¿Quién fundó la Academia de bellas artes?

Historia Real Academia Bellas Artes San Fernando

03/02/2023

Sumérgete en la fascinante historia de una institución clave en el panorama artístico español. La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, con siglos de trayectoria, ha sido testigo y protagonista de la evolución del arte en España. Su origen se remonta a una época de profunda transformación cultural, el Siglo de las Luces, y su establecimiento marcó un hito en la normalización del gusto estético y la formación artística. Pero, ¿cómo nació esta venerable institución y quiénes fueron los impulsores de su creación? Acompáñanos en un recorrido por su apasionante devenir histórico.

¿Quién fundó la Academia de bellas artes?
La primera y temprana propuesta de la fundación de una Real Academia de Bellas Artes en España se debe al pintor Antonio Meléndez quien, en 1726, propuso a Felipe V "erigir una Academia de las Artes del diseño, pintura, escultura y arquitectura, a exemplo de las que se celebran en Roma, París, Florencia y Flandes, y lo ...
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Antecedentes y la Idea Fundacional

Antes de su fundación oficial, la idea de una academia de artes bullía en el ambiente cultural español. La primera propuesta documentada llegó en 1726 de la mano del pintor Antonio Meléndez, quien presentó a Felipe V la necesidad de erigir una Academia de las Artes del diseño, pintura, escultura y arquitectura, tomando como modelo las existentes en otras capitales europeas como Roma o París. Aunque este proyecto inicial no prosperó, la semilla estaba plantada.

Sería otro artista, el escultor italiano Domenico Olivieri, quien daría pasos más concretos. Al frente del taller de escultura del Palacio Real Nuevo, Olivieri obtuvo permiso para abrir una academia privada que funcionó entre 1741 y 1744. Esta experiencia preliminar fue crucial para fortalecer la idea de una institución oficial. A iniciativa del propio Olivieri en 1742, y con la intervención decisiva de Sebastián de la Quadra, marqués de Villarias (Primer Secretario de Estado), se materializó la Junta Preparatoria, activa entre 1744 y 1752.

Felipe V aprobó esta Junta el 13 de julio de 1744, y su primera reunión tuvo lugar apenas cinco días después. El marqués de Villarias fue su primer Protector, Fernando Triviño el primer Vice-Protector, y Domenico Olivieri ejerció como Director General. Acompañado por seis maestros directores y otros tantos honorarios, todos ellos artistas de profesión, la Junta se reunía en la Real Casa de la Panadería, asignada por Felipe V. El objetivo de esta Junta Preparatoria era, tras unos años de experiencia, sentar las bases y las reglas que contribuirían a la formación de los estatutos de la "Academia de escultura, pintura y arquitectura que se proyecta fundar en Madrid bajo la protección del monarca". La primera Junta general y pública se celebró el 1 de septiembre en los locales asignados.

La Fundación Oficial bajo Fernando VI

Durante los primeros años del reinado de Fernando VI, el debate sobre la forma y los estatutos de la futura academia fue intenso entre los miembros de la Junta Preparatoria, cuya existencia se había extendido más de lo previsto. Finalmente, la redacción definitiva de los primeros Estatutos fue aprobada por Real Decreto de 5 de abril de 1751. Basándose en este texto fundamental, la Real Academia de Bellas Artes fue formalmente fundada mediante Real Decreto de 12 de abril de 1752. Este acto marcó el nacimiento oficial de la institución que conocemos hoy.

Dos años después de su fundación, en 1754, el rey Fernando VI nombró como Protector de la Academia a Ricardo Wall y Devreux, quien ejercía como Primer Secretario de Estado, y a Tiburcio Aguirre como Vice-Protector. La Academia inició así su andadura oficial, aunque pronto experimentarían cambios significativos en su estructura y gobierno que redefinirían su naturaleza en los años venideros.

Los Estatutos de 1757: Una Refundación

Un cambio sustancial en la composición y el gobierno de la Academia se gestó y consolidó con los nuevos Estatutos de 1757, que fueron los primeros en ser impresos. Estos estatutos representaron, en esencia, una suerte de refundación de la Academia. El aspecto más relevante y transformador de estos nuevos estatutos fue el traspaso de la responsabilidad última y la dirección efectiva de la institución desde las manos de los artistas hacia las de los consiliarios, es decir, hacia la nobleza y las altas figuras del estamento político y social. Si en los estatutos de 1751 los consiliarios eran meros espectadores, más o menos preclaros y brillantes, que no estaban obligados a asistir a todas las juntas, en 1757 se convirtieron en piezas clave del gobierno académico.

Según los nuevos estatutos, los consiliarios pasaron a tener voz y voto en todas las Juntas, llegando incluso a convocar y presidir reuniones en ausencia del Protector o Vice-Protector. Aunque se abstenían en votaciones de carácter puramente facultativo (artístico), su autorización era necesaria para validar los resultados. Los estatutos de 1757 recalcaban que su principal cometido era "tratar, y resolver con el Protector y Vice-Protector en las Juntas Particulares todos los negocios de gravedad, como son los gastos extraordinarios considerables, y además de las materias que se expresan en estos Estatutos todas aquellas que interesen el cuerpo de la Academia…".

Además, se reforzó la figura de los Académicos de Honor quienes, en las Juntas Particulares y Ordinarias a las que asistieren, tendrían voz y voto, pudiendo incluso presidir las propias Juntas en ausencia de las figuras superiores (Protector, Vice-Protector y consiliarios). Para asegurar la influencia de la nobleza, se estableció que uno de los consiliarios tendría siempre una de las tres llaves del arca de la Academia, compartiéndola con el Vice-Proteector y el Secretario. Este cambio evidenció el carácter político-estamental que adquirió la institución, alineándose con el modelo de otras academias europeas de la época y asegurando la supervisión y el control por parte de la élite ilustrada e ilustrada.

El Impulso de Carlos III

El reinado de Carlos III supuso un nuevo y vigoroso impulso para la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, una inercia positiva que se mantendría durante todo el reinado de Carlos IV. Carlos III consolidó el carácter instrumental de la Academia dentro del amplio programa de reformismo ilustrado, viéndola como un órgano de alcance nacional para fomentar las artes y el buen gusto. La corporación contó no solo con el apoyo directo del monarca, sino que también estaba respaldada por figuras clave de su entorno, tanto Protectores de la talla de Grimaldi o Floridablanca, como consiliarios que representaban a la más destacada nobleza española, incluyendo nombres como los Alba, Osuna, Berwick y Liria, Medinaceli, Aranda, Santa Cruz, Abrantes, Fernán Núñez, Altamira, Granada de Ega, y un largo etcétera que fue creciendo, asegurando así el carácter político-estamental de la institución. Detrás de aquellos nombres había embajadores, consejeros reales, sumilleres, gentileshombres de cámara, mayordomos de su majestad, altos grados militares y jerarquías eclesiásticas que, junto a los académicos de honor, representaban el verdadero poder de la Academia.

A pesar de esta fuerte influencia nobiliaria, hubo intentos de cambio; el pintor de cámara Mengs, por ejemplo, buscó sin éxito que la dirección efectiva pasara a manos de los artistas, una pretensión que no prosperó y que le costó ser excluido de la relación de profesores y directores honorarios de la Academia en 1769, año en que Mengs regresó a Italia.

De este periodo también cabe destacar la labor de secretarios como Ignacio Hermosilla y Antonio Ponz, quienes fortalecieron la personalidad y el alcance del cargo. A Ponz se debe la creación de la Comisión de Arquitectura en 1786, un órgano con decisivo cometido fiscalizador y crítico sobre cuántos edificios y reformas se llevaban a cabo con cargo a los fondos públicos. Esta comisión jugó un papel importante en la definición del paisaje urbano y arquitectónico.

La Academia experimentó un notable crecimiento en el número de alumnos a lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII, pasando de unos trescientos en 1758 a más de mil en 1800. Este aumento masivo hizo necesaria una nueva sede más amplia y adecuada para la enseñanza. Esto llevó a la compra en 1773 del antiguo palacio de Goyeneche, situado en la calle de Alcalá de Madrid. El palacio, diseñado originalmente por José de Churriguera, fue adaptado y reformado para su nuevo uso por Diego de Villanueva dos años más tarde, en 1775, convirtiéndose en la sede que la Academia ocupa hasta hoy.

Para atender a la creciente población estudiantil y mantener la excelencia, la Academia contó con un selectísimo cuadro de profesores. Entre los que alcanzaron el grado de Director General, se pueden recordar arquitectos como Saccheti, Ventura Rodríguez, Juan de Villanueva y Arnal; escultores como Olivieri, Castro, Mena, Robert Michel, Álvarez y Carnicero; y pintores como Giaquinto, González Ruiz, Calleja, Francisco Bayeu, Maella y Ferro. No obstante, hubo otros muchos nombres ilustres, como Goya, Bails, Castañeda o Manuel Salvador Carmona, que, por diversas razones, contribuyeron enormemente al prestigio alcanzado por la corporación en este periodo dorado.

El Siglo XIX: Separación de la Enseñanza

El siglo XIX trajo consigo un cambio fundamental que afectó directamente la naturaleza y el papel de la Real Academia de San Fernando: la segregación de la enseñanza de las bellas artes. A partir de 1844, esta función, que había sido una de las razones de ser iniciales y principales de la Academia en el ánimo de sus fundadores, comenzó a impartirse en la recién creada Escuela de Nobles Artes. Esta segregación se formalizó mediante un Real Decreto de 25 de septiembre de 1844.

El preámbulo de este decreto justificaba la medida por la necesidad de una "reforma radical de su enseñanza" a fin de elevarla a la altura que tenía en otras naciones europeas y darle la extensión necesaria para formar profesores. Se argumentaba que la Real Academia de San Fernando, "escasa de medios", no había podido ofrecer una enseñanza completa. Este importante cambio se produjo bajo el reinado de Isabel II y coincidió con el gobierno de los moderados, liderado por Narváez, figurando entre sus ministros Pedro José Pidal, quien era académico de San Fernando por la Sección de Arquitectura.

Los estudios de arquitectura, de hecho, pronto alcanzaron vida propia e independencia de la mencionada Escuela de Nobles Artes, con lo que se fue haciendo cada vez más evidente la cesura producida entre la Academia como corporación y las enseñanzas artísticas. La nueva Escuela de Nobles Artes contó inmediatamente con un Reglamento para su "régimen y organización", publicado en 1845. Al año siguiente, en 1846, se aprobaron los nuevos Estatutos para la institución que, desde entonces, y solo desde entonces, pasó a llamarse Real Academia de Nobles Artes de San Fernando.

De la separación entre Academia y Escuela surgió una nueva Academia en cuya organización y gobierno recuperaron terreno los artistas. Desaparecieron los académicos honorarios, buscando la igualdad entre todos los individuos de la corporación en "consideraciones y prerrogativas". Se limitó el número de los miembros de la Academia y se organizaron por vez primera en secciones: pintura, escultura y arquitectura, en este orden. Se contempló la existencia de comisiones, se establecieron juntas generales a las que tenían derecho a asistir todos los individuos, se señaló la existencia de académicos "corresponsales", y se nombró una Junta de Gobierno. En fin, se vislumbró una Academia que está en el origen de la actual, regulada a través de treinta y seis artículos.

Los Estatutos de 1864: Hacia un Nuevo Rol

A pesar de los cambios introducidos en 1846, los Estatutos tuvieron una vida relativamente corta, pues no habían cumplido aún los veinte años de vigencia, siendo reemplazados por los nuevos Estatutos de 1864, que a su vez dieron lugar a un pormenorizado Reglamento publicado un año después, en 1865. Aunque la corta vida de los anteriores podría parecer sorprendente, las nuevas tareas que el Gobierno asignó a la Academia justificaron esta revisión.

La estructura y jerarquía interna de la Academia conoció cambios sustanciales que la alejaban definitivamente del modelo dieciochesco, dotándola de una organización más ágil y moderna, al compás del tiempo que le tocó vivir. Perdió del todo el carácter estamental que la Academia había tenido años atrás. En este sentido, resulta muy significativa la desaparición de los seis consiliarios que aún se mantenían en los estatutos de 1846.

Al propio tiempo, el objeto mismo de la Academia quedó explícito en su primer artículo, no dejando la menor duda sobre su nueva misión, completamente al margen de las enseñanzas artísticas que ya no se mencionan en ningún caso. La finalidad principal pasó a ser "promover el estudio y cultivo de las tres Nobles Artes, Pintura, Escultura y Arquitectura, estimulando su ejercicio y difundiendo el buen gusto artístico con el ejemplo y doctrina". Esto implicaba una actividad fundamentalmente teórica y crítica, materializada a través de un plan de publicaciones (diccionarios, monografías, traducciones, etcétera), exposiciones, la gestión de colecciones artísticas, y nuevos cometidos como la inspección de museos y la restauración de monumentos.

En cualquier caso, estos eran unos objetivos absolutamente diferentes de los que hasta entonces había perseguido la Academia. El ello exigió, por ejemplo, la creación de comisiones permanentes dedicadas a la conservación de monumentos y a la inspección de museos, pues la Academia fue la institución que se hizo cargo de la Comisión Central de Monumentos Históricos y Artísticos, creada en 1844 e incorporada física y administrativamente al edificio de la Academia en 1859, con toda su abundante e importante documentación, de acuerdo con lo dispuesto por la Ley de Instrucción Pública de 1857.

En aquellos Estatutos de 1864 se redujo prácticamente a la mitad el número de académicos, pasando de un presidente, seis consiliarios y sesenta académicos en 1846, a treinta y seis académicos entre los que se incluyeron los cargos de director, secretario, censor, bibliotecario-conservador y tesorero.

Cambios en la República y Restauración

Como era previsible, con la llegada de la I República Española se redactaron y aprobaron unos nuevos Estatutos que no obstante son literalmente los mismos que los isabelinos de 1864, salvo leves matices, un cambio en el título de la corporación y la presencia de una nueva sección. En efecto, el 12 de diciembre de 1873 el Gobierno de la República aprobaba un proyecto de Estatutos para la que a partir de este momento se conocería como Academia de Bellas Artes de San Fernando (Gaceta de Madrid, 28 de mayo de 1874), es decir, desaparecía el título de "Real" y pasaba a denominarse Academia de Bellas Artes, manteniendo el patronazgo del santo rey.

Creció, en cambio, el número de académicos que pasó de treinta y seis en 1864 a cuarenta y ocho, pero este crecimiento se debía fundamentalmente a los doce miembros que a partir de aquel momento tendría la nueva sección de la música, encabezada por Hilarión Eslava, sin duda la mayor novedad de estos Estatutos de la República.

Bajo la Restauración alfonsina, la Academia recuperó el tratamiento de "Real", al igual que las restantes Academias que, desde el Decreto de 8 de diciembre de 1937, se reorganizaron e integraron bajo el paraguas del Instituto de España.

La Academia en la Era Contemporánea

Después de la Guerra Civil Española, la Academia reanudó sus actividades el 13 de junio de 1939 en su sede histórica del palacio de Goyeneche, en la calle de Alcalá de Madrid. El edificio, que ya había sido objeto de reformas en el siglo XVIII, fue sometido a una gran reforma a partir de 1974, lo que obligó a la Academia a abandonarlo provisionalmente. Las sesiones pudieron reanudarse en el palacio renovado el día 8 de noviembre de 1982.

Sus valiosas colecciones artísticas, que constituyen uno de los museos más importantes de Madrid, se abrieron al público en 1986. Las últimas reformas llevadas a cabo en el edificio tuvieron lugar a partir de 1999, una vez recuperados los locales que habían sido cedidos provisionalmente al Ministerio de Hacienda. Esta recuperación permitió organizar veintidós nuevas salas para el museo de la Academia, que fueron inauguradas el 13 de noviembre de 2002, ampliando significativamente el espacio expositivo.

En la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI, los Estatutos de la Academia han sido modificados en varias ocasiones para adaptarse a los nuevos tiempos y a las disposiciones generales que afectan a las Reales Academias integradas en el Instituto de España. Entre los cambios más significativos, cabe mencionar la separación de las funciones de Bibliotecario y Conservador en 1954, que hasta entonces eran desempeñadas por un único académico, y que desde entonces pasaron a ser roles distintos (Bibliotecario y Conservador del Museo, hoy Académico Delegado del Museo). Así mismo, en 1982, se modificaron algunos artículos, incorporando brevemente la figura del académico "supernumerario", que desaparecería poco después por otro decreto en 1987.

Entre las novedades más importantes de las últimas reformas estatutarias se encuentra la incorporación de nuevas disciplinas artísticas. La fotografía, la cinematografía y otras formas de expresión artística, que inicialmente se habían incluido de forma tangencial (por ejemplo, la fotografía en la sección de Escultura), obtuvieron sección propia desde los actuales Estatutos de 2004 bajo el nombre de "Nuevas Artes de la Imagen". De otra parte, estos mismos Estatutos refuerzan la Mesa de la Academia con el nuevo cargo de Vicedirector-Tesorero para hacer frente a la actividad creciente de la Corporación y asegurar una gestión más eficiente.

En función de estos cambios estatutarios, los Reglamentos que desarrollan los estatutos también han ido variando, como puede verse en los de 1984 y 1997, hasta llegar al aprobado y publicado en 2005, que ha supuesto una renovación profunda de su articulado para adecuarlo a un tiempo cada vez más exigente con la gestión y el funcionamiento de la institución.

Evolución Estatutaria: Hitos Clave

La estructura y misión de la Academia ha evolucionado significativamente a lo largo de los siglos, adaptándose a los cambios sociales y políticos. La aprobación de nuevos estatutos marcó momentos de transformación:

Periodo Nombre Institución Cambios de Gobierno y Estructura Notables Objeto Principal (Énfasis)
Junta Preparatoria (1744-1752) Junta Preparatoria Dirigida por artistas y figuras de la corte (Olivieri, Villarias) Preparar reglas y estatutos, ensayo para futura Academia
Fundación Oficial (1752) Real Academia de Bellas Artes de San Fernando Primeros estatutos, nombramiento de Protector y Vice-Protector Formación artística, normalización del gusto
Estatutos de 1757 Real Academia de Bellas Artes de San Fernando Control efectivo pasa a los Consiliarios (nobleza), refuerzo Académicos de Honor Formación artística, difusión del buen gusto bajo supervisión noble
Estatutos de 1846 Real Academia de Nobles Artes de San Fernando Segregación de la enseñanza, artistas recuperan influencia, organización en secciones (Pintura, Escultura, Arquitectura) Promover estudio y cultivo de artes (rol más académico/corporativo)
Estatutos de 1864 Real Academia de Nobles Artes de San Fernando Eliminación de Consiliarios, enfoque en actividad teórica/crítica, patrimonio (museos, monumentos) Estudio, cultivo, difusión de artes; inspección y restauración de patrimonio
Estatutos de 1873 (República) Academia de Bellas Artes de San Fernando Pérdida temporal de "Real", incorporación sección Música Similar a 1864, con inclusión de la música
Estatutos de 2004 (Actuales) Real Academia de Bellas Artes de San Fernando Incorporación sección Nuevas Artes de la Imagen, cargo Vicedirector-Tesorero Fomentar creatividad, estudio, difusión, protección de artes y patrimonio (incluyendo nuevas formas de expresión)

Esta tabla resume algunos de los cambios más notables en la estructura y misión de la Academia a través de sus diferentes regulaciones estatutarias.

Preguntas Frecuentes sobre la Academia de San Fernando

A continuación, respondemos algunas dudas comunes sobre esta histórica institución:

¿Quién fundó la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando?
La idea inicial surgió de artistas como Antonio Meléndez y Domenico Olivieri. Este último impulsó la Junta Preparatoria (1744-1752). La fundación oficial como Real Academia se realizó por Real Decreto bajo el reinado de Fernando VI en 1752, basándose en los estatutos aprobados en 1751.
¿Cuándo fue fundada oficialmente?
Fue fundada oficialmente por Real Decreto de 12 de abril de 1752.
¿Cuál es su sede actual?
Desde 1773, su sede se encuentra en el palacio de Goyeneche en Madrid, adaptado por Diego de Villanueva.
¿Cuál es su objetivo principal?
Su objeto es "fomentar la creatividad artística, así como el estudio, difusión y protección de las artes y del patrimonio cultural, muy particularmente de la pintura, la escultura, la arquitectura, la música y las nuevas artes de la imagen".
¿Qué artes abarca actualmente la Academia?
Actualmente abarca la arquitectura, pintura, escultura, música, cine, arte gráfico, fotografía, diseño e historia y teoría del arte, organizadas en secciones como "Nuevas Artes de la Imagen".

Desde sus modestos antecedentes en la Junta Preparatoria hasta convertirse en la venerable institución que es hoy, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando ha recorrido un largo camino de adaptación y servicio al arte y la cultura española. Su evolución, marcada por sucesivos estatutos y cambios de enfoque, refleja las transformaciones de la sociedad y el estado a lo largo de los siglos. Hoy, sigue siendo un pilar fundamental en la promoción, estudio y protección del patrimonio artístico, manteniendo viva su misión fundacional de fomentar el buen gusto y la excelencia artística en sus diversas manifestaciones.

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