¿Qué es el colegio de ingenieros en Venezuela?

El Colegio de Ingenieros de Venezuela

02/08/2020

El Colegio de Ingenieros de Venezuela, conocido por sus siglas CIV, es una institución con una profunda y significativa tradición que se remonta a los albores de la República. Su historia está intrínsecamente ligada a los esfuerzos fundacionales de la nación y a la necesidad imperante de contar con profesionales capaces de transformar el territorio y construir las bases físicas de una nueva sociedad. Desde sus inicios, este cuerpo colegiado ha agrupado a los profesionales de la ingeniería y afines, sirviendo no solo como un ente aglutinador, sino también como un pilar fundamental para el desarrollo científico, técnico y ético del país.

¿Qué es el colegio de ingenieros en Venezuela?
El colegio de ingenieros es un cuerpo moral de carácter público, con personalidad jurídica y patrimonio propio, con todos los derechos, obligaciones, poderes y atribuciones que le señala la Ley del Ejercicio de la Ingeniería, Arquitectura y Profesiones Afines.

La génesis del CIV tiene raíces históricas en los años de la gesta independentista. Figuras cimeras de aquel período turbulento están conectadas con esta noble profesión. El más alto representante de esta conexión inicial es, sin duda, el Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre. Junto a él, el Cuerpo de Ingenieros Militares de la época abrazó la causa republicana, poniendo sus conocimientos y habilidades al servicio de la libertad y la construcción de la naciente patria. Estos primeros ingenieros militares sentaron las bases de una disciplina que sería crucial para el futuro de Venezuela.

Posteriormente, se sumaría otra figura de gran relieve en el ámbito de la ciencia y la educación: Juan Manuel Cajigal. Considerado el primer presidente del Colegio de Ingenieros, Cajigal fue también el fundador de la célebre Academia de Matemáticas. Esta institución educativa fue pionera en la formación de los primeros ingenieros en la República. De sus aulas egresaron nombres que brillaron con luz propia en diversos campos, demostrando la calidad de la formación recibida. Nombres tan eximios como Rafael María Baralt, reconocido orgullo de las Letras de América; Manuel María Urbaneja, Olegario Meneses y Juan José Aguerrevere, integraron la primera promoción de jóvenes profesionales formados bajo la tutela del sabio Cajigal. Estos primeros egresados asumieron sobre sus hombros la ingente y desafiante tarea de construir físicamente una nación que había quedado destrozada por años de guerra y sumida en la miseria. Su labor fue fundamental para iniciar el proceso de reconstrucción y desarrollo.

La instalación formal del Colegio de Ingenieros de Venezuela tuvo lugar el 28 de Octubre de 1861. Este acto se realizó en virtud del Decreto del Presidente de la República Manuel Felipe Tovar, fechado el 24 de Octubre de 1860. Dicho decreto no solo reglamentaba la Academia de Matemáticas, sino que también establecía la creación del Colegio de Ingenieros. En el acto de instalación estuvieron presentes 22 ingenieros, de un total inicial de 61 que habrían de conformar el cuerpo. El número reducido de profesionales en ese momento refleja lo incipiente de la profesión en el país. Sin embargo, a lo largo de la historia de Venezuela, estos hombres dedicados a la ingeniería se han identificado plenamente con todas las tareas necesarias para el desarrollo nacional.

El marco legal inicial que dio origen al CIV se encuentra en el Artículo 45 del mencionado decreto. En él se expresaba claramente que "Todos los Ingenieros de la República constituirán un Cuerpo que se denominará 'Colegio de Ingenieros'". Se establecía que el Gobierno tomaba este cuerpo bajo su protección y que estaría a su servicio como órgano de consulta. Inicialmente, la institución estuvo adscrita al Ministerio de Guerra y Marina, reflejando la tradición militar de la ingeniería en sus inicios. Esta adscripción se mantuvo hasta el año 1881, momento en el cual el Colegio fue adscrito al Ministerio de Educación. Este cambio significó un paso importante, ya que el CIV comenzó a integrarse de manera más plena a las organizaciones civiles del país, ampliando su ámbito de acción más allá del estrictamente militar.

Desde aquellos primeros pasos, el camino recorrido por el Colegio de Ingenieros de Venezuela ha sido largo y fructífero. Partiendo de un grupo muy reducido de miembros, la institución ha crecido exponencialmente. Hoy en día, el CIV agrupa a más de 120.000 ingenieros, arquitectos y profesionales afines. Este crecimiento refleja tanto el aumento de la población profesional en estas áreas como la consolidación y relevancia del Colegio como ente gremial y asesor.

La idea de crear un cuerpo colegiado para los ingenieros no surgió de la nada. Obedeció a una recomendación específica efectuada por el Ingeniero Olegario Meneses en un informe elaborado en el año 1844. Esta recomendación fue acogida por el Ministerio de Guerra y Marina, sentando las bases para el decreto de creación años después. El acta de la Junta preparatoria para la instalación del Colegio, que se realizó el 27 de Octubre de 1861 (el día anterior a su instalación formal), tuvo lugar en la sede del Colegio de Santa María, ubicado entre la Esquina de Veroes a Jesuitas. En esa junta preparatoria, el Director designado fue el Comandante de Ingenieros Juan José Aguerrevere, y como Secretario actuó el Teniente de Ingenieros Francisco de Paula Acosta. Estos nombres son parte fundamental de la historia fundacional del gremio.

Como se mencionó, el colegio surgió inicialmente como un organismo de carácter puramente científico, dependiente directamente del Estado y concebido para servirle como órgano de consulta técnica. Su adscripción inicial al Ministerio de Guerra y Marina subraya el hecho de que, en aquel período, el ejercicio de la ingeniería era considerado predominantemente una actividad de carácter militar. Este enfoque cambió a partir de 1881, cuando el CIV fue adscrito al Ministerio de Educación, permitiéndole integrarse más activamente a las organizaciones nacionales de carácter civil. Esta integración se hizo particularmente notable durante los sucesivos períodos presidenciales de Guzmán Blanco y sus seguidores, que marcaron una etapa de gran dinamismo en el ramo de la administración pública en el siglo XIX y principios del XX.

De esa época de intensa actividad y transición, perduran nombres de gran brillo en la historia de la ingeniería y la arquitectura venezolana. Entre ellos destacan Tébar, quien tuvo un papel fundamental como fundador del Ministerio de Obras Públicas, la institución encargada de gran parte de la infraestructura nacional. También Juan Hurtado Enrique y Luciano Urdaneta, considerados los arquitectos de mayor renombre del Guzmancismo, muchas de cuyas obras aún perduran como testimonio de su talento y la visión de la época. Otros nombres relevantes incluyen a Vicente Marcano, el gran químico venezolano del pasado siglo, cuya labor científica fue significativa; los hermanos Nevett; Roberto García; Alfredo Jahn; y Adolfo Ernst, un científico naturalista de origen alemán que desarrolló toda su obra en Venezuela, enriqueciendo el conocimiento del país.

Después de un período de relativa calma, el CIV fue reactivado en el año 1922. Esta iniciativa contó con el impulso de figuras destacadas como Germán Jiménez, un ingeniero ligado a la era de los ferrocarriles en Venezuela, y el ingeniero Vicente Lecuna, quien posteriormente se convertiría en el más insigne historiador de la vida y obra del Libertador Simón Bolívar. En esa fecha crucial de 1922, se discutió y finalmente se aprobó el primer proyecto de Ley del Ejercicio de la Ingeniería, Arquitectura y Profesiones Afines. Este estatuto legal fue de vital importancia, ya que estableció formalmente la facultad del CIV para formular los aranceles de honorarios profesionales, una función clave para dignificar la labor del ingeniero y arquitecto. Más importante aún, la ley encargó al Colegio la responsabilidad de velar por los más altos intereses generales del gremio, convirtiéndolo en un fiel celador de la ética profesional. A partir de la aprobación de esta ley, se inició una nueva etapa de crecimiento y consolidación para el CIV.

La importancia del Colegio se consolidó sin desmayo en los años siguientes. Su labor fue crucial en resguardo del crédito profesional de sus agremiados y en la aplicación rigurosa de las mejoras técnicas en todas las obras, tanto públicas como privadas. En gran medida, al CIV se debe la introducción en Venezuela de las modernas ciencias y de los procedimientos más avanzados en el campo de la ingeniería y la arquitectura. Este impulso a la innovación y la calidad técnica ha dado como fruto la grandiosa Venezuela de nuestros días, caracterizada por obras de infraestructura de gran envergadura y complejidad. Las audaces autopistas que conectan las ciudades, los imponentes viaductos que salvan obstáculos geográficos, las gigantescas obras hidráulicas fundamentales para el suministro de agua y la generación de energía, las empinadas edificaciones que conforman el perfil urbano y los grandes complejos industriales que impulsan la economía, son en parte resultado del trabajo y la influencia de los profesionales agrupados en el CIV y del rol del Colegio en promover la excelencia.

Durante muchos años de su existencia, el CIV no contó con una sede propia y permanente, vagando de un sitio a otro. Se instaló inicialmente en el Colegio de Santa María. Posteriormente, se reinstaló en los salones de la Cámara de Comercio en 1922, coincidiendo con su reactivación. Luego, fijó su asiento temporal en la vieja casa de la Universidad Central de Venezuela. Finalmente, el Colegio de Ingenieros de Venezuela adquirió su propio asiento en un edificio diseñado específicamente para sus necesidades. Esta sede propia se ubica en Parque los Caobos, en Caracas, y fue inaugurada en el año 1941. La construcción del edificio se inició en 1940, gracias al impulso del Ingeniero Enrique Jorge Aguerrevere, quien para ese entonces ocupaba el cargo de Ministro de Obras Públicas. El proyecto arquitectónico estuvo a cargo de Luis Eduardo Chataing, considerado uno de los grandes arquitectos de la Venezuela contemporánea. En el momento de la inauguración de esta sede, el país contaba con aproximadamente un millar de ingenieros, arquitectos y profesionales afines, lo que muestra el crecimiento de la matrícula desde los 61 miembros iniciales.

En la actualidad, el Colegio de Ingenieros de Venezuela se define legalmente como un cuerpo moral de carácter público. Goza de personalidad jurídica propia y cuenta con un patrimonio independiente. Todos sus derechos, obligaciones, poderes y atribuciones están claramente señalados y definidos en la Ley del Ejercicio de la Ingeniería, Arquitectura y Profesiones Afines, el estatuto que rige su funcionamiento y el de sus agremiados. Este organismo gremial tiene fines y propósitos bien definidos que guían su accionar. Su fin principal es servir como guardián del interés público, asegurando que el ejercicio profesional se realice en beneficio de la sociedad. Actúa también como asesor del Estado venezolano en todos aquellos asuntos que son de su competencia técnica y profesional, aportando conocimiento y experiencia para la toma de decisiones en materia de infraestructura, desarrollo y tecnología.

Además de su rol asesor y de guardián del interés público, el CIV tiene entre sus objetivos fundamentales fomentar el progreso de la ciencia y de la tecnología en el país, impulsando la investigación, la innovación y la adopción de nuevas técnicas. Una de sus funciones más importantes es la de vigilar el ejercicio profesional. Esto implica asegurar que los profesionales cumplan con los estándares técnicos y éticos establecidos, combatiendo el ejercicio ilegal y la mala praxis. Asimismo, el Colegio vela por los intereses generales de todos los profesionales que agrupa en su seno. De manera particular, se esfuerza por defender la dignidad, los derechos y el mejoramiento constante de sus agremiados, procurando condiciones laborales justas, oportunidades de formación continua y un entorno propicio para el desarrollo profesional.

En resumen, el Colegio de Ingenieros de Venezuela es una institución con una rica historia que se entrelaza con la del país. Fundado en la necesidad de ordenar y profesionalizar la ingeniería, ha evolucionado desde un cuerpo militar-científico a un gremio civil robusto y multifacético. Su influencia ha sido determinante en la configuración física de Venezuela y en el establecimiento de estándares éticos y técnicos para sus profesionales. Con más de 120.000 miembros en la actualidad, sigue siendo un actor clave en el ámbito técnico, social y económico del país, cumpliendo su rol de guardián del interés público y defensor de sus agremiados.

A continuación, presentamos una tabla resumen de algunos hitos clave en la historia del CIV:

Año/Fecha Acontecimiento
1844 Recomendación de Olegario Meneses para crear el Colegio.
24 Octubre 1860 Decreto del Presidente Manuel Felipe Tovar crea el Colegio.
28 Octubre 1861 Instalación formal del Colegio de Ingenieros de Venezuela.
1881 Cambio de adscripción del Ministerio de Guerra y Marina al Ministerio de Educación.
1922 Reactivación del CIV y aprobación de la primera Ley del Ejercicio de la Ingeniería.
1941 Inauguración de la sede propia en Parque los Caobos.
Actualidad Agrupa a más de 120.000 profesionales.

Preguntas Frecuentes sobre el Colegio de Ingenieros de Venezuela:

¿Qué es el Colegio de Ingenieros de Venezuela (CIV)?
Es un cuerpo moral de carácter público, con personalidad jurídica y patrimonio propio, que agrupa a ingenieros, arquitectos y profesionales afines en Venezuela. Se rige por la Ley del Ejercicio de la Ingeniería, Arquitectura y Profesiones Afines.

¿Cuándo fue fundado el CIV?
Fue instalado formalmente el 28 de Octubre de 1861, en virtud de un decreto presidencial de 1860.

¿Quiénes fueron figuras importantes en sus inicios?
Figuras como Antonio José de Sucre (representante histórico), Juan Manuel Cajigal (primer presidente y fundador de la Academia de Matemáticas), Rafael María Baralt, Manuel María Urbaneja, Olegario Meneses y Juan José Aguerrevere fueron clave en su formación y primeras promociones.

¿Cuál es el propósito principal del CIV?
Sus fines principales incluyen servir como guardián del interés público, asesorar al Estado, fomentar el progreso científico y tecnológico, vigilar el ejercicio profesional y velar por los intereses, dignidad y derechos de sus agremiados.

¿Cómo ha evolucionado su relación con el Estado?
Inicialmente adscrito al Ministerio de Guerra y Marina (hasta 1881), pasó a depender del Ministerio de Educación, integrándose más a las organizaciones civiles y actuando como órgano de consulta para el Estado en asuntos de su competencia.

¿Cuántos miembros tiene actualmente el CIV?
Actualmente, el CIV agrupa a más de 120.000 ingenieros, arquitectos y profesionales afines.

¿Por qué es importante la Ley del Ejercicio de la Ingeniería aprobada en 1922?
Esta ley fue fundamental porque otorgó al CIV facultades para regular los honorarios profesionales y, crucialmente, para velar por la ética y los intereses del gremio, consolidando su rol como vigilante del ejercicio profesional.

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