18/05/2020
La Ciudad de México, crisol de culturas e historias, alberga entre sus calles un sinfín de relatos sobre instituciones que moldearon su pasado. Entre ellas, se encuentra una que, a pesar de su desaparición física, dejó una huella en el ámbito educativo y social de la Nueva España y los primeros años del México independiente: el Colegio de Comendadores Juristas de San Ramón Nonato. Conocido de forma más sencilla como el Colegio de San Ramón, esta institución tuvo una existencia de casi dos siglos, marcada por una fundación tardía, un propósito específico y un final que refleja los cambios vertiginosos de la nación.

Su nombre completo nos da una pista clave sobre su enfoque: Colegio de Comendadores Juristas. Esto indica claramente que no era una institución de educación general, sino especializada en la formación de juristas, es decir, personas versadas en leyes. En la sociedad novohispana, el conocimiento legal era fundamental para la administración, la iglesia y la vida civil. Formar juristas era una tarea de gran importancia, y este colegio se dedicó a ello bajo la advocación de San Ramón Nonato, un santo de la Orden de la Merced, conocido por su elocuencia y patronazgo de los no nacidos.
El impulso para la creación de este colegio provino de una figura eclesiástica notable de principios del siglo XVII: Fray Alonso Énriquez de Toledo y Armendáriz. Este religioso mercedario ocupó posiciones de relevancia, sirviendo como obispo de Santiago de Cuba y, posteriormente, como obispo de Michoacán. Su visión iba más allá de la administración diocesana; tenía un profundo interés en la educación como medio de progreso. Poco antes de su fallecimiento, ocurrido el 5 de diciembre de 1628, Fray Alonso dispuso en su testamento la fundación de un colegio en la capital del Virreinato de la Nueva España. Su deseo era que este colegio se estableciera bajo la protección y el patronato de la provincia de la Orden de la Merced en México. Más aún, el obispo no solo tuvo la idea, sino que también aseguró los medios para su sostenimiento, destinando rentas específicas para garantizar su viabilidad financiera a largo plazo. Esta disposición testamentaria es el acto fundacional conceptual del colegio.
Sin embargo, como a menudo ocurría con las grandes disposiciones post mortem, la ejecución no fue inmediata ni sencilla. A pesar de la clara voluntad del fundador y de las rentas asignadas, la provincia de la Orden de la Merced en México no procedió de inmediato a la fundación del colegio. Pasaron más de dos décadas sin que el mandato del obispo Enríquez de Toledo se materializara. Esta dilación es un interesante reflejo de las complejidades burocráticas, los posibles desafíos logísticos o quizás la falta de prioridad que la orden pudo haber tenido en ese momento para este proyecto específico, a pesar de su compromiso con la educación.
Fue necesaria la intervención de la autoridad virreinal para que el proyecto cobrara vida. El virrey de la Nueva España en ese periodo, el Duque de Alburquerque, conminó a los mercedarios a cumplir con las disposiciones testamentarias de Fray Alonso Énriquez de Toledo y a proceder con la fundación del colegio. Esta presión desde el poder civil fue el catalizador que finalmente impulsó a la orden a actuar. Ante la exigencia virreinal, los mercedarios adquirieron y acondicionaron unas casas ubicadas estratégicamente junto a la Iglesia de Nuestra Señora de Valvanera, en el entonces vibrante barrio de la Merced de la Ciudad de México. Este barrio, históricamente ligado a la Orden de la Merced y un importante centro comercial y social, ofrecía un entorno propicio para una institución educativa.
Una vez que se realizaron las adecuaciones necesarias en las propiedades adquiridas, el Colegio de San Ramón Nonato abrió formalmente sus puertas. La fecha que marca este hito es el 12 de marzo de 1654. Este día representa la culminación, aunque tardía, de la visión de su fundador y el inicio de la vida institucional activa del colegio. Desde ese momento, el Colegio de Comendadores Juristas comenzó su labor de formación, contribuyendo al cuerpo de letrados y administradores del virreinato.
Los estatutos establecidos por Fray Alonso Énriquez de Toledo para el colegio incluían provisiones importantes para garantizar el acceso a la educación, especialmente para aquellos de las regiones con las que el obispo tuvo un vínculo. Notablemente, se estipulaba una beca para que cinco alumnos procedentes del obispado de Michoacán y tres alumnos del obispado de La Habana pudieran estudiar en el colegio. Esta disposición subraya la visión de alcance regional e incluso transcontinental del fundador y su deseo de beneficiar a jóvenes de sus antiguas sedes episcopales. El colegio, por lo tanto, no solo servía a la capital, sino que también tenía una dimensión que conectaba diferentes partes del vasto Imperio español a través de la educación.
La vida de una institución que se extiende por casi dos siglos está inevitablemente marcada por cambios y desafíos. A mediados del siglo XVIII, apenas un siglo después de su apertura, el edificio original que albergaba el Colegio de San Ramón Nonato requirió una reedificación significativa. Las razones exactas de esta necesidad no están detalladas, pero es común que los edificios de esa época requirieran mantenimiento mayor o ampliaciones debido al crecimiento de la matrícula o simplemente al desgaste del tiempo y los materiales. La reconstrucción culminó en el año 1754, exactamente un siglo después de su apertura formal, una coincidencia notable. La fecha de 1754 quedó grabada en el dintel de la portada principal del nuevo edificio, un testimonio de esta importante fase de su historia arquitectónica.
A principios del siglo XIX, el Colegio de San Ramón Nonato enfrentó dificultades financieras que comprometieron su sostenibilidad. La inestabilidad política y económica que comenzaba a gestarse en la Nueva España, preámbulo de la Guerra de Independencia, pudo haber jugado un papel en esta situación. Ante la incapacidad de sostenerse con sus propios recursos, el colegio fue agregado a otra institución educativa más grande y establecida: el Colegio de San Juan de Letrán. El Colegio de San Juan de Letrán era una de las instituciones más antiguas y prestigiosas de la Ciudad de México, con una trayectoria que se remontaba al siglo XVI. La integración de San Ramón a San Juan de Letrán buscaba probablemente asegurar la continuidad de su labor educativa, aunque fuera bajo la estructura de otra entidad.
A pesar de esta fusión, el destino del Colegio de San Ramón Nonato estaba sellado. El siglo XIX trajo consigo profundas transformaciones en el sistema educativo mexicano, influenciadas por las ideas liberales y la reorganización del Estado tras la independencia. Muchas instituciones coloniales, incluyendo colegios y conventos, fueron afectadas por leyes de desamortización y reforma educativa. En este contexto de cambio, el Colegio de San Ramón, ya integrado a San Juan de Letrán, fue suprimido definitivamente en el año 1840. Su existencia institucional llegó a su fin, poco antes de que también desapareciera el propio Colegio de San Juan de Letrán años más tarde, víctima igualmente de las reformas de la época.

El edificio que albergó al Colegio de San Ramón Nonato tuvo un destino igualmente complejo y, en cierto modo, melancólico. A pesar de su valor histórico y arquitectónico, no sobrevivió íntegramente al paso del tiempo y a los procesos de modernización urbana. En un esfuerzo por reconocer su importancia histórica, el edificio fue declarado monumento histórico el 9 de febrero de 1931. Sin embargo, esta declaración no fue suficiente para salvarlo de la demolición. En la misma década de 1930, en el marco de proyectos de desarrollo urbano, el edificio fue demolido para dar paso a la construcción de un nuevo inmueble destinado a vivienda para personas de escasos recursos. Esta decisión, si bien respondía a necesidades sociales de la época, significó la pérdida de gran parte de la estructura original.
Afortunadamente, no todo se perdió. De aquel edificio colonial que fue reconstruido en 1754, se logró conservar la portada principal, un elemento arquitectónico de gran valor que incluía el escudo de armas de su fundador, Fray Alonso Énriquez de Toledo. Además de la portada, algunos relieves y fragmentos de muros también se salvaron de la destrucción total. Estos elementos sobrevivientes fueron integrados a la nueva construcción levantada en el sitio. Así, aunque el cuerpo principal del colegio desapareció, una parte de su fachada y estructura original perdura, incrustada en un edificio moderno, como un recordatorio físico de la institución que alguna vez ocupó ese espacio en el corazón del Barrio de la Merced.
La historia del Colegio de San Ramón Nonato es un microcosmos de la historia de México: una visión fundacional noble, retrasos en su materialización, una vida institucional ligada a los vaivenes políticos y económicos, y un destino final marcado por la transformación urbana donde solo fragmentos del pasado se conservan. Fue una institución dedicada a la formación de juristas, clave en la estructura social y legal de la Nueva España, que operó durante un periodo crucial de la historia mexicana.
Aquí te presentamos una tabla resumen de los hitos clave en la historia del colegio:
| Evento | Fecha | Descripción |
|---|---|---|
| Intención de Fundación | Finales de 1628 | Disposición testamentaria de Fray Alonso Énriquez de Toledo y Armendáriz. |
| Apertura Formal | 12 de marzo de 1654 | El colegio abre sus puertas tras la intervención virreinal. |
| Reedificación del Edificio | Mediados del siglo XVIII | Necesidad de reconstruir el inmueble original. |
| Culminación Reedificación | 1754 | Terminación de la nueva estructura del edificio. |
| Agregado a San Juan de Letrán | Principios del siglo XIX | Unión debido a dificultades financieras. |
| Cierre Definitivo | 1840 | Supresión de la institución. |
| Declaración Monumento Histórico | 9 de febrero de 1931 | Reconocimiento oficial de su valor histórico. |
| Demolición del Edificio | Década de 1930 | El inmueble es demolido para nueva construcción, conservando fragmentos. |
A continuación, respondemos algunas preguntas frecuentes sobre este colegio:
¿Cuándo se fundó el colegio San Ramón Nonato?
La intención de fundarlo fue dispuesta por Fray Alonso Énriquez de Toledo en su testamento a finales de 1628. Sin embargo, su apertura formal y entrada en funcionamiento ocurrió el 12 de marzo de 1654, casi 26 años después.
¿Cómo se escribe colegio San Ramón?
El nombre completo de la institución era Colegio de Comendadores Juristas de San Ramón Nonato. Comúnmente era conocido y referido como el Colegio de San Ramón.
¿Qué tipo de educación se impartía en el Colegio de San Ramón Nonato?
Era un colegio especializado en la formación de juristas, es decir, personas dedicadas al estudio y práctica de las leyes. Su enfoque era el derecho, fundamental para la administración y la vida pública en la época colonial y principios del México independiente.
¿Qué queda hoy del edificio original del colegio?
Tras su demolición en la década de 1930, solo se conservan la portada principal, que incluye el escudo de armas del fundador, algunos relieves y fragmentos de muros. Estos elementos fueron integrados a un nuevo edificio construido en el mismo sitio, en el Barrio de la Merced de la Ciudad de México.
¿Por qué cerró el colegio?
El colegio enfrentó dificultades financieras a principios del siglo XIX, lo que llevó a su integración con el Colegio de San Juan de Letrán. Posteriormente, en 1840, en el contexto de las reformas educativas y políticas del México independiente, la institución fue suprimida definitivamente.
La historia del Colegio de San Ramón Nonato es un recordatorio de la riqueza y complejidad del pasado educativo de México. Aunque su estructura física desapareció en gran medida, su legado como centro de formación de juristas y parte del entramado social y cultural de la Ciudad de México perdura en los registros históricos y en los fragmentos de piedra que sobrevivieron al paso implacable del tiempo.
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