoce la importancia de su rol y su papel político en la transformación de las inequidades es capaz de transformar sus prácticas y ayudar a modificar las estructuras escolares, lo cual está en la base del mejoramiento del desempeño estudiantil y la reducción de las disparidades educativas.

¿Qué aprende el niño en la escuela?
Comienzan a adquirir capacidades que les permiten descubrir, controlar y conocer el entorno y su papel en él. Empiezan a reconocer su propio nombre. Aprenden a relacionarse con otros niños y con adultos a través del saludo y la despedida. Identifican y gestionan sentimientos de alegría, sorpresa o tristeza.

Desarrollo de una conciencia crítica

Para lograr sus objetivos, la EMC sitúa la perspectiva crítica en el centro de su teoría. Lo crítico busca generar maneras de responder y resistir el poder y la opresión, entendidos como resultado de una historia de narrativas hegemónicas sobre raza, clase, género, etc. Permite identificar los discursos que producen y reproducen el poder hegemónico y ofrece estrategias para enfrentar y transformar las injusticias sociales. Shor (1999) señala que lo crítico desafía el statu quo al conectar lo político y lo individual, lo público y lo privado, lo global y lo local, lo económico y lo pedagógico, para repensar nuestras vidas y promover la justicia. La educación se ve como un asunto de poder e ideología, envuelta en un complejo nexo de relaciones sociales, culturales, económicas y políticas.

Siguiendo a Freire, el MC sostiene que profesores y estudiantes requieren una formación política, desarrollando una profunda conciencia crítica sociopolítica de sus contextos para transformarlos. Esta conciencia les permite "leer" el mundo política y críticamente, cuestionando el statu quo, las relaciones de poder desiguales y las causas de la injusticia, y posibilitando la acción. Freire (1998) afirma que ningún orden opresivo puede evitar que el oprimido se pregunte "¿por qué?". La educación y la conciencia política son determinantes para participar en una sociedad democrática. La pedagogía, al ayudar a los oprimidos a rescatar su historia, experiencia y voz, se convierte en una forma de ética y política. El objetivo de la ECM es preparar a los estudiantes para verse como espacios de lucha política, reconociendo las fuerzas que forman sus identidades y desarrollando la autoconciencia reflexiva para generar estrategias de empoderamiento personal.

La historia es fundamental en el pensamiento crítico. Asegura la presencia de experiencias y discursos pasados que normalizan prácticas culturales. Freire (2009, 2011) define la historia como posibilidad, no como determinante; los humanos están condicionados, no determinados. La historia ilumina el presente, pero depende del ser humano construirse a sí mismo. Para superar las inequidades, debe construirse una fundamentación histórica que contrarreste las narrativas hegemónicas que han glorificado al opresor y al Estado-nación. La escuela debe historiar hechos, individuos y acontecimientos, desarrollando condiciones para que los individuos se ubiquen en sus propias historias y amplíen sus posibilidades de vida y libertad.

El análisis del poder y las desigualdades sociales ha llevado a proponer la inclusión directa de la ideología en los currículos. Gramsci (2009) sostuvo que la escuela perpetúa ideologías dominantes y legitima el orden existente. Estudiar la ideología ayuda a los profesores a evaluar críticamente sus prácticas y reconocer cómo la cultura dominante se incrusta en el currículo oculto, silenciando estudiantes y reproduciendo presupuestos de clase que impiden una educación democrática. Las escuelas son espacios ideológicos de lucha, no neutrales. Desarrollar claridad política en los profesores requiere currículos de formación docente que exploren cómo funciona la ideología y cómo oculta las asimetrías de poder y distribución de capital cultural y económico.

Bartolomé (2010) propone dos principios pedagógicos críticos: 1) comprender cómo las ideologías dominantes producen relaciones asimétricas de poder (cultura, etnia, género, lenguaje), y 2) conocer la teoría de la resistencia (cultural y lingüística) y estrategias para subvertir prácticas antidemocráticas. No se trata de imponer ideologías, sino de retar a analizar conceptos contra-hegemónicos para que construyan sus propias posiciones. Propone un método basado en Freire: Construcción del problema (contextualizar sociohistóricamente), Deconstrucción del problema (analizar críticamente), y Reconstrucción del problema (diseñar alternativas más humanas y democráticas).

Cuestionar el privilegio blanco

De la mano de la Teoría Racial Crítica, se plantea incorporar marcos teóricos que permitan comprender el funcionamiento de la raza y el racismo. En lugar de negar el racismo generalizado y en las aulas, la EMC propone que los estudiantes reconozcan prácticas excluyentes y las problematicen, incluyendo el "privilegio blanco". La idea de raza en Occidente posicionó al blanco en un lugar de privilegio (razón, normalidad, verdad), y esta lógica persiste, redefiniéndose como la medida contra la que se mide la diferencia. Esta retórica busca negar la naturaleza opresiva de la democracia actual, llevando a hablar de un "racismo democrático".

Incluir el concepto de privilegio blanco en el aula permite a los estudiantes blancos reconocer su papel en las inequidades sociales y los privilegios inmerecidos recibidos por su color de piel (McIntosh, 1990). Las narrativas hegemónicas han convencido a beneficiarios y oprimidos de que el estado de cosas es natural. Aunque sensible, es necesario para comprender las dinámicas raciales y por qué el racismo es un hecho en el que no se puede alegar neutralidad. Relacionada con el privilegio blanco está la teoría del Color Blindness (negación del color), adoptada por muchos maestros que evitan temas raciales creyendo que hay problemas más importantes. Esta teoría supone que la pertenencia racial y las diferencias basadas en la raza no deben considerarse en el aula. May (1999) y Bonilla-Silva (2003) la enmarcan en los nuevos racismos que sustituyen la diferencia racial por cultural, un término más neutro y aceptable. Esta teoría banaliza y oculta la opresión en los sistemas escolares y la sociedad.

Autodeterminación como praxis educativa

Dentro de la EMC, una corriente que trabaja con poblaciones autóctonas y culturas ancestrales argumenta que, para explicar las diferencias étnicas, las relaciones causales estructurales no son suficientes. Proponen que la explicación más plausible reside en la interacción entre los valores, actitudes y motivaciones del contexto escolar y los de la cultura del hogar y la comunidad (Harker, 2007). Esta teoría relacional, resaltada por Bishop (2010), sostiene que las aspiraciones de autodeterminación de ciertos pueblos deben estar en el centro de la teoría, capturando un sentido de propiedad y control activo sobre el futuro. Sin embargo, no se trata de una autodeterminación absoluta, sino relacional con los Otros, no un llamado a la separación, sino a que quienes participan en el proceso educativo se re-posicionen en relación con las aspiraciones de voz autónoma y participación exitosa en la sociedad dominante, en sus propios términos.

Una teoría relacional que busca la autodeterminación requiere relaciones no dominantes, diálogo y negociación, una política que medie las tensiones, minimizando problemas, resolviendo conflictos, coordinando acciones y negociando relaciones. Implica compartir el poder sin pretensiones de dominación. Además, requiere condiciones de apoyo donde la cultura cuente, el aprendizaje sea interactivo, dialógico y espiral, y los participantes estén conectados y comprometidos a través de una visión común de la excelencia en los logros educativos. Esta visión pedagógica es similar a la "Pedagogía culturalmente relevante" (Culturally responsive Teaching) de Gay (2000) y Villegas y Lucas (2002), o la "Pedagogía de las relaciones" (Pedagogy of relations) de Sidorkin (2002) y Cummins (1995).

La pedagogía culturalmente relevante, formulada en Estados Unidos en los 90 por Ladson-Billings (1994, 1995), reconoce la importancia de incluir las referencias culturales de los estudiantes. Propone una educación mediada culturalmente, donde la cultura, la familia y la comunidad sean ejes articuladores. El maestro es facilitador y reformador del currículo, estableciendo comunicación efectiva sin bajas expectativas ni espacio para el fracaso, elogiando y estimulando constantemente los logros. En su estudio de profesores exitosos con estudiantes afroamericanos, Ladson-Billings encontró que adoptaban esta pedagogía basada en tres características: habilidad académica de los estudiantes, fomento de su competencia cultural, y desarrollo de una conciencia crítica sociopolítica.

Educación corporeizada, “Embodied education”

La educación corporeizada (EC) se interesa en cómo los estudiantes logran conocer, situando la respuesta en la experiencia, como postuló Merleau-Ponty (2010). Reta la epistemología deductiva dominante (behaviorismo), que entiende el aprendizaje como cambio de comportamiento. La EC sostiene que el mundo social del aprendiz y su experiencia subjetiva son fundamentales para el conocimiento (Ollis, 2012). Las emociones son centrales; critica que la razón haya dominado el pensamiento educativo occidental. La comprensión racionalista del aprendizaje lo reduce a actividad intelectual, ignorando la relación mente, emociones y cuerpo. Toda posibilidad de aprendizaje somático ha sido negada o subvalorada.

El sustento teórico inicial se encuentra en Freire (pedagogía del amor) y Dewey (aprender a través de la experiencia), pero la base filosófica está en Merleau-Ponty (1962). Desde una fenomenología del cuerpo, sostiene que nuestra percepción influye en la interpretación del mundo social. El cuerpo es central como lugar de movilidad y espacialidad que permite relacionarnos con el mundo, delimitando la intencionalidad de la conciencia. Desarrolla el concepto de "carne" como relación y posibilidad de tactilidad que precede las relaciones intersubjetivas. Tacto y vista son sentidos reversibles; el polo subjetivo y objetivo se ligan por una "carne de las cosas" conectiva. Experimentar el mundo a través del cuerpo nos permite desarrollar conocimiento; nos convertimos en quienes somos incorporando experiencias vividas de estructuras sociales, lenguaje, hábitos y la acción de estar-en-el-mundo (Crossley, 2001).

La EC, junto con enfoques decoloniales, busca incorporar nuevas epistemologías (valores, prácticas, formas de conocer) en la escuela que muestren la variedad de formas de ser y conocer producidas por las comunidades, permitiendo entender otras visiones de la historia, el progreso y la colectividad. Maneras de pensar originadas en la experiencia histórica que generan conocimiento y cuestionan el orden mundial del conocimiento, visibilizando y enfrentando la devaluación que Occidente ha impuesto a "otras" formas de conocer y prácticas formativas. Esta idea de epistemologías otras incluye el conocimiento ancestral recreado y transmitido oralmente a través de prácticas corporales (embodied) como la danza, la percusión, las artes plásticas, que estimulan el aprendizaje a través de los sentidos, y por la experiencia de vida específica de sujetos subalternizados (Da Costa, 2005).

Es crucial reconocer que lo que se presenta como "Educación corporeizada" no es un enfoque novedoso de los centros hegemónicos, sino una tradición ancestral de pueblos afrodescendientes e indígenas. Se trata de rescatar, visibilizar y reconocer el estatus educativo de estas maneras de generar conocimiento. La educación corporeizada es una tradición, no solo un enfoque. La educación debe reconocer la importancia de estas formas de conocimiento y aprendizaje para una visión más completa y equitativa.

Preguntas Frecuentes

¿Cómo se manifiesta el racismo en la escuela? El racismo en la escuela se presenta de diversas formas, incluyendo sesgos en la administración y gestión, contenidos curriculares que excluyen o estereotipan a ciertos grupos, y prácticas de aula discriminatorias. Puede generar desigualdad en el acceso, la permanencia, el rendimiento académico y el desarrollo social de los estudiantes, afectando principalmente a grupos minorizados por su color de piel, origen étnico o cultural.

¿En qué se diferencia el primer multiculturalismo de la educación antirracista? El primer multiculturalismo buscaba incluir superficialmente la diversidad cultural, a menudo a través de celebraciones folclóricas, pero no abordaba las causas estructurales del racismo ni las desiguales relaciones de poder. La educación antirracista, en cambio, es crítica; se enfoca en desmantelar las estructuras racistas de la sociedad y la escuela, cuestionando el privilegio blanco y promoviendo una comprensión profunda de la historia y la política del racismo.

¿Qué es el “privilegio blanco” en el contexto educativo? El privilegio blanco se refiere a las ventajas no ganadas que las personas blancas reciben en la sociedad y en las instituciones educativas como resultado de su color de piel. Estas ventajas se basan en una norma histórica que ha posicionado a lo blanco como estándar de normalidad y excelencia, lo que se traduce en acceso preferencial, validación de sus conocimientos y experiencias, y menor exposición a la discriminación sistémica en comparación con grupos racializados.

¿Qué papel deben jugar los maestros en la lucha contra el racismo escolar? Los maestros tienen un papel fundamental como agentes de cambio. Deben desarrollar una conciencia crítica para analizar sus propias prácticas y creencias, cuestionar los discursos educativos hegemónicos que perpetúan la desigualdad, y re-posicionarse para adoptar prácticas pedagógicas que desafíen la discriminación y promuevan la equidad. Esto implica integrar contenidos relevantes, fomentar el pensamiento crítico en los estudiantes y crear un ambiente inclusivo donde todas las identidades sean valoradas.

¿Qué es la conciencia crítica en educación? La conciencia crítica, influenciada por Paulo Freire, es la capacidad de profesores y estudiantes para "leer" el mundo de manera política y crítica, comprendiendo las relaciones de poder, las causas de la injusticia social y las ideologías dominantes que las perpetúan. Es un proceso de reflexión profunda sobre el contexto inmediato y amplio que busca empoderar a los individuos para cuestionar el statu quo y tomar acción transformadora.

Conclusiones

Este recorrido por las aproximaciones educativas frente al racismo ha buscado ofrecer una mirada crítica a las tradiciones centradas en la diferencia y proponer alternativas de comprensión y acción. Las primeras respuestas, como el multiculturalismo liberal, si bien abrieron puertas a la inclusión, se quedaron cortas al reducir la diversidad a una cuestión superficial y celebracionista, sin abordar las raíces profundas de la desigualdad y el poder. Se critica si este enfoque no fue, en parte, una forma de expiación de culpas o una manifestación políticamente correcta del colonialismo.

El antirracismo y el multiculturalismo crítico surgieron como respuestas necesarias frente a la negación del racismo en las escuelas y la insuficiencia de enfoques anteriores. Plantearon la necesidad de cuestionar el privilegio blanco como constante en el contexto escolar (acceso, permanencia, logros, recursos) y abogaron por currículos pertinentes que reflejaran explícitamente los aportes de todos los grupos humanos. Concibieron la educación como un asunto político, donde el poder y la opresión han dominado las instituciones. Un avance crucial de estas propuestas críticas fue reconocer la importancia de la formación de los profesores y su rol como agentes de cambio. La figura del maestro crítico, capaz de comprender y transformar sus prácticas, adquirió gran relevancia.

Estas corrientes sentaron las bases para el surgimiento de nuevas pedagogías de la alteridad y la diferencia: pedagogías de las emociones, del cuerpo, pedagogías propias. Pedagogías que cuestionan los métodos tradicionales de enseñanza, que exploran nuevas formas de experimentar y conocer a través del cuerpo, donde gestos, miradas y movimientos se convierten en formas de aprendizaje y conocimiento. La danza, la música, los rituales, el arte encuentran cabida en los escenarios educativos. Son pedagogías donde las diferencias se valoran como fuentes de enriquecimiento y creación, basadas en el reconocimiento, la interacción y el intercambio.

En definitiva, se busca una educación que integre la alteridad, que combata toda forma de exclusión que genere violencia, dificulte el aprendizaje y limite la igualdad de oportunidades para todos los estudiantes. Una educación para la equidad racial y social donde quepan todas las formas de ser, conocer y experimentar el mundo.

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