02/11/2017
La obra salesiana, inspirada en el carisma de San Juan Bosco, ha dejado una profunda huella en Argentina a través de numerosas instituciones educativas y culturales. Estos centros no solo se dedican a la formación académica de los jóvenes, sino que también buscan fomentar su desarrollo integral, incluyendo el arte y la cultura. A lo largo de las décadas, colegios y teatros con el nombre de Don Bosco han emergido como pilares comunitarios, cada uno con su propia historia y particularidades que reflejan el compromiso con la misión salesiana.

Uno de los ejemplos más ricos en historia, tal como se detalla en los relatos disponibles, es el del Colegio Don Bosco en la provincia de San Juan. Su fundación no fue un evento espontáneo, sino el resultado de años de esfuerzo y dedicación. La llegada de los sacerdotes salesianos a San Juan estuvo estrechamente ligada a la visión y perseverancia de Monseñor José Américo Orzali, quien se desempeñaba como obispo de la provincia desde 1912. Después de dieciocho largos años de incansables gestiones, Monseñor Orzali finalmente logró concretar el establecimiento de la fundación salesiana en San Juan, un anhelo que prometía traer nuevas oportunidades educativas para la juventud local.
- La Llegada de los Salesianos a San Juan: Un Hito en 1930
- Primeros Pasos: Oratorio y Escuela en Desamparados
- Años de Desafíos y Crecimiento Inicial
- El Impacto del Padre Garbini y el Traslado a Trinidad
- Consolidación y Desarrollo: La Era de las Construcciones Definitivas
- El Colegio Frente al Terremoto de 1944
- Espacios Culturales Salesianos: El Teatro Don Bosco
- Figuras y Momentos Clave (Colegio Don Bosco San Juan)
- Preguntas Frecuentes sobre la Obra Salesiana en San Juan y sus Teatros
La Llegada de los Salesianos a San Juan: Un Hito en 1930
El hito que marcó el inicio formal de la presencia salesiana en San Juan ocurrió un domingo, el 2 de febrero de 1930. Al mediodía, un grupo de sacerdotes salesianos arribó a la provincia a través del ferrocarril General Belgrano. Esta comitiva inicial estaba conformada por el padre Pablo Vicari, quien actuaba como superior salesiano; el padre José Fanzolato, una figura clave ya que sería el fundador y primer director de la nueva casa salesiana en San Juan; el padre Emilio Lenzi; y el hermano coadjutor Luis Campos. Su llegada no pasó desapercibida; en la estación, fueron recibidos por miembros de una Comisión de Caballeros sanjuaninos. Esta comisión, formada a instancias del obispo Orzali, había asumido la responsabilidad de preparar todo lo necesario para la fundación de la obra salesiana en la provincia. Entre los distinguidos sanjuaninos que integraban esta comisión se encontraban Héctor Conte Grand, Alberto Graffigna, Alfredo Martín Palma, Francisco Lazo, José Villani, Próspero Puchulú y Luis Segundo Lima. Los recién llegados se alojaron inicialmente en la Casa de Betania, un lugar que les sirvió de primer refugio mientras se daban los pasos iniciales para establecer la institución educativa.
Primeros Pasos: Oratorio y Escuela en Desamparados
La actividad salesiana en San Juan comenzó casi de inmediato. Tan solo una semana después de su llegada, el domingo 11 de febrero de 1930, la comunidad salesiana abrió las puertas de un Oratorio Festivo. Este oratorio se ubicó en un terreno de una hectárea que había sido generosamente donado por Héctor Conte Grand. El terreno se encontraba en la calle Del Bono 65, en la zona conocida como Desamparados (una calle que hoy lleva el nombre de Ángel D. Rojas). Este primer acto congregó a setenta y ocho niños y a varios jóvenes sanjuaninos. A pesar de que aún no se había realizado ningún anuncio formal sobre la apertura de un colegio, el entusiasmo era tal que varios de estos jóvenes manifestaron su deseo de inscribirse en la futura institución.
Poco después, el 12 de marzo, se dio otro paso importante en el mismo terreno de Desamparados: se inauguró la capilla y comenzaron a impartirse las primeras clases. Sin embargo, la fecha oficialmente reconocida como la fundación del Colegio Don Bosco en San Juan es el 19 de marzo de 1930. Ese día, Monseñor Américo Orzali procedió a inaugurar y bendecir los primeros locales del colegio. Es importante destacar que estas construcciones iniciales eran sumamente básicas, edificadas con materiales sencillos como caña y barro. El padre José Fanzolato asumió formalmente la dirección del colegio desde ese momento. La iniciativa recibió un impulso temprano cuando el entonces interventor de la provincia, Modestino Pizarro, prometió a los salesianos su primer subsidio. Este apoyo económico fue vital y se invirtió de inmediato en la adquisición de ladrillos, lo que permitió comenzar la construcción de algunas aulas más sólidas. La comunidad sanjuanina también mostró su respaldo; en el mes de junio del mismo año 1930, la Asociación “Pro Patria” realizó una importante donación: un terreno adicional destinado a un oratorio en la zona de Trinidad, junto con una suma de cinco mil pesos, demostrando así el amplio apoyo a la obra salesiana.
Años de Desafíos y Crecimiento Inicial
Los primeros años del Colegio Don Bosco en Desamparados estuvieron marcados por desafíos significativos. En 1931, al conmemorarse el primer aniversario del colegio, se lanzó una gran campaña denominada “del metro cúbico”. El objetivo de esta iniciativa era recaudar donaciones que permitieran continuar con la construcción de la escuela, cuyas instalaciones, a pesar de los esfuerzos iniciales, seguían siendo sumamente primitivas y limitadas.
A pesar de las dificultades de infraestructura, la institución mostró un crecimiento notable en su segundo año de actividad. Para 1931, el colegio ya contaba con doscientos alumnos matriculados. Sin embargo, la modalidad de internado aún no estaba disponible, y solo noventa de estos estudiantes asistían en calidad de medio internos. Un obstáculo importante para el aumento del número de alumnos era la distancia que separaba la escuela del centro de la ciudad, sumada a la falta de opciones de transporte público en aquella época. En este contexto, se recuerda con especial gratitud la labor del señor Cayetano Spada. Con un vehículo particular al que cariñosamente llamaban “Batea”, el señor Spada se encargaba de recoger a los alumnos en el centro de San Juan por la mañana y los llevaba hasta el colegio en Desamparados. Por la tarde, realizaba el recorrido inverso, llevándolos de regreso a sus hogares. Esta valiosa tarea de transporte fue fundamental y la realizó durante todo 1931 y 1932, facilitando la asistencia de muchos estudiantes.
Para 1932, la vida institucional del colegio se enriquecía con la puesta en funcionamiento de asociaciones clave que suelen acompañar a las obras educativas salesianas. Entre estas, ya se destacaba el cuerpo de los “Exploradores de Don Bosco”, una muestra del enfoque salesiano en la formación integral y el aprovechamiento del tiempo libre de los jóvenes.
El Impacto del Padre Garbini y el Traslado a Trinidad
Un cambio significativo en la historia del Colegio Don Bosco de San Juan ocurrió en febrero de 1933 con la llegada del padre Antonio Garbini. Él asumió la dirección del colegio, sucediendo al padre José Fanzolato. Desde el momento en que llegó, el padre Garbini comprendió rápidamente los inconvenientes que la ubicación en Desamparados representaba para el colegio. La distancia persistía como un gran impedimento para atraer a un mayor número de alumnos y expandir la obra.
Fue en este momento crucial cuando la Asociación de Damas “Pro Patria”, que ya había mostrado su generosidad, ofreció formalizar la escrituración del terreno ubicado en Trinidad. Este terreno había sido donado previamente a la comunidad salesiana con la intención original de construir un oratorio. El padre Garbini, sin dudarlo, tomó la audaz decisión de trasladar la sede principal del colegio a esta nueva ubicación en Trinidad. Esta mudanza significó un nuevo comienzo y una oportunidad para superar las limitaciones de acceso y espacio que enfrentaban en Desamparados.
El padre Emilio Lenzi, quien se convirtió en la mano derecha del padre Garbini, lideró una intensa actividad para preparar el nuevo emplazamiento. Con gran esfuerzo y utilizando materiales disponibles como adobes, barro y caña, se construyeron las aulas que eran indispensables para iniciar las clases. Se cerró el perímetro del terreno con tapiales y se edificaron cuartos para el personal. El colegio logró estar listo para comenzar sus actividades en Trinidad en 1933. Esta nueva etapa se inició con un número significativamente mayor de alumnos, incluyendo una gran cantidad de externos, medio internos y un pequeño grupo que sí pudo acceder a la modalidad de internos. Al terreno originalmente donado por “Pro Patria”, se añadió el de la esquina de San Martín (actualmente Avenida Rawson) y 9 de Julio. El colegio continuó adquiriendo esta y otras fracciones de terreno adyacentes hasta completar un solar de tamaño adecuado para albergar las futuras instalaciones del colegio.
Las condiciones iniciales en Trinidad, aunque prometedoras, aún eran precarias. Los alumnos no contaban con una capilla propia, y tampoco había un dormitorio adecuado para los internos. Los patios eran simplemente de tierra, y la dirección se ubicaba en un pequeño salón con piso de ladrillos, con minúsculas adyacencias para la administración y la entrada al colegio. Mientras la comunidad de las Hermanas del Buen Pastor se preparaba para abrir su iglesia, la bodega “Barbato” ofreció generosamente un galpón para que durmieran los alumnos internos. El padre Garbini aceptó esta oferta ante la insistencia de padres cuyos hijos vivían en zonas alejadas y necesitaban el internado. El entusiasmo y la demanda de matrícula en esos primeros años en Trinidad fueron tan grandes que, en algunas ocasiones, el padre Garbini tuvo que solicitar colaboración policial para poder mantener el orden en la fila de padres que se formaba, temiendo no encontrar vacante para sus hijos. Esta anécdota ilustra la urgencia y el deseo de las familias sanjuaninas por acceder a la educación salesiana.
Consolidación y Desarrollo: La Era de las Construcciones Definitivas
El colegio continuó creciendo y expandiéndose. En 1935, a la ya numerosa población de alumnos primarios, se sumaron los de los cursos secundarios. Estos se iniciaron ese año, a pesar de que la infraestructura del colegio, aunque en desarrollo, seguía siendo en muchos aspectos pobre y estrecha para la creciente matrícula. La importancia de la labor del padre Garbini fue reconocida, y en 1936, la superioridad de la orden salesiana le concedió tres años más de permanencia en San Juan para continuar dirigiendo el colegio.
Un momento de gran significado espiritual y arquitectónico llegó en diciembre de 1936, con la inauguración en San Juan de la capilla dedicada a María Auxiliadora, patrona de la obra salesiana. Fue precisamente en esta época, bajo la dirección del padre Garbini, cuando se iniciaron las construcciones definitivas del colegio. Estos nuevos edificios, más sólidos y amplios, marcaron un antes y un después. Para 1938, el último año de la gestión del padre Garbini en San Juan antes de un período de ausencia, el colegio ya contaba con amplias aulas, un salón de estudios adecuado, comedores y dormitorios. Además del cuerpo de Exploradores, se habían sumado otras instituciones y actividades destinadas a favorecer la formación cultural de los alumnos, como el Coro “Aquiles Pedrolini”, demostrando el enfoque salesiano que abarcaba múltiples dimensiones del desarrollo juvenil.
El Colegio Frente al Terremoto de 1944
La historia del Colegio Don Bosco en San Juan está indisolublemente ligada a uno de los eventos más trágicos de la provincia: el fuerte terremoto que asoló la ciudad en enero de 1944. El colegio también sufrió las consecuencias del sismo, aunque afortunadamente no de gravedad comparable a otras construcciones. Las primitivas edificaciones de adobe, remanentes de las primeras etapas, colapsaron, quedando en el suelo. Sin embargo, las nuevas construcciones, que habían sido levantadas por la empresa Walter Melcher hacia finales de la década de 1930, demostraron una mayor resistencia y no sufrieron daños mayores, a excepción de algunas fisuras estructurales.
En la iglesia de María Auxiliadora, el terremoto provocó un boquete en el techo. A pesar de los daños, este templo fue notablemente el único en el que se pudieron celebrar misas el domingo 16 de enero, al día siguiente del sismo. Aun así, el temor generalizado de muchos fieles hizo que la ceremonia se realizara al aire libre, en el atrio del templo, como medida de precaución.
Ante la emergencia, el Colegio Don Bosco demostró su espíritu de servicio y solidaridad. Se transformó temporalmente en un “Hospital de Infecciosos”, brindando atención a los damnificados gracias a la labor de médicos que llegaron de otras provincias para colaborar en la crisis. Desde la institución, también se participó activamente en el reparto de víveres y asistencia a la población afectada, cumpliendo así con el llamado de Don Bosco a ser buenos cristianos y honrados ciudadanos, especialmente en momentos de necesidad.
A pesar del desastre y la necesidad de realizar algunas obras de reparación, el Colegio Don Bosco logró iniciar las clases en ese fatídico año de 1944, aunque con cierta demora. La resiliencia de la comunidad educativa y la necesidad de continuar con la formación se impusieron. Ese año, la matrícula de alumnos inscriptos superó por primera vez la cifra de mil, un testimonio de la confianza y el valor que la sociedad sanjuanina otorgaba a la institución salesiana a pesar de las adversidades.
En 1951, el padre Antonio Garbini regresaría para dirigir nuevamente el Colegio Don Bosco de San Juan. Permanecería en este rol y viviría en la provincia hasta el momento de su fallecimiento. A este último período bajo su dirección corresponde la inauguración del frente de la esquina que, desde entonces, constituye la entrada principal y emblemática del colegio, completando así gran parte de la fisonomía actual de la institución.
Espacios Culturales Salesianos: El Teatro Don Bosco
Además de la labor educativa, la obra salesiana ha promovido activamente el arte y la cultura, a menudo a través de espacios escénicos. Un ejemplo destacado es el Teatro Don Bosco en la ciudad de La Plata, Argentina. Este espacio histórico ha sido restaurado y recuperado para la comunidad. Tras un período de diez años de cierre, fue reinaugurado, devolviendo a la ciudad y a la comunidad salesiana un importante centro cultural. El Teatro Don Bosco de La Plata cuenta con una capacidad para 280 butacas. Es un lugar dedicado no solo a espectáculos artísticos, sino que también se concibe como un espacio fundamental para la recreación y el fomento del arte en la educación de los jóvenes salesianos, manteniendo vivo su esplendor original y su propósito formativo.
Respecto a la capacidad del Teatro Don Bosco ubicado en Ramos Mejía, la información específica sobre el número de personas que pueden ingresar o la cantidad de butacas que posee no ha sido proporcionada en los datos disponibles. Si bien existen instituciones salesianas y posiblemente espacios culturales asociados en esa localidad, no contamos con el detalle particular sobre la capacidad de su teatro para incluirlo en este artículo.
Figuras y Momentos Clave (Colegio Don Bosco San Juan)
| Figura/Evento | Rol/Descripción | Fecha Clave |
|---|---|---|
| Monseñor José Américo Orzali | Obispo de San Juan, gestor clave para la llegada salesiana. | Desde 1912 (Obispo), 18 años de gestiones previas a 1930. |
| Padre José Fanzolato | Fundador y primer director del Colegio Don Bosco en San Juan. | Llegada: Feb 1930, Director desde Mar 1930. |
| Padre Antonio Garbini | Director del colegio en períodos clave, impulsor del traslado y construcciones definitivas. | Llegada: Feb 1933, Regreso: 1951. |
| Héctor Conte Grand | Miembro de Comisión de Caballeros, donó el primer terreno en Desamparados. | Donación: 1930. |
| Asociación “Pro Patria” | Donó terreno y dinero para oratorio en Trinidad, luego ofreció escrituración para el colegio. | Donación inicial: Jun 1930, Oferta escrituración: 1933. |
| Cayetano Spada | Profesor, transportaba alumnos en su vehículo (“La Batea”) desde el centro a Desamparados. | Actividad: 1931-1932. |
| Terremoto de San Juan | Evento que afectó la infraestructura del colegio, que luego funcionó como hospital. | Enero 1944. |
| Inauguración Capilla María Auxiliadora | Hito en la construcción definitiva del colegio. | Diciembre 1936. |
Preguntas Frecuentes sobre la Obra Salesiana en San Juan y sus Teatros
- ¿Quién fue el principal impulsor para la llegada de los salesianos a San Juan según el texto?
Según el relato, el principal impulsor fue Monseñor José Américo Orzali, obispo de San Juan, quien gestionó durante 18 años para lograr el establecimiento de la fundación salesiana en la provincia. - ¿Cuándo se considera fundado el Colegio Don Bosco en San Juan?
La fecha oficial de fundación del Colegio Don Bosco en San Juan, marcada por la inauguración y bendición de los primeros locales, es el 19 de marzo de 1930. - ¿Cuál fue la ubicación inicial del Colegio Don Bosco en San Juan?
El colegio comenzó sus actividades en la zona de Desamparados, en un terreno ubicado en la calle Del Bono 65 (hoy Ángel D. Rojas). - ¿Cuántas butacas tiene el Teatro Don Bosco en La Plata?
El Teatro Don Bosco en La Plata, Argentina, cuenta con una capacidad para 280 butacas. - ¿Cuántas personas entran en el Teatro Don Bosco en Ramos Mejía?
La información específica sobre la capacidad del Teatro Don Bosco en Ramos Mejía no ha sido proporcionada en los datos disponibles. - ¿Qué impacto tuvo el terremoto de 1944 en el Colegio Don Bosco de San Juan?
El terremoto derribó las construcciones más antiguas de adobe, pero las estructuras más nuevas resistieron. El colegio funcionó temporalmente como hospital y centro de distribución de víveres, y logró reanudar las clases ese mismo año.
En conclusión, la historia del Colegio Don Bosco en San Juan es un testimonio de perseverancia, adaptación y crecimiento, superando desafíos iniciales y catástrofes naturales para convertirse en una institución educativa clave. Paralelamente, espacios como el Teatro Don Bosco de La Plata demuestran el compromiso salesiano con la cultura y el arte como herramientas formativas. Ambas facetas reflejan el amplio legado de la obra de Don Bosco en Argentina, enfocada siempre en el desarrollo integral de los jóvenes.
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