07/06/2026
La Reforma Educativa impulsada por el gobierno federal entre 2013 y 2018, que centró gran parte de su atención en la evaluación docente y en los niveles de educación básica y media superior, planteó una interrogante crucial en su momento: ¿tendría esta reforma alguna repercusión significativa en el sistema de educación superior del país? Aunque a primera vista pudiera parecer que los cambios se dirigían principalmente a maestros de primaria, secundaria y bachillerato centralizado, un análisis más profundo, basado en la perspectiva del nuevo institucionalismo, sugiere que las Instituciones de Educación Superior (IES) no estaban, ni están, exentas de sus posibles efectos.
Este artículo, partiendo de un análisis realizado en 2014, explora cómo esta reforma, al introducir nuevas reglas formales y confrontar la realidad de las reglas informales existentes en el sistema educativo, podría influir en la vida universitaria de México. Se argumenta que existen al menos tres ámbitos principales donde los cambios propuestos podrían generar un impacto en las IES: en la operación de sus propios sistemas de bachillerato, en la necesidad de repensar y mejorar la noción de calidad académica a nivel universitario, y en el fortalecimiento o debilitamiento de su capacidad para ejercer una vigilancia crítica sobre las políticas educativas del Estado.

El marco teórico que sustenta esta reflexión es el neoinstitucionalismo, una corriente de pensamiento que enfatiza el papel de las instituciones (entendidas como reglas del juego) en la configuración del comportamiento social y organizacional. A diferencia de enfoques que solo consideran las leyes y normativas explícitas (reglas formales), este análisis destaca la importancia de las reglas informales: aquellas normas no escritas, socialmente compartidas y sancionadas fuera de los canales oficiales, que a menudo determinan la forma en que las reglas formales se aplican (o se eluden) en la práctica. La combinación dinámica entre reglas formales e informales es clave para entender el cambio institucional.
La Reforma Educativa, nacida del Pacto por México, se propuso, entre otros objetivos, aumentar la calidad de la educación básica y media superior, incrementar la matrícula en estos niveles y en el superior, y recuperar la rectoría del Estado sobre el sistema educativo nacional. Para lograrlo, se implementaron compromisos específicos como la creación de un Sistema de Información y Gestión Educativa (a través de un censo), el fortalecimiento de la autonomía del Instituto Nacional de Evaluación de la Educación (INEE), el impulso a las escuelas de tiempo completo y, de manera muy relevante, la creación del Servicio Profesional Docente (SPD).
Este Servicio Profesional Docente implicó modificaciones constitucionales y la promulgación de leyes secundarias, notablemente la Ley General del Servicio Profesional Docente. Esta legislación estableció nuevas reglas formales para el ingreso, la permanencia y la promoción de los maestros, buscando reemplazar prácticas arraigadas como la herencia o venta de plazas por un sistema basado en el mérito y la evaluación. Si bien estas reglas se centraron en la educación básica y media superior centralizada, su mera existencia generó interrogantes sobre cómo podrían interactuar con las dinámicas institucionales de las universidades, especialmente aquellas que operan sus propios bachilleratos.
Los Bachilleratos Universitarios ante la Reforma
La educación media superior en México es un nivel educativo masivo y su crecimiento tiene un impacto directo en la demanda de educación superior. Un dato crucial es que una parte significativa de las Instituciones de Educación Superior, tanto públicas como privadas, operan sus propios sistemas de bachillerato. Según cifras de 2011, de 46 universidades públicas, al menos 38 contaban con bachilleratos, atendiendo a cerca de 600 mil estudiantes. Las universidades privadas de gran tamaño también suelen tener este nivel educativo.
Los cambios introducidos por la reforma en la forma de seleccionar, contratar y evaluar a los profesores y directores de los bachilleratos centralizados podrían, hipotéticamente, influir en las reglas y prácticas de las IES que tienen este nivel. Pero, ¿cómo ocurriría esta influencia? ¿Sería a través de mecanismos formales impuestos o por una adaptación voluntaria o incentivada? Aquí es donde el análisis institucional, considerando la interacción entre reglas formales e informales, cobra relevancia. Se plantearon cuatro hipótesis sobre cómo podría darse este impacto:
Primera Hipótesis: Un Incentivo General de Cambio
Esta hipótesis, de corte optimista, sugiere que la implementación relativamente eficiente del Servicio Profesional Docente en los bachilleratos centralizados, basada en el mérito y la transparencia, podría generar un efecto demostración. Si las nuevas reglas formales se aplican correctamente y se empieza a construir una cultura del mérito (una regla informal complementaria), esto podría incentivar a las IES a reflexionar sobre sus propios mecanismos de selección y promoción docente, alineándolos con los estándares de la reforma. Esto podría derivar en consecuencias positivas para la calidad docente en el conjunto del sistema de educación media superior, incluyendo el universitario y el privado.
Segunda Hipótesis: Del Bachillerato Particular al Público
Esta hipótesis considera la posibilidad de un flujo de talento docente. Si los nuevos criterios de selección y contratación en el bachillerato público centralizado elevan los estándares, se cumplen las reglas formales y se generan reglas informales de transparencia y mérito, los bachilleratos públicos podrían volverse más atractivos para profesores de alta capacidad. Esto podría generar incentivos para que buenos docentes del sector privado (donde, según datos de 2011-2012, 75 de cada 100 profesores trabajaban por hora) consideren pasarse al sector público, especialmente si los niveles salariales son equivalentes y las condiciones laborales son más transparentes y estables. El sector privado, si no actúa a tiempo, podría enfrentar una fuga de sus mejores cuadros.
Distribución de Profesores de Bachillerato Particular por Tipo de Contratación (2011-2012)
| Tipo de Contratación | Proporción (%) |
|---|---|
| Tiempo Completo | 17 |
| Por Horas | 75 |
| Otros | 8 |
Fuente: Adaptado de INEE (2013), Panorama Educativo de México 2012.
Tercera Hipótesis: De lo Público a lo Privado
Esta hipótesis es la alternativa pesimista a la anterior. Si la implementación de la reforma falla, los criterios de evaluación no son claros, las reglas informales de clientelismo o nepotismo suplen a las formales, y la asignación de plazas carece de transparencia, el efecto podría ser el inverso. Ante un marco institucional inconsistente y la falta de mecanismos efectivos de cumplimiento, los mejores profesores del bachillerato público (centralizado) podrían desincentivarse y buscar oportunidades en el sector privado, donde quizás perciban mayor estabilidad o mejores condiciones, a pesar de la predominancia de contratos por hora. En este escenario, la Reforma Educativa podría resultar regresiva para el sector público.
Cuarta Hipótesis: "Aquí no hay novedad"
El escenario más pesimista plantea que, a pesar de la introducción de nuevas reglas formales, todo permanezca esencialmente igual. La reforma sería inocua para las universidades y sus bachilleratos. Esto podría ocurrir si la reforma, al centrarse en la recuperación de la gobernabilidad y las reglas institucionales pero no en la construcción de consenso, genera desconfianza y falta de cumplimiento. La aprobación automática de la legislación, sin un debate profundo, podría llevar a que muchos aspectos de la ley queden sin cumplirse, debilitando el impacto de las reglas formales y permitiendo la persistencia de las reglas informales preexistentes. En este caso, la inercia institucional prevalecería.
La Urgente Necesidad de Repensar la Calidad en la Educación Superior
Más allá del impacto en los bachilleratos, la Reforma Educativa, al poner el foco en la evaluación y la definición de calidad en los niveles básicos y medios, expuso una debilidad persistente en el sistema de educación superior mexicano: la falta de una noción de calidad claramente definida, consensuada y acompañada de indicadores robustos y consistentes a nivel nacional. Si bien en la educación básica y media superior se ha avanzado en la conceptualización y medición de la calidad (considerando equidad, pertinencia, relevancia, eficiencia, eficacia), en el nivel universitario este debate parece menos estructurado y con menos datos confiables.
Es difícil afirmar objetivamente si la educación superior en México ha mejorado significativamente en las últimas décadas. No se cuenta con series históricas completas de indicadores básicos como tasas de abandono, reprobación o eficiencia terminal para el sistema en su conjunto. La información existente es dispersa y a menudo incompatible entre diferentes fuentes. Esta carencia se debe, en parte, a problemas técnicos y de registro, pero fundamentalmente a la ausencia de referentes normativos claros sobre las finalidades primordiales de la educación superior. ¿Para qué se educa en la universidad? Responder a esta pregunta es fundamental para poder establecer marcos de evaluación y calidad consistentes.
Los esfuerzos de evaluación y acreditación existentes, como los de los CIEES o COPAES, aunque importantes, no han logrado generar evidencia confiable de que contribuyan directamente a mejorar el aprendizaje de los alumnos. Por otro lado, herramientas como los rankings universitarios, a menudo utilizados como referentes de calidad, han sido criticados por su debilidad metodológica y conceptual, ofreciendo una base limitada y poco confiable para la toma de decisiones.
La noción de calidad propuesta por la ANUIES en documentos de política, aunque válida en algunos aspectos (eficiencia, eficacia, relevancia, pertinencia y responsabilidad social), omite explícitamente un componente esencial: la equidad. ¿Puede considerarse de calidad un sistema educativo que, aunque eficiente o relevante, mantiene o reproduce la iniquidad? Parece que no.
El ambiente creado por la Reforma Educativa, con su énfasis en la evaluación y la profesionalización docente, presentó una oportunidad para que las universidades mexicanas retomaran y enriquecieran el debate interno sobre qué significa la calidad académica en el siglo XXI. A pesar de la autonomía universitaria, que permite a cada institución definir sus propios criterios, la falta de indicadores comunes y de una noción de calidad más o menos consensuada dificulta las comparaciones interuniversitarias y la mejora sistémica. El desafío es construir una estructura de incentivos que motive a las grandes universidades a participar en un sistema de evaluación más coherente, objetivo y transparente.
Una tercera vía por la que la Reforma Educativa podría impactar a las IES es a través del ejercicio de su función de vigilancia crítica. Las universidades, especialmente las públicas y autónomas, poseen la libertad y la capacidad intelectual para analizar, cuestionar y enriquecer el debate público sobre las políticas gubernamentales, incluida la educativa. Tienen las "armas" de la razón y la independencia para cumplir este rol.
Sin embargo, se ha observado cierto "desdén" o silencio por parte de las IES mexicanas ante aspectos clave de la reforma, como la cancelación de la prueba Enlace, que afectaba a sus propios bachilleratos. Este mutismo contrasta con la activa participación de organizaciones de la sociedad civil y grupos pro-empresariales que sí se movilizaron para vigilar la implementación de la reforma.
Esto plantea la pregunta de si las universidades, a pesar de ser autónomas, son realmente independientes. ¿Existen obstáculos institucionales o esquemas de incentivos que limitan su capacidad o voluntad para ejercer una crítica pública robusta? Si las universidades, con su conocimiento especializado, renuncian a esta misión, ¿quién asumirá la responsabilidad pública de vigilar y analizar críticamente las acciones del Estado en materia educativa?
Las universidades están bien posicionadas, por su experiencia en investigación educativa, por operar bachilleratos y por su vínculo con la formación docente (incluyendo las escuelas normales, aunque estas hayan parecido desdibujarse en la agenda estratégica de la reforma), para ejercer un papel más activo y articulado en el cuestionamiento informado de la Reforma Educativa. Su voz, unida a la de especialistas y medios de comunicación, podría enriquecer significativamente el debate público y contribuir a una mejor implementación o ajuste de las políticas.
En conclusión, la Reforma Educativa de 2013-2018, aunque enfocada principalmente en los niveles básicos y medios y en la evaluación docente, no fue ajena al sistema de educación superior. Su impacto potencial se vislumbraba en tres esferas principales: la posible modificación de las reglas de operación en los bachilleratos universitarios, la revitalización (necesaria) del debate sobre la noción de calidad académica y los sistemas de evaluación en el nivel superior, y el desafío a las universidades para asumir plenamente su rol de vigilantes críticos. La interacción entre reglas formales e informales, y la existencia de incentivos o desincentivos institucionales, son factores clave para entender cómo estos potenciales impactos se manifestarían en la práctica universitaria mexicana.
Preguntas Frecuentes sobre la Reforma Educativa y las Universidades
¿Cuál fue el enfoque principal de la Reforma Educativa de 2013-2018?
Su enfoque principal fue la evaluación docente y la mejora de la calidad en los niveles de educación básica y media superior, buscando recuperar la rectoría del Estado sobre el sistema educativo nacional.
¿Por qué una reforma centrada en educación básica y media superior afectaría a las universidades?
Principalmente porque muchas universidades operan sus propios bachilleratos, porque la reforma puso en relieve la necesidad de definir y evaluar la calidad educativa en todos los niveles, y porque las universidades tienen un rol potencial como vigilantes críticos de las políticas educativas.
¿Cómo podrían las nuevas reglas para los maestros de bachillerato afectar a las universidades?
Las nuevas reglas formales de ingreso, permanencia y promoción docente, basadas en el mérito para los bachilleratos centralizados, podrían generar un incentivo para que las universidades con bachilleratos propios revisen y posiblemente alineen sus propios procesos de contratación y evaluación docente. Dependiendo de la implementación, esto podría atraer o alejar talento docente.
¿Se definió una nueva noción de calidad específicamente para la educación superior con esta reforma?
Aunque la reforma impulsó el debate sobre calidad y evaluación en general, no estableció una noción consensuada o unificada de calidad para el nivel superior. Sin embargo, el contexto creado por la reforma resaltó la necesidad de que las propias IES aborden este debate de manera más estructurada.
¿Qué papel se esperaba que jugaran las universidades ante la Reforma Educativa?
Se esperaba que, dada su autonomía y capacidad intelectual, las universidades ejercieran una función de vigilancia crítica, analizando y debatiendo públicamente las acciones derivadas de la reforma. Sin embargo, se observó una participación limitada en este rol.
¿Las Escuelas Normales fueron parte central de la agenda de la reforma?
Aunque mencionadas y vinculadas al Servicio Profesional Docente (con ciertas prioridades para sus egresados), las Escuelas Normales parecieron tener un papel secundario en la agenda estratégica de la reforma, a pesar de su importancia para la formación de maestros.
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