15/02/2020
La Escuela Normal Superior Próspero Alemandri, conocida cariñosamente por todos como el ENSPA, es hoy en día un referente educativo en la ciudad de Avellaneda. Su prestigio y la excelencia de su enseñanza la convierten en una institución muy valorada por las familias de la zona. Pero llegar a este punto implicó un largo y dedicado recorrido, una historia rica en esfuerzos, visiones y la incansable labor de muchas personas comprometidas con la educación.

La historia del ENSPA no comienza directamente con su denominación actual, sino que se remonta a los albores del siglo XX, impulsada por un fuerte espíritu comunitario y la clara visión de mejorar el nivel educativo de la población. Es un relato que entrelaza lugares, fechas y, sobre todo, la dedicación de docentes y vecinos que superaron numerosas vicisitudes para dar forma a lo que hoy conocemos.
- Recordando los Orígenes: La Sociedad Popular de Educación y el Nacimiento de la Escuela Normal
- El Presente: Un Legado de Excelencia
- La Visión de la Fundadora: El Discurso de las Bodas de Oro (1919-1969)
- El Profesorado: Nacimiento y Evolución del Nivel Terciario
- ¿Quién fue Próspero Alemandri? El Hombre detrás del Nombre
- Preguntas Frecuentes sobre el ENSPA
Recordando los Orígenes: La Sociedad Popular de Educación y el Nacimiento de la Escuela Normal
El primer hito en este camino se sitúa el 15 de septiembre de 1901, con la fundación de la Sociedad Popular de Educación. Un grupo de vecinos proactivos y preocupados por la formación de los obreros se unió con el objetivo de crear y mantener escuelas nocturnas. Esta comisión de notables, integrada por figuras como José J. Berrutti, Juan Bautista Paláa, Antonio Paredes Rey, Juan L. Colombo, Luis A. Spinetta, J. Maire, el Doctor Nicolás Gallo y Juan B. de la Cámara, marcó el inicio de una trayectoria enfocada en la mejora educativa local.
Con el paso de los años, las aspiraciones de la Sociedad Popular de Educación crecieron. En 1912, se embarcaron en un proyecto más ambicioso: fundar una Escuela Normal. Este esfuerzo se materializó rápidamente, y el 16 de febrero de 1913 se inició la inscripción de alumnos, un proceso que atrajo a 136 estudiantes iniciales. Estos primeros alumnos no solo se dedicaron al estudio, sino que también participaron activamente en la vida institucional, conformando una asociación interna que se llamó Unión Normalista, según consta en la memoria de la institución al cumplir su cincuentenario.
Estos años fueron de constante ajuste y preparación para el futuro, con avances y retrocesos. Finalmente, el 12 de junio de 1919, la Escuela Normal Mixta Nacional de Avellaneda comenzó oficialmente sus funciones, inicialmente bajo la protección de la Escuela Normal Sarmiento. Su primer local estuvo ubicado en Beruti 216, en las instalaciones de la propia Sociedad Popular de Educación, hasta el 8 de abril de 1922.
La creación de esta Escuela Normal respondía a antiguas aspiraciones de la comunidad por contar con un establecimiento de enseñanza secundaria que formara docentes. A pesar de las demoras burocráticas que generaron comentarios críticos en los medios locales, el proyecto avanzó. En 1919, el gobierno alquiló una casona en la calle Levalle, y Matilde Flairotto fue designada como su primera directora, acompañada por Celia García Tuñon como secretaria. Con una inscripción inicial de 400 alumnos distribuidos en dos turnos, la Escuela Normal Mixta de Avellaneda quedó formalmente instalada.
El Presente: Un Legado de Excelencia
Hoy, la Escuela Normal Superior Próspero Alemandri mantiene vivo ese espíritu fundacional, pero con la consolidación de más de un siglo de historia. Es reconocida por su altísima excelencia educativa, lo que lleva a numerosas familias de Avellaneda a desear que sus hijos cursen allí. Las exigencias académicas siguen siendo elevadas, y la seriedad y responsabilidad con la que se abordan las tareas pedagógicas la hacen muy solicitada.
Las autoridades y el cuerpo docente del ENSPA se distinguen por una dedicación que va más allá del simple dictado de materias, apuntando a una formación integral de los estudiantes. Este compromiso se refleja año a año en el notable nivel académico y personal de sus alumnos. Desde aquellos lejanos días de principios del siglo XX, la trayectoria del ENSPA ha sido impecable, formando generaciones de hombres y mujeres que han tenido un rol destacado en diversos ámbitos de la sociedad. Estudiar en el Normal se ha convertido para muchos en un sello de identidad y pertenencia, un sentimiento ratificado por el profundo respeto que la comunidad sigue teniendo por la institución.
La Visión de la Fundadora: El Discurso de las Bodas de Oro (1919-1969)
Las palabras de la Dra. Matilde Teresa Flairoto de Ciampi, directora fundadora, en ocasión de las Bodas de Oro de la escuela, ofrecen una mirada íntima y detallada sobre los desafíos y la pasión que rodearon los inicios.
Relata cómo en 1917, siendo vicedirectora en la Escuela Normal N° 1 de Capital Federal, fue convocada por el entonces Presidente Hipólito Irigoyen. El presidente lamentó que Avellaneda, tan cercana a la Capital, careciera de una Escuela Normal y otros establecimientos secundarios, y le encomendó la tarea de fundar y organizar el primero. Recibió apoyo directo del Ministro de Justicia e Instrucción Pública de entonces, doctor José S. Salinas.
La primera gran dificultad fue encontrar un local adecuado en una ciudad que no contaba con edificios diseñados para tal fin. La noticia de la futura escuela generó gran alegría en Avellaneda, y la comunidad entera se movilizó para ayudar en la búsqueda. Fue así como el dueño de un instituto particular en la calle Levalle, cuyas finanzas no eran óptimas, ofreció su local en alquiler. La ubicación, a una cuadra de la Avenida Mitre, era favorable.
Mientras tanto, el Ministerio designó al personal: jóvenes recién egresadas de Escuelas Normales, muchas de ellas sin experiencia previa. Llegaban a una escuela nueva que carecía de todo, muy diferente a las instituciones de las que provenían. Sin embargo, su fe, entusiasmo y seguridad en servir a una obra social, formando caracteres y educando para el progreso nacional, las animaban. La vocación docente, según Flairoto, obraba milagros.
La escuela no tenía presupuesto asignado. El local estaba vacío, pero, en palabras de la directora, "amueblado espiritualmente, con los mejores propósitos, llevados por un ideal y la decisión para realizarlo". La precariedad material era extrema. Se facilitaron mesas que forraban con papel de color, pintaban bancos, los vecinos donaban sillas y pizarrones. Cada maestro aportaba lo que podía. No había laboratorio, museo, ni biblioteca; faltaban armarios. Los profesores de cada especialidad buscaban sus propios elementos, e incluso la cocina de la casa se usaba para almacenar material didáctico. El señor Antonio Mentruyt fue un benefactor importante, facilitando mapas y otros elementos indispensables.
En esta forma precaria, la escuela abrió sus puertas al servicio público el 13 de junio de 1919. La inauguración fue modesta, acorde con su dotación. La tarea inicial fue intensísima. No había horarios fijos; el personal permanecía en la escuela de la mañana a la noche, trabajando en dos turnos por la escasez de aulas. Los programas de enseñanza eran sintéticos y requerían un gran esfuerzo de análisis y desarrollo. La directora destaca las reuniones constantes donde buscaban una correlación entre las materias para optimizar el aprendizaje del alumno y contribuir eficazmente a su formación integral.
Flairoto, quien había regresado de Europa tras asistir a la "reforma escolar italiana", estaba pletórica de iniciativas para conectar la escuela con los padres, los centros de cultura y el pueblo. A pesar de carecer de todo, confiaba en que con el tiempo la escuela se convertiría en orgullo de la Nación, una predicción que, según ella, se cumplió al convertirse en "madre de otras ramas de la enseñanza".
La escuela era mixta desde el principio, lo cual no generó problemas. Las relaciones entre profesores y alumnos eran encomiables, basadas en el respeto a la jerarquía y la responsabilidad mutua. La directora mantenía conversaciones frecuentes con alumnos y padres, entendiendo sus aspiraciones de encontrar un "hogar espiritual" para el futuro de sus hijos. Esta necesidad llevó a la organización de la Asociación de Padres, que fue fundamental para superar las numerosas dificultades diarias.
Flairoto elogia a sus colaboradores, describiéndolos como personas cultas, jóvenes, entusiastas, siempre dispuestas a superarse, incansables y eficientes. Les agradece su leal dedicación al cumplimiento del deber. Concluye su discurso destacando que, a pesar de las horas difíciles de organización sin los elementos necesarios, la paz, la alegría y la armonía los acompañaron. Subordinaron sus mejores pensamientos a los intereses de la Patria y los alumnos, sintiendo que habían cumplido y amado su deber.
El Profesorado: Nacimiento y Evolución del Nivel Terciario
Un cambio estructural significativo ocurrió en 1971, transformando la entonces ENPA en lo que hoy es el ENSPA. Este cambio estuvo impulsado por las nuevas tendencias en educación, que incorporaban un Tercer Nivel orientado específicamente a la formación docente. Este nivel adquirió una relevancia sustancial, trascendiendo el ámbito escolar para impactar directamente en la comunidad, respondiendo a una demanda largamente esperada.
Inicialmente, comenzó a funcionar con tres cursos de Primer Año para la enseñanza primaria, enfrentando los ajustes propios de una nueva etapa. La recepción de los primeros alumnos fue masiva, con una numerosa inscripción que incluía tanto egresados del nivel secundario como maestros en ejercicio que buscaban perfeccionarse. Los programas y actividades se desarrollaron con gran fuerza y motivación.
Al año siguiente, en 1972, con la creación del segundo año y la necesidad de descentralizar tareas, se formó el Consejo Consultivo. Para su constitución, se crearon departamentos por materias curriculares, profesionales, de práctica y residencia. La labor inicial del consejo se centró en la clasificación de aspirantes a cátedras, la adaptación de programas y la integración de áreas.
La dedicación del personal docente era extraordinaria. Los horarios de trabajo escapaban al reloj, y la jornada terminaba solo cuando la tarea estaba concluida, tal era la pasión y ansiedad puestas en el trabajo productivo. Eran jornadas intensas de elaboración pedagógica, aportes creativos, reflexión y organización.
Un ejemplo del dinamismo institucional fue la formación de la Biblioteca, una idea surgida en una reunión con la Asociación Cooperadora, descrita como un verdadero motor para la escuela. La biblioteca se inició con una importante donación de libros y contribuciones posteriores.
En 1976, la oferta educativa del profesorado se amplió con la creación de la carrera para Nivel Preescolar, lo que implicó un nuevo proceso de organización, cobertura de cátedras y conformación de departamentos específicos. El crecimiento continuó, y en 1987, el interés masivo llevó a aumentar las secciones para primaria (siete secciones entre primero y segundo año) y para preescolar (diez secciones).

A lo largo de los años, los planes de estudio se modificaron, pero las actividades complementarias entre profesores y alumnos siempre brindaron una dinámica vivificadora a la escuela. Se organizaron visitas a lugares como la cuña boscosa de Santa Fe para experimentar la realidad de las escuelas rurales, convivencias con maestros y alumnos, y visitas a escuelas con grados nucleados en Avellaneda y Berazategui para integrar materias y dar origen a montajes audiovisuales. Los campamentos en La Rioja y el Gran Buenos Aires buscaron un desarrollo integral de los alumnos.
Los primeros seis años del Profesorado son recordados como los más plenos, tanto por el esfuerzo organizativo como por las satisfacciones obtenidas. Se destaca el sacrificio, entusiasmo y fervor puestos por docentes, personal, alumnos y la comunidad. Los docentes, en particular, combinaron ese impulso fervoroso con la capacidad de elaboración pedagógica, el rigor académico y la apertura a nuevas orientaciones.
Las muestras didácticas fueron otra experiencia memorable, donde los alumnos asumían protagonismo, exponiendo el fruto de su trabajo anual a través de materiales, textos, obras de teatro y conjuntos musicales.
Luego vinieron otros tiempos, marcados por presiones externas e internas que provocaron cambios. A pesar de las mutaciones, la escuela continuó ofreciendo respuestas adecuadas. Sin embargo, a partir de 1975, la situación del país generó una pérdida paulatina de alumnos varones; algunos abandonaron sus estudios y debieron salir del país. A pesar de esto, la escuela siguió formando maestros, muchos por vocación innata y otros que, al no ingresar a la universidad, descubrían su vocación docente en las aulas y prácticas del Normal.
El advenimiento de la democracia en 1983 revivió un clima de participación, aunque con distintos matices. La participación horizontal se abrió paso, y en 1984 se formó el centro de estudiantes, integrándose con los Departamentos de Aplicación. No obstante, el centro de estudiantes tuvo una existencia efímera, y los alumnos perdieron interés posteriormente.
La inscripción en los cursos comenzó a mermar, en parte por la apertura irrestricta al ingreso universitario y en parte por la diversificación de la oferta educativa con carreras cortas que parecían ofrecer mejores oportunidades laborales. Cuando la escuela cumplió 75 años y el profesorado 23, coincidió con la transferencia de jurisdicción de las escuelas nacionales a la provincia de Buenos Aires. A partir de 1994, el Profesorado pasó a llamarse Instituto Superior de Formación Docente N° 100, convirtiéndose en la cabeza de la Unidad Académica. Este cambio marcó una nueva etapa para afirmar su trayectoria y seguir formando a las nuevas generaciones de jóvenes que buscan en la escuela el esfuerzo integrado de toda la comunidad educativa.
¿Quién fue Próspero Alemandri? El Hombre detrás del Nombre
La Escuela Normal Superior de Avellaneda lleva el nombre de Próspero Alemandri, una figura clave en la historia de la educación argentina. Su legado, preservado en documentos históricos como su libro "Notas sobre enseñanza" (1934), disponible en la Biblioteca Nacional de Maestros (BNM), revela la profunda convicción y el incansable trabajo que dedicó a la expansión de la escuela pública en Argentina.
Próspero Alemandri nació en 1880 en Concepción del Uruguay. Fue egresado y posteriormente rector de la prestigiosa Escuela Normal Mariano Acosta. En 1919, fue nombrado Subinspector General de Escuelas de Territorios y Colonias Nacionales, un cargo desde el cual recorrió incansablemente los rincones más remotos del país. Su misión era clara: donde hubiera un grupo de niños, debía haber una escuela. Y donde hacía falta, gestionó su creación con una convicción inquebrantable.
Como vocal del Consejo Nacional de Educación, Alemandri fue un ferviente impulsor de la Ley de Jardines de Infantes, promoviendo la construcción de numerosos establecimientos de este tipo, especialmente en barriadas obreras. También abogó por la creación de escuelas al aire libre para niños con salud débil, demostrando una visión integral de la educación que consideraba las condiciones de vida de los alumnos.
Su desafío patriótico se resumía en la idea de "instruir a los niños donde se encuentren y cómo se pueda", una filosofía que lo llevó a "sembrar escuelas" hasta en los lugares más inaccesibles. Conseguir maestros, garantizar la llegada de supervisores y, sobre todo, mantener la convicción, eran los pilares de su labor.
El texto de la BNM ilustra las dificultades de su tarea con una anécdota vívida sobre la creación de una escuela en El Coite. Para llegar allí, Alemandri debió emprender un viaje que combinó trayectos en barco, tren, camión y a caballo, sumando varios días de marcha por terrenos difíciles. Una vez en destino, descubrió que el local ofrecido por un vecino no existía como tal; Don Federico Fernández se ofreció a improvisar una cocina en su propia casa para ceder su salón principal como escuela. Esta historia subraya la precariedad de los medios y la enorme voluntad necesaria para llevar la educación a zonas aisladas.
Las condiciones de vida de los alumnos en estas áreas también eran un desafío. La pobreza y la necesidad económica obligaban a muchos niños a recorrer largas distancias a pie para llegar a la escuela y a interrumpir sus estudios para participar en tareas rurales como la señalada, el arreo o el cuidado del ganado. Alemandri entendía que la escuela, cuyo objetivo es el desarrollo moral, intelectual y físico del niño, debía ocuparse también de cubrir necesidades básicas. Describía a los maestros que, con amor a su profesión entendida como un "sacerdocio", daban de comer a los alumnos (sopa, locro, polenta), una tarea que no se enseñaba en la Escuela Normal pero que realizaban sin sentir menoscabo en su dignidad.
Alemandri identificaba dos grandes problemas a resolver por la escuela argentina de su tiempo: el analfabetismo y la necesidad de "fusionar, dar unidad" a las diversas corrientes migratorias con sus distintas lenguas, costumbres e ideas. Citaba datos del censo de 1931 sobre el millón de analfabetos entre 6 y 18 años, y abogaba por curar este mal priorizando la educación de los niños en edad escolar y extendiendo la enseñanza secundaria a los obreros. Incluso proponía declarar obligatoria la creación de escuelas por parte de patrones o empresas para sus obreros analfabetos y sus hijos, asegurando que la distancia u otras razones no impidieran el acceso a la educación pública.
La elección del nombre Próspero Alemandri para la Escuela Normal de Avellaneda rinde homenaje a este educador visionario y comprometido, cuya vida y obra ejemplifican el esfuerzo por hacer de la educación un derecho accesible para todos, sin importar las dificultades o la lejanía.
Preguntas Frecuentes sobre el ENSPA
A continuación, respondemos algunas preguntas comunes basadas en la información histórica proporcionada:
¿Qué significa la sigla ENSPA?
ENSPA es el acrónimo de la Escuela Normal Superior Próspero Alemandri, su nombre completo y oficial.
¿Cuándo se fundó la Escuela Normal en Avellaneda?
La Escuela Normal Mixta Nacional de Avellaneda comenzó oficialmente sus funciones el 12 de junio de 1919, aunque los antecedentes se remontan a la Sociedad Popular de Educación de 1901 y los esfuerzos por fundar la escuela en 1912/1913.
¿Quién fue la primera directora del establecimiento?
La primera directora designada para la Escuela Normal Mixta Nacional de Avellaneda fue Matilde Flairotto.
¿Por qué la escuela lleva el nombre Próspero Alemandri?
La escuela lleva el nombre de Próspero Alemandri en homenaje a este destacado educador argentino, Subinspector General de Escuelas y Vocal del Consejo Nacional de Educación, conocido por su incansable labor en la fundación y expansión de escuelas públicas en todo el país y su visión integral de la educación.
¿Cuándo se creó el nivel Terciario (Profesorado)?
El nivel Terciario, conocido como Profesorado, se incorporó a la estructura de la escuela en 1971, momento en que la institución pasó a llamarse ENSPA.
¿Qué carreras se ofrecían inicialmente en el Profesorado?
Inicialmente, el Profesorado comenzó ofreciendo la formación para la enseñanza primaria. Posteriormente, en 1976, se sumó la carrera para Nivel Preescolar.
La historia del ENSPA es un testimonio de la importancia de la educación como motor de progreso y de la dedicación de quienes, a lo largo de más de un siglo, han contribuido a su desarrollo y prestigio, manteniendo vivo el legado de sus fundadores y de la figura que le da nombre, Próspero Alemandri.
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