¿Quién diseño el colegio de arquitectos?

El Colegio de México: Arquitectura Brutalista

22/05/2018

El Colegio de México, una institución de posgrado de gran relevancia en el panorama educativo mexicano, no solo destaca por su tradición académica, sino también por ser un emblema arquitectónico de una época. Su edificio, fiel representante de la arquitectura brutalista mexicana de los años setenta, fue el resultado del ingenio y la visión de dos prominentes arquitectos mexicanos: Abraham Zabludovksy y Teodoro González de León. Construido en 1976, este recinto ha albergado durante décadas uno de los centros de educación superior e investigación con mayor prestigio del país, siendo un espacio diseñado meticulosamente para fomentar el estudio y la interacción intelectual.

¿Quién diseño el colegio de arquitectos?
Edificio fiel representante de la arquitectura brutalista mexicana de los años setenta, el Colegio de México fue proyecto de los arquitectos mexicanos Abraham Zabludovksy y Teodoro González de León.

La concepción de este edificio estuvo intrínsecamente ligada a las particularidades de su ubicación. El terreno elegido, situado en la intersección de dos importantes vías de comunicación de la Ciudad de México, presentaba una topografía sumamente irregular. Esta dificultad no era menor, ya que se trataba de las faldas del cerro del Ajusco, una zona que miles de años atrás estuvo cubierta por la lava del volcán Xitle. Esta condición geológica y topográfica se convirtió en el tema primordial que dictó gran parte de las decisiones de proyección y construcción. Los arquitectos, lejos de resistirse a esta complejidad, buscaron activamente la forma de adaptarse al terreno, integrando sus desafíos en la propia solución arquitectónica.

Índice de Contenido

Los Arquitectos Detrás del Proyecto

La elección de Abraham Zabludovksy y Teodoro González de León para diseñar El Colegio de México no fue casual. Ambos arquitectos eran figuras clave en la escena arquitectónica mexicana de la época y compartían una afinidad por la monumentalidad y el uso expresivo del concreto, características distintivas del brutalismo. Su colaboración en este proyecto resultó en un edificio que no solo cumplía con los requisitos funcionales de una institución académica de alto nivel, sino que también hacía una declaración arquitectónica audaz y contextual. La obra de Zabludovksy y González de León en El Colegio de México es un testimonio de su habilidad para transformar los desafíos del sitio en oportunidades de diseño, creando un espacio que es a la vez imponente y propicio para la concentración y el intercambio de ideas.

El Desafío del Terreno y su Solución Arquitectónica

Como se mencionó, la topografía irregular de las faldas del Ajusco representó un obstáculo significativo. Sin embargo, esta dificultad fue abordada mediante una estrategia de diseño inteligente. El conjunto arquitectónico se basó en una forma trapezoidal. Esta elección formal no fue arbitraria; su lado menor fue orientado estratégicamente al norte. Esta orientación coincidía con las colindancias del predio y permitió la ubicación eficiente de los locales de servicio en esa área. Adaptar la estructura a la inclinación y las irregularidades del terreno requirió una comprensión profunda del sitio y una propuesta volumétrica que dialogara con el entorno natural y geológico.

Principios de Diseño y Organización Espacial

Dentro de los requerimientos fundamentales establecidos por El Colegio de México para su nueva sede, la necesidad de contar con suficiente aislamiento para el óptimo desarrollo de sus actividades principales –la docencia y la investigación– figuraba como una prioridad absoluta. Dada la naturaleza de la institución, que promueve la reflexión profunda y el trabajo académico riguroso, era crucial crear espacios que permitieran la concentración sin distracciones excesivas. Paralelamente a esta necesidad de aislamiento, existía otro requisito aparentemente contradictorio pero igualmente importante: el edificio debía contar con una disposición que no solo permitiera, sino que activamente fomentara la interacción entre personas dedicadas a diferentes disciplinas y posiciones académicas. El Colegio de México es un centro multidisciplinario, y la interacción entre investigadores, profesores y estudiantes de diversas áreas es vista como un motor de innovación y conocimiento.

Los arquitectos abordaron este doble desafío mediante una cuidadosa organización espacial. Dispusieron que los centros de estudio, es decir, las áreas donde se ubican las oficinas y espacios de trabajo de los investigadores y profesores, estuvieran localizados estratégicamente alrededor del nivel alto del patio central. Esta ubicación elevada, sobre los seminarios y la biblioteca, les otorgaba la tranquilidad y el aislamiento necesarios. Para maximizar la funcionalidad y la privacidad dentro de estas áreas, los centros de estudio fueron solucionados en dos niveles, incorporando mezzanines. En estos mezzanines quedaron alojados los privados de los investigadores, ofreciendo un espacio individual y recogido para el trabajo concentrado. Además, se crearon espacios interiores de doble altura, los cuales no solo aportaban una sensación de amplitud, sino que también estaban diseñados para recibir luz central, contribuyendo a un ambiente de trabajo agradable y bien iluminado.

En contraste con las áreas de estudio más privadas, los arquitectos implementaron los patios cubiertos como espacios centralizadores de actividades y encuentros. Estos patios no son meros elementos decorativos, sino que cumplen una función vital en la organización del conjunto. Alrededor de ellos se organiza gran parte del edificio, actuando como puntos de congregación y transición entre las distintas áreas. La incorporación de estos patios interiores también representó una forma ingeniosa de integrar la naturaleza dentro del edificio, creando ambientes más amenos y conectando visualmente los distintos volúmenes del conjunto. Estos espacios fomentan los encuentros casuales y la interacción informal, cumpliendo así con el requisito de promover el intercambio entre los miembros de la comunidad académica.

La Importancia de la Biblioteca

Un componente fundamental de cualquier institución académica de posgrado es su biblioteca, y en El Colegio de México, esta área recibió una atención especial. El espacio destinado a la biblioteca ocupa aproximadamente la tercera parte del área total construida del edificio, lo que subraya su importancia central para las actividades de investigación y docencia. La biblioteca fue concebida como un cuerpo rectangular de tres niveles. Esta forma rectangular fue elegida por permitir la distribución más lógica y eficiente de sus vastas colecciones y áreas de lectura. La disposición interna fue diseñada para optimizar los recorridos, asegurando que los usuarios pudieran acceder a los materiales con facilidad, con recorridos máximos limitados a unos 30 metros. Los arquitectos señalaron que, dada la complejidad del terreno, la ubicación y el diseño de la biblioteca lograron ser los más óptimos posibles, maximizando su funcionalidad a pesar de las restricciones del sitio.

Estética Exterior: El Brutalismo en Concreto

La apariencia exterior de El Colegio de México es quizás uno de sus rasgos más distintivos y el que lo identifica claramente con la arquitectura brutalista. Los exteriores están dominados por una arquitectura robusta, caracterizada por el uso extensivo de muros de concreto aparente. El concreto, dejado a la vista sin recubrimientos adicionales, no solo aporta una textura y un color particulares, sino que también transmite una sensación de solidez y permanencia. La volumetría del Colegio es rica y compleja, mostrando una serie de remetimientos de ventanas que generan profundidad en las fachadas, superficies oblicuas que rompen con la ortogonalidad tradicional y una profusión de sombras proyectadas por los volúmenes salientes y entrantes. Estos elementos volumétricos y texturales no son meramente decorativos; se convierten en uno de los elementos principales de esta arquitectura, confiriéndole su carácter monumental y su singular identidad brutalista. El uso expresivo del concreto y la manipulación de la forma y la luz a través de los volúmenes definen la potente presencia de El Colegio de México en el paisaje urbano, consolidándolo como un hito arquitectónico.

Preguntas Frecuentes sobre el Diseño de El Colegio de México

A continuación, respondemos algunas preguntas comunes sobre la arquitectura de este notable edificio:

  • ¿Quiénes fueron los arquitectos principales del Colegio de México?
    El edificio fue diseñado por los arquitectos mexicanos Abraham Zabludovksy y Teodoro González de León.
  • ¿Qué estilo arquitectónico representa el edificio?
    Es un fiel representante de la arquitectura brutalista mexicana de los años setenta.
  • ¿Cuándo fue construido el actual edificio?
    El edificio fue construido en el año 1976.
  • ¿Cómo influyó el terreno en el diseño?
    El terreno, irregular y en las faldas del Ajusco, fue un tema primordial. Los arquitectos adoptaron una forma trapezoidal y adaptaron la construcción a su topografía.
  • ¿Cuáles fueron los requisitos clave para el diseño?
    Los requisitos principales fueron lograr aislamiento para la docencia e investigación y, al mismo tiempo, fomentar la interacción entre las diferentes disciplinas y académicos.
  • ¿Cómo se organizaron los centros de estudio?
    Se ubicaron en dos niveles con mezzanines, alrededor del nivel alto del patio, sobre los seminarios y la biblioteca, recibiendo luz central.
  • ¿Qué papel juegan los patios interiores?
    Son espacios centralizadores de actividades, en torno a los cuales se organiza el conjunto, integrando la naturaleza con el edificio y fomentando la interacción.
  • ¿Qué tan grande es la biblioteca y cómo está organizada?
    La biblioteca ocupa aproximadamente la tercera parte del área construida. Es un cuerpo rectangular de tres niveles, diseñado para una distribución lógica con recorridos máximos de 30 metros.
  • ¿Qué materiales caracterizan el exterior del edificio?
    El exterior se caracteriza por muros de concreto aparente, típico del brutalismo, con volumetría robusta, remetimientos de ventanas, superficies oblicuas y profusión de sombras.

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