Avicena y su Concepción de Dios

18/03/2024

Abū ‘Ali al-Husayn ‘Abd Allah ibn ‘Ali ibn Sinā, universalmente conocido como Avicena, es una figura colosal cuyo pensamiento marcó un antes y un después en la historia de la filosofía y la medicina. Nacido en Turquestán alrededor del año 980, este genio precoz memorizó el Corán a los diez años y se sumergió en la filosofía en su adolescencia. Su obra monumental no solo unió tradiciones intelectuales de Oriente y Occidente, sino que también se convirtió en un pilar fundamental de la denominada filosofía islámica. Comprender el pensamiento de Avicena requiere adentrarse en el rico contexto de las discusiones teológicas y filosóficas de su tiempo, especialmente en las diferencias entre chiítas y sunitas y la influencia del neoplatonismo y Aristóteles. Su concepción de Dios, lejos de ser un simple acto de fe, se articula a través de un sistema metafísico riguroso y complejo.

¿Qué pensaba Avicena sobre Dios?
Según Avicena, Dios es simplísimo, perfectísimo, inmutable e inefable. Sujetándose a la tradición islámica en la que un principio básico es la unidad y unicidad de Dios, Avicena defiende, también, que es Uno, único y, por lo tanto, en Él es imposible la multiplicidad.

La filosofía, para Avicena, tiene un fin supremo: «informar acerca de las verdades de todas las cosas en la medida de lo posible al hombre». Él divide la filosofía en teórica y práctica, siguiendo la estela aristotélica. La filosofía teórica busca perfeccionar el alma a través del conocimiento puro, mientras que la práctica busca conocer lo que hay que hacer y hacerlo. Dentro de la filosofía teórica, la ciencia más excelsa y noble es la Filosofía primera, también llamada Ciencia divina. Esta abarca la Metafísica y la Teología, cuyo objeto central es el ser.

Índice de Contenido

La Filosofía Primera y el Ser

En el corazón de la Filosofía Primera aviceniana se encuentra el estudio del ser. Sin embargo, Avicena establece una distinción crucial que definirá gran parte de su metafísica: la diferencia entre el Ser necesario y los seres contingentes. La Teología se dedica específicamente al estudio del Ser necesario, que es Dios, un ser absolutamente necesario, trascendente y la causa primera de todos los demás seres. Por otro lado, el resto de las ciencias se ocupan del ser contingente, es decir, el ser creado o que depende de otro para existir.

Aunque la Teología y la Metafísica son distintas, ambas forman parte de la Filosofía Primera y están intrínsecamente ligadas. La Metafísica estudia la sustancia inmaterial, los primeros principios y el ser en tanto que ser. En este último sentido, su objeto coincide con el de la Teología, que es Dios. Ambos campos se ocupan del Ser necesario, implicándose y relacionándose mutuamente.

El Ser Necesario: Dios en la Visión Aviceniana

Para Avicena, el Ser necesario es aquel cuya no existencia es imposible, es decir, que si se supusiera no existente, implicaría una contradicción. Este ser es Dios. Avicena describe a Dios con atributos que enfatizan su absoluta trascendencia y perfección. Dios es simplísimo, perfectísimo, inmutable e inefable. Adhiriéndose al principio islámico de la unidad divina, Avicena sostiene que Dios es Uno y único, excluyendo cualquier multiplicidad en Él.

Una de las contribuciones más significativas de Avicena a la metafísica es su análisis de la relación entre esencia y existencia. En el Ser necesario, la esencia y la existencia se identifican por completo. Dios no puede ser concebido de otra manera que existiendo; su esencia implica necesariamente su existencia. Esta identidad esencial-existencial es única de Dios.

La noción de "ser" es la primera que aparece en nuestra mente, intuitiva y directa. La reconocemos al percibirnos a nosotros mismos y al mundo. Sin embargo, el ser no se limita a los entes sensibles; también se aplica a los inteligibles puros y a la esencia de las cosas independientemente de su existencia. El ser es lo más común a todas las cosas existentes, pero en sí mismo, considerado universalmente, es ininteligible. Avicena argumenta que al analizar cualquier ser que conocemos, descubrimos que existe y posee una esencia. Esta dualidad esencia-existencia es la clave de la distinción entre el Ser necesario (donde son idénticas) y los seres contingentes (donde son distintas).

Ser Necesario vs. Ser Contingente

Avicena fue pionero en trasladar las categorías modales de la lógica (necesidad, posibilidad, imposibilidad) al ámbito metafísico para clasificar los seres. Un ser o es necesario o es posible. Un ser imposible simplemente no puede ser concebido por nuestra mente.

Característica Ser Necesario (Dios) Ser Contingente (Creación)
Existencia Necesaria por sí mismo Posible por sí mismo, pero necesario por otro
Identidad Esencia/Existencia Esencia y Existencia son idénticas Esencia y Existencia son distintas
Dependencia Independiente, causa de todo Dependiente de una causa externa (Dios)
Simplicidad Simplísimo, sin multiplicidad Compuesto (ej. materia y forma), con multiplicidad
Origen No tiene origen, eterno Tiene origen, creado/emanado

El Ser necesario no puede ser imposible. El ser posible, en cambio, puede existir o no existir sin implicar contradicción. Para que un ser posible exista, necesita una causa externa que le otorgue la existencia. Esta causa externa es el Ser necesario, Dios. Cuando Dios otorga existencia a una esencia posible, esa existencia se vuelve necesaria, no por sí misma, sino "necesaria por otro". Así, los seres posibles pueden ser "posibles por sí mismos" (en cuanto a su esencia no implica existencia) pero "necesarios por otro" (en cuanto reciben la existencia de Dios).

En los seres contingentes, la esencia no implica su existencia. La existencia les es dada extrínsecamente. Avicena usa el término "accidental" para describir esta existencia en los seres contingentes, en el sentido de que no les pertenece por su propia naturaleza esencial, sino que les sobreviene desde fuera. A pesar de que la existencia les es conferida, Avicena insiste en que Dios y los seres contingentes se distinguen esencialmente: en Dios, esencia es existencia; en los seres contingentes, la existencia es algo añadido.

La Cosmología Aviceniana: El Proceso de Emanación

Si Dios es el Ser necesario, simplísimo y único, ¿cómo puede dar origen a la multiplicidad y complejidad del mundo material? Avicena aborda este problema a través de la teoría de la Emanación, una doctrina con claras raíces neoplatónicas adaptada al contexto islámico. Según esta teoría, el Ser necesario no crea el mundo por un acto de voluntad libre y contingente, sino que de Él emana necesariamente el primer ser.

Lo primero que emana del Ser necesario, al ser este la intelección pura de sí mismo, es algo que se le asemeja lo más posible: el primer intelecto. Este primer intelecto es necesario porque procede de Dios, pero ya no es simple como Dios. Al ser generado, su esencia ya no se identifica con su existencia; es una mezcla de necesidad (por su origen) y contingencia (por su propia naturaleza derivada). Esta complejidad le permite al primer intelecto realizar un doble acto de intelección:

  1. Al pensar en sí mismo como necesario (por provenir de Dios), genera el alma que mueve el primer cielo.
  2. Al pensar en sí mismo como posible (como ser distinto de Dios), genera el cuerpo de ese primer cielo.
  3. Al pensar en su origen, el Ser necesario, genera un nuevo intelecto, el segundo.

Este proceso de doble intelección y generación se repite en cascada. Cada nuevo intelecto generado piensa en sí mismo (como necesario y posible) y en su origen (el intelecto superior), dando lugar a un alma, un cuerpo celeste y un nuevo intelecto. Esta cadena de emanación desciende a través de las esferas celestes (estrellas fijas, Saturno, Júpiter, Marte, Sol, Venus, Mercurio, Luna) hasta llegar al décimo intelecto, conocido como el Intelecto Agente.

El Intelecto Agente y el Mundo Terrestre

El Intelecto Agente es el último de la serie de intelectos emanados. A diferencia de los intelectos superiores que presiden las esferas celestes, el Intelecto Agente tiene jurisdicción sobre el mundo sublunar, es decir, nuestro mundo terrestre. Es a este intelecto a quien le corresponde producir las formas sensibles que darán estructura a todos los seres corpóreos de nuestro mundo, desde los minerales y vegetales hasta los animales y el ser humano. Todos estos seres están compuestos de materia y forma, siguiendo el hilemorfismo aristotélico, aunque la noción de forma en Avicena tiene matices platónicos.

Avicena también conecta esta jerarquía de intelectos y almas celestes con la angelología. Los intelectos se identifican con los querubines, y las almas de las esferas con otros tipos de ángeles que actúan como intermediarios entre el mundo supralunar y el sublunar. Ellos preparan la materia para que reciba la forma del Intelecto Agente.

El Intelecto Agente no solo da forma a los seres corpóreos, sino que también juega un papel fundamental en la teoría del conocimiento humano. Avicena lo concibe como un intelecto separado que contiene todas las formas inteligibles universales. Nuestro intelecto humano, en su estado potencial, recibe la iluminación de este Intelecto Agente para pasar de la potencialidad al acto, aprehendiendo los inteligibles. La culminación del conocimiento humano, el fin último, es la contemplación de este Intelecto Agente, estableciendo así un vínculo entre el proceso cósmico de emanación y el desarrollo intelectual y espiritual del individuo.

Preguntas Frecuentes sobre la Concepción de Dios en Avicena

Aquí respondemos algunas preguntas comunes basadas en el texto proporcionado:

¿Quién es el Ser Necesario para Avicena?

Para Avicena, el Ser necesario es Dios. Es el ser cuya existencia es indispensable y que no puede ser concebido como no existente sin implicar una contradicción lógica y metafísica.

¿Cómo describe Avicena los atributos de Dios?

Avicena describe a Dios como simplísimo, perfectísimo, inmutable, inefable, Uno y único. En Él no hay multiplicidad, y su esencia es idéntica a su existencia.

¿Cuál es la diferencia fundamental entre Dios y la creación según Avicena?

La diferencia fundamental radica en la distinción entre el Ser necesario y los seres contingentes. En Dios (el Ser necesario), la esencia y la existencia son idénticas. En la creación (seres contingentes), la esencia y la existencia son distintas; la existencia les es dada por Dios (son necesarios por otro).

¿Cómo explica Avicena el origen del mundo a partir de un Dios único y simple?

Lo explica a través de la teoría de la Emanación. De Dios, el Ser necesario y simple, emana necesariamente el primer intelecto. Este intelecto, al ser ya una mezcla de necesidad y contingencia, realiza un doble acto de intelección que genera almas y cuerpos celestes y, en última instancia, una cadena descendente de intelectos hasta el Intelecto Agente, que preside el mundo terrestre.

¿El mundo es creado por un acto voluntario de Dios en la filosofía de Avicena?

No. Avicena no piensa que el mundo sea producto de un acto libre y voluntario de Dios en el sentido tradicional. Más bien, el proceso por el cual el mundo emana de Dios es visto como necesario. Dios piensa todas las esencias posibles, y estas pueden llegar a existir a través del proceso emanativo.

¿Qué papel juega el Intelecto Agente en la cosmología y psicología de Avicena?

El Intelecto Agente es el último de los intelectos emanados y preside el mundo sublunar. Es responsable de producir las formas sensibles en el mundo terrestre y de iluminar el intelecto humano para que pueda aprehender los inteligibles. Es un punto clave de conexión entre el orden divino/cósmico y la capacidad humana de conocimiento.

En resumen, la visión de Dios en Avicena es la de un Ser necesario cuya existencia es intrínseca a su esencia. Este Dios único y simple es la fuente de toda realidad a través de un proceso de Emanación jerárquica que desciende a través de los intelectos y almas celestes hasta el Intelecto Agente, que moldea el mundo terrestre y permite el conocimiento humano. Su análisis de la Esencia y Existencia y su teoría de la Emanación fueron profundamente influyentes, marcando el debate filosófico y teológico durante siglos.

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