27/11/2020
En un reciente homenaje al destacado biólogo, filósofo y escritor chileno Humberto Maturana Romesín, académicos de la Universidad de Chile revisitaron y destacaron la perdurable relevancia de sus ideas sobre educación y aprendizaje. Maturana, Premio Nacional de Ciencias, comenzó a esbozar estas reflexiones en 1988, en una charla titulada “Una mirada a la educación actual desde la perspectiva de la biología del conocimiento”. Sus planteamientos, según coinciden expertos como Paulo Barraza, Jorge Mpodozis y Juan Carlos Letelier, no solo mantienen su vigencia, sino que son fundamentales para proyectar el futuro de la enseñanza y comprender el profundo impacto que tuvo en la vida de muchos educadores.
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Jorge Mpodozis señaló en la instancia que ha escuchado en variadas oportunidades expresiones como: ‘A mí el profesor Maturana me cambió la vida’. Aquellos que lo expresan con mayor convicción y entusiasmo son, frecuentemente, profesores y personas vinculadas al ámbito educativo, lo que subraya la resonancia particular de sus ideas en este campo. Juan Carlos Letelier fue enfático al destacar la necesidad de “hacer crecer las ideas de Humberto Maturana con fuerza”, reconociéndolo como uno de los pocos casos en que una idea científica gestada en el hemisferio sur ha ganado respeto a nivel global. Su trabajo, por tanto, no es meramente recordar a Maturana, sino activamente proyectar su pensamiento.

- ¿Qué tipo de país queremos educar?
- Educar: Un Proceso Constante de Convivencia
- La Escucha: Clave en el Proceso Educativo
- Construyendo el Ideal Pedagógico
- Congruencia entre Proyecto País y Educación
- Comparativa: Tipos de Escucha en la Enseñanza
- Preguntas Frecuentes sobre las Ideas Educativas de Maturana
- Conclusión: La Vigencia del Pensamiento de Maturana
¿Qué tipo de país queremos educar?
Uno de los puntos de partida esenciales en la visión de Maturana, según lo expuesto por Paulo Barraza, es que la conversación sobre educación debe ir precedida por una reflexión más profunda: ¿qué tipo de país deseamos construir? La estructura y los valores de nuestro sistema educativo, argumentaba Maturana, serán inherentemente congruentes con ese proyecto nacional. La educación no es un ente aislado, sino un reflejo y un motor del tipo de sociedad que aspiramos a ser.
Si la visión del país se basa en la competencia y la desigualdad, el sistema educativo reflejará esto, promoviendo una educación discriminatoria centrada en el rendimiento individual y la comparación basada en pruebas estandarizadas. Este modelo fomenta la rivalidad entre estudiantes e incluso entre instituciones, priorizando métricas externas sobre procesos internos de desarrollo y convivencia. Se crea un ambiente donde el éxito individual, a menudo a expensas de otros, se convierte en el objetivo principal.
Por el contrario, si el ideal de país se fundamenta en la cooperación y la equidad, la educación deberá cultivar valores como la convivencia democrática, las conductas colaborativas y una profunda conciencia social. En este modelo, la escuela se convierte en un espacio para aprender a vivir juntos, a colaborar en proyectos comunes y a desarrollar empatía y comprensión hacia los demás. Se valora la diversidad y se busca el bienestar colectivo por encima del éxito individual aislado.
Maturana, por lo tanto, invitaba a repensar la educación no como un fin en sí mismo (como la simple acumulación de conocimientos o la preparación para un mercado laboral competitivo), sino como un medio vital para moldear el futuro de la sociedad, alineándola con los valores y la estructura de convivencia que aspiramos a tener. La elección del modelo educativo es, en esencia, una declaración sobre el tipo de ciudadanos y el tipo de país que queremos formar.
Educar: Un Proceso Constante de Convivencia
Otro pilar fundamental en el pensamiento de Maturana es la idea de que el acto de educar es un proceso continuo que se da en la convivencia con otros. No se limita al aula, a horarios definidos o a la transmisión formal de conocimientos a través de una figura de autoridad. Educar ocurre todo el tiempo en la interacción, en la relación con el otro.
En su libro “Del Ser al Hacer”, Maturana ilustra esto señalando que “el niño o la niña en la escuela no aprende matemáticas, sino que aprende a convivir con un profesor de matemáticas”. Esta relación, si es interesante, entretenida y estimulante, puede eventualmente motivar al estudiante a explorar el tema por su cuenta, a profundizar en él por placer o interés intrínseco, quizás llegando a ser matemático o profesor de matemáticas en el futuro. El aprendizaje de la materia es una consecuencia posible y deseable de una relación de convivencia nutricia.
Desde la perspectiva de la biología del conocimiento, Jorge Mpodozis complementa esta idea. La enseñanza no es simplemente “pasar materia” o informar. Cuando consideramos a los seres humanos como seres vivos cuya existencia se fundamenta en el lenguaje, el aprendizaje se revela como una coordinación de la conducta, un “fluir conjunto”. Es un proceso dinámico en el que dos o más individuos interactúan de manera que sus acciones se complementan, creando un sistema de coordinación mutua. El aprendizaje, en esta visión, está intrínsecamente ligado a un hacer compartido, a una participación activa en un flujo de acciones y no a una mera recepción pasiva de información dictada por otro.
Esto implica un cambio fundamental en la concepción del rol del educador y del estudiante. El educador no es meramente un transmisor de datos, sino un facilitador de la convivencia, un compañero en el flujo del hacer y del explorar. El estudiante no es un recipiente vacío a llenar, sino un ser activo que aprende al interactuar, al convivir y al coordinar sus acciones con otros.
La Escucha: Clave en el Proceso Educativo
Para Maturana, la forma en que los educadores escuchan a sus alumnos es crucial, tan importante como lo que dicen. Recomendaba a los profesores una “enorme paciencia” y, fundamentalmente, la capacidad de escuchar a sus alumnos y, más aún, de escucharse a sí mismos escuchando. Esto implica una reflexión constante sobre la propia percepción y la propia interacción comunicativa.
Es vital preguntarse constantemente qué percibe realmente el estudiante cuando el profesor habla: ¿Teme un acto de agresión? ¿Se siente confrontado con una amenaza? ¿O se siente invitado a la colaboración? La respuesta del estudiante, su disposición a participar y aprender, estará profundamente marcada por la atmósfera emocional y relacional que percibe.

Según Paulo Barraza, Maturana distinguía fundamentalmente entre dos tipos de escucha al momento de enseñar:
- Escucha Autorreferencial: En este modo, el profesor solo oye sus propias creencias, sus propios marcos de referencia, sus propias expectativas y conocimientos. La interacción se reduce a juzgar las respuestas del alumno como “correcta o incorrecta” según su propio patrón, sin considerar el contexto, la experiencia o el proceso de pensamiento del estudiante. Es una escucha que valida o invalida al otro en función de la propia interioridad del que escucha.
- Escucha Empática-Activa: Aquí, el profesor trasciende el simple contenido verbal. Presta atención a quién habla, cómo lo dice, desde dónde lo dice, buscando comprender la totalidad del ser que se comunica. Simultáneamente, reflexiona sobre su propia forma de percibir y procesar esa comunicación. Es una escucha que busca comprender al otro en su unicidad y circunstancia, abriendo un espacio para el diálogo y la colaboración genuina.
Jorge Mpodozis subraya que, para Maturana, estas interacciones de escucha y diálogo deben ocurrir en un ambiente de respeto mutuo, afecto e interés compartido por el quehacer educativo. Las prácticas escolares que tienen una estructura piramidal, hegemónica, unidireccional, donde la comunicación fluye predominantemente de arriba hacia abajo sin un espacio real para la escucha activa y el diálogo respetuoso, lejos de facilitar el aprendizaje y la convivencia, actúan en su detrimento. La calidad de la relación es, en sí misma, un componente fundamental del proceso educativo.
Construyendo el Ideal Pedagógico
La noción de un “ideal pedagógico” era, para Maturana, un tema central que requería una conversación profunda y colectiva por parte de la comunidad educativa. No se trataba de cambiar simplemente la misión o visión de una institución educativa en papel, de redactar nuevos documentos institucionales sin cambiar las prácticas. Se trataba, fundamentalmente, de transformar las prácticas concretas, “los haceres”, las formas en que las personas se encuentran conductualmente y se relacionan en el entorno escolar día a día.
Paulo Barraza aclara que Maturana no proponía un ideal pedagógico específico predefinido o un modelo único a seguir. Su invitación era a que la comunidad educativa, en un proceso de diálogo abierto y participativo, llegara a un consenso sobre el ideal que deseaban vivir y construir juntos. Este ideal surge de la reflexión compartida sobre el tipo de convivencia y el tipo de personas que quieren formar.
Una vez alcanzado este acuerdo sobre el ideal, el siguiente paso crucial es actuar en consecuencia. Esto implica asegurar que el modo de vida en la escuela (las interacciones cotidianas entre estudiantes, profesores, directivos y padres; las metodologías de enseñanza; la cultura institucional; las normas de convivencia) sea plena y consistentemente congruente con ese ideal acordado. La coherencia entre lo que se declara como ideal y lo que realmente se vive y se hace es fundamental.
Esta congruencia, señalaba Maturana, debe extenderse también a la formación de los maestros. Es vital preguntarse si la manera en que se prepara a los futuros educadores está alineada y es coherente con el ideal pedagógico que la comunidad ha definido. Si se forma a los maestros en un modelo de transmisión de información o de control autorreferencial, será difícil que luego implementen un ideal basado en la convivencia, la escucha empática y la colaboración. La coherencia entre el discurso (el ideal) y la práctica (los haceres en todos los niveles del sistema) es fundamental para que la visión educativa de Maturana se materialice y florezca.
Congruencia entre Proyecto País y Educación
Las ideas de Maturana sugieren una fuerte conexión ineludible entre la visión de sociedad que se persigue y el modelo educativo que se implementa. No se puede esperar una sociedad cooperativa y equitativa si el sistema educativo fomenta la competencia y la desigualdad desde las aulas.
| Tipo de Proyecto País | Sistema Educativo Congruente | Valores Destacados |
|---|---|---|
| Énfasis en Competencia y Desigualdad | Discriminador, basado en rendimiento individual y pruebas estandarizadas. | Competencia, Individualismo, Medición Externa, Selección. |
| Énfasis en Cooperación y Equidad | Basado en convivencia, colaboración y conciencia social. | Cooperación, Equidad, Convivencia Democrática, Conciencia Social, Respeto Mutuo. |
Comparativa: Tipos de Escucha en la Enseñanza
Maturana diferenciaba dos formas fundamentales en que un educador puede escuchar, con implicaciones radicalmente distintas para el proceso de aprendizaje y la relación pedagógica.
| Tipo de Escucha | Características Principales | Enfoque del Educador |
|---|---|---|
| Autorreferencial | Centrada en las propias creencias, conocimientos y expectativas del educador. | Juzga respuestas como "correcta o incorrecta" según su marco. Ignora el contexto, emociones y proceso de pensamiento del alumno. Crea distancia. |
| Empática-Activa | Considera el contenido, quién habla, cómo y desde dónde lo dice. Reflexiona sobre el propio acto de escuchar y sus filtros. | Busca comprender al alumno integralmente, validando su experiencia. Fomenta la colaboración, el diálogo y el respeto mutuo. Crea cercanía. |
Preguntas Frecuentes sobre las Ideas Educativas de Maturana
- ¿Cuándo empezó Humberto Maturana a reflexionar públicamente sobre educación?
- Según el texto, sus pautas y reflexiones comenzaron a ser entregadas en 1988, notablemente en una charla titulada “Una mirada a la educación actual desde la perspectiva de la biología del conocimiento”.
- ¿Quiénes repasaron sus ideas en el homenaje mencionado?
- Académicos de la Universidad de Chile como Paulo Barraza, Jorge Mpodozis y Juan Carlos Letelier.
- ¿Cuál es la relación principal entre educación y el tipo de país, según Maturana?
- Maturana sostenía que el sistema educativo de un país tenderá a ser congruente con el tipo de país que se desea. Si se busca competencia y desigualdad, la educación lo reflejará; si se busca cooperación y equidad, la educación debería promover esos valores.
- ¿Qué significa que "educar ocurre todo el tiempo" en su visión?
- Significa que el aprendizaje no se limita a la instrucción formal, sino que es un proceso constante que se da en la convivencia y la interacción con otros. Aprender es un "hacer" conjunto, una coordinación de conductas, no solo recibir información.
- ¿Cuáles son los dos tipos de escucha que diferenciaba Maturana para los profesores?
- Distinguía entre la escucha "autorreferencial" (centrada en sí mismo y sus juicios) y la escucha "empática-activa" (que busca comprender al otro en su contexto, su forma de decir, y simultáneamente reflexiona sobre la propia escucha).
- ¿Qué es el "ideal pedagógico" para Maturana?
- No es un modelo preestablecido, sino un ideal que la comunidad educativa debe conversar, consensuar y, fundamentalmente, vivir a través de sus prácticas cotidianas ("los haceres"). Lo crucial es la congruencia entre el ideal y la realidad escolar.
Conclusión: La Vigencia del Pensamiento de Maturana
Las ideas de Humberto Maturana sobre la educación, surgidas de su profunda comprensión de la biología del conocimiento y la existencia humana en el lenguaje, ofrecen una perspectiva transformadora que sigue siendo vital hoy. Al centrarse en la convivencia como el núcleo del aprendizaje, la calidad de la escucha en la interacción pedagógica, la coherencia entre el proyecto país y el ideal educativo, y la naturaleza constante del aprendizaje como un "hacer" relacional, Maturana nos invita a ir más allá de una visión meramente instruccional.
Su legado nos desafía a considerar la educación como un pilar fundamental en la construcción de un modo de vida deseado, donde el respeto mutuo, la colaboración y la conciencia social sean cultivados activamente. Como señalan los académicos que le rindieron homenaje, el pensamiento de Maturana no es solo para ser recordado, sino para ser proyectado y aplicado en la práctica educativa actual, ofreciendo herramientas conceptuales para repensar y mejorar nuestras escuelas y la formación de quienes educan, siempre buscando la congruencia entre el ideal que conversamos y los haceres que vivimos.
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