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Educación en la Nueva España: Tlatelolco y más

12/03/2024

La historia de la educación en la época colonial y los albores del México independiente es un tapiz complejo, tejido con hilos de diversas intenciones: la evangelización, la formación de élites, la transmisión de conocimientos europeos y, eventualmente, la gestación de sistemas educativos incipientes. Dentro de este contexto, surgieron instituciones con propósitos y características muy distintas, desde aquellas dedicadas a tender puentes profundos entre culturas hasta las que sentaron las bases de la instrucción pública más elemental.

Una de las instituciones más fascinantes y singulares de este periodo fue el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco. Fundado con la intención de educar a los hijos de la nobleza indígena, este colegio se distinguió de manera fundamental de otras iniciativas educativas de la época. Su característica distintiva, la que lo elevó por encima de la mayoría de las otras escuelas y conventos, fue su dedicación sistemática y prolongada a la traducción cultural y lingüística. No se trataba simplemente de enseñar latín o la doctrina cristiana a los indígenas, sino de un esfuerzo bidireccional y profundo.

¿Qué característica distintiva tenía el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco en comparación con otras instituciones educativas de la colonia?
En el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco –de manera sistemática y prolongada, con un programa y una biblioteca, con maestros formales y textos de estudio– se traducía la tradición cristiana a los términos de la cultura indígena y viceversa.

En Tlatelolco, bajo la guía de maestros formales y con el apoyo de una biblioteca y textos de estudio, se llevaba a cabo una labor intelectual sin paralelo: se traducía la tradición cristiana a los términos de la cultura indígena y, crucialmente, viceversa. Frailes como Bernardino de Sahagún trabajaron codo a codo con un nutrido equipo de latinistas indios, informantes, traductores y amanuenses. Esta colaboración permitió no solo traducir textos latinos al Náhuatl de manera que resonara con la cosmovisión indígena, sino también rescatar y comprender narrativas y símbolos de la tradición mesoamericana.

El texto menciona ejemplos poderosos de esta síntesis, como la descripción de San Francisco de Asís en un canto náhuatl colonial, no solo como un santo europeo, sino equiparado a árboles sagrados mesoamericanos como el quetzalauéuetl y el tzinitzcanpúchotl, que fructifican en flores y piedras preciosas. O la audaz decisión de Sahagún de utilizar la metáfora indígena de la pluma, presente en el relato de la diosa Coatlicue, para explicar cómo Jesús se alojó en el vientre de María. Esta capacidad de encontrar equivalencias y adaptar conceptos profundos, de dialogar intensamente entre dos mundos, no ocurrió de manera tan formal, sistemática y con la infraestructura de un programa educativo completo en ningún otro lugar.

Mientras Tlatelolco representaba esta vanguardia intelectual y cultural, en otras partes del vasto territorio novohispano se desarrollaban esfuerzos más enfocados en la alfabetización básica y la enseñanza de la doctrina. La evolución hacia un sistema de instrucción pública, tal como lo entendemos hoy, fue un proceso largo y lleno de desafíos, como lo ilustra el caso de Chihuahua.

En la villa de Chihuahua, situada en el Norte árido y fundada a principios del siglo XVIII, la educación formal era escasa en la época colonial. Las ideas ilustradas, impulsadas por figuras como Bernardo de Gálvez y otros miembros de la Sociedad Vascongada de Amigos del País, comenzaron a fomentar la noción de que la instrucción de la infancia era un deber público, no solo una tarea familiar o religiosa. Este ideal, que buscaba inculcar fidelidad al Estado (primero la Corona española, luego el gobierno independiente) y promover el progreso, guió la política educativa en el umbral del siglo XIX.

Fue así como en Chihuahua, bajo la presión del gobernador provincial, el municipio abrió la primera escuela pública para niños en 1805 y la primera para niñas en 1808. Estas escuelas, administradas y financiadas inicialmente por el ayuntamiento, sentaron un precedente. Se regían por reglamentos que normaban desde el espacio físico y la higiene hasta el horario y el trato a los alumnos, incluyendo la enseñanza de labores propias de su sexo para las niñas. Estos principios, como la gratuidad y la obligatoriedad (aunque esta última a menudo sin sustento real), se alinearían más tarde con los consagrados en la Constitución de Cádiz de 1812.

Con la independencia de México en 1821 y el establecimiento de la república federal en 1824, la educación pasó a ser responsabilidad de cada entidad federativa. El gobierno del estado de Chihuahua, reconocido como tal en 1825, asumió rápidamente un papel más activo. En 1826, un reglamento estatal obligó a todos los ayuntamientos a abrir escuelas públicas, buscando uniformar contenidos, textos y métodos. Se promovió activamente el método lancasteriano o monitorial, una innovación pedagógica que permitía a un solo maestro atender a un gran número de alumnos utilizando a los más avanzados como monitores. Este método simultáneo mejoró la eficiencia y permitió ampliar el currículo básico.

El gobierno estatal no solo legisló, sino que también comenzó a concentrar el financiamiento, asumiendo el pago de sueldos y la provisión de útiles, a menudo sustrayendo los fondos escolares de la administración municipal. Además de la educación primaria, se impulsó la educación superior y secundaria con la apertura de cátedras de gramática latina, filosofía, teología y jurisprudencia, que darían origen al Instituto Literario de Chihuahua, antecedente de la actual universidad estatal.

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Sin embargo, este impulso se vio frenado por la inestabilidad. En Chihuahua, la guerra contra las tribus nómadas, que consumió una parte significativa del presupuesto estatal desde 1831, desvió recursos y atención de la educación pública en muchas poblaciones. Las escuelas de la capital pudieron mantenerse a flote, e incluso el Instituto Literario continuó su desarrollo, pero el panorama general era difícil.

La inestabilidad política a nivel nacional también impactó. Los periodos de gobiernos centralistas (1835-1847, 1853-1855) intentaron centralizar la educación desde la Ciudad de México, declarándola obligatoria y estableciendo planes de estudio nacionales. Sin embargo, en la práctica, esta centralización fue ineficaz y burocrática. En Chihuahua, la injerencia del gobierno central más que ayudar, obstaculizó el funcionamiento de las escuelas y el Instituto Literario. Los ayuntamientos se resistieron a ceder el control de fondos, las solicitudes burocráticas eran lentas y engorrosas, y las instituciones educativas se veían afectadas por los cambios políticos, con nombramientos de directores y maestros que dependían de la afiliación política del gobierno en turno.

Este periodo centralista, lejos de consolidar un sistema, provocó un retroceso en los avances logrados y, paradójicamente, llevó a que la fundación y administración de escuelas volvieran a ser en gran medida un asunto local, de cada pueblo. El deterioro de las escuelas públicas incluso impulsó el florecimiento de escuelas privadas para quienes podían pagarlas. El caso extremo fue el cierre de la escuela pública para niñas de Chihuahua en 1837, que no reabriría hasta 17 años después debido a la falta de pago de la maestra por parte del gobierno central.

Con el restablecimiento del federalismo a mediados del siglo XIX y la Constitución de 1857, el control de la educación volvió a manos de los estados. En Chihuahua, se retomó el esfuerzo por consolidar un sistema estatal. La segunda mitad del siglo XIX vio un afianzamiento de la administración educativa por parte del gobierno estatal, aunque el ritmo fue desigual y hubo luchas internas por el control de recursos y prioridades (educación primaria vs. élites). Se reabrió la escuela de niñas, se terminó el edificio del Instituto Literario y se promulgaron leyes que buscaban hacer la escuela pública gratuita y obligatoria, proveyendo incluso útiles y vestidos para los más pobres.

Característica Colegio Santa Cruz de Tlatelolco Primeras Escuelas Públicas (Ej. Chihuahua)
Misión Principal Puente cultural y lingüístico, formación de élites indígenas Alfabetización básica, doctrina cristiana, formación cívica
Enfoque Cultural Traducción bidireccional (Indígena <-> Cristiano/Europeo), estudio profundo de ambas culturas Transmisión unidireccional (Europeo -> Indígena/Criollo), adopción de métodos europeos
Nivel Educativo Estudios avanzados (latín, retórica, filosofía, medicina indígena, etc.) Primeras letras (leer, escribir, contar), doctrina
Diálogo y Estudio Intenso diálogo y análisis de textos latinos y tradiciones indígenas Enseñanza basada en la repetición y métodos estandarizados
Singularidad Único lugar con programa sistemático y formal de traducción y estudio intercultural profundo Parte de un proceso general de establecimiento de instrucción básica pública
Administración Inicial Religiosa (Franciscanos) con apoyo de la Corona Municipal (Ayuntamientos)

El proceso de centralización no se detuvo en el nivel estatal. A finales del siglo XIX y principios del XX, se dieron pasos hacia la creación de un sistema educativo nacional bajo control federal. Los congresos pedagógicos buscaron uniformar la educación primaria, normal y preparatoria en todo el país, con un espíritu laico. La creación de la Secretaría de Educación Pública (SEP) en 1921 marcó el paso determinante para la nacionalización de la educación, aunque la consolidación de su control a nivel nacional tomó varias décadas, conviviendo con los sistemas estatales ya establecidos.

En retrospectiva, la historia de la educación en este periodo revela una diversidad de enfoques. El Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco se erigió como una institución excepcional, un laboratorio intelectual donde se intentó, de manera formal y profunda, tender un puente entre dos mundos. En contraste, el desarrollo de las escuelas públicas, ejemplificado por Chihuahua, muestra el largo y accidentado camino hacia la construcción de un sistema de instrucción básica, marcado por las luchas de poder entre distintos niveles de gobierno (municipal, estatal, federal), los desafíos financieros y las interrupciones causadas por conflictos y cambios políticos.

Preguntas Frecuentes

¿Qué hizo único al Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco?
Su característica distintiva fue la traducción sistemática y prolongada de la tradición cristiana a los términos de la cultura indígena y viceversa, con un programa formal, biblioteca, maestros y textos de estudio, algo que no se replicó en otras instituciones de la época.

¿Qué característica distintiva tenía el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco en comparación con otras instituciones educativas de la colonia?
En el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco –de manera sistemática y prolongada, con un programa y una biblioteca, con maestros formales y textos de estudio– se traducía la tradición cristiana a los términos de la cultura indígena y viceversa.

¿Quiénes estudiaban en Tlatelolco?
Principalmente, hijos de la nobleza indígena.

¿Qué papel tuvo Fray Bernardino de Sahagún en el Colegio de Tlatelolco?
Fue una figura clave. Condujo investigaciones y trabajó con un equipo de latinistas indios, informantes y traductores para rescatar relatos indígenas y facilitar la traducción cultural y lingüística de textos cristianos al náhuatl y viceversa.

¿Cuál fue la primera escuela pública en Chihuahua?
Según el texto, la primera escuela pública para niños en la villa de Chihuahua fue abierta por el ayuntamiento en 1805, seguida por una para niñas en 1808.

¿Cómo se financiaban las escuelas al principio en lugares como Chihuahua?
Inicialmente, se sostenían por donaciones, aportaciones de padres, comunidades, empresarios y arbitrios o ingresos de los ayuntamientos. Posteriormente, el gobierno estatal comenzó a intervenir y concentrar el financiamiento, destinando impuestos especiales o usando ingresos públicos.

¿Qué era el método lancasteriano?
Era un método pedagógico (también llamado monitorial o simultáneo) que permitía a un solo maestro enseñar a un gran número de alumnos utilizando a los estudiantes más avanzados como monitores. Buscaba eficiencia y uniformidad en la enseñanza de lectura, escritura y aritmética simultáneamente.

¿Cuándo se creó la SEP?
La Secretaría de Educación Pública (SEP) se creó en 1921, marcando un hito en la nacionalización de la educación en México.

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