¿Cómo es la nueva Secundaria en Argentina?

La Escuela en la Adolescencia: Un Espacio Vital

01/12/2021

La adolescencia es una etapa de profundas transformaciones, un periodo en el que los jóvenes comienzan a redefinir quiénes son y cómo se relacionan con el mundo. En este proceso, la escuela secundaria emerge como uno de los escenarios más significativos y complejos, un espacio donde la experiencia académica se entrelaza de manera inseparable con la vida social y la construcción de la identidad.

¿Cómo influye la escuela durante la adolescencia?
En suma, la vida en las escuelas posibilita apreciar algunas de las expresiones que adquiere el proceso de reconstrucción que experimenta la identidad de los adolescentes, el cual permite incorporar nuevos componentes, o redimensionar los existentes, para identificarse y diferenciarse de los otros.

Tradicionalmente, se ha visto a la escuela como un lugar de aprendizaje formal y transmisión de conocimientos. Sin embargo, al observar la realidad cotidiana de los adolescentes en sus aulas y pasillos, se revela una dimensión mucho más rica y dinámica. La escuela secundaria no es solo una institución educativa; es, ante todo, un espacio de experiencia escolar que permite a los estudiantes mostrarse y construirse como jóvenes.

Esta perspectiva nos invita a considerar las secundarias como verdaderos espacios de vida adolescente. Llegan a ellas después de años de socialización primaria, pero es aquí donde inician nuevos procesos de interacción con un mundo social más amplio y donde comienzan a distanciarse, a veces de forma conflictiva, de los valores y normas internalizados en la infancia. Es un tiempo de subjetivación, donde se vuelven más reflexivos y críticos.

La idea de un conflicto irreconciliable entre la cultura adolescente y la cultura escolar parece demasiado simple. En lugar de dos mundos separados, lo que ocurre en la secundaria es un cruce de culturas. Los adolescentes se apropian de los espacios institucionales, desarrollan prácticas a menudo divergentes y construyen estilos de vida que conforman las culturas juveniles. La escuela se convierte en un intersticio, un lugar donde lo institucional y lo individual convergen para crear un espacio de producción, contingencia, creación e innovación, no solo de reproducción.

Índice de Contenido

Los Diversos Sentidos de la Escuela para los Adolescentes

La forma en que los adolescentes perciben y viven la escuela secundaria es vasta y variada. Sus expectativas y los significados que le atribuyen no son estáticos y pueden transformarse a lo largo de sus años en este nivel educativo. A partir de investigaciones, se pueden identificar algunos de los principales sentidos que la escuela adquiere para ellos:

  • La secundaria como espacio afectivo lúdico: Para muchos, la escuela es primordialmente un lugar para convivir, "echar relajo", "cotorreo", "despapaye" o "desmadre" con amigos y compañeros. Es donde se divierten, comparten intereses comunes y construyen comunidades afectivas basadas en la proximidad y el estar-juntos. Esta dimensión lúdica también genera solidaridades. Aquí también florecen los noviazgos y las relaciones afectivas, influenciadas por una sexualidad en resignificación. Muchos docentes perciben esto como una falta de interés en lo académico, sintiendo que los alumnos "vienen a todo menos a estudiar".
  • La secundaria como espacio de libertad y escape: Sorprendentemente, para algunos, especialmente mujeres, la escuela representa un lugar de libertad. Es donde pueden ser y expresarse de manera diferente a como lo harían en casa. Permite construir espacios de autonomía y tomar decisiones que a veces generan tensión con las normas institucionales o familiares. A veces, esta libertad es también un escape o desahogo de problemas externos, como dificultades económicas, conflictos familiares o cargas laborales.
  • La secundaria como espacio de control e injusticia: Una visión recurrente entre los estudiantes es la de una institución con controles excesivos, donde el diálogo es limitado y la obediencia se impone sin muchas explicaciones. Los adolescentes, cada vez menos dispuestos a acatar sin cuestionar, encuentran formas de resistencia. La aplicación de normas disciplinarias es a menudo percibida como injusta, generando resentimiento y la sensación de vivir en un lugar restrictivo.
  • La secundaria como espacio de desorden: A pesar del énfasis en la disciplina, algunos estudiantes, incluso aquellos más orientados al estudio, ven la secundaria como un lugar caótico, con falta de control e indisciplina. Esto se atribuye tanto al comportamiento de los alumnos que sobrepasan límites en juegos y bromas, como a profesores con poca habilidad para manejar el grupo o actitudes irresponsables. Para estos alumnos, el "relajo" no es solo diversión, sino un obstáculo para la función educativa.
  • La secundaria como espacio educativo útil: A pesar de las críticas y tensiones, persiste la visión de la escuela como un lugar de formación, enseñanza y aprendizaje. Algunos adolescentes reconocen su utilidad presente y futura para sus vidas, viéndola como un camino para "ser alguien". Aprecian a los profesores que enseñan bien y se dedican. Esta percepción no se limita a los alumnos "aplicados"; incluso algunos considerados "latosos" reconocen el valor de la educación y la preparación que ofrece la escuela.

Estos sentidos no son mutuamente excluyentes; un mismo alumno puede experimentar la escuela de diversas maneras, y estas percepciones pueden cambiar con el tiempo y la experiencia. Esta complejidad pone de manifiesto los puntos de tensión y encuentro entre lo institucional y lo individual.

La Identidad en Constante Reconstrucción

La escuela secundaria no es solo un escenario donde se manifiestan las identidades adolescentes, sino un espacio que activamente contribuye a su construcción y reconstrucción. Durante la adolescencia, el sujeto vive reelaboraciones identitarias profundas, rápidas y constantes. En este proceso, la escuela dota de elementos y oportunidades para definirse.

La identidad se configura en la tensión dinámica entre la autopercepción (cómo se ve uno mismo) y la heteropercepción (cómo lo ven los demás). Los adolescentes, como actores reflexivos, procesan estas percepciones y las incorporan a su ser. Preguntarles "¿quién eres?" revela cómo se definen: a menudo, "estudiante" o "alumno" es una parte fundamental de esa definición, aunque sea "un poco".

Esta identidad adolescente se va distanciando de la infantil y, aunque a veces se nombren como "niños", se identifican cada vez más como "adolescentes", "chavos" o "jóvenes". La relación con los pares cobra una importancia enorme; se es "amigo", alguien confiable que ofrece ayuda. Las relaciones afectivas, incluidos los noviazgos y la exploración de la sexualidad, también se vuelven componentes significativos.

Los alumnos mayores, especialmente los de tercero, perciben un aumento en su "madurez", pensando las cosas de otra forma, siendo "menos niños", "menos tontitos", "menos tímidos". Esta percepción de madurez es un signo de distinción dentro del universo escolar. La preocupación por las calificaciones y por concluir la secundaria se intensifica al acercarse el final del ciclo, impulsando un mayor enfoque individual en el estudio.

La vida en la secundaria, aunque breve, coincide con el inicio de la edad juvenil y es testigo de una verdadera refundación de la identidad de los sujetos. La identidad juvenil coexiste con otras identidades múltiples: estudiantil, de género (femenina/masculina), de hijo/a, trabajador/a, nacional, miembro de una familia, etc. Estas identidades no son rígidas y su relevancia puede variar, configurándose en un marco de recomposición continua.

Socialidad y la Formación de Grupos

Las escuelas secundarias, al ser espacios de encuentro, facilitan tiempos y espacios para ser y aprender a ser adolescente. A pesar de los mecanismos institucionales que buscan homogeneizar, la diversidad adolescente se instala y contribuye a un espacio de tensión donde interactúan intereses distintos y relaciones de fuerza. La socialidad adolescente en la escuela oscila entre la cohesión grupal y la fragmentación.

El "nosotros adolescente" se construye en oposición al mundo infantil abandonado y en distancia con el mundo adulto que impone normas. Se ven a sí mismos en desarrollo, a veces impulsivos, más aventados que los adultos, incomprendidos, rebeldes, "aliviados" (capaces de manejar problemas sin mostrarlos). Detrás de esta fachada lúdica, hay presiones e incertidumbres: conflictos familiares, problemas económicos, exigencias escolares, la propia incomprensión de los adultos. A veces, la carga social es tan grande que surgen expresiones extremas como "me quiero suicidar", aunque a menudo sea una forma de expresar la necesidad de un respiro.

¿Cómo influye la escuela durante la adolescencia?
En suma, la vida en las escuelas posibilita apreciar algunas de las expresiones que adquiere el proceso de reconstrucción que experimenta la identidad de los adolescentes, el cual permite incorporar nuevos componentes, o redimensionar los existentes, para identificarse y diferenciarse de los otros.

Este "nosotros adolescente" se fragmenta en múltiples "otros adolescentes" dentro de la propia escuela: los no amigos, los compañeros, los de otra escuela o colonia, los hombres o las mujeres, los de otro turno o grupo, los "pesados" o "tranquilos", los "fresas", los "nerds" o los "nacos". Estos procesos de identificación y diferenciación dan lugar a la conformación de subgrupos o nuevas "comunidades emocionales".

Estas comunidades se forman principalmente por la proximidad (compartir salón, taller, actividad) y están fuertemente influenciadas por la afectividad. El sentimiento de pertenencia y los lazos afectivos son cruciales para la travesía escolar. La amistad es vital, ofreciendo compañía, comprensión, apoyo, seguridad, confianza, cariño y diversión. Aunque no todos los compañeros se vuelven amigos, la convivencia diaria genera interacciones significativas.

Los grupos no son cerrados ni estables. Los adolescentes "revolotean" entre distintas comunidades emocionales, dentro y fuera de la escuela. La formación de estos grupos también implica cierta racionalidad; los adolescentes observan y seleccionan a sus amigos basándose en expectativas, intereses y conductas compartidas o aceptadas.

Sin embargo, la interacción en la escuela no está exenta de tensiones. Los relatos de los adolescentes revelan diferencias, etiquetamientos, asimetrías de poder, conflictos, abusos, miedos, odios y exclusiones. La secundaria es también un lugar de desencuentro, donde pueden ocurrir "batallas" y tensiones incluso entre los propios alumnos. Esta compleja dinámica social, con sus procesos de disputa, negociación, influencia, resistencia, inclusión y exclusión, fragmenta y enriquece al "nosotros adolescente", alimentando la constitución de nuevas adscripciones identitarias.

Las Adolescencias Estudiantiles: Diversidad en el Aula

A pesar de las tensiones entre los propósitos formales de la educación secundaria y los intereses y significados de los adolescentes, la escuela sigue siendo un espacio de aprendizaje. Sin embargo, a menudo los aprendizajes informales derivados de la interacción con otros y la apropiación de los espacios escolares parecen tener mayor peso que los del currículo formal.

En las secundarias, los alumnos desarrollan conocimientos, valores, actitudes y habilidades que contribuyen a su constitución como jóvenes. Pero debido a sus características individuales y experiencias diversas, construirán su relación con la escuela, la familia, los adultos, los pares y su propia identidad de formas distintas.

En este momento de complejas transformaciones, la experiencia escolar es un elemento constitutivo importante de las identidades juveniles. Los procesos intersubjetivos que ocurren en la interacción diaria con otros adolescentes, la institución y las diversas culturas presentes, modifican sus autopercepciones y alimentan la configuración de sus adscripciones identitarias.

Es difícil crear una tipología rígida de identidades, pero se pueden identificar componentes clave en la construcción de las "adolescencias estudiantiles":

  1. Identidad: La ubicación del sujeto en la adscripción juvenil (cuánto se identifica como parte de ella) y la importancia de otras identidades (estudiantil, de género, familiar, etc.). También los rasgos que atribuyen a la juventud (autonomía, madurez, libertad, diversión, desajuste).
  2. Experiencia Escolar: Los significados que la escuela tiene para ellos (de lúdico a útil), la socialidad (relaciones con compañeros, amigos, parejas, grupos), los logros educativos (cómo manejan las exigencias académicas y la sobrevivencia en la escuela) y los aprendizajes informales construidos en la interacción.
  3. Procesos Extraescolares: La influencia de otras instituciones (familia, trabajo, clubes, barrio), las comunidades emocionales fuera de la escuela y los consumos culturales (música, televisión, tecnologías, etc.). También las condiciones socioeconómicas.

Del cruce de estos componentes emergen distintas "adolescencias estudiantiles". Por ejemplo, se pueden observar perfiles como:

  • Adolescencias incipientes: altas expectativas en la escuela, baja habilidad de sobrevivencia, resultados regulares.
  • Adolescencias lúdicas y experimentales: poca integración social a la escuela, logros educativos regulares.
  • Adolescencias libertarias: fuerte integración social, bajas expectativas educativas, resultados bajos.
  • Adolescencias lúdicas y aprendices: integradas social y académicamente, buenos resultados.
  • Juventudes autónomas trabajadoras: poca integración social, respuesta inadecuada a demandas académicas pero no normativas.

Esta diversidad muestra que la identidad adolescente no está reñida con el éxito escolar o el aprecio por los estudios. Sin embargo, las instituciones educativas a menudo responden de manera diferenciada a estas adolescencias, favoreciendo a las que se ajustan más a la imagen del estudiante ideal y marginando o tolerando a otras.

Reflexiones Finales

Las escuelas secundarias son testigos de las transformaciones adolescentes, sus problemas y los diversos significados que le dan a su paso por la institución. Sin embargo, a menudo les resulta difícil comprender esta heterogeneidad y responder eficazmente con estrategias pedagógicas y estructuras organizativas pertinentes.

No se trata de que la escuela resuelva todos los problemas de la adolescencia contemporánea, pero sí tiene una función social crucial. Es un frente importante desde el cual se puede contribuir, aunque se necesiten respuestas integrales que involucren otros ámbitos.

La secundaria, como espacio de encuentro adolescente, intercultural e intergeneracional, donde los jóvenes se construyen, parece demandar nuevos enfoques curriculares, institucionales y pedagógicos. Un enfoque basado en el reconocimiento del adolescente como actor social, capaz de dialogar, respetando su diversidad. Es fundamental estar dispuestos a aprender de ellos, a comprender su mundo, a tender puentes y disminuir distancias para poder guiarlos y coordinar sus aprendizajes. Implica dejar de añorar la escuela del pasado y pensar en la escuela que puede hacer frente a las necesidades de unos adolescentes heterogéneos y cambiantes.

Si quieres conocer otros artículos parecidos a La Escuela en la Adolescencia: Un Espacio Vital puedes visitar la categoría Educación.

Subir