¿Qué es la ética ciudadana según los autores?

Formación Cívica y Ética en la Escuela

16/07/2025

La formación cívica y ética es un pilar fundamental en el desarrollo de ciudadanos conscientes y participativos. Sin embargo, su implementación en el ámbito escolar, especialmente en la educación primaria, no está exenta de complejidades y desafíos. Un programa integral, impulsado en México a partir de 2008, buscó dar un giro significativo, pasando de un enfoque centrado en la instrucción constitucionalista y patriota a uno de carácter más democrático, enfocado en el desarrollo del juicio crítico, la deliberación y la comprensión de la realidad.

¿Qué es la ética ciudadana según los autores?
Ética Ciudadana, es el respeto a los derechos humanos, tratando con respeto a la ciudadania nacional, actuando con justicia y equidad, sin acepción de personas, en el cumplimiento de nuestro deber y desarrollando nuestro trabajo como ciudadanos con verdad y honestidad.

Este nuevo programa, conocido como Programa Integral de Formación Cívica y Ética (PIFCYE), propone que la formación se base en el trabajo y la convivencia escolar, brindando a niños y niñas la oportunidad de vivir y reconocer la importancia de principios y valores esenciales para la convivencia democrática y su desarrollo pleno como personas. Busca promover la capacidad de los alumnos para formular juicios éticos, tomar decisiones, deliberar y elegir entre distintas opciones, considerando principios y valores como el respeto a la dignidad humana, la justicia, la libertad, la igualdad, la solidaridad, la responsabilidad, la tolerancia, la honestidad y el aprecio por la diversidad.

Índice de Contenido

El Giro Hacia una Formación Democrática

La propuesta del PIFCYE representa una ruptura con la tradición que privilegiaba la conformación de un ciudadano nacionalista comprometido con los símbolos patrios. Al destacar el carácter democrático, se abre camino hacia una comprensión de la educación cívica desde una posición de sujeto fundamentada en la libertad personal. El objetivo pedagógico central es que los alumnos desarrollen la capacidad de juicio crítico, movilicen sus conocimientos dentro y fuera de la escuela, trasciendan la dimensión escolar y sean capaces de resolver problemas cotidianos con acierto y responsabilidad.

El programa se estructura en torno al desarrollo de ocho competencias cívicas y éticas, que incluyen el conocimiento y cuidado de sí mismo, la autorregulación y el ejercicio responsable de la libertad, el respeto y aprecio de la diversidad, el sentido de pertenencia, el manejo y resolución de conflictos, la participación social y política, el apego a la legalidad y sentido de justicia, y la comprensión y aprecio por la democracia.

A diferencia de enfoques anteriores que se reducían a la enseñanza de conocimientos transmisibles, el nuevo programa se concibe como un dispositivo de formación que busca influir de manera intencional en el ámbito práctico moral. Reconoce la importancia del clima de relaciones en el aula y la escuela como espacios cruciales para este aprendizaje. La idea es que los estudiantes adquieran herramientas para analizar críticamente su contexto, conocer y defender sus derechos, participar activamente en sus colectivos y emitir juicios argumentados ante asuntos públicos.

Delimitando Conceptos: Instrucción vs. Formación

En el campo de la cívica y ética, la formación se entiende como un proceso de aprendizaje práctico-moral que moldea disposiciones en los sujetos para actuar, relacionarse y participar. Implica la construcción del sujeto por sí y para sí, en una doble dimensión socio-moral y existencial que se construye con los otros y en el cuidado de sí. No se limita a inculcar o transmitir ideas sobre ciudadanía o acumular información sobre leyes y deberes, sino que busca el desarrollo de actitudes y disposiciones duraderas para regular comportamientos, a partir de la desestabilización del sistema disposicional completo del sujeto. Se trata de saberes para la acción, que se adquieren por la experiencia y el ejercicio, a diferencia de los saberes teóricos o procedimentales que son transmisibles.

La instrucción, por otro lado, se asocia en el texto a la transmisión de saberes organizados secuencialmente en el currículo, donde lo prioritario es cubrir los temas del programa, a menudo sin importar si la enseñanza produce un aprendizaje significativo o pertinente para el alumno. Se centra en la adquisición de conocimientos de manera lineal.

Estrategias Clave: Deliberación y Comprensión Crítica

Para lograr la formación práctico-moral, el nuevo programa enfatiza dos elementos axiales: la deliberación y la comprensión crítica. Estas estrategias implican otros modos de entender la transmisión social en la escuela, que abren un margen para el desarrollo del juicio crítico en los estudiantes.

La deliberación es la capacidad de examinar cuidadosamente las opciones, analizar pros y contras de una elección antes de tomarla. En una formación que propicia la autonomía, la deliberación ocupa un lugar central porque desarrolla la facultad de analizar, comparar y contrastar ideas, permitiendo al sujeto decidir y asumir la responsabilidad de sus propias opciones, en lugar de simplemente seguir indicaciones.

Sin embargo, la deliberación por sí sola no basta. Es necesario el ejercicio de la comprensión crítica, que se desarrolla cuando podemos identificar y ubicar problemas, reflexionar sobre sus causas y buscar resolverlos. La comprensión crítica permite analizar información de diversas fuentes para configurar una postura propia, identificar factores causales de un problema y anticipar consecuencias. Es fundamental para incorporar la pregunta en los procesos formativos, atreverse a cuestionar lo establecido y imaginar que las cosas pueden ser de otra manera. Se convierte en la piedra angular para la configuración de una ciudadanía con agencia, capaz de participar activamente en la construcción del orden social.

Desafíos en la Práctica Docente: La Cultura de la Instrucción

A pesar del planteamiento del nuevo programa, la investigación muestra que la apropiación de este enfoque se ve obstaculizada por la prevalencia de una cultura de la instrucción en la gestión pedagógica. Esta cultura, articulada a un modo tradicional de comprender los saberes escolares, impide la introducción de otros modos de entender la formación, ligados a una cultura de la formación centrada en la experiencia y la acción.

Los docentes manifiestan dificultades para comprender la nueva lógica curricular, que prioriza la vinculación de los contenidos con las problemáticas de la vida de los alumnos. Muchos maestros significan la experiencia formativa desde los principios de la instrucción, donde el objetivo principal es cubrir el programa, a menudo sin que esto se traduzca necesariamente en un aprendizaje significativo o pertinente para los estudiantes. Esta perspectiva choca frontalmente con los principios declarativos del nuevo programa.

Además de la dificultad con la metodología y la falta de capacitación adecuada, los maestros señalan que las excesivas exigencias administrativas les impiden dedicar tiempo a la planeación profunda que requiere el nuevo enfoque. Se sienten abrumados por las tareas urgentes y los proyectos inesperados, lo que los lleva a priorizar el avance programático sobre la formación reflexiva.

¿Qué recursos se utilizan en la educación?
Entre los recursos educativos didácticos se encuentran material audiovisual, medios didácticos informáticos, soportes físicos y otros, que van a proporcionar al formador ayuda para desarrollar su actuación en el aula.

La Resistencia a la Realidad: El Hermetismo Escolar

Uno de los hallazgos más significativos es la renuencia de los maestros a problematizar la realidad dentro del aula. Aunque reconocen que los niños viven situaciones complejas y tienen acceso a información sobre problemas sociales (violencia, pobreza, corrupción, falta de servicios), existe una resistencia a abordar estos temas abiertamente. Esta resistencia se fundamenta en varias razones:

  • Implica un mayor esfuerzo y tiempo de planeación para el maestro, quien debe investigar y prepararse para responder preguntas difíciles.
  • Pone a prueba la capacidad del docente para conducir y organizar situaciones formativas con características diferentes a las tradicionales.
  • Cuestiona el orden de cosas vigente y puede resultar conflictiva.
  • Existe una tensión entre el mandato escolar de transmitir un discurso moralizante sobre cómo deberían ser las cosas en un mundo ideal y la exigencia de hablar de las problemáticas de la realidad tal como son.
  • La escuela tiende a asumir una creencia de neutralidad valorativa, y abordar temas controvertidos rompe con esa fachada.

Esta resistencia a pensar y hablar sobre la realidad desde una perspectiva crítica se manifiesta en lo que el texto llama "hermetismo" escolar. El hermetismo es una estrategia de silenciamiento que impide la conexión entre lo que se enseña y aprende en la escuela y las problemáticas de la vida real. Se basa en la falsa idea de que si algo no se nombra, no existe, y busca acallar la realidad para evitar el debate de perspectivas.

La escuela, bajo este principio, se convierte en un "terreno aparte", ficcional, que enmascara la realidad. Se defiende la autoridad pedagógica para decidir qué temas son "buenos" o "malos" y cuáles pueden o no ser discutidos en su interior, excluyendo la polifonía de ideas y puntos de vista que caracterizan a una sociedad democrática.

El Papel de Padres y Comunidad

El hermetismo y la resistencia a los nuevos enfoques no solo provienen de los maestros. Los padres de familia también juegan un papel en la construcción de este cerco. Acostumbrados a estilos más tradicionales de enseñanza, pueden resistirse al uso de ciertas fuentes de información o a la discusión de temas que consideran nocivos para sus hijos. Su resistencia a la innovación y su preferencia por "que las cosas se hagan de esta manera" (la tradicional) dificultan aún más la implementación de un enfoque que busca problematizar la realidad y fomentar la comprensión crítica.

Adaptación vs. Transformación

En el fondo, las dificultades evidencian una tensión subyacente sobre el propósito de la formación cívica y ética en la escuela. Para muchos maestros, la función principal parece estar relacionada con la adaptación de los niños a la moral social y a los valores vigentes, más que con la posibilidad de construir culturalmente nuevos valores o de fomentar una postura crítica que pueda llevar a la transformación de la realidad. Se prioriza la adaptación a lo que "se vive allá afuera", aunque eso signifique renunciar a la posibilidad de cuestionar o mejorar ese entorno.

Al situar el comportamiento didáctico en el plano de la racionalidad instrumental, la actitud frente a lo real es simplemente tomarlo como viene, sin un propósito de criticarlo o transformarlo. Esto se opone a la visión del PIFCYE, que busca formar ciudadanos capaces de intervenir responsablemente en la construcción del orden social.

Reflexión Final

La implementación de un programa como el PIFCYE, centrado en la formación democrática, la deliberación y la comprensión crítica, enfrenta barreras significativas que van más allá de lo técnico-didáctico. Implica cambiar un modo de ser y entender el papel de la formación, tanto por parte de la escuela como de la comunidad. La dificultad para integrar la transversalidad de los contenidos, la resistencia a problematizar la realidad, el "hermetismo" escolar y la preferencia por la instrucción y la adaptación, son tensiones que obturan la posibilidad de formar ciudadanos críticos y autónomos.

Para que la escuela se convierta en un espacio donde se pueda pensar la realidad, comprenderla y aspirar a su transformación, es fundamental superar el principio del hermetismo y la cultura de la instrucción. Mientras se siga priorizando el adoctrinamiento y la inculcación de modelos sobre la deliberación y la comprensión crítica, la formación cívica y ética seguirá reproduciendo comportamientos basados en la obediencia en lugar de formar sujetos capaces de intervenir de manera responsable y transformadora en su entorno.

Preguntas Frecuentes

¿Qué es la Formación Cívica y Ética según el enfoque democrático descrito?
Según este enfoque, es un proceso basado en la convivencia escolar y el trabajo en el aula que busca desarrollar en los alumnos la capacidad de formular juicios éticos, deliberar, elegir entre opciones y movilizar conocimientos para resolver problemas, basándose en principios y valores democráticos como el respeto, la justicia, la libertad y la responsabilidad. Va más allá de la mera adquisición de conocimientos o la inculcación de normas.

¿Por qué es difícil implementar este nuevo enfoque en las escuelas?
Las dificultades radican en la prevalencia de una cultura de la instrucción que choca con la lógica de la formación, la falta de capacitación adecuada para los maestros en las nuevas metodologías (deliberación, comprensión crítica), las exigencias administrativas, la resistencia a abordar temas de la realidad por considerarlos conflictivos o "malos" (hermetismo escolar), y la resistencia de los padres de familia a los nuevos métodos y contenidos.

¿Qué significan la deliberación y la comprensión crítica en este contexto?
La deliberación es la capacidad de examinar cuidadosamente diferentes opciones y sus implicaciones antes de tomar una decisión. La comprensión crítica es la capacidad de analizar información, identificar problemas, reflexionar sobre sus causas y consecuencias, y cuestionar la realidad para formar una postura propia. Ambas son vistas como herramientas esenciales para desarrollar el juicio crítico y la autonomía en los estudiantes.

¿Qué es el hermetismo escolar?
Es la tendencia de la escuela a cerrarse a la realidad externa y a las problemáticas que viven los alumnos, evitando discutir temas controvertidos o difíciles. Funciona como un mecanismo de silenciamiento que impide la conexión entre los contenidos educativos y la vida real, limitando la posibilidad de comprensión crítica y deliberación sobre asuntos significativos.

¿Cuál es la diferencia clave entre la cultura de la instrucción y la cultura de la formación?
La cultura de la instrucción se centra en la transmisión lineal y secuencial de saberes, buscando que el alumno adquiera conocimientos, a menudo sin importar su pertinencia. La cultura de la formación se centra en la experiencia práctico-moral, buscando que el alumno desarrolle disposiciones, actitudes y la capacidad de juicio crítico a través de la interacción con la realidad y la reflexión sobre ella.

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