21/05/2022
En un contexto de larga y profunda crisis del sistema educativo argentino, voces autorizadas como la de Claudia Romero, doctora en Educación y destacada investigadora, ofrecen análisis cruciales y definiciones que invitan a reflexionar sobre el presente y futuro de la institución escolar. Romero, con una vasta trayectoria en el estudio y trabajo con escuelas de diversa gestión, aborda sin rodeos los problemas que aquejan a la educación en Argentina, apelando a datos, estudios comparativos y una mirada crítica sobre las decisiones políticas y culturales que han marcado su devenir.

La situación actual, exacerbada por eventos recientes como el cierre de escuelas durante la pandemia, revela la urgencia de reevaluar qué se espera de la escuela y qué elementos son fundamentales para su funcionamiento y relevancia en la sociedad. La reflexión de Romero no solo diagnostica, sino que también propone una vuelta a los fundamentos, a aquello que, aunque parezca obvio, es esencial para que la escuela cumpla su rol transformador.
- El Legado de Sarmiento y la Profundidad de la Crisis
- ¿Qué Define una Buena Escuela Hoy?
- Desafíos en un Contexto de Pobreza y Vulnerabilidad
- El Impacto Duradero del Cierre de Escuelas en Pandemia
- Tecnología, Plataformas Digitales e Inteligencia Artificial
- Hacia la Salida: Incentivos, Datos y Voluntad Política
- Preguntas Frecuentes sobre la Visión de Claudia Romero
El Legado de Sarmiento y la Profundidad de la Crisis
Claudia Romero sitúa la crisis educativa actual como la culminación de un largo proceso de decadencia que, según sus palabras, ha consumido la herencia de Sarmiento. El sistema educativo argentino, concebido en el siglo XIX como un faro de modernidad y un motor social, ha perdido gran parte de su potencia original. Romero enfatiza que, si bien se ha vivido de las rentas de ese legado durante muchos años (incluso en la formación docente), esa herencia se ha agotado.
La experta evita añadir una nueva etiqueta a las ya existentes para describir la crisis (tragedia, decadencia, simulacro, naufragio), considerándolas lo suficientemente contundentes. Sin embargo, señala que estos diagnósticos, aunque exactos, no siempre ayudan a visualizar la salida. Para Romero, es más productivo pensar en el proyecto educativo hacia adelante, recuperando el espíritu fundacional de Sarmiento, no para crear algo de cero, sino para volver a hacer las cosas que se creían dadas y apostar a fortalecer la institución educativa.
¿Qué Define una Buena Escuela Hoy?
En su libro "Hacer de una escuela una buena escuela", Claudia Romero desgrana los componentes esenciales de una institución educativa eficaz en el contexto argentino actual. Para ella, una buena escuela es, ante todo, un lugar que está en condiciones de ser habitado. Pero va mucho más allá de la infraestructura.
Una buena escuela es aquella donde todos los que ingresan puedan aprender en el tiempo establecido. Esto implica un compromiso con la enseñanza y el aprendizaje efectivos para cada estudiante. Reconociendo la compleja realidad social, Romero añade que, en muchos casos, para que este aprendizaje sea posible, la escuela debe asumir un fuerte trabajo de asistencia, nutrición y cuidados primarios, dado que una parte significativa de la población estudiantil no llega a la escuela con estas necesidades básicas cubiertas desde el hogar.
Otro pilar fundamental es que la buena escuela se encarga de hacer el pasaje sistemático y profesional de los saberes que una sociedad considera valiosos para las nuevas generaciones. Esta transmisión de conocimiento es lo que diferencia la socialización escolar de otras formas de interacción social, como el juego en una plaza. La socialización en la escuela está al servicio de aprender, incluyendo el aprendizaje de la convivencia.
Citando al filósofo John Dewey, Romero subraya el rol de la escuela como "partera" de la democracia, que debe nacer de nuevo con cada generación. Siendo la primera institución pública a la que un niño accede fuera de la familia, la escuela genera una socialización orientada a la vida en sociedad. Por tanto, una buena escuela es un gran motor de la democracia y el ingreso a la vida democrática.
Desafíos en un Contexto de Pobreza y Vulnerabilidad
Romero reconoce la dificultad de pensar un proyecto educativo ambicioso en un país con altos índices de pobreza (40% de la población general, 60% de menores). Si bien la escuela en América Latina no logra anular completamente las determinaciones de la cuna, la experta es enfática: sin escuela es peor. La ausencia de la institución escolar profundiza las desigualdades y inequidades. Para ella, la educación es uno de los caminos centrales para salir de la pobreza, pero esto exige políticas que prioricen esta tarea y estén "enteradas" de que ese es su propósito.
La escuela, según Romero, debe ser capaz de ser "mejor que la sociedad que la contiene". En un afuera atravesado por la pobreza, la violencia o formas no totalmente democráticas, la escuela debe funcionar como un laboratorio de la vida democrática, un espacio con sus propios tiempos, lógica y reglas orientadas a formar ciudadanos y preparar para el trabajo. Esto último, no solo en la secundaria o técnica, sino desde el jardín de infantes: enseñar la lógica de horarios, ritmos y compromiso que implica el mundo laboral, algo que muchas generaciones empobrecidas han perdido de vista.
La crisis educativa se manifiesta también en la trama amenazante donde operan algunas escuelas, como las de Rosario frente al avance narco. Romero insiste en la necesidad de una frontera entre el adentro y el afuera de la escuela. Si bien las paredes deben ser porosas para dejar entrar las realidades del contexto, la escuela debe preservar su lógica propia, orientada a la formación democrática y al trabajo.
El Impacto Duradero del Cierre de Escuelas en Pandemia
Uno de los puntos más críticos del análisis de Claudia Romero es el impacto del cierre de escuelas durante la pandemia. Lo describe como un "cierre salvaje" y, más allá del daño educativo, un "acto deliberado de autodestrucción" por parte de Argentina. Critica la tendencia a "dar vuelta la página" rápidamente, tanto en el ámbito gubernamental como académico, sin medir completamente las consecuencias.
Romero se apoya en estudios internacionales, como una revisión sistemática de 42 investigaciones en 15 países publicada en Nature Human Behaviour, que evalúa la persistencia del déficit de aprendizaje dos años y medio después del inicio de la pandemia. Este déficit no solo implica un retraso en el aprendizaje esperado, sino también la pérdida de habilidades y conocimientos previamente adquiridos que son necesarios para seguir aprendiendo (el "desaprendizaje").

Los resultados de estos estudios son alarmantes: los alumnos perdieron en promedio un 35% del aprendizaje de un año escolar, y el progreso de aprendizaje se ha desacelerado desde la reapertura. El déficit tiende a persistir y es mayor en estudiantes de entornos desfavorecidos, en matemática y en países con menores ingresos y cierres más prolongados (como Argentina).
Se estima que la recuperación de estos déficits llevará entre tres a cinco años. Romero advierte que el proceso de aprendizaje no se acelera sin más; se construye con tiempos y ritmos propios. Este escenario presenta un nuevo desafío para los docentes, que requiere entrenamientos específicos, los cuales, según Romero, no se han implementado adecuadamente en Argentina. A esto se suma la falta de datos precisos sobre la deserción escolar, que afecta no solo a poblaciones vulnerables, sino también a sectores medios con problemas de salud mental, un daño que permanece invisibilizado.
| Aspecto | Situación Actual (según Romero) | Visión de Buena Escuela |
|---|---|---|
| Legado de Sarmiento | Agotado, se vive de las rentas | Recuperar espíritu fundacional, fortalecer institución |
| Condiciones para habitar | Muchas escuelas requieren asistencia, nutrición, cuidados primarios | Estar en condiciones de ser habitada |
| Aprendizaje | Déficit post-pandemia, desaprendizaje | Todos aprenden en tiempo establecido |
| Transmisión de saberes | Debilitada por la crisis | Pasaje sistemático y profesional de saberes valiosos |
| Socialización | Menos estructurada, no siempre orientada al aprendizaje | Socialización al servicio de aprender (incl. convivencia) |
| Rol social | Desvalorizado, afectado por contexto | Motor de la democracia, ingreso a la vida democrática |
| Contexto externo | Pobreza, violencia, amenazas | Mantener frontera, ser mejor que la sociedad que la contiene |
| Tecnología | Uso a veces "bobo", temor docente | Herramienta, desafío para buen docente, no reemplaza contacto humano |
Tecnología, Plataformas Digitales e Inteligencia Artificial
Ante la creciente presencia de la tecnología, Romero es clara: en América Latina, todavía se necesitan muchas décadas de escuelas "tal como las conocemos literalmente", un lugar físico de concurrencia, mezcla, aprendizaje y permanencia. Considerar el reemplazo de la escuela por plataformas digitales, basado en eslóganes de sistemas educativos mucho más evolucionados, puede ser regresivo para Argentina, donde la escuela cumple funciones esenciales que van más allá de la mera transmisión de conocimiento.
Respecto a la Inteligencia Artificial (IA), Romero aborda el temor de algunos docentes a ser reemplazados. Su postura es contundente: si un docente teme ser reemplazado por una tecnología, es porque no entiende bien cuál es su trabajo. El trabajo artesanal y personalizado de un buen docente, la habilidad para asignar trabajo con indicaciones precisas a cada alumno, no puede ser replicado por una plataforma. La IA, al igual que Google en su momento, pone en un brete al docente que hace un trabajo mecánico de reproducción. Para un buen docente, la IA es un desafío apasionante que puede sacarlo de la inercia, algo positivo.
Hacia la Salida: Incentivos, Datos y Voluntad Política
Generar un cambio en el vasto sistema educativo argentino, con 14 millones de alumnos, un millón de docentes y millones de familias, requiere aunar una enorme cantidad de voluntades. Romero postula la necesidad urgente de un sistema de estímulos e incentivos para la mejora en todos los niveles del gobierno escolar, desde el gobernador hasta el director de escuela.
Paralelamente, se necesita un sistema de información inteligente que permita identificar la calidad de cada escuela, acompañado de incentivos hacia la mejora. Para Romero, esta es una tarea urgente para cualquier gobierno que busque abordar seriamente la crisis educativa. La escuela debe ser reconocida como institución valiosa; el trabajo del maestro y el contacto alumno-compañeros son insustituibles por cualquier plataforma digital.
Preguntas Frecuentes sobre la Visión de Claudia Romero
¿Qué es lo que define una "buena escuela" para Claudia Romero?
Para Romero, una buena escuela es un lugar que puede ser habitado, donde todos aprenden en el tiempo establecido, se transfieren saberes valiosos, se socializa para la convivencia, y funciona como motor de la democracia y entrada a la vida en sociedad. En contextos vulnerables, también provee asistencia y cuidados básicos.
¿Cómo impactó la pandemia el aprendizaje de los alumnos según Romero?
La pandemia provocó un "cierre salvaje" de escuelas en Argentina, considerado un acto de autodestrucción. Esto generó un "déficit de aprendizaje" significativo, no solo por lo que no se aprendió, sino por la pérdida de conocimientos y habilidades ya adquiridas (desaprendizaje), con efectos que persisten.
¿Cuánto tiempo se estima que tardará la recuperación del déficit de aprendizaje post-pandemia?
Basándose en estudios, se estima que llevará entre tres a cinco años reparar los déficits de aprendizaje, ya que el proceso es lento y no se puede acelerar artificialmente.
¿Puede la tecnología o la IA reemplazar a un docente según Claudia Romero?
No. Romero sostiene que el trabajo artesanal y personalizado de un buen docente es irremplazable por plataformas digitales. La tecnología y la IA son desafíos y herramientas que pueden potenciar al buen docente, pero no sustituir su labor esencial.
¿Cómo se relaciona la escuela con la democracia y la vida en sociedad?
Romero, citando a Dewey, ve la escuela como la "partera" de la democracia y la primera institución pública fuera de la familia. Es el espacio donde se produce una socialización fundamental para la vida en sociedad y donde se aprende a convivir, siendo así un motor clave de la vida democrática.
La visión de Claudia Romero es un llamado a reconocer la gravedad de la crisis educativa, pero también a reafirmar la centralidad de la escuela como institución. Superar los desafíos actuales requiere no solo diagnóstico, sino acción decidida, inversión en la institución y una clara comprensión de lo que una buena escuela significa y representa para el futuro de una sociedad democrática y equitativa.
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