28/09/2022
El edificio que hoy se alza majestuoso junto a la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, albergó hace siglos una institución educativa de vanguardia para su época: el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco. Fundado en 1536, este colegio representó la cristalización de un ambicioso proyecto franciscano en la recién conquistada Nueva España, buscando integrar a la población indígena, particularmente a su nobleza, a la cultura y fe del vencedor a través de la educación superior. Su historia, marcada por altas aspiraciones y un controvertido desenlace, ha sido objeto de profundo análisis y debate entre los historiadores, quienes han ofrecido diversas interpretaciones sobre su verdadero impacto y legado.
La existencia del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco no pasó inadvertida para la mirada de los historiadores, quienes, desde mediados del siglo XX hasta la actualidad, han configurado una representación histórica que, si bien a menudo se inclina hacia la idea de un proyecto fallido, también ofrece matices que invitan a una revaloración. Este artículo busca adentrarse en esa historiografía para comprender el objetivo original del Colegio, las razones detrás de la percepción de su fracaso y la importancia que, a pesar de todo, tuvo en el devenir de la historia educativa de México, estableciendo incluso puentes con instituciones posteriores como la Real y Pontificia Universidad de México.

- La Fundación y el Impulso Franciscano
- Objetivos Ambiciosos y el Ideal Franciscano
- El Concepto de "Fracaso" y sus Matices Historiográficos
- Condiciones Históricas, Desafíos y Legado
- Tabla Comparativa: Objetivos vs. Percepción Histórica
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Preguntas Frecuentes sobre el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco
- ¿Cuál era el objetivo principal del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco?
- ¿Por qué se considera que el Colegio fracasó?
- ¿Quiénes podían estudiar en el Colegio de Tlatelolco?
- ¿Tuvo el Colegio algún logro a pesar de la percepción de fracaso?
- ¿El Colegio de Tlatelolco fue un precedente para la Real y Pontificia Universidad de México?
La Fundación y el Impulso Franciscano
Los antecedentes inmediatos de la fundación del Colegio de Tlatelolco se encuentran intrínsecamente ligados al franciscanismo de la época. Para figuras como José Luis Becerra, el Colegio fue la cúspide de un sistema educativo misional franciscano. Antonio Rubial lo describe como una materialización del gran afán franciscano por engrandecer la cristiandad indiana y la iglesia novohispana, buscando la salvación eterna de los indios a través del ejemplo de sus dirigentes.
No fue una iniciativa improvisada. Ya desde 1525, se habían planteado ideas para un centro de estudios superiores en la Ciudad de México, como la propuesta del contador Rodrigo de Albornoz de autorizar cursos de gramática, artes y teología para los indios principales. Esta visión se fundamentaba en la creencia franciscana, resumida por José María Kobayashi, de "incorporar al vencido a la cultura del vencedor elevándolo al mismo nivel de hombre que este". Era, en muchos sentidos, un acto de fe: fe en los resultados de un proyecto cristiano y fe en la capacidad de los indígenas, especialmente de la nobleza, para alcanzar los más altos conocimientos.
El Colegio fue fundado el 6 de enero de 1536 en el barrio de Tlatelolco, un lugar con una población predominantemente indígena. Contó con el entusiasta apoyo de autoridades civiles y eclesiásticas, incluyendo al virrey Antonio de Mendoza, al obispo Fray Juan de Zumárraga (considerado el verdadero fundador), al presidente de la Real Audiencia Sebastián Ramírez de Fuenleal, y a prominentes franciscanos como Jacobo de Testera y fray García de Cisneros. Este proyecto tuvo un antecedente directo en el Colegio de San José de los Naturales, fundado por fray Pedro de Gante, cuya experiencia exitosa en la educación de los indios generó grandes expectativas para Tlatelolco.
Según Pilar Gonzalbo, la tarea evangelizadora y educadora era impostergable, no solo por mandatos legales, sino porque el bautismo y la instrucción catequística eran requisitos indispensables para la incorporación de los indios al sistema colonial. La legislación y los frailes coincidían en que los hijos de los señores debían recibir una educación superior a los rudimentos catequísticos que se impartían a la población general de macehuales.
Objetivos Ambiciosos y el Ideal Franciscano
Los objetivos iniciales del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, antes y poco después de su fundación, eran fundamentalmente los de una escuela de educación superior dirigida a los indígenas nobles. Kobayashi identifica tres metas principales:
- Formar laicos con una fe cristiana sólida.
- Preparar agentes de catequesis, con la aspiración de formar sacerdotes indígenas a futuro.
- Proveer de ayudantes e intérpretes a los religiosos que no dominaban las lenguas nativas.
Es crucial entender que esta iniciativa estaba dirigida específicamente a los descendientes de las principales familias nobles indígenas, seleccionados por su inteligencia y buenas cualidades humanas, como señala Robert Ricard. La idea subyacente era que el indígena era plenamente capaz de alcanzar el nivel de comprensión necesario para el buen manejo de la doctrina cristiana, incluyendo la filosofía y la teología, las disciplinas cumbre de la instrucción de la época.
Este acto de fe franciscano no era universalmente compartido por otras órdenes religiosas o por la sociedad española en general. Existía un partido contrario a la instrucción superior de los indios, argumentando que enseñarles latín y teología podría llevarlos a errores o incluso herejías, como menciona García Icazbalceta.
El Concepto de "Fracaso" y sus Matices Historiográficos
A pesar de sus ambiciosos inicios, la percepción histórica predominante, especialmente a partir de mediados del siglo XX, ha sido que el Colegio de Tlatelolco fracasó en sus principales aspiraciones. Esta idea se cimienta en gran medida en la desilusión manifestada por fray Juan de Zumárraga hacia 1540, apenas cuatro años después de la fundación. La decepción del obispo se derivaba de que los primeros egresados no mostraron vocación por la vida sacerdotal célibe, prefiriendo la vida laica y matrimonial. Esta sensación de Zumárraga se convirtió en un elemento determinante para delinear la representación del fracaso en la historiografía posterior.
La educación en Tlatelolco pronto pareció alejarse de la aspiración de ser una institución de estudios superiores plenos. Se inclinó más hacia una instrucción técnica, un adiestramiento mecánico, reduciéndose a la idea, citada por Kobayashi de Acosta, de que a los indios "es necesario enseñarlos primero a ser hombres y después a ser cristianos". Esto significó que la enseñanza de filosofía y teología fue, si no abandonada, al menos relegada, en favor de la gramática y, en algunos casos, la medicina.
Sin embargo, la historiografía más reciente ha procurado matizar esta representación del fracaso. Autores como Kobayashi, Gonzalbo, y Rubial, entre otros, han explorado diversos acercamientos que restan al Colegio su carácter de fallo absoluto. Se argumenta que el proyecto era precursor, sin precedentes claros en cuanto a su nivel de aspiración educativa para los indígenas. Comparado con escuelas de primeras letras o de oficios, Tlatelolco se propuso metas mucho más altas, lo que hacía el riesgo de no alcanzarlas considerablemente mayor.
Otro matiz importante surge de su relación con la Real y Pontificia Universidad de México, fundada en 1553. García Icazbalceta la ve como una competencia que perjudicó al Colegio, mientras que Kobayashi la interpreta como una posible consecuencia del ensayo de Tlatelolco. Si se considera a la Universidad deudora del Colegio, entonces el "fracaso" de este último adquiere un sentido diferente, casi como un paso necesario en la evolución de la educación superior en la Nueva España. No obstante, la Universidad no tenía como objetivo exclusivo la instrucción indígena, lo que marcó una diferencia fundamental con Tlatelolco.
Condiciones Históricas, Desafíos y Legado
Las razones del declive, más allá de la desilusión de Zumárraga, se explican por un conjunto complejo de condiciones históricas. Por un lado, las expectativas de los franciscanos superobservantes de la época, con su rígido ascetismo y búsqueda del celibato, chocaron con la realidad de la nobleza indígena, que no necesariamente compartía esa visión de vida. La incapacidad percibida de los indios para estudiar diligentemente filosofía y teología, como se menciona en una relación franciscana de 1570, también contribuyó a la idea de que las condiciones de los alumnos no se alineaban con los ideales del proyecto.

Además, existía una fuerte oposición externa. Otras órdenes religiosas, como dominicos y agustinos, no compartían la misma fe en la capacidad intelectual del indígena al mismo nivel que los franciscanos. También hubo resistencia por parte de sectores españoles que veían con recelo la posibilidad de que los indígenas alcanzaran un nivel educativo que pudiera disputarles puestos de poder o influencia, tanto en la esfera civil como religiosa. La propia estructura del gobierno virreinal reservaba los puestos clave a los españoles peninsulares, limitando las oportunidades para los egresados indígenas.
A pesar de la percepción de fracaso en sus objetivos iniciales, el Colegio de Tlatelolco dejó un legado innegable. La historiografía destaca las obras de autores indígenas y mestizos, exalumnos o potencialmente influenciados por Tlatelolco, como Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, Hernando Alvarado Tezozómoc, y Diego Valadés. Valadés, en particular, es reconocido por publicar la primera crónica sobre la Nueva España en latín en Europa, un logro que evidencia una sólida formación intelectual. Aunque existe debate sobre si estos cronistas asistieron o no directamente al Colegio en sus años de esplendor, su existencia y obra sugieren que la capacidad intelectual del indígena para la educación superior sí se manifestó, quizás no en la forma esperada por los franciscanos (un clero nativo), pero sí en otras áreas como la historiografía y la intelectualidad.
Josefina Flores señala que los franciscanos buscaban formar una élite indígena virtuosa, capaz de gobernar, impartir justicia, traducir y, potencialmente, dedicarse al sacerdocio. Si bien el sacerdocio no se materializó a gran escala, la formación en Tlatelolco sí pudo haber contribuido a la formación de líderes y colaboradores en otros ámbitos.
Aunque el proyecto original de educación superior para formar un clero indígena pudo haber durado pocos años en su forma ideal, el Colegio continuó existiendo y adaptándose a lo largo del siglo XVI, apoyado por un sector franciscano que lo consideraba útil y valioso, aun sin cumplir la meta inicial del sacerdocio. La supervivencia del Colegio, aunque modificada, demuestra que no fue un abandono total.
La historia del Colegio de Tlatelolco resuena hasta nuestros días. Su debate sobre el acceso a la educación superior para la población indígena, las expectativas puestas en ellos y los desafíos estructurales para su plena integración, son temas que lamentablemente aún se plantean en el México contemporáneo. Como señala el texto, la relación entre Tlatelolco, la Real y Pontificia Universidad y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) puede verse como una cadena de esfuerzos educativos que, a pesar de sus diferencias de origen (religioso vs. laico) y sus contextos históricos, comparten la preocupación fundamental por la formación y el conocimiento en el país.
Tabla Comparativa: Objetivos vs. Percepción Histórica
| Aspecto | Objetivos Iniciales (Visión Franciscana) | Resultados / Percepción Histórica (Principalmente post-1540) |
|---|---|---|
| Nivel Educativo | Educación Superior (Gramática, Artes, Teología, Filosofía) | Desplazamiento hacia instrucción técnica y primeras letras; abandono o reducción de Teología y Filosofía. |
| Población Objetivo | Indígenas Nobles (hijos de caciques y señores), seleccionados por aptitud. | Se mantuvo el enfoque en la nobleza, pero las expectativas sobre su vocación cambiaron. |
| Meta Principal | Formación de Laicos cristianos firmes; preparación de catequistas con miras a un clero indígena. | Deseo frustrado de formar un clero indígena (según Zumárraga); formación de catequistas, traductores, ayudantes; producción intelectual de exalumnos (historiadores). |
| Duración del Proyecto Original | Concebido como una institución a largo plazo. | Considerado "fallido" en sus objetivos iniciales después de ~4 años (basado en la desilusión de Zumárraga). |
| Legado | Continuidad del proyecto religioso y civil. | Precedente para la Universidad; formación de intelectuales indígenas/mestizos; símbolo del debate sobre educación indígena. |
Preguntas Frecuentes sobre el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco
¿Cuál era el objetivo principal del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco?
El objetivo principal, impulsado por los franciscanos y figuras como fray Juan de Zumárraga, era proporcionar educación superior a los hijos de la nobleza indígena para formar líderes cristianos, catequistas, intérpretes, y con la aspiración de que algunos llegaran a ser sacerdotes indígenas.
¿Por qué se considera que el Colegio fracasó?
La percepción de fracaso se basa en gran medida en la desilusión del obispo Zumárraga alrededor de 1540, al observar que los primeros egresados no mostraron vocación sacerdotal. Además, el colegio se orientó más hacia la instrucción técnica y de primeras letras, alejándose de los estudios superiores en filosofía y teología que se habían proyectado inicialmente.
¿Quiénes podían estudiar en el Colegio de Tlatelolco?
El Colegio estaba reservado a los hijos de la minoría dirigente indígena, es decir, la nobleza indígena o hijos de caciques y señores. Los estudiantes eran seleccionados por su inteligencia y cualidades humanas.
¿Tuvo el Colegio algún logro a pesar de la percepción de fracaso?
Sí. Aunque no se cumplió la meta de formar un clero indígena, el Colegio es reconocido por haber contribuido a la formación de un grupo de indígenas y mestizos con una sólida preparación intelectual. Se menciona la posible asistencia de futuros cronistas e historiadores como Tezozómoc, Ixtlilxóchitl, y Valadés, cuyas obras demuestran un alto nivel de conocimiento.
¿El Colegio de Tlatelolco fue un precedente para la Real y Pontificia Universidad de México?
Según algunos historiadores como José María Kobayashi, sí. Se sugiere que la idea de fundar una universidad surgió como corolario lógico del Colegio de Tlatelolco. Aunque la Universidad, fundada en 1553, también se convirtió en una competencia para el Colegio, la experiencia de educación superior en Tlatelolco pudo haber sentado las bases o demostrado la viabilidad de proyectos educativos de alto nivel en la Nueva España.
La historia del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, con sus luces y sombras, sigue siendo un punto de referencia fundamental para entender los inicios de la educación en México y los complejos procesos de interacción cultural y social que definieron la época colonial. Más allá de la etiqueta de "fracaso", su existencia plantea preguntas perennes sobre el acceso a la educación, la integración de diversas poblaciones y el significado del conocimiento en la construcción de una nación.
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