11/11/2023
La Benemérita Escuela Nacional de Maestros (BENM) se erige como una de las instituciones educativas más emblemáticas e importantes de México, no solo por su longevidad y la vasta comunidad de docentes que ha formado a lo largo de más de ciento treinta y cinco años, sino también por el rico patrimonio cultural que resguarda, manifestado en su arquitectura, escultura y pintura. Esta institución ha sido pilar fundamental en la formación y profesionalización de los maestros de educación primaria, quienes han dedicado su labor a la niñez mexicana a lo largo y ancho del país, dejando un legado que comenzó a finales del siglo XIX y perdura con fuerza en el siglo XXI, manteniéndose como una de las normales más relevantes de la nación. Es de destacar, además, que hasta el día de hoy, es la única institución de educación superior en México que ha tenido el honor de ser sede de una reunión de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, la UNESCO.
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Orígenes y Primeras Sedes
El proyecto de la Benemérita Escuela Nacional de Maestros tomó forma en 1887, en los albores del régimen de Porfirio Díaz. Su nacimiento se dio con la fundación de la entonces conocida como la Escuela Normal de Varones de la Ciudad de México. Desde sus inicios, la escuela buscó establecerse en una sede definitiva, transitando por diversas construcciones de origen virreinal en el centro histórico de la ciudad, que eran adaptadas para cumplir funciones educativas. Esta itinerancia concluyó, temporalmente, en 1910.

La Monumental Sede de Popotla (1910)
Fue en 1910, en el marco de las fastuosas fiestas del Centenario de la Independencia de México, cuando la escuela se estableció en un edificio construido específicamente para ser el plantel de los maestros, ubicado en la zona de Popotla. Este proyecto fue considerado de suma importancia por el gobierno de la época, pues, como señaló el propio presidente Díaz, las obras dedicadas a educar al pueblo eran las más dignas de figurar en la solemnización del Centenario. La magnitud de la inversión y el esfuerzo dedicados a esta construcción evidencian el lugar relevante que los maestros ocupaban para el antiguo régimen. Aunque se emitió una convocatoria para un concurso de proyecto arquitectónico, el diseño ganador fue el del hijo del presidente, quien estuvo a cargo de la obra. Se trató de una edificación monumental, no solo por su gran extensión, sino también por la amplitud y modernidad de sus instalaciones para la época: salones de clase, un gran salón de actos, diversos talleres, gimnasios bien equipados, laboratorios, una extensa biblioteca, dormitorios para los internos, comedor, lavandería, regaderas, salones de billares y boliche, canchas de frontón, de tenis, de futbol, de beisbol y una pista de carreras. Los acabados interiores, en pisos, ventanas y techos, reflejaban el elegante estilo renacentista francés, generando gran admiración en la sociedad. El magisterio de aquel tiempo debió valorar el significativo apoyo del Poder Ejecutivo, subrayado por la presencia del presidente Díaz en la ceremonia de inauguración, amenizada por una orquesta de música clásica. El director de la escuela en esa ocasión, el maestro Leopoldo Kiel, pronunció un discurso en el que resaltó la noble labor del magisterio y cómo, con el respaldo de un gobierno activo y progresista, se lograría elevar el espíritu del pueblo mexicano. Resulta irónico que, a pesar de este impulso educativo bajo su gobierno, Porfirio Díaz sea a menudo presentado en la enseñanza histórica actual de manera simplificada y negativa. Sin embargo, justo en su régimen, la educación recibió un impulso que, en muchos aspectos, los gobiernos posrevolucionarios han tenido dificultades para igualar. La Revolución Mexicana, iniciada poco después de la inauguración de este edificio, sumió al país en la pobreza y la violencia. Los vientos de cambio no siempre trajeron mejoras inmediatas. Estas transformaciones alcanzaron el recién estrenado edificio de Popotla cuando, en 1918, el presidente Venustiano Carranza ordenó su desalojo para convertirlo en el Colegio Militar, uso que conserva hasta hoy. Esta decisión marcó una diferencia en la visión de ambos generales: Díaz priorizó la labor de los maestros, mientras Carranza la de los soldados, una paradoja dada la vocación pacifista de México. Este episodio subraya la importancia de comprender a los personajes históricos en su contexto, en lugar de juzgarlos con visiones simplistas.
El Traslado y Nuevo Proyecto Pedagógico (1925)
El último cambio de sede de la BENM ocurrió en 1925, año en que fue trasladada al predio que ocupa en la actualidad. Este traslado coincidió con el inicio de un nuevo proyecto pedagógico diseñado para responder a las necesidades del primer gobierno posrevolucionario. La institución fue renombrada como Escuela Nacional de Maestros y resultó de la fusión de las tres normales existentes en la Ciudad de México: la Escuela Normal para Profesores de Instrucción Primaria, la Escuela de Señoritas y la Normal Nocturna. La nueva sede se conformó inicialmente por dos edificios conocidos como de San Jacinto y de Santo Tomás, ubicados en terrenos que habían pertenecido a la Escuela Nacional de Agricultura. Estos edificios presentaban una fachada de estilo colonial con dos largas alas laterales, formadas por corredores con arcadas y salones. Contaba con un amplio anfiteatro para eventos escolares, extensos patios con un estanque de natación y un jardín botánico, y un estadio deportivo. Aunque el proyecto educativo de 1925, planteado por el maestro Lauro Aguirre, fue fundamental para la formación de los maestros, era evidente la necesidad de contar con una sede más digna y adecuada a los propósitos de la nueva institución. Se requería una inversión significativa en infraestructura, equipamiento y recursos materiales para que los maestros pudieran cumplir eficazmente su labor de enseñanza. Esto implicaba presupuesto para el mantenimiento de las instalaciones, equipo deportivo, material para laboratorios, herramientas para talleres, así como plantas y animales para el huerto y la granja, elementos clave en la propuesta pedagógica de Aguirre. Así transcurrieron los siguientes veinte años, durante el periodo de la historia de México conocido como la Reconstrucción Nacional, un tiempo en el que, a pesar de los cambios en los planes de estudio de la BENM, se sentaron las bases de su futuro legado cultural.
Patrimonio e Identidad Cultural: ¿Qué es la BENM?
Uno de los aspectos centrales para comprender la importancia de la BENM es el concepto de patrimonio cultural y cómo este forja la identidad. En su sentido más básico, el patrimonio es una herencia o legado del pasado. Puede ser personal, familiar, comunal, nacional o incluso internacional. Para el caso de la BENM, nos interesan los patrimonios relacionados con la sociedad y, específicamente, el de la institución misma. Siguiendo la clasificación de la UNESCO, existen tres tipos principales de patrimonio: cultural, natural y cultural-natural (o mixto). El patrimonio cultural es el más amplio y se relaciona con la cultura, entendida como "la información transmitida por aprendizaje social". Esta información, a diferencia de la genética, se adquiere en convivencia: alimentación, vestimenta, costumbres, tradiciones, lenguaje, música, danza, etc. El Patrimonio Cultural se subdivide en tangible e intangible. El patrimonio tangible mueble es aquel que podemos percibir con los sentidos y trasladar (libros, pinturas, esculturas, objetos). El patrimonio tangible inmueble permanece fijo (edificios, monumentos, zonas arqueológicas, conjuntos arquitectónicos). El patrimonio cultural intangible es aquel que no ocupa un espacio físico constante, manifestándose como actos, procesos, saberes, festividades, rituales, gastronomía, música, danza, leyendas, historia oral, tradiciones y costumbres.
El patrimonio natural son zonas no intervenidas por el humano con gran valor estético o científico, a menudo hábitats de especies importantes (reservas de la biosfera, parques nacionales). El patrimonio cultural-natural combina elementos culturales y naturales de valor excepcional en simbiosis (ej. Calakmul). Reflexionando sobre esto, ¿qué determina que algo sea considerado patrimonio? No toda la cultura lo es. La diferencia radica en el valor histórico, científico, ético, natural, artístico o académico que una sociedad le asigna. Pero, crucialmente, un elemento cultural se convierte en patrimonio a través de un proceso llamado patrimonialización, que implica acciones colectivas para que sea reconocido como tal, a menudo con fines de uso o usufructo. Este proceso puede ser conflictivo debido a la diversidad de intereses. En segundo lugar, la identidad nos otorga un sentido de pertenencia. A nivel individual, es el nombre; en un ámbito más amplio, el idioma, la historia, los símbolos nacionales (escudo, himno, bandera), costumbres y tradiciones nos dan identidad nacional. La identidad cultural, relevante para este trabajo, es el sentido de pertenencia a un grupo con rasgos culturales compartidos. No es fija, se recrea y se nutre de influencias externas. ¿Por qué es importante la identidad cultural para la BENM? Porque la identidad profesional, especialmente la normalista, forma parte de ella. ¿Qué impulsa a un joven a elegir la docencia? En la BENM, con su larga trayectoria formando generaciones de maestros de todo el país, muchos coinciden en que es una vocación temprana, una tradición familiar o la posibilidad de movilidad social a través de una profesión. Como señalan sus egresados, ser normalista implica construir una explicación y un sentido para su práctica, forjando una Identidad Normalista. Así, patrimonio e identidad culturales son fundamentales para entender el legado de la BENM. En esta institución convergen patrimonios culturales tangible (el edificio histórico, pinturas, esculturas) e intangible (su tradición, historia, saberes transmitidos). A continuación, nos centraremos en una parte esencial de su patrimonio tangible: su magno proyecto arquitectónico moderno.
- Orígenes y Primeras Sedes
- La Monumental Sede de Popotla (1910)
- El Traslado y Nuevo Proyecto Pedagógico (1925)
- Patrimonio e Identidad Cultural: ¿Qué es la BENM?
Un Proyecto Magno: La Construcción de la BENM Actual
Al inicio de su sexenio en 1940, el presidente Manuel Ávila Camacho nombró a Octavio Véjar Vázquez como secretario de Educación, pero tres años después lo sustituyó por Jaime Torres Bodet. Torres Bodet enfrentó varias tareas educativas cruciales: la campaña nacional contra el analfabetismo, un vasto programa de construcción de escuelas y la capacitación de maestros de primaria, especialmente los no titulados. Al visitar la Escuela Nacional de Maestros, que desde 1887 contaba con internado para estudiantes foráneos, Torres Bodet se encontró con condiciones precarias que le causaron “vergüenza y miedo”. Vergüenza por el abandono de los futuros educadores del país y miedo por el impacto que esto tendría en la niñez. Comprendió que la capacitación no bastaba; era imperativo mejorar las condiciones materiales de formación. Si la normal más importante del país estaba así, ¿qué esperar de las otras? Torres Bodet insistió en la necesidad de una escuela digna para unir a los mexicanos. Priorizó la revisión de planes de estudio y una vasta obra de construcción y reconstrucción escolar, contando con la comprensión y apoyo del presidente Ávila Camacho. Dos reflexiones de Torres Bodet siguen vigentes hoy: la necesidad de que las reformas educativas vayan acompañadas de inversión en infraestructura escolar y la importancia de un apoyo serio y con presupuesto amplio de las autoridades, empezando por la presidencia, pues la educación es una inversión a futuro, no un gasto.
Torres Bodet presentó un ambicioso proyecto de sesenta millones de pesos para la construcción de escuelas en la segunda mitad del sexenio, veinte millones anuales. Para lograrlo, además del impulso presidencial, convocó a otros secretarios de Estado, gobernadores y a la iniciativa privada. Se constituyó una Comisión Administradora con tres comités: Jurídico, de Contratación y Gasto, y de Dirección Técnica. Este último, crucial para el proyecto, estuvo integrado por cuatro arquitectos (José Luis Cuevas, Mario Pani, José Villagrán García y Enrique Yáñez), cuatro maestros (Soledad Anaya Solórzano, Isidro Castillo, Miguel Huerta y Rafael Ramírez) y dos higienistas. Torres Bodet se rodeó de profesionales comprometidos, incluyendo a los propios maestros, reconociéndolos como actores clave en la mejora de su formación, algo que no siempre ha ocurrido en administraciones posteriores.
El Magno Proyecto Arquitectónico de Mario Pani
Uno de los arquitectos que participó en la Dirección Técnica de la Comisión Administradora fue Mario Pani, quien se convirtió en el responsable del diseño y construcción del nuevo edificio destinado a dignificar la labor de los maestros normalistas: la Escuela Nacional de Maestros, en su ubicación actual. Pani expresó que la cuna del magisterio no podía permanecer en estrechos límites; el futuro maestro necesitaba un ambiente moderno, sobrio, alegre, equipado con lo mejor de la ciencia escolar, e incluso suntuoso, para contrarrestar el complejo de inferioridad al que, fatalmente, la precaria situación los había conducido. Esta coincidencia entre Torres Bodet y Pani en la necesidad de dignificar la profesión docente es notable, y preocupante, al constatar que décadas después aún se insiste en la necesidad de fortalecer las normales, con declaraciones que a menudo no se traducen en acciones concretas. La experiencia histórica enseña que las buenas intenciones requieren acciones tangibles en lo académico y lo material.
Con esta justificación, los trabajos de construcción del nuevo edificio de la BENM comenzaron en 1945, sobre una superficie total de 119,000 metros cuadrados. El reto era monumental: crear instalaciones suficientes y necesarias para albergar a dos escuelas normales separadas (la de señoritas y la de varones), ya que se había suspendido la coeducación propuesta en 1925. Cada normal se proyectó con 42 salones para atender a 4 mil 200 estudiantes en dos turnos. Los edificios principales serían dos cuerpos simétricos con alineación curva, cuyas fachadas superarían en tamaño a la del Palacio Nacional. Para estar equipada con lo mejor de la ciencia de la educación, se planearon cuatro escuelas primarias anexas. Dos de ellas con 36 salones cada una, capacidad para 3 mil 600 niños en dos turnos, y dos más de experimentación. Estas últimas tendrían 40 aulas para educar a 4 mil niños en dos turnos y contarían con salas de observación superiores para que los maestros en formación pudieran analizar las clases y el aprendizaje infantil sin ser vistos. En total, el nuevo edificio tendría capacidad para atender a 11 mil 800 alumnos entre las escuelas primarias y las normales, en dos turnos.
Además, se agregó la construcción de la torre central de diez pisos, que albergaría laboratorios especializados (física, química, anatomía, biología, botánica, zoología, ciencias sociales, psicopedagogía), dos museos (pedagógico y escolar), un salón de conferencias, el Departamento de Servicio Médico y las oficinas de la Dirección General de Normales, además de ocho aulas para 800 alumnos en dos turnos. Se proyectaron tres auditorios, aunque en realidad eran dos principales: uno al aire libre con capacidad para 2 mil 600 personas y uno cerrado con aforo inicial de 300, ampliable a 650 mediante un telón y tarima desmontable para grandes ceremonias. Este espacio cerrado contaba con un vestíbulo decorado con maderas finas y rejas de bronce y hierro. La biblioteca se planeó con un acervo de 200 mil libros y sala de consulta para 200 personas. El edificio también incluyó espacios para talleres (modelado, carpintería, encuadernación) y oficinas administrativas. La normal de mujeres tendría un edificio especial para comedor, cooperativa y baños con regaderas, complementando las instalaciones deportivas para diversas disciplinas. En el centro de la construcción se destacó una enorme plaza triangular, adornada con naranjos, jardineras con flores y juegos infantiles. Al centro de esta plaza, detrás de una gigantesca cabeza olmeca simbolizando tradición, un espejo de agua daría paso al asta bandera para el pabellón nacional. Esta obra monumental, de elevadísimo costo, cuidó hasta los mínimos detalles, desde los acabados (maderas finas, equipo de sonido, aire acondicionado) hasta aspectos funcionales como la orientación de los salones al sur con persianas de aluminio exteriores para regular la luz, y la aplicación científica de colores en pisos y muros para favorecer la labor educativa. La magnitud del proyecto hizo que su construcción tomara más tiempo del inicialmente previsto, no pudiendo concluirse antes del fin del sexenio de Ávila Camacho.
México, la UNESCO y la Sede en la BENM
En 1947, un evento de trascendencia internacional tuvo lugar en México: la II Conferencia General de la UNESCO. Fue la primera vez que este organismo se reunía fuera de Europa. Lograr esta sede fue resultado de un trabajo arduo y constante de los gobiernos de Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemán, y especialmente de Jaime Torres Bodet, quien sirvió profesionalmente como secretario de Educación con el primero y de Relaciones Exteriores con el segundo. A mediados de los cuarenta, el mundo emergía de la Segunda Guerra Mundial (finalizada en 1945). México participó activamente en este contexto desde su vocación pacifista. Entre febrero y marzo de 1945, convocó la Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y de la Paz en Chapultepec, donde participaron veinte países americanos. De allí surgió la resolución de crear una institución internacional para fomentar la cooperación intelectual y moral.
A finales de 1945, en Londres, se realizó la Conferencia de Ministros Aliados de Educación (CAME), con 44 países. La delegación mexicana, liderada por Torres Bodet (secretario de Educación con apoyo presidencial), Samuel Ramos, José Gorostiza y Manuel Martínez Báez, se preparó meticulosamente. México buscaba no solo un organismo de cooperación intelectual, sino una organización amplia para educación y cultura. Defendió la ayuda a países no solo devastados por la guerra, sino también a aquellos que, por historia y geografía, no habían recibido los beneficios de la cultura universal. Reclamó la protección del Patrimonio Cultural y artístico de los pueblos, no solo la propiedad intelectual, e insistió en que el español tuviera el mismo estatus que el inglés y el francés como idioma oficial. Aunque no es el único artífice, la participación de Torres Bodet en la fundación de la UNESCO fue muy relevante, y sus propuestas (ayuda al subdesarrollo, protección del patrimonio, estatus del español) fueron cruciales y eventualmente aceptadas. El 16 de noviembre de 1945 se firmó en Londres el acta constitutiva de la UNESCO, estableciendo su sede permanente en Francia. Torres Bodet integró el comité redactor.
La Primera Conferencia General de la UNESCO fue en París en noviembre de 1946. La delegación mexicana fue presidida por Alfonso Reyes. Por unanimidad, se decidió que la siguiente reunión, la II Conferencia General, se celebraría un año después en México. Esta decisión fue trascendente, siendo la primera vez fuera de París de las 35 conferencias generales ininterrumpidas desde 1946. Conseguir la sede fue fruto del trabajo profesional de los representantes mexicanos, reconocido por la comunidad internacional, y significó un reconocimiento indirecto a los países de América Latina.
La BENM: Escenario de la II Conferencia General de la UNESCO
La noticia de que México sería sede de la II Conferencia General de la UNESCO fue recibida con entusiasmo. El presidente Miguel Alemán ratificó la decisión y ofreció todo el apoyo para su éxito. ¿Por qué se otorgó este reconocimiento a México? Según Manuel Martínez Báez, representante de México ante la UNESCO, hubo cuatro razones clave: 1) La política exterior mexicana basada en la Doctrina Estrada (autodeterminación de los pueblos), que se manifestó en la protección a exiliados españoles y el apoyo a los aliados en la guerra. 2) La política interior, especialmente el gran esfuerzo post-revolucionario en educación, destacando la campaña nacional contra el analfabetismo del sexenio anterior, vista como un ejemplo de educación para la paz, viable y eficaz al reducir significativamente la tasa de analfabetismo. 3) La oportunidad para México de mostrar su riqueza histórica y cultural, su Patrimonio Cultural de las épocas mesoamericana, virreinal y el "presente progresista". 4) El interés y la activa y destacada participación de los representantes mexicanos en el ámbito internacional, desde Chapultepec hasta París, donde Jaime Torres Bodet tuvo un papel relevante, primero como secretario de Educación y luego de Relaciones Exteriores.
La organización de la II Conferencia General de la UNESCO contó con casi un año de preparación. Los responsables oficiales fueron los secretarios de Educación (Manuel Gual Vidal) y de Relaciones Exteriores (Jaime Torres Bodet), aunque Torres Bodet dejó gran parte de la organización en manos de Gual Vidal para evitar la percepción de una actitud imperativa. Ambos coincidieron en la importancia del evento y, crucialmente, decidieron que el mejor lugar para su realización serían las instalaciones de la Escuela Nacional de Maestros, que aún estaban en proceso de construcción. Como expresó Torres Bodet, dos actividades que le eran muy queridas, la inauguración del nuevo edificio de la BENM y el inicio de los trabajos de la UNESCO, coincidirían el 6 de noviembre de 1947. Esta escuela representaba la obra monumental que cristalizaba la importancia de la educación en las políticas públicas mexicanas y simbolizaba la relevancia concedida a la labor docente, buscando dignificar a los maestros en formación que educarían a la niñez. Era el paradigma que México quería mostrar al mundo.

Los trabajos de la II Conferencia General de la UNESCO se desarrollaron del 6 de noviembre al 3 de diciembre de 1947. La ceremonia de inauguración se realizó en el Palacio de Bellas Artes con un concierto y discursos del presidente Alemán, el secretario Gual Vidal y el representante francés. Al concluir, todos los asistentes se trasladaron a la Escuela Nacional de Maestros, donde el presidente de la UNESCO, Julian Huxley, dirigió su discurso a los representantes de los cuarenta Estados miembros asistentes. El presidente Alemán y Torres Bodet también estuvieron presentes en la BENM.
El "Mes de la UNESCO": Difusión Cultural
Paralelamente a los trabajos de la Conferencia General, se organizaron numerosas actividades académicas y artísticas con el objetivo principal de difundir mundialmente el Patrimonio Cultural de México. El secretario de Educación, Gual Vidal, coordinó esta iniciativa con un equipo de destacados especialistas: Guillermo Héctor Rodríguez (Enseñanza Superior), Francisco Larroyo (Enseñanza Normal), Samuel Ramos (Cooperación Intelectual), Lucas Ortiz (Enseñanza en Estados), Carlos Chávez (INBA), Ignacio Marquina, Rubín de la Borbolla y Enciso (INAH), Alvarado Pier (IPN), José Gómez Robleda (segunda enseñanza), entre otros. Estas actividades conformaron el "Mes de la UNESCO", un conjunto de eventos abiertos al público y a las delegaciones internacionales.
Se ofrecieron conferencias sobre ciencia y cultura mexicanas (historia, física, matemáticas, biología, filosofía, literatura, música) impartidas por intelectuales y artistas distinguidos. Hubo conciertos de música clásica y puestas en escena en Bellas Artes, y un festival de danza en el Estadio Nacional. Se prepararon diversas exposiciones: una sobre educación, dirigida por Francisco Larroyo y realizada por Fernando Gamboa; otra sobre pintura mexicana moderna, a cargo del INBA; una sobre cultura precolombina de México, del INAH; y exposiciones sobre bibliotecas públicas (preparada por Francisco Orozco Muñoz) y museos (por un comité especial). Las exposiciones de educación, bibliotecas y museos se presentaron en las instalaciones de la Escuela Nacional de Maestros, mientras que la de pintura mexicana se exhibió en El Colegio Nacional. Instituciones de educación superior como la UNAM, la Universidad Obrera, la Universidad de Guadalajara, el IPN y otras entidades culturales y científicas participaron activamente en el Consejo Nacional Consultivo ante la UNESCO y en las actividades del Mes. La UNAM, en particular, organizó la Primera Feria del Libro Universitario en el Palacio de Minería en honor a la UNESCO, sentando el precedente de la feria anual que se celebra desde 1980. Los delegados internacionales también realizaron viajes a lugares de interés en México, como el Museo Nacional de Historia en Chapultepec, la zona arqueológica de Teotihuacán, la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo, el observatorio de Tonantzintla y el puerto de Acapulco.
Alcances y Legado de la Conferencia y la BENM
La II Conferencia General de la UNESCO concluyó tras veintisiete días de trabajos, el 3 de diciembre de 1947. Fue un espacio de análisis y reuniones académicas donde la educación, y su importancia para la formación de la niñez mundial, fue el eje central, congregando a científicos, filósofos, maestros, artistas e intelectuales de los cuarenta países miembros. Dos consecuencias principales destacan para este recuento: una a nivel de la organización internacional y otra sobre la proyección nacional de México a través de la labor de Jaime Torres Bodet. A nivel internacional, la conferencia delineó directrices hacia una cultura de paz duradera (tras dos guerras mundiales) y la protección de los bienes culturales de la humanidad. Se esbozaron propuestas que se convertirían en pilares de la UNESCO: la creación del Instituto de la Hilea Amazónica (cooperación para recursos naturales, salud, conocimientos tradicionales), el Instituto Internacional de Teatro (valorando las artes escénicas para la paz), el Centro Regional de la UNESCO en Cuba (apoyo y cooperación en América Latina y el Caribe), el Consejo Internacional de Filosofía y Ciencias Humanas (valorando las ciencias humanas tras la crisis humanitaria de la guerra, buscando entendimiento mutuo) y los primeros pasos para un comité internacional de protección de derechos de autor. Además, se planteó y avanzó la necesidad de reconocer el español como idioma oficial junto al inglés y el francés. Se aprobó un presupuesto significativo para 1948 y un plan institucional que incluyó cooperación científica y establecimiento de relaciones con Alemania y Japón.
En cuanto al segundo alcance, la participación sobresaliente de Jaime Torres Bodet antes, durante y después de la conferencia fue crucial. Su labor desde 1945 como secretario de Educación y luego de Relaciones Exteriores, su acompañamiento a las delegaciones y su participación en los trabajos fueron ampliamente reconocidos. En 1948, comenzaron a llegar informes de distintos países postulándolo para Director General de la UNESCO. El embajador de Francia en México fue uno de los primeros en hacerlo, un hecho significativo dada la nacionalidad del director general saliente, Julian Huxley. Finalmente, Torres Bodet fue designado Director General por votación unánime durante la III Conferencia General de la UNESCO en Beirut en 1948. Como él mismo expresó, esta designación fue un magnífico testimonio de confianza hacia su persona, su labor y profesionalismo, y, al mismo tiempo, un firme reconocimiento a México y su programa educativo. Oficialmente, tomó posesión del cargo el 11 de diciembre de 1948.
La historia de la Benemérita Escuela Nacional de Maestros está intrínsecamente ligada a momentos clave de la historia de México y a la proyección internacional del país. Su evolución, desde una modesta escuela normal hasta un complejo arquitectónico de vanguardia, y su papel como sede de un evento tan relevante como la II Conferencia General de la UNESCO, son testimonio de la importancia que la nación ha otorgado a la formación de sus maestros y a la educación como pilar del desarrollo y la paz.
Preguntas Frecuentes sobre la BENM y su Historia
Q: ¿Cuándo se fundó la Benemérita Escuela Nacional de Maestros?
A: La institución tiene sus orígenes en 1887, con la fundación de la Escuela Normal de Varones de la Ciudad de México.
Q: ¿Por qué se le llama "Benemérita"?
A: El término "Benemérita" es un adjetivo que significa "Digno de reconocimiento por sus méritos o servicios". Este título destaca la importancia y el valor de la institución por su larga trayectoria y contribución a la educación del país.
Q: ¿Dónde estuvo ubicada la escuela antes de su sede actual?
A: Inicialmente, la escuela deambuló por edificios en el centro histórico de la Ciudad de México. En 1910, se estableció en un edificio propio en Popotla, que actualmente ocupa el Colegio Militar. En 1925, se trasladó a su sede actual en los terrenos de la antigua Escuela Nacional de Agricultura.
Q: ¿Cuándo se construyó el edificio actual de la BENM?
A: El magno proyecto de construcción del edificio actual comenzó en 1945, bajo el impulso del secretario de Educación Jaime Torres Bodet y el diseño del arquitecto Mario Pani. Aunque no se completó en el sexenio de Ávila Camacho, fue suficientemente avanzado para ser sede de la UNESCO en 1947.
Q: ¿Qué papel jugó Jaime Torres Bodet en la historia de la BENM?
A: Como secretario de Educación, Torres Bodet fue el principal impulsor y responsable del proyecto de construcción del edificio actual de la BENM, buscando dignificar la formación docente. Además, fue clave en la participación de México en la fundación de la UNESCO y en conseguir que la BENM fuera sede de su segunda Conferencia General, lo que posteriormente lo llevó a ser nombrado Director General de la UNESCO.
Q: ¿Por qué la BENM fue sede de la II Conferencia General de la UNESCO?
A: México fue elegido por decisión unánime de los países miembros debido a su activa participación internacional, su política exterior pacifista, sus avances en educación (como la campaña contra el analfabetismo) y la oportunidad de mostrar su riqueza cultural. La BENM, aunque aún en construcción, fue seleccionada por el gobierno mexicano como el lugar ideal para mostrar al mundo la importancia que se daba a la educación y a los maestros.
Q: ¿Qué tipo de Patrimonio Cultural resguarda la BENM?
A: La BENM resguarda Patrimonio Cultural tangible, como su edificio histórico, considerado una obra arquitectónica relevante, así como pinturas y esculturas. También posee un vasto Patrimonio Cultural intangible, que incluye su tradición, su historia, los saberes pedagógicos transmitidos a lo largo de generaciones y el sentido de Identidad Normalista de sus egresados.
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