25/07/2022
Francisco Acuña de Figueroa, una figura central en la historia cultural de Uruguay, no solo es reconocido por haber legado las estrofas de nuestro Himno Patrio y el del Paraguay, sino también por una vida dedicada a las letras y a la función pública en tiempos de profundos cambios para la región. Su formación académica sentó las bases de una prolífica carrera literaria que abarcó diversos géneros, desde la poesía épica y burlesca hasta innumerables epigramas que retratan la sociedad de su época.

Su educación formal comenzó en el Colegio de San Bernardino. Posteriormente, continuó sus estudios en el prestigioso Real Colegio de San Carlos, ubicado en Buenos Aires. Fue en estas instituciones donde forjó una sólida base académica que le permitiría destacarse en el mundo de las letras. Sus estudios lo llevaron a convertirse en un probado latinista, demostrando un profundo conocimiento de la lengua clásica. Esta habilidad no era menor en su tiempo, ya que el latín era fundamental para acceder a gran parte del conocimiento acumulado y para el estudio de los clásicos literarios. Una muestra palpable de su dominio del latín y su talento como traductor es que llegó a traducir a Horacio, uno de los poetas líricos y satíricos más importantes de la literatura latina. Esta capacidad de traducción y su conocimiento de los autores clásicos sin duda influenciaron su propia producción poética, dotándola de un refinamiento y una conexión con las tradiciones literarias universales.
El contexto histórico en el que vivió Acuña de Figueroa fue turbulento, marcado por las luchas de independencia en la región. En 1811, se encontraba alineado con el bando realista, aunque, como aclara el ilustre Bauzá, lo hizo “sin poder… execrar totalmente a sus enemigos”. Esta posición política inicial no impidió que su vida estuviera intrínsecamente ligada a los acontecimientos históricos de la época, los cuales incluso plasmó en su obra. Durante el segundo sitio de Montevideo, por ejemplo, su pluma dio vida al Diario histórico, una crónica versificada que documenta aquellos sucesos cruciales. Las vicisitudes políticas lo llevaron a emigrar temporalmente a Río de Janeiro. Fue durante este exilio en la corte brasileña donde escribió sus Cartas poéticas, algunas de las cuales son descritas con un tono de “muy subido color”, sugiriendo un contenido que podía ser atrevido o personal para la época.
Tras su período de exilio, Acuña de Figueroa regresó a su país, donde desempeñó diversos cargos burocráticos. Su carrera en la administración pública se extendió a lo largo de un período significativo, abarcando momentos clave antes, durante y después de la Emancipación de la provincia. Esta faceta de su vida podría parecer, a primera vista, en contraste con su espíritu poético. Sin embargo, como un burócrata que se respeta, según el texto, supo conjugar ambas esferas de su existencia. Dedicó sus ocios, el tiempo libre que le dejaban sus responsabilidades administrativas, al cultivo de las letras. Esta dualidad entre la vida pública y la dedicación privada a la creación literaria es una característica notable de su figura.
Su actividad literaria fue incesante. Bauzá señala que “Producía versos a destajo”, lo que da una idea de la enorme cantidad de composiciones que salieron de su pluma. Su obra cumbre, la que lo inmortalizó en la historia cívica de dos naciones, es la creación de las estrofas del Himno Patrio de Uruguay. Pero su talento himnográfico no se detuvo ahí, ya que también es reconocido por haber compuesto el himno del Paraguay. Si bien alcanzó las “alturas” con estas composiciones patrióticas, Acuña de Figueroa también se sentía a gusto descendiendo a los “llanos de la vida”, donde redactó toda clase de versadas circunstanciales. Estas composiciones abarcaban temas variados y estaban ligadas a eventos o personas específicas de su entorno. Era, en esencia, un poeta que respondía a las demandas y realidades de su tiempo y sociedad.
La personalidad de Acuña de Figueroa es descrita con adjetivos como bonachón, prosaico y cazurro. Escribía, según la interpretación de Bauzá, como lo que era: un uruguayo enfrentado a los más diversos acaeceres de la historia. Bauzá concluye que hay “algo peculiarmente nuestro en su estilo”, sugiriendo una conexión profunda entre su forma de escribir y la identidad cultural de su país. Sin embargo, las visiones críticas sobre él no son unánimes. Alberto Zum Felde, otro importante crítico literario, lo moteja sin rodeos de “viejo verde”, una descripción que hace alusión a ciertos aspectos de su obra o quizás de su personalidad. Zum Felde, no obstante, rescata y recuerda con especial aprecio la excelente Malambrunada.
La Malambrunada es, sin duda, una de sus obras más significativas y una pieza clave para entender su dimensión literaria más allá de los himnos. Se trata de un vasto poema épico-burlesco, un género que combina elementos de la épica tradicional con un tono cómico, satírico o paródico. En esta obra, Acuña de Figueroa toma partido de manera decidida por las jóvenes doncellas en el contexto de una peculiar guerra que estas libran contra las mujeres viejas y feas. La elección del tema y el tratamiento burlesco muestran una faceta lúdica y transgresora de su escritura. A pesar de su tono cómico, el poema también presenta un lado de crueldad, un aspecto que le ha sido reprochado por más de un lector a lo largo del tiempo. La primera versión de esta obra data de 1829. Zum Felde la define como “Clásico” y la considera una composición literaria propiamente tal, con un propósito artístico deliberado, algo más que simple arqueología literaria. La importancia que Zum Felde le otorga a la Malambrunada es tal que empareja el nombre de Acuña de Figueroa junto al de otros grandes poetas hispanoamericanos de la época, como Andrés Bello, José Joaquín de Olmedo y José María Heredia, colocándolo así en un lugar destacado dentro del canon literario del continente.
Además de la Malambrunada, la obra de Acuña de Figueroa es extensa y variada. Es necesario mencionar las Toraidas, otra composición poética donde el autor canalizó y dio cauce a su pasión por las corridas de toros. Este interés por la tauromaquia, plasmado en verso, muestra otra faceta de sus gustos e intereses personales, lejos de los temas patrióticos o las sátiras sociales. Pero si hay un género en el que Acuña de Figueroa fue excepcionalmente prolífico, ese es el epigrama. Armando D. Pirotto recuerda que llegó a publicar mil cuatrocientos cincuenta epigramas. El epigrama es una composición poética breve, a menudo ingeniosa, satírica o con un final inesperado. La enorme cantidad de epigramas publicados evidencia su constante observación del mundo y su habilidad para condensar ideas, críticas o reflexiones en formatos concisos. A esto se suman poesías burlescas de toda índole, lo que refuerza la imagen de un autor con un agudo sentido del humor y una inclinación por la sátira y la parodia.
La diversidad de su obra, que va desde los solemnes himnos nacionales hasta los pícaros epigramas y los extensos poemas épico-burlescos, revela a un escritor versátil, capaz de adaptarse a diferentes tonos y propósitos. Su formación clásica le proporcionó las herramientas, mientras que su vida en la burocracia le dio el tiempo de ocio necesario para dedicarse a su verdadera pasión. Las críticas de Bauzá y Zum Felde, aunque difieren en el tono personal, coinciden en destacar la relevancia de su producción literaria y su particular estilo. La Malambrunada, en particular, se erige como un testimonio de su capacidad para crear obras de arte deliberadas, que trascienden la mera crónica o la poesía de circunstancia.
La figura de Francisco Acuña de Figueroa, por tanto, es la de un hombre de su tiempo, inmerso en los avatares políticos y sociales de la construcción de una nación, pero con una vocación literaria inquebrantable. Su legado va más allá de los símbolos patrios; reside también en la riqueza y variedad de una obra que, aunque no siempre fácil de clasificar, refleja una personalidad compleja y un talento poético innegable.
| Obra | Género/Tema | Notas |
|---|---|---|
| Himno Nacional de Uruguay | Himno Patrio | Estrofas compuestas por él |
| Himno Nacional de Paraguay | Himno Patrio | También compuesto por él |
| Diario histórico | Crónica versificada | Sobre el segundo sitio de Montevideo |
| Cartas poéticas | Poesía epistolar | Escritas durante su exilio en Río de Janeiro |
| Malambrunada | Poema épico-burlesco | Considerada una obra "Clásica" |
| Toraidas | Poesía | Sobre su pasión por las corridas de toros |
| Epigramas | Poesía breve | Publicó 1450 |
| Poesías burlescas | Poesía satírica/cómica | De diversa índole |
Preguntas Frecuentes sobre Francisco Acuña de Figueroa
¿Dónde estudió Francisco Acuña de Figueroa?
Francisco Acuña de Figueroa cursó estudios en el Colegio de San Bernardino y posteriormente en el Real Colegio de San Carlos, ubicado en Buenos Aires.
¿En qué se destacó en sus estudios?
Se destacó notablemente en sus estudios, llegando a ser un probado latinista y un reconocido traductor, notablemente de la obra del poeta latino Horacio.
¿Cuál fue su posición política en 1811?
En 1811, Acuña de Figueroa estuvo del lado de los realistas, aunque se menciona que no podía execrar totalmente a sus enemigos, lo que sugiere una postura matizada.
¿Qué cargos desempeñó a lo largo de su vida?
Desempeñó diversos cargos burocráticos en el país, tanto antes como durante y después del proceso de Emancipación de la provincia.
¿Es cierto que escribió el Himno Nacional de Uruguay?
Sí, Francisco Acuña de Figueroa es el autor de las estrofas del Himno Patrio de Uruguay. También escribió el himno del Paraguay.
¿Qué tipo de obras literarias escribió?
Su obra es muy variada. Escribió crónicas versificadas (como el Diario histórico), cartas poéticas, poemas épico-burlescos (la Malambrunada), poemas sobre temas específicos (las Toraidas sobre toros), una gran cantidad de epigramas (1450 publicados) y diversas poesías burlescas.
¿Qué es la Malambrunada y por qué es importante?
La Malambrunada es un extenso poema épico-burlesco donde toma partido por las jóvenes doncellas contra las mujeres viejas y feas. Es importante porque ha sido definida como una obra literaria “Clásica” con propósito artístico deliberado y se le compara con obras de otros grandes autores americanos.
¿Cómo describen su estilo algunos críticos?
El crítico Bauzá señala que hay “algo peculiarmente nuestro en su estilo”. Por su parte, Zum Felde, aunque lo describe personalmente como “viejo verde”, rescata la calidad de obras como la Malambrunada, a la que considera “Clásica”.
¿Cuántos epigramas publicó?
Según lo recordado por Armando D. Pirotto en el texto, Acuña de Figueroa publicó mil cuatrocientos cincuenta epigramas.
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