17/12/2022
Adentrarse en la historia del Colegio de San Ildefonso de Madrid es iniciar un recorrido a través de los siglos, descubriendo la evolución de una institución que no solo ha sido testigo, sino parte activa, de los cambios sociales y educativos de España. Más que un simple centro de enseñanza, San Ildefonso representa un legado de centenaria tradición, compromiso social y adaptación a los tiempos.
Los orígenes de este venerable colegio se pierden en el tiempo, remontándose a una época anterior incluso al reinado de los Reyes Católicos, situándose aproximadamente a mediados del Siglo XV. En aquel entonces, su nacimiento no respondía a una iniciativa eclesiástica o nobiliaria, sino a una necesidad social apremiante y a la visión de la propia administración local. Fue el mismo Ayuntamiento de Madrid quien impulsó su creación, concibiéndolo como un centro de beneficencia dedicado a acoger a niños que se encontraban en situación de abandono. La misión primordial era clara y altruista: brindarles no solo cobijo y sustento, sino fundamentalmente facilitarles el acceso a la educación, abriéndoles un camino de oportunidades en una sociedad que, de otro modo, les habría dado la espalda.

Este origen municipal y su propósito fundacional marcaron desde el principio una diferencia fundamental respecto a otras instituciones educativas de la época, predominantemente ligadas a órdenes religiosas o a la Iglesia. De hecho, el Colegio de San Ildefonso ostenta con orgullo el título de ser el centro educativo laico más antiguo de Madrid, una característica que subraya su singularidad y su papel en la historia de la educación pública y benéfica de la ciudad.
A lo largo de sus primeros siglos, el colegio fue consolidando su labor y su identidad. Sus primeros pasos documentados, que datan del Siglo XVI, ya hacen referencia a su existencia y actividad. En aquel período temprano, la institución era conocida con un nombre que reflejaba directamente su propósito pedagógico y social: “Colegio de los Niños de la Doctrina”. Este nombre evolucionaría posteriormente para ser reconocido como el Colegio de los "Niños Doctrinos", una denominación que perduraría y se asociaría indisolublemente a su historia.
La formación que se impartía en el Colegio de los "Niños Doctrinos" destacaba por su calidad y amplitud, situándose muy por delante de la enseñanza convencional de su época. Si bien los detalles curriculares exactos de los primeros siglos son menos precisos en la información proporcionada, se menciona específicamente que, ya en el Siglo XIX, el colegio ofrecía una formación notablemente avanzada. El plan de estudios incluía materias que, para la época, eran poco comunes y reflejaban una visión educativa progresista y orientada a dotar a los alumnos de habilidades diversas y útiles. Entre estas asignaturas pioneras se encontraban solfeo, esgrima, dibujo, taquigrafía o mecanografía, disciplinas que iban más allá de los conocimientos clásicos o religiosos y que preparaban a los jóvenes para una variedad de oficios y profesiones emergentes.
Pero si hay un aspecto por el que el Colegio de San Ildefonso es ampliamente conocido y reconocido, tanto en España como a nivel internacional, es por su entrañable participación en los sorteos de la Lotería Nacional. Esta tradición, que se ha convertido en un símbolo navideño y de esperanza para millones de personas, tiene raíces profundas en la historia del colegio. La primera vez que los niños de San Ildefonso prestaron sus voces para cantar los números y premios de la lotería fue en el año 1771, bajo el reinado de Carlos III. Desde entonces, generación tras generación de alumnos han mantenido viva esta costumbre, convirtiéndose en los custodios de uno de los rituales más queridos y esperados de la cultura popular española.

La larga trayectoria del colegio también ha implicado cambios físicos a lo largo del tiempo. Como muchas instituciones históricas en ciudades en constante crecimiento y transformación como Madrid, el Colegio de San Ildefonso ha tenido diferentes sedes a lo largo de su existencia. No se especifican todas sus ubicaciones anteriores, pero sí se señala que el edificio que actualmente ocupa y que reconocemos como su hogar, se convirtió en su sede definitiva en el año 1884. Este inmueble ha sido desde entonces el escenario donde miles de niños y niñas han recibido su educación y donde se ha mantenido viva la tradición de la lotería.
La evolución del Colegio de San Ildefonso no se ha limitado a sus programas educativos o a sus sedes. También ha experimentado transformaciones significativas en cuanto a su alumnado, reflejando los cambios sociales y la búsqueda de una educación más inclusiva. Durante gran parte de su historia, el colegio funcionó exclusivamente como un internado para chicos. Los niños acogidos vivían y estudiaban dentro de sus muros, en un régimen de internamiento que garantizaba su protección y formación integral.
Sin embargo, a finales de la década de 1960, se produjo un cambio importante con la admisión de los primeros alumnos externos. Esta apertura permitió que niños que no necesitaban pernoctar en el centro pudieran beneficiarse de su educación, ampliando el alcance de la institución más allá de su tradicional función de internado benéfico. La siguiente gran transformación en la composición de su alumnado llegó en 1981, un hito que marcó un antes y un después en la historia del colegio con la admisión de las primeras niñas. Esta decisión supuso la transición hacia un modelo coeducativo, adaptándose a los nuevos tiempos y principios de igualdad.
La historia más reciente del colegio, hacia finales de la década de 1990, vio otra reestructuración interna. Aunque la información proporcionada no detalla las razones o la naturaleza exacta de esta división, se menciona que el Colegio de San Ildefonso se dividió en dos instituciones distintas. Lo notable es que, a pesar de esta división administrativa o funcional, ambos centros continuaron compartiendo la misma sede histórica, manteniendo así un vínculo físico con el legado común bajo el mismo techo que ha albergado a generaciones de estudiantes.

La historia del Colegio de San Ildefonso es, en definitiva, una narrativa de adaptación y resiliencia. Desde sus humildes comienzos como refugio y escuela para los más desfavorecidos, pasando por su consolidación como centro educativo de referencia con programas avanzados y su singular conexión con la Lotería Nacional, hasta su evolución hacia un modelo más abierto e inclusivo en cuanto a su alumnado. Es una institución que ha sabido preservar su esencia benéfica y educativa a lo largo de más de cinco siglos, dejando una huella imborrable en la historia de Madrid y de España.
Preguntas Frecuentes sobre el Colegio de San Ildefonso
¿Qué era antes el Colegio de San Ildefonso?
Originalmente, el Colegio de San Ildefonso fue fundado a mediados del Siglo XV por el Ayuntamiento de Madrid como un centro de beneficencia. Su propósito principal era acoger a niños abandonados y facilitarles educación y cobijo.
¿Cuál es la historia del Antiguo Colegio de San Ildefonso?
Su historia comienza a mediados del Siglo XV como centro de beneficencia del Ayuntamiento de Madrid. Fue conocido inicialmente como "Colegio de los Niños de la Doctrina" y luego como "Colegio de los Niños Doctrinos". Destacó por su educación avanzada para la época, incluyendo materias como solfeo, esgrima, dibujo, taquigrafía y mecanografía en el Siglo XIX. Desde 1771, sus alumnos participan en los sorteos de la Lotería. Ha ocupado diferentes sedes, estableciéndose en su edificio actual en 1884. Inicialmente internado solo para chicos, admitió alumnos externos a finales de los 60 y niñas a partir de 1981. A finales de los 90, se dividió en dos instituciones que comparten sede.
¿Qué se enseñaba en el Colegio de San Ildefonso?
Desde sus inicios, se facilitaba educación a los niños acogidos. En el Siglo XVI, la formación ya era considerada avanzada para la época. En el Siglo XIX, se enseñaban materias como solfeo, esgrima, dibujo, taquigrafía o mecanografía, además de las materias tradicionales. La información proporcionada se centra en estos aspectos, sin detallar el currículo completo en cada período.
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