¿Cuál es la historia de la Escuela Normal de Santiago?

Historia de la Escuela Normal de Santiago

30/07/2019

Quienes tienen la oportunidad de visitar la ciudad de Santiago de Veraguas quedan inmediatamente cautivados por la imponente presencia arquitectónica de la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena. Este no es solo un edificio; es un símbolo, el centro educativo más grande e importante del interior de la República de Panamá, cuya trascendencia histórica y cultural le valió ser declarado Monumento Histórico Nacional en el año 1984. Su estructura, digna de las ciudades con mayor abolengo, se alza majestuosa, custodiada por la mirada pétrea de dos leones, enmarcada por un conjunto escultural de marcado estilo barroco, con columnas, arabescos y relieves simbólicos que invitan a adentrarse en un vestíbulo de amplias dimensiones.

La magnitud y la belleza de esta edificación sorprenden, especialmente al considerar el paisaje que la rodea. Fue concebida y construida entre 1936 y 1939 bajo la dirección del ingeniero Luis Caselli, y su ornamentación fue obra del talentoso escultor español Rodríguez Del Villar. Su propósito fundacional era claro y ambicioso: ser el primer centro educativo secundario completo dedicado específicamente a la formación de maestros de enseñanza primaria en las provincias centrales y el resto del interior del país.

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La Visión Presidencial: Un Faro para el Interior

La Escuela Normal no fue un proyecto más; fue la obra cumbre y el legado del noveno presidente de la República de Panamá, Juan Demóstenes Arosemena. Su inauguración, el domingo 5 de junio de 1938, marcó un hito. Habían pasado menos de dos años desde que Arosemena asumiera la presidencia y apenas un año y medio desde aquel día en que se colocó la primera piedra de la construcción. El contexto del país en aquel entonces era desafiante: una población de apenas 650 mil habitantes y una alarmante tasa de analfabetismo del 35%, concentrada principalmente en las áreas rurales y el interior. La nación requería urgentemente miles de nuevos educadores, visionarios que llevaran conocimiento, cultura, y prácticas de higiene a cada rincón del territorio nacional, actuando casi como evangelistas del progreso.

Arosemena sorprendió a muchos al anunciar que la nueva y moderna escuela normal, destinada a reemplazar la ya obsoleta Normal de Señoritas ubicada en la capital, sería construida en el interior de la república. En una época donde la migración del campo a la ciudad de Panamá era masiva en busca de mejores oportunidades, el gobierno apostó por una inversión de un millón de dólares para intentar romper con la marcada hegemonía económica, cultural y política que ostentaba la capital. Numerosas poblaciones del interior anhelaban ser las beneficiarias de esta significativa inversión, pero el presidente se inclinó por Santiago de Veraguas. Santiago, una ciudad con profundas raíces coloniales, se encontraba en un estado de relativo estancamiento; hacía apenas unos años, el viaje a caballo desde Aguadulce tomaba ocho horas, y muchas de sus calles conservaban el mismo pavimento de tiempos coloniales. La provincia de Veraguas, en general, era una de las más atrasadas y desiguales del país. Si el promedio nacional de analfabetismo era del 35%, en Veraguas alcanzaba casi el 70%, aunque entre los jóvenes la cifra descendía al 54%. La economía provincial dependía casi enteramente de la agricultura, con el 96% de sus habitantes trabajando como peones para grandes terratenientes. En este escenario, la Escuela Normal se proyectó como un motor de cambio y desarrollo para una región históricamente rezagada.

Arquitectura y Significado Histórico

El edificio de la Escuela Normal es una obra de arte en sí mismo. El ingeniero Luis Caselli concibió una estructura monumental que no solo cumpliría su función educativa sino que también sería un símbolo de progreso y cultura. El escultor español Rodríguez Del Villar añadió los detalles ornamentales que le confieren su singular belleza, con un estilo barroco que se manifiesta en los intrincados relieves, las columnas majestuosas y, por supuesto, las icónicas figuras de los leones que flanquean la entrada principal. Cada elemento arquitectónico parece contar una historia, reflejando el ideal de formación integral que se buscaba impartir dentro de sus muros. La construcción, que se extendió por tres años, culminó en un edificio que se destacaba enormemente del entorno urbano de la época en Santiago, una ciudad que en 1939 contaba con apenas 4,500 habitantes. Esta audacia en el diseño y la escala, sumada a su rol fundamental en la historia educativa del país, justificaron plenamente su posterior declaración como Monumento Histórico Nacional, reconociendo su valor incalculable para el patrimonio panameño.

La Gran Inauguración y sus Protagonistas

Aunque la Escuela Normal comenzó a funcionar con sus primeras actividades académicas el jueves 3 de junio de 1938, el gran día de la celebración oficial, el de la inauguración formal, fue el domingo 6 de junio. La escuela abrió sus puertas a casi mil estudiantes en su primer año lectivo: 650 señoritas y 210 varones. La gran mayoría de ellos eran internos, y muchos contaban con becas otorgadas por el gobierno, representando a lo más destacado del estudiantado del interior de la República. El cuerpo docente fue seleccionado con sumo cuidado, con la misión de impartir no solo conocimientos académicos, sino también cultura, higiene, modales y urbanidad, preparando a los futuros maestros para ser verdaderos embajadores de una nueva era para Panamá.

Para dirigir este ambicioso proyecto educativo, se trajo desde Chile al renombrado educador Agustín Álvarez Villablanca, quien contaría con el invaluable apoyo de doña Inés María Fábrega de Prieto, una distinguida veragüense con una larga y honrosa trayectoria en el sector educativo. El día de la inauguración generó una enorme expectación en Santiago. Después de un año y medio de ver el edificio tomar forma, los santiagueños pudieron ver por primera vez a los estudiantes en masa, caminando desde el colegio hasta la iglesia para asistir a misa. El pueblo entero se congregó a lo largo de la calle principal para presenciarlos pasar, luciendo con orgullo sus nuevos uniformes, adquiridos en la propia escuela por tres dólares y medio: las jóvenes con su gorrito y falda azul marino y tirantes sobre una blusa blanca; los varones con pantalón azul y blusa blanca. Miles de visitantes se unieron a los residentes locales, saludando y vitoreando emocionados a los jóvenes.

Los eventos continuaron. A las 3 de la tarde llegó el presidente Juan Demóstenes Arosemena, acompañado de su esposa, doña Malvina G. de Arosemena, y una importante comitiva. Fueron recibidos bajo un bello arco triunfal erigido a la entrada de la ciudad, financiado por el Consejo Municipal, adornado con letreros que expresaban el agradecimiento de los veragüenses y la esperanza del campesinado. A las 3:45, la comitiva presidencial llegó a los predios de la escuela, donde fueron recibidos con una ovación entusiasta y una calle de honor formada por los estudiantes.

En el aula máxima, atestada de personalidades nacionales, miembros del clero y el cuerpo diplomático, el presidente Arosemena pronunció un emotivo discurso, visiblemente conmovido: “Vivo en este acto momentos de honda e intensa emoción y profundamente complacido, los vivo con vosotros, hijos de Veraguas, al inaugurar hoy, al año y pocos meses de haber colocado su primera piedra, este imponente edificio, revestido de tal suntuosidad y de tan grandes proporciones como las esperanzas que en él tiene fincadas el país entero”. Enfatizó la transparencia y el valor de la inversión: “Tengan plena seguridad de que todo lo gastado está representado aquí en alguna forma, en un artístico relieve, en una viga de acero o de madera, en un clavo o en el salario de un obrero”. Sus palabras fueron selladas por otra ovación cerrada. Acto seguido, el presidente impuso una medalla al ingeniero Caselli. El Municipio de Veraguas, por su parte, le otorgó al mandatario una resolución del Consejo de Santiago declarándolo “Benefactor de Veraguas e hijo Predilecto de la ciudad de Santiago”. La colonia china residente en Santiago también le entregó una medalla. Fue, sin duda, un gran día para Juan Demóstenes Arosemena, quien lamentablemente viviría apenas unos pocos meses más, falleciendo en Penonomé en diciembre del año siguiente.

Voces Críticas y Desafíos Iniciales

A pesar del aluvión de elogios y reconocimientos recibidos aquel día de la inauguración, el proyecto de la Escuela Normal no estuvo exento de críticas, muchas de ellas veladas. Como confesaría años después el profesor Francisco Céspedes, segundo rector de la escuela, una parte de la opinión pública consideraba que gastar un millón de dólares de la época en una población que calificaban de “ruinosa” como Santiago era una “barbaridad” y un error. Estas voces no se atrevieron a contradecir directamente al presidente Arosemena, pero la reserva existía. Otros sectores veían con malos ojos la coeducación, la convivencia de estudiantes de diferentes sexos en un mismo centro, algo poco común para la época.

En el propio Santiago, algunos habitantes temían la irrupción de más de mil “extranjeros” (gente de otras provincias) en un poblado que apenas superaba los 4 mil residentes y contaba con escasas calles pavimentadas. Las poblaciones rivales, que también habían anhelado recibir la jugosa inversión, sentían un profundo resentimiento por no haber sido elegidas. Incluso entre los comerciantes locales hubo celos, pues los contratos para el suministro de alimentos fueron adjudicados a otros y no a ellos. Estos malos presagios parecieron materializarse de forma trágica apenas dos años después, ya fallecido Arosemena, cuando dos estremecedores asesinatos ocurrieron dentro de la escuela. El escándalo sacudió al país y muchos temieron que el ambicioso proyecto se viniera abajo.

Legado y Impacto Duradero

Afortunadamente, las desgracias iniciales resultaron ser solo temporales. La historia de la Escuela Normal de Santiago guarda un paralelismo con la del Hospital Santo Tomás en la capital, un proyecto monumental impulsado por el Dr. Belisario Porras que fue apodado burlonamente como el “Elefante Blanco” por sus críticos. En ambos casos, el tiempo se encargó de demostrar que no se trataba de decisiones equivocadas, sino de inversiones visionarias con un impacto profundo y duradero en el desarrollo nacional.

¿Quién ordenó fusilar a Santiago de Liniers?
La Primera Junta ordenó el fusilamiento de los cabecillas, pero el comandante Francisco Ortiz de Ocampo, quien había sido subordinado de Liniers, se negó a cumplir el mandato y decidió remitir a Liniers y demás contrarrevolucionarios a Buenos Aires.

La Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena ha cumplido y superado con creces las expectativas. Se ha consolidado como un verdadero “faro de luz” en el interior de la República, un espacio vital para la formación y el crecimiento de miles de maestros y profesionales que han encontrado en sus aulas un ambiente sano y propicio para el conocimiento. Estos egresados, a su vez, han llevado la educación, la cultura y los valores aprendidos a lo largo y ancho del país, formando a nuevas generaciones de panameños y contribuyendo de manera fundamental al progreso de la nación. A pesar de los desafíos iniciales y las críticas, el legado de la Escuela Normal de Santiago perdura, demostrando el poder transformador de la educación y la visión de aquellos que apostaron por el desarrollo del interior panameño.

Hito Fecha Clave Descripción
Inicio de Construcción 1936 Comienza la edificación del complejo.
Colocación Primera Piedra Finales de 1936 / Inicios de 1937 Evento simbólico del inicio formal.
Inicio de Clases 3 de junio de 1938 La escuela comienza a funcionar académicamente.
Inauguración Oficial 6 de junio de 1938 Ceremonia formal con presencia presidencial.
Fin de Construcción 1939 Culminación total de la obra.
Declaración Histórica 1984 Declarada Monumento Histórico Nacional.

Preguntas Frecuentes sobre la Escuela Normal de Santiago:

¿Cuál es el nombre completo de la escuela?
Su nombre oficial es Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena.

¿Quién impulsó su construcción?
Fue un proyecto emblemático del entonces presidente de Panamá, Juan Demóstenes Arosemena.

¿Cuándo fue inaugurada formalmente?
La gran ceremonia de inauguración tuvo lugar el 6 de junio de 1938.

¿Por qué se decidió construirla en Santiago de Veraguas y no en la capital?
El presidente Arosemena buscaba descentralizar la educación y romper la hegemonía de la capital, llevando un importante centro de formación al interior del país como motor de desarrollo regional.

¿Cuál era el objetivo principal de la escuela en sus inicios?
Fue creada como el primer centro educativo secundario completo en el interior del país, dedicado primordialmente a la formación de maestros de enseñanza primaria.

¿Tiene algún reconocimiento histórico o cultural importante?
Sí, en reconocimiento a su valor arquitectónico e histórico y su papel en la educación panameña, fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1984.

¿Se enfrentó a dificultades o críticas en sus inicios?
Sí, hubo críticas relacionadas con el alto costo de la inversión en una ciudad pequeña como Santiago, oposición a la coeducación, temores locales por la llegada masiva de estudiantes foráneos y celos regionales. También hubo un trágico incidente años después que generó controversia.

¿Cuál ha sido su impacto a largo plazo?
A pesar de los desafíos, la escuela se convirtió en un centro vital para la formación de miles de maestros y profesionales, contribuyendo significativamente al desarrollo educativo y cultural del interior y de todo Panamá, consolidándose como un faro educativo.

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