12/12/2017
Durante su segunda presidencia, la del general Julio Argentino Roca (1898-1904) se consolidó una política educativa que buscaba transformar el panorama de la enseñanza en Argentina. Basada en principios fundamentales como la educación “pública y laica”, esta visión se materializó en la construcción de imponentes edificios conocidos popularmente como “palacios-escuela”. Estas estructuras, de notables dimensiones y concebidas con un fuerte enfoque higienista, representaron un avance significativo en la infraestructura educativa del país a principios del siglo XX.
La base legal y filosófica de esta política se encontraba en la trascendental Ley 1420 de Educación Común, promulgada el 8 de julio de 1884 durante la primera presidencia de Roca. Esta ley, cuyo espíritu fue plasmado por Roca y su ministro de Justicia, Culto e Instrucción, Eduardo Faustino Wilde, establecía en su Artículo 2º que “La instrucción primaria debe ser obligatoria, gratuita, gradual y dada conforme a los preceptos de la higiene”. La inclusión del principio higienista no era casual; Wilde, médico de profesión, había vivido de cerca las dolorosas lecciones de la epidemia de fiebre amarilla de 1871 en Buenos Aires, entendiendo la vital importancia de espacios salubres para el desarrollo de la infancia. La educación se veía no solo como un derecho y una herramienta democratizadora, sino también como un factor clave para la salud pública.
- La Concepción de los Palacios-Escuela
- El Hito del 25 de Mayo de 1902: Quince Escuelas en un Día
- Tipologías Arquitectónicas de las Nuevas Escuelas
- Financiación de la Obra Educativa
- El Contexto Amplio de la Política Educativa de Roca
- Críticas y Legado de los Palacios-Escuela
- Preguntas Frecuentes sobre las Escuelas de Roca
- Un Legado Perdurabale
La Concepción de los Palacios-Escuela
La Ley 1420 creó el Consejo Nacional de Educación (CNE), cuyo primer director fue nada menos que Domingo Faustino Sarmiento, nombrado por Roca. El CNE contaba con una dirección de arquitectura escolar propia, encargada de proyectar los establecimientos educativos. Para asegurar la calidad y la adecuación a los principios higienistas, se convocó a los mejores arquitectos del momento. Profesionales de la talla de Juan Antonio Buschiazzo, Francesco Tamburini, Gino Aloisi, Carlos Altgelt, Raimundo Batlle y Juan Waldorp, entre otros, fueron los responsables de diseñar estos imponentes edificios que buscaban ser verdaderos templos del saber, pero también espacios saludables y funcionales.
El arquitecto italiano Carlo Morra, marqués de Monterocheta, tuvo un rol protagónico a principios del siglo XX en la construcción de estas casas de estudio palaciegas para el CNE. Con una sólida formación como arquitecto e ingeniero militar de prestigiosas academias europeas, Morra aplicó sus conocimientos no solo en obras privadas para figuras prominentes, sino también en encargos estatales, incluyendo cuarteles, sedes de instituciones y, por supuesto, estas escuelas. Su participación aseguró la calidad y el estilo neoclásico que caracterizó a muchas de estas edificaciones, buscando transmitir una imagen de solidez, orden y nobleza, en línea con el ideal de “mens sana in corpore sano” que se buscaba fomentar.
El Hito del 25 de Mayo de 1902: Quince Escuelas en un Día
Uno de los momentos más significativos de esta política de construcción masiva de infraestructura educativa ocurrió el 25 de mayo de 1902. En un acto presidido por el propio Presidente Roca en la Escuela Bernardino Rivadavia de la calle Bolívar 1225, se llevó a cabo la inauguración simultánea de quince nuevos edificios educativos distribuidos estratégicamente en la ciudad de Buenos Aires. Esta cifra resultó impactante para la época, demostrando un compromiso sin precedentes con la expansión de la educación primaria.
José María Gutiérrez, presidente del Consejo Nacional de Educación desde 1895, destacó en su discurso de inauguración la filosofía detrás de estas construcciones. Subrayó que no se buscaba el “lujo vano” sino que se habían consultado “los adelantos modernos, teniendo en vista la instalación apropiada, la armonía y severidad de las líneas, la amplitud del espacio, la abundancia y discreta distribución del aire y de la luz”. Estas palabras reflejaban la conciencia de las tragedias sanitarias pasadas y el compromiso con los conceptos higienistas, que planteaban un ideal de 3 metros cuadrados por alumno para asegurar condiciones saludables. Si bien este ideal se alcanzaría plenamente con construcciones posteriores como el Colegio Bernasconi, estas primeras “escuelas-palacio” ya incorporaban estos principios.
La magnitud del evento fue tal que la revista Caras y Caretas dedicó cobertura, publicando fotos de los establecimientos. Se detallaba que de las quince inauguradas, doce eran edificios “a estrenar”, construidos desde cero con las nuevas tipologías, mientras que las otras tres eran remodelaciones y ampliaciones de obras preexistentes. La inauguración de 15 escuelas nuevas o significativamente ampliadas en un solo día era, y sigue siendo, un hecho extraordinario.
Tipologías Arquitectónicas de las Nuevas Escuelas
Para optimizar la construcción y adaptarla a los diferentes terrenos disponibles en la creciente ciudad de Buenos Aires, el Consejo Nacional de Educación y el arquitecto Carlo Morra consensuaron en 1899 tres tipologías principales para las nuevas escuelas. Estas variaban en tamaño, simetría y organización espacial:
- Tipología “A”: Diseñada para lotes estrechos, se organizaban de forma asimétrica, similar a la “casa chorizo”. Contaban con dos patios paralelos a las aulas, desarrollados a lo largo del terreno, y un solo nivel de aulas, con un segundo nivel sobre la línea municipal destinado a oficinas. La entrada solía estar pegada a una medianera. Ejemplos mencionados son la Escuela Tomás M. de Anchorena (Anchorena 855), Escuela José María Gutiérrez (La Rioja 1848), y Escuela Juan María Gutiérrez (Rocha 1226).
- Tipología “B”: Concebida para terrenos más grandes, estas escuelas contaban con dos pisos de aulas. Los patios se ajustaban al ancho del terreno, buscando mayor amplitud. Entre ellas se encontraban la Escuela Florencio Balcarce (Acuña de Figueroa 850), Escuela Tomasa Quintana de Escalada (Avenida Corrientes 5332), y Escuela Bernardino Rivadavia (Bolívar 1225).
- Tipología “C”: Eran las de mayor tamaño y representaban el ideal de “palacio-escuela”. Presentaban un volumen central de dos niveles y dos alas simétricas de un solo nivel, organizadas alrededor de dos grandes patios internos que aseguraban abundante luz y ventilación. Ejemplos notables de esta tipología son la Escuela Juan Bautista Alberdi (Crámer 2136), Escuela General Las Heras (Julián Álvarez 2849), Escuela Padre Castañeda (Morón 3745), y Escuela Salvador María del Carril (Quintino Bocayuva 620).
Además de las doce edificaciones completamente nuevas basadas en estas tipologías, se ampliaron y remodelaron tres colegios ya existentes para sumarlos a la inauguración del 25 de mayo de 1902. Estos fueron la Escuela Nieves Escalada de Oromí (San Antonio 682), el actual Colegio Nacional Número 5 General Mitre (Valentín Gómez 3163), la Escuela Rufino Sánchez (La Rioja 850), y la Escuela French y Beruti (Juncal 690).
Financiación de la Obra Educativa
La construcción de estas quince escuelas representó una “considerable erogación para el Estado”, según señalaba Caras y Caretas, estimando el valor total de estos edificios en 1.847.030,87 pesos. Las escuelas de Tipología “C”, las más grandes, tuvieron un costo individual de aproximadamente 286.000 pesos. El texto de la Ley 1420, en su capítulo V dedicado al “Tesoro común de las escuelas - Fondos escolar permanente”, detallaba las fuentes de financiamiento para estas y otras obras educativas:
| Fuente de Financiamiento | Porcentaje / Origen |
|---|---|
| Venta de tierras nacionales (territorios y colonias) | 20% (límite: 200.000 pesos m/n) |
| Intereses de depósitos judiciales (Capital) | 50% |
| Contribución Directa (Capital, territorios y colonias) | 40% |
Estas fuentes de ingresos, establecidas por ley, aseguraban un flujo constante de fondos destinados específicamente a la construcción, mantenimiento y expansión de la infraestructura escolar pública, demostrando un compromiso financiero estatal con la educación primaria obligatoria y gratuita.
El Contexto Amplio de la Política Educativa de Roca
La inauguración de estas quince escuelas en 1902 fue parte de una política educativa más amplia y sostenida durante las presidencias de Roca. Impulsado por el laicismo, Roca y su gobierno trabajaron activamente para separar la Iglesia Católica del Estado en áreas como la educación. La Ley 1420 fue un pilar fundamental en este sentido, estableciendo la educación primaria como obligatoria, gratuita y laica, un punto que generó fuertes debates y conflictos con la jerarquía eclesiástica de la época.
Para implementar la Ley 1420 de manera efectiva, se realizó en 1883 el primer Censo Escolar Nacional, que proveyó datos cruciales sobre la población en edad escolar y el estado de la infraestructura existente, sentando las bases para la planificación educativa posterior. Los resultados de esta política fueron notables: al inicio de su primer mandato en 1880, Argentina contaba con 1214 escuelas públicas; al finalizar su gestión en 1886, ese número había aumentado a 1804. Las escuelas normales, clave para la formación docente, pasaron de 10 a 17, el total de maestros se incrementó de 1915 a 5348, y la matrícula total de alumnos casi se duplicó, pasando de 86.927 a 180.768. Esta expansión continuó durante su segundo mandato, evidenciando un esfuerzo constante por llevar la educación a un sector cada vez mayor de la población.
Además de la educación primaria, también se legislaron aspectos de la educación superior. En 1885, se promulgó la Ley de Estatutos de las Universidades Nacionales, conocida como Ley Avellaneda, que otorgó a las universidades autonomía en ciertas áreas y definió un marco de funcionamiento para la elección de autoridades y la elaboración de planes de estudio, aunque manteniendo la influencia del poder ejecutivo en la elección final del rector. Esta ley también estableció fondos universitarios propios a partir de aranceles.
Críticas y Legado de los Palacios-Escuela
A pesar de la magnitud y la aparente magnificencia de estas construcciones, no estuvieron exentas de críticas desde su concepción. Una nota de la época en el diario LA NACION, titulada “La edificación Escolar en Buenos Aires, Casas Palacios, errores que deben corregirse, comparción con los Estados Unidos”, expresaba un parecer vehemente. Si bien reconocía la “buena inteción y el propósito” de los autores, el artículo criticaba el “erróneo criterio” con el que la autoridad escolar había principiado su edificación propia.
Se describía a estos edificios como “palacios que desde hace años muestran su arquitectura pesada y sin estilo, que son un muestrario de molduras y cornisones recargados e impropios”. La crítica apuntaba a que no respondían “a su objeto” y eran más “caserones de muchas piezas, antihigiénicas algunas, reducidas otras y con patios pequeños, con luz y ventilación problemática”. El autor sentía que se había consultado “más el efecto de conjunto que la apropiación del detalle”, lamentando la “inexperiencia con que se ha gastado tanto dinero sin llegar a un fin práctico, útil y excelente”. Se citaban incongruencias como escuelas para 300 alumnos con patios para la mitad, vestíbulos grandes donde no se permitía estar a los alumnos, corredores estrechos, estatuas simbólicas “mas o menos mamarrachos” y falta de servicios internos adecuados. También se mencionaban aulas que recibían luz de la derecha, sin elementos para renovar el aire constantemente y a veces sin la capacidad adecuada según “las leyes más elementales de la materia”.
La crítica, si bien dura, se presentaba como constructiva, insistiendo en la necesidad de adecuar el esfuerzo al entorno y ajustar las obras a las “exigencias locales”. A pesar de estas observaciones contemporáneas sobre la funcionalidad y el diseño, la mayoría de las escuelas inauguradas por Roca aquel 25 de mayo de 1902, excepto la de Juncal 690 y la de Cabildo casi Monroe, siguen en pie y funcionando como instituciones educativas, testimonio de la solidez de su construcción y del perdurable impacto de la política de expansión de la educación pública en Argentina. Se mantuvieron, en gran medida, tan públicas y laicas como se concibieron en su origen.
Preguntas Frecuentes sobre las Escuelas de Roca
A continuación, respondemos algunas preguntas comunes sobre la política educativa de Julio Argentino Roca y las escuelas de 1902:
¿Cuántas escuelas inauguró Julio Argentino Roca en un solo día?
El 25 de mayo de 1902, durante su segunda presidencia, Julio Argentino Roca inauguró quince nuevos edificios educativos distribuidos en la ciudad de Buenos Aires.
¿En qué fecha se realizó esta importante inauguración?
La inauguración de las quince escuelas se llevó a cabo el 25 de mayo de 1902.
¿Cuál era la base legal de la política educativa impulsada por Roca?
La base legal principal fue la Ley 1420 de Educación Común, sancionada en 1884 durante su primera presidencia.
¿Cuáles eran los principios fundamentales de la educación según la Ley 1420 y la política de Roca?
La Ley 1420 establecía la instrucción primaria como obligatoria, gratuita, gradual y dada conforme a los preceptos de la higiene. La política de Roca y Wilde consolidó además el principio de educación laica.
¿Quién fue el arquitecto responsable de diseñar muchas de estas escuelas palaciegas?
El arquitecto italiano Carlo Morra tuvo la responsabilidad de erigir muchas de estas casas de estudio palaciegas para el Consejo Nacional de Educación a principios del siglo XX.
¿Cómo se financiaron la construcción de estas escuelas?
Según la Ley 1420, se financiaron con recursos específicos del Tesoro común de las escuelas, incluyendo porcentajes de la venta de tierras nacionales, intereses de depósitos judiciales y la Contribución Directa.
¿Siguen existiendo hoy en día las escuelas inauguradas en 1902?
Sí, la mayoría de las quince escuelas inauguradas aquel día, con la excepción de dos, siguen en pie y funcionando como establecimientos educativos.
Un Legado Perdurabale
La inauguración de quince escuelas en un solo día simbolizó el firme propósito del gobierno de Roca de expandir y modernizar el sistema educativo argentino. Estos “palacios-escuela”, con su énfasis en la higiene y la amplitud, buscaron no solo impartir conocimientos sino también ofrecer un entorno saludable para el crecimiento de los niños. A pesar de las críticas contemporáneas sobre su diseño, la mayoría de estas estructuras han resistido el paso del tiempo, convirtiéndose en parte del patrimonio arquitectónico y educativo de Buenos Aires y un recordatorio del impulso dado a la educación pública a principios del siglo XX.
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